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Lo que arde en Tarragona: por qué no se habla de ‘nube tóxica’
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Lo que arde en Tarragona: por qué no se habla de ‘nube tóxica’

La tragedia del accidente de la planta química de Tarragona tiene, por el momento, un nombre claro: óxido de etileno. Mientras que las autoridades recalcan que no tenía capacidad de generar una nube tóxica, los ecologistas de la zona ponen en foco en los riesgos a largo plazo en el Sector Químico.

Accidente químico en Tarragona | Jaume San Juan, Efe

Acostumbrados a que suenen las sirenas en los puntuales simulacros, los vecinos de La Canonja (Tarragona) aún están extrañados de que este martes sólo el estruendo de la explosión rompiera el silencio de la tarde. El Plan de Seguridad de Cataluña (PLASEQCAT) clasifica a cada empresa y establece los protocolos a seguir en casos de accidente.

En esta ocasión, la Generalitat ha señalado que si no hubo alerta sonora es porque, conforme a lo observaron por los técnicos de Medi Ambient, no se detectaron tóxicos en el aire en la comarca del Francolí.

Según el PLASEQCAT, el óxido de etileno u oxano (C2H4O) no es –en principio– una sustancia susceptible de generar una nube tóxica al arder. Algo similar ocurre con su sustancia hermana: el óxido de propileno que hay en algunas de las cisternas de la planta accidentada.

El jefe operativo de los Bomberos de la Generalitat, Albert Ventosa, ha explicado este miércoles en rueda de prensa que la explosión del reactor afectó a una de las cisternas de propileno de la empresa, que esta mañana continúa ardiendo, en una combustión controlada por los bomberos. ¿Qué es lo que está saliendo de ahí si no hay una nube tóxica?

Consultado por Newtral.es, el profesor Joan Grimalt, del IDAEA-CSIC, recuerda que la columna de humo que hemos podido ver tras la explosión estará seguramente compuesta sólo por dióxido de carbono (CO2), agua y carbonilla. Es decir, no es un vapor de óxido de etileno lanzándose a la atmósfera, pues se está consumiendo en el incendio de Tarragona.

«El óxido de etileno (y el de propileno) es muy inflamable. Pero una combustión como esta no es ideal, por lo que genera mucho humo de carbonilla (partículas PM10, PM2,5)». Son perjudiciales para la salud, pero ante una exposición alta o directa. No han formado lo que entendemos por una nube tóxica «precisamente porque se ha estado quemando».

Para controlar la combustión de la cisterna que ahora arde, en la que hay óxido de propileno (uno de los componentes que se utilizan para la fabricación del óxido de etileno), los bomberos están utilizando nitrógeno para minimizar el riesgo.

El temor al efecto dominó

El conseller ha informado que se mantiene una zona de precaución alrededor de la empresa, y que siete de las factorías vecinas no han podido iniciar sus trabajos con normalidad este miércoles.

Pese a los mensajes de tranquilidad de las administraciones, el Grup d’Estudi i Protecció dels Ecosistemes Catalans (GEPEC) considera irresponsables las declaraciones de las autoridades sobre la inocuidad del producto quemado en esta explosión.

Las sustancias que están ardiendo no son inocuas, pero no tienen poder cancerígeno salvo en exposiciones directas y prolongadas.

«Es falso que un accidente químico producido por el óxido de etileno sea inocuo. Sus efectos pasan por la irritación en las vías respiratorias, trastornos en el aparato digestivo, trastornos neurológicos hasta abortos espontáneos», explica Joan Ramón Mendo, de GEPEC.

Este técnico ambiental y químico lleva buena parte del día recibiendo las consultas de vecinos preocupados, a quienes cree que hay que explicar los riesgos sin paños calientes.

Para Mendo sí deberíamos hablar de nube tóxica, precisamente para tomar conciencia de la gravedad de estos acontecimientos. «Sólo el azar ha querido que los vientos no soplasen hacia las zonas pobladas». También, para visibilizar algo que «llevamos denunciado hace más de 30 años».

Lo efectos que resalta GEPEC están en línea con lo que señalan desde la Comisión de Salud Pública en los Protocolos de Vigilancia Sanitaria. Pero esos están relacionados, una vez más, con exposiciones directas o prolongadas.

El profesor Grimalt recuerda que los óxidos de etileno y propilenos son «considerados cancerígenos e irritantes. No significa que por respirarlo unas horas enfermemos. Pero no es como el agua».

Desde GEPECT destacan el peligro de un efecto dominó. Pese a que existen unas normas de seguridad claras respecto a la manipulación, procesado y almacenamiento de estas sustancias, creen que con tareas de extinción mucho más dificultosas (como viento fuerte) «las posibilidades de afectación a tanques de combustible e instalaciones cercanas habrían sido enormes».

Mendo pone un ejemplo del riesgo: «Pensemos que un elemento metálico ha volado desde el reactor hasta Torreforta. Imaginemos esa plancha incandescente impactando sobre cualquiera de las tuberías de tóxicos o reactivos en un radio de 2 km, es decir, todo el polígono sur».

Existe un reglamento claro sobre lo que debe resistir una instalación industrial que almacena un producto peligroso. En este caso, una plancha incandescente se proyectó a una velocidad tal como para derrumbar un forjado. Hay escasa y controvertida literatura científica al respecto.

