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Familias trabajadoras con hijos menores: el test de estrés del confinamiento
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Familias trabajadoras con hijos menores: el test de estrés del confinamiento

Casi dos millones de hogares españoles tienen al menos un niño menor de 15 años y a todos los adultos de la casa trabajando. El cierre de los colegios puso a estas familias en una posición complicada: compaginar el trabajo con las clases de los niños

Foto: Shutterstock

En España hay 6,2 millones de hogares con hijos. Según la Encuesta Continua de Hogares del INE de 2018, uno de cada tres —1,8 millones de familias— tenía entonces esta situación: hijos de 15 años o menos y todos los adultos de la casa trabajando. 

Familias con padres trabajadores e hijos menores

Hace un mes y medio, con el cierre de los colegios por la crisis del coronavirus, casi dos millones de familias se enfrentaron al reto de coordinar su actividad laboral con la actividad escolar de sus hijos. Y aunque los ERTE han cambiado la situación en muchos hogares, muchas de esas familias siguen haciendo malabarismos con una situación que sigue sin tener fecha final.

“Tenemos muchos problemas para la conciliación”, reconoce Leticia Cardenal, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA), que señala las dificultades de acompañar a los niños en sus tareas mientras se continúa con la actividad laboral. “Incluso si puedes trabajar desde casa, no es lo mismo teletrabajar tú y que el niño esté en el colegio que tener que hacer tu trabajo con el niño en casa”. 

[Fin de curso en España: cómo puede quedar finalmente la evaluación]

Al principio de la crisis, cuando empezaba a barajarse la posibilidad de cerrar los colegios, la medida generaba muchas dudas. El propio Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, se mostraba contrario a principios de marzo: “No es necesario cerrar colegios o universidades porque no ayudaría a frenar la expansión del coronavirus”.

Simón explicaba entonces su postura por el riesgo potencial para otros grupos más vulnerables a la enfermedad. “El cierre de escuelas y fronteras tiene que estar cuidadosamente estudiado para que tenga el impacto que queremos y no uno secundario que puede ser peor”, explicaba entonces. Finalmente, cerrar los colegios —al igual que las fronteras— fue inevitable en la mayor parte de mundo.

Aunque la forma de terminar el curso en España está aún por definir y las comunidades no se acaban de poner de acuerdo —País Vasco, por ejemplo, apuesta por que los alumnos de 4 de la ESO, Bachiller y FP retomen las clases presenciales en junio— parece cada vez más probable que el curso escolar termine en casa, aumentando la presión sobre las familias

La situación actual de los padres con empleo incluye ser trabajadores, educadores y protectores de sus hijos frente a una pandemia. El resultado, como apuntaban en Axios, son picos de estrés y agotamiento para los que no hay un horizonte definido. 

Una brecha digital que se agranda

“Con el paso del tiempo me cuesta más que se ponga a hacer los deberes. No tiene ganas”, cuenta Mónica López. Su hija, Claudia, cursa cuarto de primaria y su apatía es representativa del efecto que está teniendo esta crisis en los niños. Las consecuencias, como explicaban en el Washington Post, se extenderán durante todas sus vidas. 

Tres veces a la semana, Claudia recibe deberes a través de Telegram. El acceso a la tecnología es otro de los obstáculos para hacer frente al reto de la educación en casa. Uno de cada 10 hogares con hijos no tiene ordenador en casa, según la Encuesta Continua de Hogares. 

“Lo venimos diciendo desde hace mucho”, insiste Cardenal. “Creemos que esta situación no va a favorecer a los más desfavorecidos, valga la redundancia. Hay cierto alumnado que tiene problemas socioeconómicos y no tiene lo recursos necesarios”, añade. Y no es sólo cuestión de dispositivos: vivir en una zona rural donde no hay señal puede marcar la diferencia entre poder seguir el curso o no. 

[«Los padres se frustran más que los niños con la tecnología»: las clases online y la brecha digital]

Esta semana en Newtral.es contábamos cómo la docencia en remoto está poniendo de relieve la brecha digital y la capacidad adaptativa de las familias. Herramientas que no funcionan, accesibilidad variable y frustración de muchos padres que se pelean con la tecnología para que sus hijos puedan seguir este curso.

La presidenta de CEAPA apunta al nivel sociocultural: “Hay padres y madres que no están preparados, o no se ven preparadas para este acompañamiento a los hijos”. La consecuencia es que las desigualdades ya existentes puedan agrandarse.

Es un riesgo que han advertido desde la ONG Save the Children. En una carta abierta dirigida a los responsables educativos y firmada por 31 expertos y organizaciones (entre ellas CEAPA) piden una hoja de ruta “clara, contundente, preventiva y equitativa”: “Una parte del alumnado no está siguiendo el ritmo y corre el riesgo de desvincularse de la escuela, e incluso, de abandonar. Para el país con la mayor tasa de abandono escolar temprano de Europa este es un coste económico y social muy alto”.  

Un mes y medio sin salir a la calle

No se ha resuelto el rompecabezas del final de curso y una nueva prórroga del confinamiento está en camino, pero las familias pueden contar con un leve alivio en las próximas semanas. 

Durante estas seis semanas de cuarentena, los niños no sólo se han quedado sin clases: salir a la calle tampoco estaba contemplado en el escenario de confinamiento, lo que ha hecho la situación en casa aún más complicada. 

[Medidas para la salida de menores de 14 años a partir del 26 de abril]

“Somos el único país en Europa que no deja salir a los niños”, lamentaba la psicóloga Heike Freire en declaraciones recogidas por The Guardian. Las medidas españolas son, junto con las italianas, las más restrictivas, como revela este análisis en El Mundo.

Que pudieran salir los perros pero no los niños ha sido objeto de debate desde el principio del estado de alarma. A finales de marzo, el sociólogo César Rendueles hablaba en El Confidencial del enfoque “tan adultocéntrico” de la crisis del coronavirus. 

El fin de semana pasado, el Gobierno anunció que estaba perfilando las salidas de los menores. El martes por la mañana anunció al fin la medida: los niños podrían salir, pero sólo acompañando a adultos en las actividades ya permitidas, como ir al supermercado. Las críticas fueron tantas, y desde tantos sectores, que unas horas después el Gobierno rectificó y los paseos también estarán permitidos para los menores de 14 años a partir del domingo.

“Se crea un revuelo que produce intranquilidad. Por eso desde CEAPA pedimos que se nos informe por vías oficiales, y no en ruedas de prensa. Bastantes problemas tenemos ahora las familias como para añadir esta incertidumbre”, concluye Leticia Cardenal. Claudia, como tantos otros niños, está contenta por poder salir de casa después de tanto tiempo; aunque, como dice su madre, no echa tanto de menos la calle como a sus amigos.

Sobre el número de familias. Los datos proceden de la Encuesta Continua de Vida 2018. Para identificar en cuántos hogares deben compaginar trabajo y clases, se ha tenido en cuenta primero el número de hogares en los que hay hijos dependientes. Después se han seleccionado aquellos en los que los hijos tienen hasta 15 años y todos los adultos de la casa trabajan. Se ha considerado ‘niños’ sólo a los nacidos a partir de 2006 con el objetivo de reducir la posibilidad de que haya menores de edad que en realidad no son dependientes. Se han filtrado los hogares donde viven menores según ese criterio y, entre esos, se ha seleccionado aquellos en los que el número de adultos es igual al número de adultos

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