Para la evangélica Allie Beth Stuckey, una de las influencers de extrema derecha más conocidas de la womanosfera, la modernidad es responsable de la decadencia humana. A tenor de sus últimos vídeos publicados, la existencia de therians, el auge del satanismo, la alimentación habitual con ultraprocesados y el consumo desmedido de pornografía son síntomas todos ellos de la corrosión moral que tiene lugar cuando se abraza el progreso y se dejan de lado los valores tradicionales. El pánico moral que predican estas MAHA moms —madres influencers del movimiento Make America Healthy Again— tiene como objetivo avanzar en la creación “de una utopía de extrema derecha”, como explica la investigadora Eviane Leidig. Un tema a priori tan inofensivo como la alimentación está siendo la puerta de entrada para dar paso a todo un discurso de extrema derecha que busca higienizar el mundo e imponer una idea muy concreta de pureza.
El movimiento Make America Healthy Again —que Estados Unidos vuelva a ser sano otra vez—, un juego de palabras con el lema trumpista Make America Great Again, es heterogéneo y aglutina a grupos muy diferentes entre sí: desde enfermos crónicos que se sienten abandonados por el sistema de salud hasta políticos que instrumentalizan esta preocupación para promocionar los productos nacionales frente a los extranjeros en un intento de imponer una idea concreta de nación.
Pero a él se suman nutricionistas que le han declarado la guerra al azúcar y en su vertiente como emprendedores y emprendedoras hacen caja con su propia línea de alimentos. También se encuentran aquí quienes reniegan de la medicina tradicional y creen que una conexión espiritual es el primer paso para “sanar”: es decir, evangélicos que creen que orar obra milagros o adeptos de la cultura yoga y fitness que promueven la respiración profunda y la desconexión con el mundo como forma de optimizar la salud de uno mismo. Por último, es el espacio donde convergen Donald Trump con su batalla anticientífica y las madres activistas de extrema derecha que desean que todas cocinemos nuestra propia mantequilla porque el lugar natural de una mujer es el hogar.
Qué es el movimiento MAHA en EEUU o “lo saludable” como símbolo de una nación
El movimiento Make America Healthy Again (MAHA) es, en origen, el proyecto personal de Robert F. Kennedy, un reconocido antivacunas al que Trump nombró secretario de Salud. Kennedy ha difundido teorías de la conspiración tan graves como que los químicos en el suministro de agua afectan la identidad de género de los niños o que la COVID-19 había sido una pandemia dirigida para no afectar a población judía y china. También se ha hecho eco de la falsa teoría de que las vacunas causan autismo.
Como explica este artículo de Axios, MAHA “adopta la falacia de que lo natural es bueno y los productos químicos son malos”, sembrando así dudas “sobre las industrias alimentaria y farmacéutica”. Es, en definitiva, una nostalgia por las sociedades preindustriales, deslizando la idea de que la modernidad nos enferma. El movimiento abraza causas tan dispares, según expone Axios, como el supuesto uso indiscriminado de aditivos alimentarios y del glifosato en la agricultura o la supuesta toxicidad del flúor en el agua, que en realidad son cuestiones avaladas por la Organización Mundial de la Salud.

MAHA es un cuestionamiento directo a las evidencias y postulados con amplio respaldo científico como una forma de atacar a las élites científicas como autoridades. Por ello este movimiento ha crecido exponencialmente tras la pandemia de COVID-19, como señala la investigadora Eviane Leidig, de la Universidad de Tilburg, miembro del Centro de Investigación sobre Extremismo en la Universidad de Oslo y autora del libro Mujeres en la extrema derecha: influencers en redes sociales y radicalización digital.
Para Leidig, la pandemia creó “una tormenta perfecta” al converger dos elementos clave: “Una población aislada que pasaba más tiempo en internet y el miedo e incertidumbre generalizados ante un nuevo coronavirus”. La investigadora señala que aquellos años proliferaron tanto la desinformación como las teorías de la conspiración, dando pábulo a la narrativa anticientífica que consideraba que ni las mascarillas ni otras medidas basadas en evidencia estaban evitando que la gente muriera. “Muchos influencers aprovecharon para empezar a promover cambios en el estilo de vida, dietas y curas naturales”, expone Leidig.
El lenguaje comenzó a impregnarse de expresiones muy vinculadas a “lo detox”, que para el crítico gastronómico y divulgador Mikel Iturriaga supone “depurarte al máximo en una búsqueda de la pureza”. Es decir, se empieza con batidos que eliminan todo rastro de la comida rápida, símbolo incuestionable de la modernidad, y se acaba por querer eliminar otros elementos en el cuerpo que estarían contaminando nuestra salud: supuestos chips en las vacunas, ondas electromagnéticas, el 5G o el flúor en el agua. “La purificación crea una especie de raza superior que separa a los que se han purificado del resto de la población”, señala Iturriaga.
