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Impuestos y etiquetado: ¿Cómo se desincentiva la comida basura?
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Impuestos y etiquetado: ¿Cómo se desincentiva la comida basura?

El Gobierno se plantea introducir medidas fiscales contra la comida basura, que perjudica a la salud y se relaciona con enfermedades como la obesidad

La comida basura vuelve a estar en el foco de la actualidad después de que el nuevo ministro de Consumo, Alberto Garzón, anunció en una entrevista en El Objetivo que están «estudiando» poner un impuesto a la comida basura. Una iniciativa que estaría dirigida a «reducir el impacto» de estos productos.

«No solo tiene que ver con la fiscalidad, también con la conciencia, con el etiquetado, que ayuda a la ciudadanía a saber si lo que come es perjudica gravemente la salud», aclaró el ministro. De hecho, en el acuerdo de coalición PSOE-Unidas Podemos ya recogieron medidas al respecto.

La comida basura se relaciona como la causante, en gran medida, de un importante número de problemas para la salud, como por ejemplo la obesidad o la diabetes. En 2030, el 80% de los hombres y el 55% de las mujeres presentará obesidad o sobrepeso, según un estudio del Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques (IMIM) y médicos del Hospital del Mar.

Pero… ¿Qué es la comida basura?

Determinar qué es la comida basura puede ser complicado. No se realiza una distribución de alimentos como tal, pero sí se conoce qué elementos son más perjudiciales para el organismo. Así, los ultraprocesados o alimentos y bebidas con gran cantidad de azúcares añadidos podrían entrar en esta definición.

«Comida basura es un término un poco genérico. Serían alimentos, en su mayoría procesados o ultraprocesados, con un alto contenido en sales y grasas no saludables e incluso hidratos de carbono», comenta a Newtral.es el médico Javier Padilla, que además explica que «desde el punto de vista de consumo» está vinculado a un tipo de ingesta que «podemos explicar casi como compulsivo».

«En España, casi el 70% de lo que estamos consumiendo son productos procesados»

Javier Guzmán, presidente de la ONG Justicia Alimentaria, lo matiza para Newtral.es: «Es aquella comida procesada que tiene elevadas cantidades de 3 elementos críticos: grasas saturadas, azúcar y sal. Estos productos que están cargados de estos elementos son críticos para la salud», cuenta.

Además, Guzmán explica que «hay una evidencia científica y consenso de que los alimentos procesados y ultraprocesados se relacionan con riesgos de salud«. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el primer riesgo de salud mundial es la mala alimentación. Esta se puede relacionar, según Guzmán, con el 55% de las enfermedades cardiovasculares y el 35% de la diabetes tipo 2, entre otras.

«En España, casi el 70% de lo que estamos consumiendo son productos procesados y estamos muy por encima de los consumos diarios de azúcar recomendado por la OMS: 111 gramos frente a los 29 recomendados», alerta este especialista en políticas agroalimentarias.

¿Qué medidas se quieren aplicar?

Según recogen en el acuerdo de Gobierno PSOE y Unidas Podemos, una de las medidas que quieren llevar a cabo es impulsar la compra pública de alimentos para comedores escolares o de hospitales. Sin embargo, las más relevantes son los cambios en el etiquetado y una fiscalidad nueva para la comida basura.

2.7.2.- Reduciremos el impacto de la comida basura, al establecer obligaciones claras en el etiquetado, que deberá reflejar la calidad de los productos conforme al modelo del semáforo nutricional, así como una revisión de la fiscalidad de los alimentos ultra procesados o ricos en grasas y azúcares. Además, se impulsará que la compra pública de alimentos para comedores escolares o de hospitales sea un modelo de alimentación de calidad y de cercanía.