Para Grimalt el óxido de etileno no plantea mayores problemas que el gas natural (metano), que manejamos en casi todas las ciudades. Comparten características, como su alta volatilidad. Lo ocurrido «no es por culpa del compuesto, sino por su gestión». Eso sí, considera improbable que fuera capaz de haber producido una catástrofe como la de Bhopal, que llegó a matar a entre 6.000 y 12.000 personas en 1984.

Un polo de sustancias tóxicas e inflamables

Industrias Químicas del Óxido de Etileno (IQOXE) procesa este químico empleado en la fabricación de fibras, detergentes o anticongelantes. En concreto, esta es la única planta en la península ibérica dedicada a esta sustancia que, según detallan en la empresa.

La mitad se vende como tal o en forma de PEGs (fibras de poliéster). «No se usa directamente, sino como intermediario, por eso se almacena en grandes cantidades». La otra mitad se transforma en glicoles, para fabricar otros productos.

IQOXE amplió las instalaciones afectadas el pasado mes de julio, con una inversión para la empresa de 10 millones de euros. Esta es una de las 42 empresas químicas que operan con sustancias peligrosas en la provincia de Tarragona, sometidas a la directiva europea Seveso.

Conforme al PLASEQCAT de octubre de 2019, ocho de ellas manejan sustancias muy tóxicas. 25, tóxicas. Y 15 con compuestos extremadamente inflamables, entre los que no se encuentra el óxido de etileno.

El impacto ambiental de una polígono químico

En el PLASEQCAT, el óxido de etileno aparece clasificado como riesgo R-50, es decir, muy peligrosa para la fauna acuática. Significa que «como irritante se pueden ver perjudicados otros organismos», aunque aquí no estamos ante un vertido.

Aquí, «habrá que limpiar la zona. Habrá que ver en qué medida ha perjudicado a otras fábricas», precisa Grimalt. En principio tampoco parece que la columna de humo tenga un gran impacto en el medio natural de la zona. Los índices de partículas se mantienen estables en la estación medidora de Vila-Seca.

Otra cuestión son los impactos ambientales a largo plazo. El profesor Francisco Javier Roca, director del Laboratori del Centre de Medi Ambient (UPC), ha liderado algunos estudios para determinar qué se respira en la comarca del Tarragonès y si lo que huele mal es tóxico. A su juicio, las redes de vigilancia de calidad del aire se centran en los contaminantes propios del tráfico rodado.

Estos trabajos ponen el foco en contaminantes sin límites legales o carentes de perspectiva histórica para evaluar el impacto en la población. También apuntan a los niveles de benceno, que se mantienen por debajo del umbral de seguridad, pero para los que se sugieren reducciones, por su carácter cancerígeno a largo plazo. 

Mendo se suma a la idea de protocolos más restrictivos. «Las directivas europeas (distancias con núcleos habitados) no se siguen. Tenemos poblaciones literalmente pegadas». En este sentido, la ley no marca una separación estándar de las viviendas, aunque la norma europea insta al desarrollo de una guía de distancias de seguridad. Depende de cada caso y cada autorización, conforme a las características de la planta.

«No se puede ver a estos polígonos sólo como algo que riqueza al territorio. Pedimos a Generalitat y Ayuntamientos que extremen prudencia cuando se den autorizaciones» para estos negocios, concluye Mendo.

Los vecinos agrupados en la Plataforma Cel Net, creada hace once años, han convocado para este miércoles una concentración ante las oficinas de la Asociación Empresarial Química de Tarragona por la situación de «angustia, desprotección y desinformación».

Cel Net reclama una nueva legislación que controle, regule y reduzca el impacto de la industria contaminante, que se activen mecanismos de comunicación claros y efectivos que velen por la seguridad de las poblaciones cercanas.

La explosión química más grave en diez años

La explosión en la petroquímica de Tarragona es la más grave ocurrida en la última década por el número de víctimas, y se produce un mes después del aparatoso incendio en una planta de reciclaje de disolventes y tratamiento de residuos en Montornés del Vallés (Barcelona) que obligó a confinar a los vecinos en sus casas durante horas.

El incendio de Montornés, que no provocó heridos, ocurrió el pasado 11 de diciembre y causó una nube tóxica que obligó a desalojar a trabajadores del polígono industrial y a cortar el tráfico, así como un vertido que contaminó el río Besós y la muerte de numerosos peces.

La explosión de la química de Tarragona ha causado ya dos muertos, uno de ellos un vecino de Torreforta que se encontraba en su vivienda cuando impactó en el edificio una chapa de hierro de una tonelada, probablemente la tapa del reactor, despedida tres kilómetros por la onda expansiva. Además hay ocho heridos, tres de ellos muy graves.

También en Tarragona, en mayo de 2019, un trabajador falleció y otro resultó herido por una fuga de amoniaco en una planta que Carburos Metálicos en la Pobla de Mafumet. El accidente obligó a los vecinos de la zona a guarecerse en edificios y a activar la fase de emergencia del plan de protección ante accidentes químicos.

En septiembre de 2012, en Moncada (Valencia) una personas murió y otras cinco resultaron heridas tras una explosión en una fábrica de gas cuando el conductor de un camión hacía una descarga de oxígeno líquido.

Cabe recordar, en los últimos 20 años, que el accidente de mayor gravedad ocurrió el 14 de agosto de 2003, cuando nueve trabajadores perdieron la vida a consecuencia de la explosión en un tanque de almacenamiento de combustible en la planta de Repsol Petróleo en Puertollano

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