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Por qué no debes presionar a la gente con lo que come o no come en Navidad
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Por qué no debes presionar a la gente con lo que come o no come en Navidad

La comida es un acto central en estas fiestas, donde el cuerpo también adquiere más relevancia. Por ello, las expertas recomiendan evitar los comentarios sobre el aspecto físico o los hábitos alimentarios

Ilustración: Carlos Palanca (Newtral)

Almudena se pesa cada día. Consulta la báscula antes que el móvil. Para ella, su cuerpo es algo que debe ser corregido; como una producción dañada o defectuosa —lo que en inglés se conoce como body shaming y que puede ser ejercido por uno mismo o por otras personas—. Un cuerpo que no solo se somete a la mirada propia o subjetiva, sino también a la externa: «Para mí no es suficiente con verme delgada, necesito que otras personas me vean delgada también. Si mucha gente me lo dice, entonces empiezo a creerlo», cuenta a Newtral.es.

Cuando tenía 23 años —ahora tiene 27—, la psicóloga le dijo a Almudena que no tenía un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) como tal, pero sí «relación conflictiva con el peso, la comida y la autoestima», recuerda.

El psicólogo sanitario Carlos Moratilla —especializado en TCA y parte del gabinete Movêre Psicología— señala a Newtral.es que «estos trastornos van más allá de la comida»: «Hablamos de personas que pueden sentir rechazo al propio cuerpo, o presentar inseguridad o sobreexigencia. Todo ello junto a un miedo importante a coger peso».

Los dos trastornos de la conducta alimentaria más conocidos son la anorexia y la bulimia nerviosa, pero hay otros como, por ejemplo, «el trastorno por atracón, que es el más prevalente de todos y uno de los menos atendidos a pesar del sufrimiento que suele generar», apunta Moratilla, quien incide en que «las etiquetas poco nos dicen de la realidad porque hay una variabilidad notable de comportamientos y circunstancias que pueden precipitar este tipo de problemas».

Este psicólogo especializado en TCA señala que «se suele dar por hecho que si se ha desarrollado un trastorno de la alimentación, la distorsión de la imagen corporal [dismorfia] estará presente» pero —matiza— «los estudios y la práctica clínica vienen mostrando que la dismorfia no aparece en todos los casos».

Almudena dice que ella comenzó a cambiar sus hábitos alimentarios a medida que se veía «peor y más gorda». «A veces como mucho por ansiedad y luego me siento culpable. Así que ese día ya no como más o hago compensación al día siguiente, es decir, como mucho menos y solo comida muy poco calórica», añade.

«A veces, la lucha contra el propio cuerpo —que mantiene quien se rechaza a sí mismo— se establece en el campo de la alimentación donde, como forma de lucha o control, se tiende a restringir alimentos o ingestas», explica el psicólogo sanitario Carlos Moratilla. Esa restricción a veces «lleva al atracón y el atracón lleva a la compensación en forma de vómito o de mayor restricción alimentaria», puntualiza. 

Comer como un acto central en Navidad

Nuria, de 29 años, es de Albacete pero vive en Valencia. Estas navidades viaja a casa a pasar unos días y, dice, tiene «miedo de haber engordado»: «Hace casi un año que no veo a mis amigos y familiares, y sé que me van a decir que he cogido peso. Porque, además, cuando pasas tanto tiempo sin ver a la gente, lo normal es que te hagan un comentario sobre tu aspecto físico», relata Nuria a Newtral.es.

«Mi plan es salir a correr cada mañana. Y los días que haya cena a lo grande, como Nochebuena y Nochevieja, intentaré no comer nada desde por la mañana», reconoce Nuria, a quien nunca le han diagnosticado un trastorno de la conducta alimentaria: «En general, como de todo y nunca me he provocado el vómito. Pero sí que estoy muy pendiente de no engordar nada. Si lo hago, me pongo fatal, hasta el punto de no querer salir de casa. Por eso voy a Albacete tensa, porque siento que no tengo el control: es una época donde tienes que comer sí o sí, engordas y, además, la gente te lo hace saber».

Jara Mendia es psicóloga y doctoranda, cuya línea de investigación versa sobre los factores de riesgo de los TCA, y explica a Newtral.es que aunque la Navidad «es una época donde predomina la alegría para muchas personas, es uno de los momentos más complicados del año para quienes padecen un trastorno de la conducta alimentaria».