Coalición progresista: un nuevo acuerdo para España. documento de acuerdo de coalición de PSOE y Unidas Podemos

Esta subida del gravamen de la comida basura podría estar relacionado con un mayor IVA. Actualmente la mayoría de los alimentos están gravados con el 10% (según publica la Agencia Tributaria en el listado de los tipos impositivos), pero en la comida considerada perjudicial para la salud, esta tasa podría aumentarse hasta el 21% el tipo máximo del IVA. Al mismo tiempo, puede utilizarse el tipo ultrarreducido del IVA (del 4%) para los productos más sanos.

En cuanto al etiquetado, se hace referencia al modelo del «semáforo nutricional», que debería reflejar la calidad de los productos. Este consiste en un código de colores, similares a los de un semáforo, que identifican si un elemento es saludable o no. Una media que ya existe en países como, por ejemplo, Inglaterra o Francia. «En España ahora es imposible que te puedas enterar de las etiquetas. Ni siendo experto ni llevando una calculadora”, critica Guzmán.

¿Cómo afectan estas medidas al consumidor?

Este tipo de medidas impositivas suelen estar dirigidas a la persona que compra el producto. «Generalmente hay cierto consenso de que los impuestos deben repercutir sobre el consumidor final y que estén vinculados a la combinación del volumen de la bebida y al porcentaje de azúcar que tenga«, comenta el médico Padilla.

Padilla defiende que la comida basura tiene «una desiguadad»: «las poblaciones de menos nivel de renta la consumen en mayor cantidad». Es por ello por lo que asegura que revertir la situación no solo sería un medida de salud, sino también de «justicia de clase». «Hay un elemento de clase, porque la gente más pobre consume peor comida. Son un tipo de prácticas no saludables que no podemos decir que sean elegidas. El aspecto socioeconómico facilita que se vaya hacia allí», recalca.

A juicio de este experto, no vale solamente utilizar un impuesto para expulsar a la gente del consumo -ya que se verían perjudicados por el aumento del precio-, sino que hay que aplicar también «medidas para atraer a al gente a otro tipo de consumo». Por ejemplo, menciona obligar a los establecimientos que haya agua del grifo en las mesas y, favorecer fiscalmente los alimentos saludables.

Esto está relacionado con la idea que lanza el presidente de Justicia Alimentaria, que recuerda que «el 44% de la población no se puede pagar una dieta que se podría denominar sana». «Afecta de manera muy diferenciada en clases más bajas donde los consumos aumentan porque son más baratos», añade Guzmán.

Ambos defienden que donde más deberían fijarse los impuestos es en las bebidas azucaradas. «Los resultados muestran que, de forma casi sistemática, hay un efecto notable sobre el consumo y además el nivel de equidad entre las clases no se ve comprometida», afirma Padilla que alega que los estudios sobre este fenómeno muestran que las personas de renta más baja «acaban liberando renta».

¿Cómo afectan a los productores?

En cuanto a la industria, Javier Padilla alega que tiene que participar en el proceso: «Se necesitan mecanismos de negociación con la industria para que mejoren la composición de sus productos». Con ello, defiende que los impuestos sobre estos productos aumentarán el precio y reducirán el consumo y esto impulsará que mejoren su composición para adecuar su producto a una tasa impositiva menor.

«Las empresas no van a cambiar solas, por lo que se necesitan medidas que faciliten que la industria camine hacia este punto», explica. Otro punto importante es la existencia de bienes sustitutivos. «Hay una parte importante del consumo que se desplaza, por ejemplo, a la versión no azucarada. Así la industria no disminuye sus beneficios solo el producto por el cual los ingresa».

¿Cómo afecta al sistema sanitario?

«Para los países occidentales pero también para los países más empobrecidos, la obesidad y la diabetes son seguramente el mayor problema de salud», afirma el médico Padilla que explica que «hay una cronificación de los problemas de salud, un aumento de la frecuencia y una aparición cada vez más temprana».

Así, el 25% de la población española es obesa o tiene problemas de sobrepeso y la enfermedad ya causa 131.000 muertes al año, según cuantificaron los expertos en el XXIV Congreso Mundial de la Federación Internacional de Cirugía de la Obesidad y Enfermedades Metabólicas (IFSO) y el XXI Congreso de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad Mórbida y de las Enfermedades Metabólicas (SECO) celebrados en 2019.

