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Presidir el Eurogrupo, ¿de qué serviría para España?
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Presidir el Eurogrupo, ¿de qué serviría para España?

La vicepresidenta y ministra de Asuntos Económicos ha presentado su candidatura al cargo

Web Unión Europea

El 9 de julio se producirá la elección de la presidencia del Eurogrupo, puesto al que aspiran Nadia Calviño, el luxemburgués Pierre Gramegna y el irlandés Paschal Donohoe. Cuando se anunció la candidatura de la titular de Asuntos Económicos, Pedro Sánchez presentó este órgano como “clave” para la “reconstrucción” de la Unión Europea que se negocia estas semanas. Al otro lado de la bancada, el eurodiputado del PP González Pons aseguró que, si saliera elegida, Calviño será quien “decidirá” sobre las condiciones que estas ayudas podrían tener para el país.

Sin embargo, analizamos con Fernando Arancón, director de El Orden Mundial, y con Ana Mar Fernández, profesora titular de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), lo que en la práctica supondría su designación. Todo, eso sí, partiendo de una base: implicaría un hito, pues se convertiría en la primera española y en la primera mujer que accede al cargo

Eurogrupo vs. ECOFIN

Lo primero, hay que contextualizar el Eurogrupo frente al ECOFIN, el Consejo de Asuntos Económicos y Financieros, pues son distintos tanto en su composición como en el ámbito de sus funciones. El ECOFIN lo integran los ministros de Economía y Hacienda de todos los estados miembros de la UE, mientras que el Eurogrupo lo conforman los titulares financieros de los países que utilizan el euro. Ana Mar Fernández aporta un ejemplo muy gráfico: “Es como un sistema de muñecas rusas”. 

Las decisiones del Eurogrupo se circunscriben, por tanto, únicamente a los que usan esta moneda  (19 de los países 27 que forman la UE). Y, de hecho, sus reuniones suelen celebrarse un día antes de la del ECOFIN, lo que les permite prepararlas. 

Fernando Arancón considera que, aunque el primero es un “órgano institucionalizado” y el segundo un foro “informal”, ambos tienen influencia en la política comunitaria: “Las principales potencias de la UE utilizan el euro y muchas de las decisiones tienen que pasar por el Consejo Europeo, donde se tiende al consenso. Estos países (Francia, Alemania, Italia, España…) saben que tienen una posición influyente y más ahora que no está Reino Unido”. Es decir, al final, la posición que fija el Eurogrupo repercute en las resoluciones del Consejo

El papel del presidente del Eurogrupo: ser “correa de transmisión”

Sobre el papel, el presidente del Eurogrupo es el encargado de presidir las reuniones, preparar el orden del día, negociar las posiciones y presentar los resultados tras los encuentros. En la práctica, Fernández resume sus funciones como las de una “correa de transmisión”, un “interfaz” entre la Comisión, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo en materia de políticas económicas de los países de la zona euro: “Es quién tiene la visión de conjunto, el que mejor conoce las posiciones de los países de la zona euro y, en este sentido, el forjador de consensos en esta formación”.

Le confiere, con esto, un papel clave en la política económica tanto de la eurozona como de la UE: “Es una figura institucional estable y que opera como piedra angular del sistema de gobernanza económica de la zona euro”.

El efecto de su posible elección: de ‘paracaidistas’ y ‘fontaneros’

El director de El Orden Mundial no cree que su elección vaya a suponer que España gane mucha influencia en Bruselas: “Generalmente se asume que al colocar a un nombre en Europa tenemos todo hecho, pero no dejan de ser paracaidistas”. Considera que durante mucho tiempo España dejó de situar a personas en puestos medios de la UE y que son estos los que, al final, tienen un papel relevante en la toma de decisiones: “Son los fontaneros y estamos famélicos en esos estratos”. 

Además, Arancón valora que Calviño y, por ende España, ganará más o menos influencia en función del programa que presente en caso de ser elegida: “La presidencia del Eurogrupo no puede verse como un fin sino como un medio”. 

