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La OMS, ante el brote de ébola: ni riesgo actual de pandemia ni cierre generalizado de fronteras, aunque es serio

EPI para el brote de ébola de 2022 en RDC | OMS
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la emergencia internacional por el brote de ébola activo en en República Democrática del Congo (RDC) y en Uganda. Está implicada una cepa rara del Orthoebolavirus (conocida como Bundibugyo). No existen vacunas ni tratamientos aprobados. Pero la propia OMS ha precisado que la situación no cumple los criterios de emergencia pandémica y ha desaconsejado las restricciones generalizadas a viajes y comercio.

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El virus del Ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados. Tiene por síntomas un conjunto de fiebre, vómitos, diarrea y hemorragias internas. Esta cepa Bundibugyo puede tener una letalidad de entre el 30% y el 50% de las personas contagiadas que llegan al hospital en estas regiones.

Tres claves:

  • Una emergencia internacional (PHEIC) no implica declaración de pandemia. El brote por ahora está cirucunscrito al oriente de la RDC y a Uganda. Sin embargo, cumple los criterios del Reglamento Sanitario Internacional para considerarse emergencia ante la que otros países deban estar preparados. En términos prácticos, ayuda a movilizar la atención, la financiación, el apoyo técnico y la coordinación entre países y agencias de salud pública.

  • Riesgo muy bajo de transmisión en Europa, pero no imposible. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) considera muy baja la probabilidad de importación y transmisión secundaria en nuestro continente.

  • Primer brote en 14 años con esta cepa. “El pasado fin de semana, recibimos alertas sobre un aumento inusual de fallecimientos asociados a una posible fiebre hemorrágica viral en la zona sanitaria de Mongwalu, situada al noroeste de Bunia, capital provincial”, señalan desde Médicos sin Fronteras en la zona. El Ministerio de Salud congolés confirmó que al menos 55 personas habían muerto desde principios de abril.

    Hasta ahora solo se habían registrado dos episodios: el de Uganda en 2007-2008, cuando se identificó por primera vez, y el de la propia RDC en 2012. La letalidad media en aquellos brotes osciló entre el 30% y el 50%. Como suele pasar en estos casos, hablamos de muertes entre personas que llegan al hospital (no siempre es fácil en estos países), no de entre quienes sufren la enfermedad en formas menos graves.

El foco del brote en el este de la RDC

Mongbwalu, una zona minera de la provincia de Ituri, es el epicentro del brote actual. El virus se ha extendido a las zonas sanitarias vecinas de Rwampara y Bunia. Butembo fue uno de los grandes focos de la epidemia de 2018-2020.

Tiles Shortbread (OpenFreeMap) · datos © OpenStreetMap contributors

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¿Cómo empezó el brote?

El primer caso conocido del brote actual es un trabajador sanitario que comenzó con fiebre, hemorragias y vómitos el 24 de abril; falleció en un centro médico de Bunia, capital de la provincia de Ituri. El Ministerio de Salud congoleño confirmó el decimoséptimo brote de ébola el 15 de mayo, tras identificar el virus en muestras de la zona sanitaria de Rwampara. Hay además dos casos confirmados en Kampala (Uganda), con un fallecido, en viajeros procedentes de la RDC.

El epicentro está en Mongbwalu, una zona minera con alta movilidad de población y atravesada por un conflicto armado que ha provocado más de 273.000 desplazados internos, lo que dificulta el rastreo de contactos y las prácticas funerarias seguras.

Por qué es preocupante aunque no sea pandémico

Daniela Manno, profesora en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (Reino Unido), destaca dos aspectos de este brote de ébola: “El número de casos sospechosos notificados antes de la confirmación sugiere que la transmisión podría haber estado ocurriendo durante varias semanas”. En segundo lugar, el brote se está produciendo en una región “afectada por la inseguridad, el desplazamiento de población y una alta movilidad de personas, todo lo cual puede complicar la vigilancia, el rastreo de contactos y la prestación de servicios sanitarios”.

Desde Médicos sin Fronteras, Trish Newport, responsable del Programa de Emergencias, apunta que “el número de casos y muertes registradas en tan poco tiempo, junto con la expansión a varias zonas sanitarias, resulta extremadamente preocupante”.

Sin vacuna para esta cepa

“Para esta cepa específica no tenemos vacuna ni medicamentos. Lo que significa que dependemos principalmente de las medidas de salud pública”, ha señalado en rueda de prensa Jean Kaseya, director general de los CDC de África. Confirma desde The Conversation el microbiólogo Thomas Jeffries (Universidad de Sídney Occidental) que el diagnóstico rápido por PCR, aislamiento y rastreo de contactos durante 21 días son las medidas más efectivas, junto al manejo de cadáveres con extrema cautela.

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El personal sanitario y las personas que cuidan a enfermos son quienes asumen mayor riesgo. En el brote actual ya han fallecido al menos cuatro trabajadores sanitarios, lo que apunta a fallos de protección en los centros asistenciales, señala Jeffries.

Sin embargo, precisa la doctora Manno que ”República Democrática del Congo tiene una amplia experiencia en la respuesta a brotes de ébola y la capacidad de respuesta es significativamente mayor hoy que hace una década”. 

Ahora no son necesarios cierres fronterizos, según la OMS

La OMS no ha recomendado cierres de fronteras ni restricciones a los viajes. De los países vecinos, sólo Ruanda ha decretado un cierre preventivo de su frontera terrestre con la RDC. Uganda, Kenia y Sudán del Sur han reforzado la vigilancia y los controles de temperatura en puntos fronterizos y aeropuertos. El ECDC ya señaló en evaluaciones anteriores que las restricciones de viaje suelen ser poco eficaces y costosas. También, que el cribado de salida en los países afectados resulta más útil para contener la dispersión.

Las cicatrices del ébola en medio de la guerra

La epidemia de ébola en África Occidental entre 2014 y 2016 dejó cerca de 11.000 muertos y unos 17.000 supervivientes, recuerda en sus trabajos Kevin Thomas, profesor de Sociología de la Universidad Rice y autor de Life After Epidemics. Su investigación documenta cómo muchos de aquellos pacientes recuperados quedaron en peor situación que antes: con secuelas neurológicas, problemas oculares o musculoesqueléticos crónicos, viudedad, orfandad y estigma comunitario.

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«Los responsables políticos darán prioridad a las respuestas médicas a corto plazo frente a las respuestas sociales a largo plazo», advierte Thomas. Es un recordatorio de por qué la atención al brote de Bundibugyo importa más allá de su capacidad inmediata de propagación, en un país donde se solapan emergencias sanitarias desde hace años.

Fuentes

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