Por otra parte, según el estudio Exceso de peso en España, el sobrecoste que supone atender a las personas con sobrepeso, obesidad y obesidad mórbida es de casi 2.000 millones de euros para el Sistema Nacional de Salud. «La mejora de la salud de la población a corto plazo supone una mejora del gasto sanitario, pero a largo plazo la gente va a enfermar también», recuerda Padilla.

Por su parte, Guzmán calcula que el 20% del presupuesto de la Sanidad va ligado a estas enfermedades y aclara que a nivel mundial estas enfermedades suponen el 21% de muertes evitables. «Aquellas cosas de las que estamos enfermando y muriendo, la mayor parte de ellas son relacionadas con la alimentación», alega.

También comenta que España «tiene uno de los grandes problemas de alimentación» y que «cada vez es peor». «No se está haciendo absolutamente nada con estas cifras. Estamos pagando con nuestra salud el beneficio de unas cuantas multinacionales», sentencia Guzmán.

¿Qué medidas se llevan a cabo en otros países?

En otros países se han fomentado políticas para alejar la comida basura que, como explica Padilla, se suelen basar en aumentar la fiscalidad de los productos menos saludables. «Las medidas de reducción de impuestos en los productos sanos son menos frecuentes. Hay una tendencia mucho mayor a empujar y expulsar del consumo que a atraer a un consumo más saludable», dice.

Entre otros, países donde se ha instaurado el impuesto a las bebidas azucaradas son Francia y Reino Unido. También Cataluña cuenta con un impuesto sobre las bebidas azucaradas. Según un estudio realizado en esta comunidad, en Barcelona este impuesto consiguió que se redujera el consumo habitual de bebidas azucaradas un 39% frente a lo que ocurrió en Madrid, donde no existe este impuesto.

Otros países con impuestos en la comida basura con grasa y sodio son Francia, Finlandia o Hungría, como recuerda el presidente de Justicia Alimentaria. «Luego hay otros como Francia donde a los más sanos se les baja el IVA», añade y explica que un estudio europeo ha demostrado que hay una relación directa entre esta medida -se bajó un 3,4% el IVA- y el aumento del consumo diario de fruta y verdura, que creció en 4,8 gramos diarios.

«Lo mismo ocurrió en Dinamarca, con un 25% de rebaja en el precio frutas y verduras se dio un estímulo del 25% esos productos«, comenta Guzmán, que critica que en España no se den estas medidas. «Es clave este tipo de fiscalidad, que incluso pide la OMS, y es inaudito que en España no exista».

Pixabay

Otros países, como Portugal, ha establecer un código de regulación pública para impulsar la protección de la salud de los menores. «En España un niño se traga 80 anuncios al día. de los que el 70% en Portugal o Reino Unido estarían prohibidos», recalca Guzmán.

«Lo ideal seria una batería de propuestas o ley de políticas en favor de la buena alimentación que regulara y prohibiera la publicidad de alimentos y bebidas no saludables a menores, patrocinios de deporte y protección de la salud, maquinas expendedoras en centros educativos 100% saludables…» clasifica el médico. Pero recuerda que también es un tema estructural: «Si la gente tuviera tiempo más tiempo para poder alimentarse, también mejoraría. Es muy difícil cambiarlo todo si no se va a uno de los factores que están en el raíz del problema», sentencia.

Fuentes:

2 Comentarios

  • Y sí las personas más desfavorecidas económicamente son los mayores consumidores de comida basura por su menor precio, porqué no se baja el precio de los alimentos más saludables en lugar de penalizar los otros?

    • Has leído el artículo Jose Miguel?
      «Al mismo tiempo, puede utilizarse el tipo ultrarreducido del IVA (del 4%) para los productos más sanos.»

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