Así se abre la puerta a la idea de nación basada en la pureza, donde lo saludable, además, está principalmente asociado a la cocina blanca y occidental. Como apunta Iturriaga, “se va dejando fuera la ‘impureza’ de otras culturas”, por lo que las recetas healthy nunca muestran platos africanos, indios o latinos.
Además, apunta el crítico gastronómico y divulgador, se relaciona lo sano con lo casero creando “una exaltación de las cosas ‘hechas en casa desde el principio’”: “Esto conecta con la promoción de valores que tienen que ver con una vida más recogida, alejada de los engaños y decepciones de la modernidad”. Una narrativa reaccionaria que se aprovecha de un malestar real y legítimo —la dificultad para conciliar la vida con el trabajo— para ensalzar la domesticidad y borrar la dimensión asfixiante del hogar para conceptualizar este como un espacio inherentemente tranquilo y sosegado.
La dieta se convierte así en un indicador clave de la moralidad y la identidad de una nación. Como explica Erica Zurawski, una de las principales investigadoras sobre el movimiento MAHA y profesora en Universidad Estatal de Nueva York, este movimiento se aleja en algunos postulados de lo conceptualizado como saludable en términos generales: “Hay una gran promoción de la carne roja, pues no deja de haber un rechazo al veganismo y a pautas de salud propias de la modernidad”. Además, apunta Zurawski, buena parte del movimiento MAHA promueve también “la mantequilla, los fermentos, la masa madre y muchos alimentos de estilo homestead [de granja] al considerar que es una ‘corrección’ de lo que definen como una dieta liberal”. La promoción de consumo de carne roja es, además, una forma de beneficiar a la industria cárnica, situándola como un elemento fundamental de la identidad nacional estadounidense.
Por qué MAHA ha sido cooptado por madres activistas de extrema derecha
El politólogo Alberto López, investigador en la Universidad Libre de Ámsterdam, señala que “los niños son un gran instrumento para generar pánico moral”. “Bajo la idea de protección a la infancia se pueden disfrazar de ‘sentido común’ ideas que en realidad son muy radicales”, añade.
Eviane Leidig señala esto mismo cuando explica que las principales caras visibles del movimiento MAHA son madres que “recurren al alarmismo en nombre de la protección de los hijos”. “Si bien hay una pizca de verdad en sus críticas hacia las grandes farmacéuticas (Big Pharma) y la gran industria agrícola en cuanto a los incentivos capitalistas para obtener beneficios, esto también facilita la difusión de información errónea y desinformación”.
Y este paper sobre las preocupantes potenciales consecuencias del movimiento MAHA apunta que al centrar la política en la pureza de los alimentos y su relación con la salud de los niños, MAHA logra movilizar al sector de las madres.
Esto se combina con la instrumentalización de un malestar común entre mujeres: la sensación de ser ignoradas y desautorizadas por los profesionales sanitarios. No en vano, la promesa de Kennedy de reformar sistemas como la Administración de Alimentos y Medicamentos o el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades sitúa al médico tradicional de bata blanca como un enemigo común, representando una figura que históricamente habría desoído las quejas femeninas respecto a sus dolencias específicas o aquel que ha medicalizado la maternidad.
Es así como el movimiento MAHA capta a mujeres que no son necesariamente cercanas a políticas de extrema derecha. Mujeres que al fin sienten que hay quienes ponen su descontento en el centro de la conversación.

En el caso de las madres, estas son erigidas como garantes de los valores nacionales cuyas criaturas representan el futuro deseable frente a una distopía de modernidad insana. Como recoge el citado paper, la figura de la madre se presenta “como única protectora, y el hogar, como fortaleza frente a un mundo ‘tóxico’”. El leitmotiv de la MAHA Mom Coalition es, de hecho, que las criaturas son semillas pero que estas “no pueden crecer en un suelo envenenado”.
Así, prosigue el artículo científico, cocinar, elegir ingredientes o leer las etiquetas de los productos se convierte en una labor política en sí misma. No se trata solo de restaurar la nutrición, sino de curar una sociedad que influencers de extrema derecha como Allie Beth Stuckey consideran profundamente enferma. La sanación física pasa por la sanación espiritual. Por ello, Erica Zurawski apunta que hay toda una arquitectura religiosa tras esos postulados: “Para estas personas, la pureza o la ‘autenticidad’ de los alimentos contiene un elemento sagrado: comer alimentos locales y ‘reales’ es, en el fondo, una conexión profunda con Dios”.