Foto: Pixabay

«Has engordado», «cómo te estás poniendo», «comes muchísimo», «no comas tanto», «qué poco comes», «come más despacio», «qué lento comes». Estas son algunas de las frases habituales que escuchamos en esta época festiva, como señala Mendia. A esto se suma que comer en esta época es un acto colectivo y central en navidades: «El hecho de ingerir más comida que cualquier otro día y de comer alimentos ‘prohibidos’ puede favorecer una sensación de descontrol, y, a su vez, facilita que estas personas experimenten más culpa y ansiedad».

«Cuando le decimos a una persona ‘has adelgazado, estás más guapa’, asociamos la delgadez al éxito, y reforzamos las conductas para perder peso»

Esta psicóloga que investiga sobre los TCA apunta que estos dos estados emocionales —culpa y ansiedad— pueden provocar que una persona recurra a «conductas alimentarias desadaptativas, como la restricción o la purga». «Esta es una época en la que muchas personas están expuestas a cambios y situaciones —excesos alimentarios, elección de ropa para comidas familiares, eventos sociales, comentarios sobre la apariencia— que no solo agravan la sintomatología del trastorno, sino que también favorecen las recaídas», añade Jara Mendia.

Una investigación publicada por Kaitlin Dannibale, de la Universidad de Rowan (Nueva Jersey, Estados Unidos), y titulada «The effects of holidays in eating disorders» (octubre de 2014) apunta que en esta época del año se genera «un círculo vicioso en el que el TCA, la comida y el estrés se alimentan entre sí».

Los comentarios sobre el aspecto físico

Los comentarios sobre el aspecto físico o los hábitos alimentarios de alguien pueden ser también positivos, pero no por ello entrañan menos riesgos: «Cuando alguien me dice que he adelgazado, siento que la gente está pendiente de mi peso. Me lo dicen como algo bueno, así que entiendo que he mejorado y que no puedo engordar porque me lo van a notar», cuenta Ezequiel, de 34 años, a Newtral.es.

«Cada vez que alguien me dice que he adelgazado, yo pienso: ‘¿Es que antes estaba gorda?’»

«Desde fuera no sabemos qué conducta estamos reforzando», explica la psicóloga Sara Villoria, terapeuta en Nexo Psicología. «Decir que algo es ‘bueno’ no es más que otro juicio que, según en el contexto, puede hacer que agravemos un patrón de conducta problemático aunque no sea nuestra intención. Por ello, y a modo de prevención, si lo que queremos es conectar con la persona, recordemos que aunque el aspecto sea una vía fácil, podemos preguntar por su vida, por sus hobbies, sus amistades…», añade Villoria.

Así, Jara Mendia señala que los comentarios sobre el cuerpo o el aspecto físico de otra persona pueden contribuir a reforzar ciertas emociones o conductas problemáticas: «Los mensajes negativos pueden hacer que una persona sienta vergüenza o culpa corporal. Pero los positivos, también. Por ejemplo, cuando le decimos a una persona ‘has adelgazado, estás más guapa’, asociamos la delgadez al éxito, y reforzamos las conductas para perder peso (como restringir la ingesta de alimentos). Al mismo tiempo, lanzamos el mensaje de que, si aumenta de peso, no estará tan guapa. Nuestro comentario hará que esa persona se sienta más orgullosa, y que quiera repetir las conductas que le hacen perder peso y evitar aquellas que le hacen engordar».

Como ejemplifica Almudena: «Cada vez que alguien me dice que he adelgazado, yo pienso: ‘¿Es que antes estaba gorda?’».

Desconocer la relación que cada individuo mantiene con su propio cuerpo pero emitir una evaluación sobre el mismo es «jugar con fuego», señala el psicólogo Carlos Moratilla: «Más allá de tener o no un TCA, la inseguridad que experimentamos con el cuerpo en nuestra sociedad es muy elevada, tal vez debido a unos estándares inalcanzables por la inmensa mayoría de la población». Por ello, alerta Moratilla, «un comentario negativo sobre el cuerpo de alguien [body shaming] puede funcionar como un perfecto precipitante de un TCA».

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