En este sentido, el diplomático y consejero en la Representación Permanente de España ante la UE, Pablo Rupérez, ha publicado en el Real Instituto Elcano un artículo sobre cómo nuestro país debería aumentar su influencia en la UE. Basa su receta en cuatro -P: “presencia” tanto en las instituciones como en los “temas europeos en todas los niveles de la administración española”; “papeles”, en referencia a crear un relato respecto a las grandes cuestiones comunitarias; “procesos” y la manera en que hay que abordarlos con distintos interlocutores; y “pasta”. “La influencia, como la elegancia, no es a coste cero”, resume, concluyendo con otra idea: para que España sea más relevante en la UE hay que hacer que la UE sea, también, más relevante en España. 

Por su parte, la profesora de la UAB Ana Mar Fernández pone en cuestión que su elección implique un gran cambio para la política española en Bruselas, superado el efecto mediático de su designación: “Está claro que si se le nombra es una forma de hacer marca España y que reforzaría la presencia española en las instituciones, pero esto no implica que el Eurogrupo vaya a favorecer con sus políticas a nuestro país”. Y pone el ejemplo de Josep Borrell como alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores: “La política de la UE no se ha vuelto ni más socialista ni más favorable para España. Es una función europea, no nacional”.

De hecho, resalta que en puestos como el de Borrell o al que aspira Calviño se tiene que “lidiar con dos lealtades” -la del país de origen y la comunitaria-, descartando una priorización hacia la primera: “Las presidencias estables actúan como un arquitecto”, ponderando equilibrios. 

Las bazas de Calviño como candidata 

A ojos de Fernando Arancón, el punto fuerte de Nadia Calviño es que presenta un perfil “equilibrado”. Por un lado, ofrece una faceta “eurócrata” debido a sus años en la Comisión Europea (fue directora general de Mercado Interior de 2010 a 2014 y directora general de Presupuesto Comunitario de 2014 a 2018): “Conoce muy bien los engranajes económicos de la UE, sabe cómo funcionan y cómo gestionarlos”. 

La profesora de la UAB también señala su currículo como principal baza, así como su estilo “sosegado y con un sólido conocimiento de las materias”. Ambas, facetas que tendría que emplear mucho en caso de ser elegida: “Necesitará emplear esas cualidades aunque solo sea para acordar el orden del día o redactar las conclusiones de cada reunión del Eurogrupo”.

Por otra parte, Arancón apunta la apuesta de Calviño por un “enfoque más social”: “Tiene cierta sensibilidad característica de los países del Sur frente a la austeridad propia de la anterior crisis” y la postura defendida por los conocidos como estados frugales (Austria, Dinamarca, Suecia y Holanda). 

Los posibles apoyos de Calviño

“Como un tetris”, así define Fernández la posible elección de Calviño en la que -asegura- entran en juego mucho más aspectos que su persona: “Es un entramado de piezas que tienen que encajarse”, tales como el equilibrio Norte-Sur en los puestos clave o la presencia de más nacionales en las altas esferas. Precisamente, considera que esto podría pesar en la candidatura de la vicepresidenta tercera, en referencia a la posición ocupada por Josep Borrell y Luis De Guindos (vicepresidente del BCE). 

Para Fernando Arancón es el perfil equilibrado lo que puede terminar siendo “su cara y su cruz”. En un principio, la vicepresidenta y ministra española cuenta con el respaldo de líderes como Angela Merkel, además de con el del entorno geográfico de España: “Los países del sur la podrían apoyar y se puede contar con el sustento de Francia y Alemania para contentar, precisamente, a estos estados. Pero no es descartable que, si se complica la elección, se decanten por otros candidatos”. 

Esta complicación la relaciona con la previsión de un “choque” entre el eje Norte-Sur o con que no terminen de dar por segura su elección. Una designación que, por otro lado, también cuenta con “muchos países” en contra, como los frugales, a los que precisamente no les convence su faceta más social. 

En definitiva, nada se puede dar por seguro, como concluye Ana Mar Fernández: “Lo que cuenta al final son los votos y estas divisiones por familias políticas o coaliciones de países en base a criterios geográficos no siempre terminan de darse”.

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