Así, las momfluencers de extrema derecha, la mayoría de ellas abiertamente cristianas evangélicas, se han convertido en las principales predicadoras del movimiento MAHA. Y no solo están reclutando miembros para su misión —restaurar la moralidad—, sino que están haciendo caja.
Así hacen caja las MAHA moms: “Usa mi código descuento” o curso de “cocina ancestral”
Como explica la investigadora Eviane Leidig, estas influencers de la órbita MAHA “buscan oportunidades de monetización a través de patrocinios, anunciantes o la venta directa de sus propios productos de marca, que se comercializan como alternativas de salud o bienestar, incluso para el consumo infantil”.
Una de las máximas exponentes del movimiento MAHA es Vani Hari (FoodBabe), autora del lema “If you can’t pronounce it, don’t eat it” —“si no puedes pronunciarlo, no te lo comas”—. Esta consigna demoniza cualquier tipo de compuesto simplemente por aparecer en una etiqueta con su nombre científico. Ella misma tiene un negocio, TruVani, con multitud de productos que califica de “orgánicos”: zumos detox, barritas energéticas, suplementos vitamínicos, proteínas en polvo e, incluso, vende un programa de siete días para ‘desintoxicarte’ del azúcar.
La mayoría de caras visibles de las MAHA moms tiene su propio negocio: Kristen Louelle Gaffney tiene una marca de barritas energéticas, Super True; Gretchen Adler vende clases de “cocina ancestral” y recetas libres de ultraprocesados; Ballerina Farm también tiene su propia marca con productos de todo tipo —proteína en polvo, carne de ternera, miel, harina de masa madre, delantales y hasta sudaderas—.

Otras como Alex Clark o Brett Cooper no tienen productos propios, pero patrocinan los de otras marcas. Todos sus vídeos incluyen la fórmula “usa mi código descuento” para comprar alimentos orgánicos, proteína en polvo o algún tipo de suplementación, además de hierbas naturales, en negocios que pagan a estas influencers de extrema derecha por ese patrocinio.

Como recuerda Eviane Leidig, “muchos de los productos promocionados por estas influencers carecen en gran medida de regulación o no han pasado por ensayos clínicos de seguridad”.
Todas ellas, además, van expandiendo la conversación hacia temas que aparentemente están relacionados con la salud pero que esconden una agenda ideológica muy concreta. Por ejemplo, muchas de ellas están preocupadas por cómo los anticonceptivos hormonales o los chemtrails afectan a la fertilidad femenina. Además, buena parte de ellas son férreas defensoras del homeschooling —educar en casa— y de prohibir las pantallas a los menores. Así, lo que a priori parece una preocupación alimentaria acaba por incluir posturas más amplias sobre salud, sexualidad y estilo de vida, como explica Eviane Leidig. En conjunto, las temáticas de los vídeos de YouTube no son aleatorias, sino que se centran en el papel reproductivo de las mujeres: combatir la infertilidad, tener hijos, criarlos sanos y educarlos en casa.
Para Leidig, es una forma de introducir ideas reaccionarias en espacios incluso progresistas. Porque, como madre, cuando te han convencido de que lo ideal es educar a tus hijos en casa, los recortes en educación no parecen tan relevantes, que no haya pediatras en tu centro de salud importa menos cuando crees que la salud es una cuestión individual que pasa por comer menos azúcar y cocinar siempre casero, y el retorno de determinadas enfermedades suena exagerado cuando crees que las vacunas son innecesarias e incluso perjudiciales para el sistema inmune de las criaturas.
La pureza como valor aspiracional: los ultraprocesados enferman y la depravación sexual también
“Con frecuencia, el discurso en torno al cuerpo sano se equipara con el de una nación sana”, dice Eviane Leidig. Así, la toxicidad de los ultraprocesados y del azúcar rápidamente acaba por convertirse en una toxicidad propia de este mundo inmoral.
Por ello, buena parte de las MAHA moms consideran que sus hijos no solo están siendo “intoxicados” a través de la comida, sino a través de lo que consumen, principalmente a través de las pantallas. Para ellas, la existencia de los therians, de la pornografía, del BDSM y de la diversidad sexual son síntomas de un envenenamiento moral. Como dice Leidig, “la pureza se considera un objetivo aspiracional”. Esa búsqueda de la virtud empieza con la comida pero acaba por trasladarse a la conducta. Una nación sana es aquella que adopta el concepto de higiene y de pureza como eje vertebrador.
