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La Noche Sin Hogar: Pasar la noche al raso es no pasar la noche
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La Noche Sin Hogar: Pasar la noche al raso es no pasar la noche

La Noche sin Hogar reúne a un millar de personas para visibilizar la realidad de los sin techo

Remedios Maroñas

Es medianoche. Las 00:00h en punto. Hora de acostarse. Al escenario de La Noche Sin Hogar, en el Matadero (Madrid), suben Miguel Ángel Muñoz y Elena Ballesteros para contar un cuento de buenas noches escrito por usuarios escritores de Instagram. 

El relato transcurría en un parque de Madrid. Gonzalo se despertó una mañana cualquiera en el mismo banco de siempre, en un parque de Coslada, sin sospechar que aquella mañana sería algo diferente al resto. Alicia, una niña que ese momento estaba jugando allí, le preguntó si quería unirse a ella y a su equipo para pillar al equipo contrario. «Hace años que olvidé lo que era formar parte de un equipo», pensó Gonzalo. Pero lo que más le sorprendió no fue que le pidiera jugar, fue que alguien por primera vez le había mirado de una forma limpia, sin juzgarle. Algo tan sencillo como eso. 

Termina el cuento y la gente empieza a ubicarse en la zona habilitada para pasar la noche. Hay de todo: grupos de jóvenes, personas solas, parejas, personas mayores… Este último es el caso de las Maricarmen -como ellas mismas se llaman-. Tienen 70 años. «Ella tiene 70, yo un poco menos, 68, pero vale, sí, puedes decir que las dos tenemos 70 años», responde una. Y dicen no tener miedo de dormir esta noche a 3 grados. 

“Vamos a recordar a la gente que vive en la calle”, explican mientras se colocan las mantas porque el frío ya asoma. Forman parte de un voluntariado que trabaja con personas en situación de sinhogarismo. “Cuando volvemos a casa pensamos en ellos, sí, pero nos acostamos en nuestra cama, calentitas. Por eso estamos encantadas de dormir hoy aquí y encima en una noche fría”, dicen al unísono. 

Un grupo de jóvenes entra en la zona habilitada para dormir al raso. | Remedios Maroñas

Unos metros más adelante está Luis, de Zaragoza. Ha venido con otros amigos solo para participar en el evento y dormir al raso. “Tenemos el mismo objetivo que el resto de personas que está aquí, que es buscar soluciones para las personas sin hogar”,  dice. 

Ángel Luis también ha venido desde fuera de Madrid, en este caso desde Córdoba, pero con un grupo un poco más numeroso que el de Luís. Para hacerlo todo más fácil se autoproclama portavoz de todos. «Pregúntame a mí, dice». Y su mensaje es claro: “Hay que concienciar a esta sociedad y qué mejor manera de hacerlo que ponernos en el lugar de las personas sin hogar”. 

Ángel Luís, desde Córdoda para pasar la noche al raso. | Remedios Maroñas

Los riesgos de pasar la noche al raso

Es la 1:00h. Nos adentramos en la madrugada y todo el mundo duerme. Pronto llegan los primeros ronquidos, pero la sensación que se respira aquí tiene otro nombre, y se siente en los huesos: frío. Hace mucho frío. Cada dos por tres se oye a alguien resoplar, cambiarse de postura, frotarse las manos, subirse la manta -o mejor dicho, las mantas-. Dormir así parece casi imposible. 

Y es que, en realidad, esto es solo es una pequeña aproximación a lo que diariamente viven las personas sin hogar. El Matadero es un recinto cerrado y este es un evento controlado, por eso de vez en cuando se oyen pisadas: son las de los miembros de seguridad. No paran de dar vueltas mientras la gente duerme. Pero las personas sin hogar no tienen seguridad vigilándoles constantemente. Y seguro que más de uno lo ha pensado durante la noche. ¿Y si de verdad estuviera durmiendo solo o sola en la calle? ¿Y si no fuera solo por una noche? Pues posiblemente alguno de los que anoche durmió al raso en el Matadero se hubiera expuesto a ser víctima de un delito. Según la entidad social Hogar Sí -la organizadora del evento- casi la mitad de las personas que duermen en la calle (el 47%) han sufrido un delito de odio. 

Una pareja se prepara para pasar la noche. | Remedios Maroñas

El reloj se acerca a las 2:00h. Los operarios están desmontando partes del escenario del evento. Y eso significa ruido. Además varios coches de policía pasan a toda velocidad por la cercana plaza de Legazpi. Y eso significa más ruido. Y los que duermen no lo hacen en silencio. Ya se escuchan ronquidos. Ruido y más ruido. Y vuelven otra vez los pensamientos: ¿cómo debe ser el circo de sonidos que seguro que escuchan todas las noches las personas sin hogar? No es solo el frío, es todo. Es imposible dejar de estar alerta. Es imposible dormir. 

Y llegan las 4:00h. Hasta aquí. Ya hay varias personas que se levantan y empiezan a dar vueltas. Todavía no ha amanecido pero para muchos aquí ni siquiera llegó a anochecer de verdad. 

Madrugar porque no hay más remedio

Do horas después ya casi todo el mundo está despierto. Están montando un desayuno donde se puede leer “¡Motores del cambio! ¡Te invitamos a desayunar!”. Todos en pie. Y solamente basta con dar una vuelta por el recinto mientras las personas que han dormido al raso recogen todo para hacerse una idea de lo dura que ha sido la noche.

“No hemos pegado ojo”, dicen las Maricármenes. “Tengo miedo a salir del saco”, se escucha después. “Tengo los pies congelados. Pero no pasa nada ahora ando y se me pasa”, se oye también. Una familia habla entre ellos. “¿A qué hora te has dormido?”, pregunta el padre. “A las tres”, responde el hijo adolescente. “Bueno, estos jóvenes de hoy en día…”, contesta por lo bajinis el padre. “Papá es que lo tuyo no es normal, has roncado y todo que te oído”, salta el hijo, y ya alzando la voz. “¡Qué va, anda, anda!”, zanja el padre. 

Una pareja sonría antes de pasar la noche. |Remedios Maroñas

Mila también se ha despertado ya. Hoy lo hace junto al resto en el Matadero y pensando en su cama, pero hace apenas unos meses lo hacía en la calle y sin pensar en otra cosa. Era una personas sin hogar, hasta que encontró uno en julio de este año. “Se nota el dormir en la calle, ¿eh?”,  dice. 

“Mi vida cambió hace cinco meses”, explica. “Es la demostración de que hay que luchar, seguir para adelante, porque todo sale bien”, dice mientras señala a un amigo que ha venido con ella. “Solo con una noche se nota la diferencia, mírale, está temblando”, asegura mientras le coge por el brazo. 

Mila sabe muy bien lo que es, de verdad, vivir sin hogar. Y por eso ni siquiera sabe explicar con palabras lo importante que es que se visibilice el problema.  

1 Comentario

  • Buena descripción de como ha sido intentar dormir una noche en la calle. Recoger el testimonio de esas personas nos ayuda a los demás a ver lo que viven diariamente personas que han sufrido un reves en sus vidas.

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