Newtral
El doble encierro de los mayores y jóvenes LGTB
Siguiente

El doble encierro de los mayores y jóvenes LGTB

Adolescentes que tienen que volver a entornos lgtbfóbicos. Mayores que reviven el confinamiento como una vuelta al armario en soledad. El confinamiento trae viejos fantasmas a los que el colectivo debe enfrentarse



Marcos (nombre ficticio) volvió al armario a la vez que empezó el confinamiento. Los 200 kilómetros que separan su piso compartido en Madrid de la casa de sus padres en Castilla-La Mancha cerraron de nuevo la puerta de un armario del que salió cuando llegó a la capital para ir a la universidad. Carla (también nombre ficticio) decidió contar a su familia que tenía novia justo antes de tener que confinarse con ellos. Su familia no lo aceptó y ahora tiene que convivir encerrada con unos padres que niegan su realidad. 

Estas son algunas de las situaciones que la Línea Arcoíris, el servicio de atención telefónica de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) ha atendido desde que comenzó el estado de alarma. Alfonso Lara, responsable de este servicio activo desde 2016, explica que a través de esta línea han llegado consultas sobre salidas del armario complicadas debidas al confinamiento y regresiones al armario por culpa de él. 

La FELGTB ha alertado de que el estado de alarma obliga a muchas personas LGTBI, sobre todo jóvenes, a convivir 24 horas al día con personas que niegan su identidad o rechazan su orientación sexual, lo que las deja en una situación de especial vulnerabilidad. 

Para muchos de ellos, explica Mon Sanz, psicólogue social y técnique del Servicio de Orientación y Apoyo a Jóvenes LGTB+ del COGAM, la pantalla se ha convertido en el único espacio a través del cual pueden mostrar libremente su orientación o identidad sexual. Para  muchos adolescentes y jóvenes a los que el confinamiento les ha devuelto a espacios lgtbfóbicos o inseguros, 6 pulgadas con conexión a internet son el único lugar donde vivir con libertad. 

Según Sanz, el tiempo confinados también ha llevado a muchos a plantearse sus propias realidades como personas LGTB y han sentido que era el momento de salir del armario. Sin embargo, advierte de los riesgos de hacerlo durante un confinamiento, ya que puede llevar a situaciones límite porque “nunca sabemos cómo va a reaccionar nuestra familia”.

No solo un problema de adolescentes

Lara explica que en la línea arcoiris de la FELGTB un buen número de llamadas tenían que ver con la soledad que sentían los mayores LGTBI que de repente “no cuentan con ninguna persona con la que poder desahogarse”. La soledad, el aislamiento y la falta de apoyo familiar son la principal dificultad para casi el 40% de las personas mayores LGTBI que, según un estudio de la propia federación, en un 52% de los casos viven solas.

Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de diciembre, que ayuda a mayores LGTB, explica que paralizaron su actividad diaria el 6 de marzo. Desde ese día, un cartel cuelga en la puerta advirtiendo de que «Se suspenden las actividades de los centros de mayores en las tipologías de hogares y clubes y servicios de convivencia familiar y social dirigidos a la tercera edad».

Este encierro ha devuelto a muchos de los miembros a “ese confinamiento que han vivido durante años, en su juventud, en su niñez” por no poder salir al armario,  ya que han perdido los espacios de socialización que tenían. 

Los mayores se invisibilizan a medida que superan cierta franja de edad, cuenta Armenteros, y “el confinamiento les ha devuelto al armario”. De acuerdo con un estudio de la FELGTB, a partir de los 51 años no más de un 30% de los encuestados era visible en diferentes ámbitos de su vida. Una socialización que para muchos que ahora se encuentran solos ha acabado. 

Sobre el trabajo que llevan ahora a cabo, Armenteros explica que les llaman por teléfono habitualmente y están en contacto con ellos y ellas por cualquier necesidad que les pueda surgir: “Hemos tenido que cambiar toda nuestra forma de trabajar y los psicólogos están trabajando también una burrada, como los educadores, la trabajadora social, estamos todo el equipo teletrabajando y sobre todo ayudando y acompañando”. 

Según Federico, lo más trágico ha sido el trance de acompañar en el duelo. Esta situación ha provocado soledades desconocidas, como la de  enfrentar una viudedad tras un coronavirus que no ha permitido la despedida.  

“Estamos intentando ayudar para que ese duelo no se cronifique, no sea patológico”, explica. El coronavirus les ha hecho saber que muchos vivían su relación en el armario para que familias, vecinos, familiares y amigos no se enteraran.  “A estas alturas”, exclama Armenteros, con lo que “ahora se encuentran tirados, solos y sin nadie”. Tan duro es enfrentarse a un armario cerrado como a una casa vacía.

¿Quieres comentar?

Relacionados

Más vistos

Siguiente