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Cinco autores latinoamericanos con esencia precolombina
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Cinco autores latinoamericanos con esencia precolombina

Cuando la lengua castellana cruzó el océano a finales del S. XV y fue impuesta a quienes habitaban las tierras mal reconocidas como Las Indias, la Corona interpretó que su expansión sería la prueba fundamental del éxito imperialista. Cualquier territorio donde se hablara el castellano podría darse por conquistado y lo que es más importante, sus habitantes dispondrían de la herramienta fundamental para ser evangelizados en la religión católica, por las buenas o por las malas. Cuando otros europeos empezaron a navegar hacia el oeste a por su parte del botín, la lucha por el territorio fue también una lucha por imponer la cultura a sabiendas de que valía más esto que clavar una bandera.

Sin embargo, antes de la llegada del castellano, los habitantes de América Central y Sudamérica se contaban historias en sus propias lenguas a pesar de que la mayoría de los pueblos no dominaban aun la escritura. Eran relatos de marcado simbolismo donde la naturaleza era protagonista fundamental y las metáforas convivían con la didáctica y lo sagrado. Debía de ser una literatura desatada, llena de colorido, lejos de las restricciones culturales del viejo mundo.

Creo reconocer que las letras hispanoamericanas adoptaron obedientes nuestra lengua y formas, pero nunca perdieron su esencia precolombina.

  1. El coronel no tiene quien le escriba (1961) – Gabriel García Márquez

Tengo la sensación de que para Gabo todo empezó con ‘El coronel’. Su segunda novela tras ‘La hojarasca’ rompe con lo anterior y encuentra la esencia de lo que será uno de los mayores genios de la literatura universal, creador de obras maestras atemporales llenas de simbolismo y poder narrativo.

En esta novela, el coronel y su mujer, “huérfanos de hijo”, esperan cada jueves que el correo traiga noticias de una pensión mientras lidian con los verdaderos personajes de la novela: el hambre que les hace rascar la olla de café con un cuchillo (¡qué imagen!) y el gallo, que promete sacarles de su miseria mientras se alimenta con los últimos recursos de la pareja. La contraposición del gallo y el hambre y cómo ambos bailan en la cabeza del coronel y su esposa es un recurso genial, incluso divertido, envuelto en un manto de melancolía, angustia y drama.

 

Ella celebró la ocurrencia. El gallo produjo un sonido gutural que llegó hasta el corredor como una sorda conversación humana. «A veces pienso que ese animal va a hablar», dijo la mujer. El coronel volvió a mirarlo.

  • Es un gallo contante y sonante- dijo. Hizo cálculos mientras sorbía una cucharada de mazamorra -. Nos dará de comer tres años.
  • La ilusión no se come –dijo ella.
  • No se come pero alimenta –replicó el coronel -. Es algo así como las pastillas milagrosas de mi compadre Sabas.

 

    2. El puño invisible (2011) – Carlos Granés

El colombiano Carlos Granés fue premiado en 2011 con el Premio Isabel Polanco de ensayo por esta obra fundamental sobre el desarrollo cultural y artístico durante el siglo XX. Un recorrido por los 100 años de zozobra y revolución, guerras, crisis económicas y sociales, búsqueda de identidad y explosión artística, desde una perspectiva antropológica y escrito con un talento literario indiscutible.

Confieso que es el único libro que está permanentemente en mi mesilla de noche (el resto van entrando y saliendo de la estantería) y que lo tengo lleno de anotaciones y marcas. Disfruto tanto abriéndolo por cualquier sitio como buscando en el índice momentos históricos, personajes o lugares donde la creación artística hervía. En definitiva, leyendo ‘El puño invisible’, uno observa un pasado conocido desde una perspectiva nueva, como quien camina de espaldas.

Kerouac plasmó mejor que nadie esta sensación en ‘En el camino’, convirtiendo la insatisfacción en el motor de una inquietante búsqueda, en un alegato en favor del peregrinaje eterno y veloz por una carretera que ponía distancia entre ellos y los vicios de Occidente y conducía, por fin, a un nuevo sitio auténtico y real: el Tercer Mundo.