No en vano, influencers como Allie Beth Stuckey relacionan en sus vídeos el sexo antes del matrimonio con más contagio de infecciones de transmisión sexual. Y vincula lo que ella considera “perversiones sexuales” con desarrollar problemas de salud mental. Según esta momfluencer evangélica, películas como la última adaptación de Cumbres borrascosas, que según ella romantiza el sadomasoquismo, no solo provocaría que las jóvenes sean tolerantes con la violencia masculina hacia ellas, sino que esa forma de entender el sexo les provoca una insatisfacción vital crónica. La línea narrativa de los canales de estas MAHA moms es que los ultraprocesados enferman del mismo modo que lo hace la depravación sexual.

Así se crea el arquetipo de madre inadecuada a través de la idea de salud
Las madres activistas del movimiento MAHA inciden en la importancia de su rol para “curar a esta sociedad culturalmente enferma”, como señala en uno de sus vídeos Alex Clark. Ese papel pasa por restaurar la maternidad como forma de restaurar el orden. No es casual que estas mismas influencers son las que están promoviendo el arquetipo de la wine mom, como explica en este artículo académico la investigadora Darryn DiFrancesco.
Las wine moms —madres que se dan al vino— son, según DiFrancesco, “un símbolo cultural de la madre suburbana contemporánea que recurre a una copa de vino (o dos) todas las noches para lidiar con el estrés de la vida diaria”.
Estas influencers de extrema derecha aprovechan el malestar generalizado que provoca la dificultad de conciliar para demonizar el trabajo fuera de casa. Brett Cooper, otra de estas momfluencers del movimiento MAHA, dedica un episodio a arremeter contra la modernidad —que ella resume en vivir en una gran ciudad y tener un empleo— como causa de la desafección crónica de las madres y de sus problemas de salud mental.
Siguiendo esta retórica, estas influencers trazan una línea que conecta el trabajo fuera de casa a jornada completa con ser una madre alcohólica o que toma antidepresivos, como dice Allie Beth Stuckey en un episodio que dedica a Renee Good, la madre asesinada por el ICE. Varias influencers de extrema derecha y de la órbita MAHA usaron el caso de Renee Good para demonizar a las madres más preocupadas por su trabajo y las causas progresistas que por sus propios hijos.
Según otra de estas influencers, Haley Williams, estas mujeres están insatisfechas por no tener bien dirigido su instinto maternal (“misplaced mothering”) y acaban convirtiéndose en madres radicales y violentas, con una furia que las pone en peligro hasta el punto de enfrentarse a agentes de la ley (el ICE) y ser tiroteadas por ello.
Nuevamente se conecta la idea de nutrición con la moral: tomar una copa de vino simboliza no solo un hábito tóxico e insano, sino una incapacidad para actuar como una madre debería. Estas mismas momfluencers proponen la solución: focalizarse en la alimentación para, primero, redirigir ese “instinto maternal mal dirigido” y, después, criar hijos sanos. La lista de deberes y responsabilidades maternales, que comienza con la nutrición, va alargándose: de la comida casera pasamos a la educación casera —homeschooling—, y esa protección a la infancia termina por favorecer una hipervigilancia que busca controlar cada aspecto de lo que consumen y hacen las criaturas para evitar supuestos hábitos insanos.
Para la investigadora Eviane Leidig, Make America Healthy Again no habla de retomar solo el tradicionalismo nutricional, sino de un retorno al pasado en todos los sentidos. “El hogar se proyecta como un espacio de autonomía en el que las mujeres tienen el control total de la cocina y, por tanto, pueden ejercer su rol de cuidadoras y sustento de la familia”, apunta.
“Si bien comer de forma más saludable es algo positivo, el movimiento MAHA promueve estándares poco realistas —especialmente para las madres trabajadoras— mediante preparaciones de alimentos que requieren mucho tiempo y suelen ser costosas”, señala Leidig. Al naturalizar estos procesos, mostrándolos como algo sencillo y realista, muchas madres “son señaladas como un fracaso”, dice Leidig, al no poder cumplir con esas expectativas. Madres a las que, a ojos de la sociedad, “no les importa el bienestar de sus hijos”.
Como apuntaba Darryn DiFrancesco en su artículo, en última instancia se busca culpabilizar a las madres por su fracaso individual. De esta forma, su malestar queda desconectado de la agenda global que tiene como objetivo devolver a las mujeres al hogar imponiendo, además, estándares inasumibles. Pero como respondió la influencer Sara Wiles en referencia a la demonización de las wine moms por parte de estas momfluencers: “Querían asustarnos para que volviéramos a la cocina, pero nuestra respuesta es: ‘¡Oh, quiero unirme!’”.