 

          3. Opio en las nubes (1992) – Rafael Chaparro Madiedo

Este libro vertiginoso, de espíritu vanguardista, se ha convertido en una referencia para miles de lectores gracias a la honestidad de su prosa, a menudo urgente pero nunca atropellada, referencia real del mundo de sus personajes, en su mayoría jóvenes extremos y caóticos sin otra salida que los bares y las drogas.

Si a esto añadimos las dificultades que tuvo en primera instancia para ser publicado y su ausencia en editoriales de gran consumo, se entiende que se haya convertido en una obra de culto.

 Soñó con la espuma del mar, con un traje de baño rojo, con una cerveza fría, con un aliento rubio entre sus manos, atrapado entre sus dientes. Entonces llegó al bar, se le acercó y le dijo:

  • Hey Porfirio, tengo un home run de Pete Rose entre mis manos y eso me hace feliz. Eso es la felicidad. Y por eso te voy a invitar el sábado que viene a la playa y tomaremos cerveza fría mientras el sol revienta en nuestros cuerpos y en tu pelo que huele a fresa.

Pero Porfirio o como se llame no le hizo caso. Gary sintió que de nada le había valido ir esta tarde al estadio a ver a Pete Rose. Por eso siguió a Porfirio hasta los apartamentos Le Pavillon y esperó a que oprimiera el botón del ascensor. Tal vez pensó en darle una última oportunidad. Tal vez pensó en decirle que quería desayunar café negro cerca de sus babas perfectas, cerca de sus nalgas rosadas, cerca de sus dientes blancos, cerca de su olor a crema dental biflúor, pero Porfirio se metió en el ascensor. Gary hizo lo mismo y la mató a golpes con la bola con la cual Pete Rose había hecho el home run aquella tarde de domingo a las tres mientras comía palomitas de maíz y estaba sentado sobre una cachuca azul para no ensuciar sus pantalones nuevos.

La tristeza es como si siempre tuvieras hambre de todo

 

 4. Poesía Completa – Jorge Luis Borges

 Para mí, Borges es el mayor escritor en castellano, aunque solo es una opinión y es obvio que cada uno tendrá la suya. No es mi interés hacer de esto una competición, lo cual carecería de todo sentido e interés, sino lanzar esta sentencia tan grave para dar ejemplo de lo importante que para mi concepción literaria es su obra.

Lo que no es opinable es la maestría de Borges para cualquier registro, pues nadie podría situarle fuera de los elegidos narradores, poetas o ensayistas de la historia de la literatura.

Recomiendo sus poemas por capricho, me ha resultado imposible elegir lo mejor de su obra. Pero hay versos de este libro que redoblan en mi cabeza de tanto en tanto, y pienso que quizás lo podrían hacer también en las vuestras.

BUENOS AIRES

Y la ciudad, ahora, es como un plano
de mis humillaciones y pasados;
desde esa puerta he visto los ocasos
y ante ese mármol he aguardado en vano.
Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
me han deparado los comunes casos
de toda la suerte humana; aquí mis pasos
urden su incalculable laberinto.
Aquí la tarde cenicienta espera
el fruto que le debe la mañana;
aquí mi sombra en la no menos vana
sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.

5. Rayuela (1963) – Julio Cortázar

Se ha escrito y hablado tanto sobre Rayuela que es difícil encontrar una manera original, y tampoco la busco, de explicar su excepcionalidad, más allá de su original composición y la excelencia poética de la prosa de Cortázar. En un momento de la novela, a uno de los personajes le preguntan acerca de un libro a lo que contesta “Ya no me acuerdo de que trataba, pero era un libro inolvidable”. Algo parecido me gustaría decir de Rayuela, y para hacer más evidente mi declaración, como excepción me he dejado llevar y he copiado más fragmentos de los habituales.

 

 Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos

 

La Maga no sabía que mis besos eran como ojos que empezaban a abrirse más allá de ella, y que yo andaba como salido, volcado en otra figura del mundo, piloto vertiginoso en una proa negra que cortaba el agua del tiempo y la negaba.

 

La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.

 

Hay que ser justos -dijo la Maga-. Pola es muy hermosa, lo sé por los ojos con los que me miraba Horacio cuando volvía de estar con ella, volvía como un fósforo cuando se lo prende y le crece de golpe todo el pelo, apenas dura un segundo pero es maravilloso, una especie de chirrido, un olor a fósforo muy fuerte y ella llama enorme que después se estropea. Él volvía así y era porque Pola lo llenaba de hermosura. Yo se lo decía, Ossip, y era justo que se lo dijera. Ya estábamos un poco lejos aunque nos seguíamos queriendo todavía. Esas cosas no suceden de golpe, Pola fue viniendo como el sol en la ventana, yo siempre tengo que pensar en cosas así para saber que estoy diciendo la verdad. Entraba de a poco, quitándome la sombra, y Horacio se iba quemando como en la cubierta del barco, se tostaba, era tan feliz.

 

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto esta el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedrita sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo […], lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar.

Esteban Granero. 

15 Comentarios

  • Me sumo a la recomendación de Pedro Páramo, de Juan Rulfo. El pueblo de Comala, con su genial juego entre vida y muerte y su conseguida ambientación rural, deja huella.

    «Afuera en el patio, los pasos, como de gente que ronda. Ruidos callados. Y aquí, aquella mujer, de pie en el umbral; su cuerpo impidiendo la llegada del día; dejando asomar, a través de sus brazos, retazos de cielo, y debajo de sus pies regueros de luz; una luz asperjada como si el suelo debajo de ella estuviera anegado en lágrimas. Y después el sollozo. Otra vez el llanto suave pero agudo, y la pena haciendo retorcer su cuerpo.»

    Vaya pedazo de sección que te estás marcando. Saludos pirata!

    • Gracias Javier.
      Totalmente de acuerdo. Gracias por el párrafo.
      Pedro Páramo, un rencor vivo. Genial!
      Un abrazo

  • Recomendaciones fantásticas, añado el padre de Borges, García Márquez y Cortázar, Juan Rulfo, el gran olvidado del realismo mágico. Pedro Páramo es, sencillamente, maravilloso. ¿Harás recomendación de literatura catalana? Seguro que has leído más de uno, viendo tu historial. Y me uno a la propuesta de Diana, la de incluir mujeres. Latinoamericanas clásicas no conozco desgraciadamente, pero aquí en Catalunya Mercé Rodoreda, Caterina Albert (Victor Català) y Ana Maria Matute son imprescindibles.

  • Es una pasada contar con tan estupendo futbolista y persona. Eso sí, le pediría que revisara sus propuestas para incluir a mujeres. Leer por lo menos la mitad de mujeres que de hombres durante el año, no estaría mal. Y que alguien con poder de difusión lo haga, pues aún mejor. Soledad Acosta de Samper, ya que hablamos de Colombia, no está nada mal. Propongo también para futuras aventuras concentrarse sobre países africanos y asiáticos. De nuevo, leyendo tanto a mujeres como a hombres. En fin, espero que esta sección siga creciendo y tenga el éxito que se merece. ¡Un saludo!

    • Hola Diana! Gracias por tu comentario.
      Abres todo un debate, la verdad. Estoy muy de acuerdo contigo en la enorme calidad literaria de muchas mujeres. Yo mismo he sido y soy ferviente lector de Matute, Allende, Hustvedt, Woolf, Nemirovsky, Julia Navarro y un largo etcétera… Te mentiría si dijera que en mi estantería hay tantas mujeres como hombres pero, sin que sirva de excusa, tampoco encontraríamos la paridad en ninguna librería en la que entráramos por casualidad. En cualquier caso, lo que está claro es que la tendencia es positiva y cada vez más mujeres publican, lo cual es una gran noticia.
      Respecto a mis recomendaciones, si soy del todo honesto debería elegir los libros sin mirar el sexo del autor/a. Es lo que he hecho hasta ahora. Estoy convencido que ninguna escritora merece que la incluya para equilibrar la balanza, pero estoy igual de convencido de que muchas mujeres van a aparecer en mis recomendaciones futuras gracias a la maestría de sus obras (recuerda que no soy crítico, comparto lo que más me gusta).
      En cualquier caso, probablemente tengas razón y Paula (Allende) tenía sitio en esta lista. Prometo hacer un post solo de este libro!
      Un saludo!!

  • Nada más leer la reseña sobre «El puño invisible» de Granés, me he lanzado a comprarlo, Pirata. Un abrazo y salud para esta sección que pilotas.

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