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El Reino Unido acuerda su desacuerdo
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El Reino Unido acuerda su desacuerdo

Las encuestas previas al 12-D auguran que cada territorio de la Unión -Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte- se pintará de un color dramáticamente distinto

EFE/EPA/JEFF OVERS / BBC

Este jueves, el Reino Unido vuelve a las urnas por cuarta vez en cinco años. En la primera ocasión, en 2015, votó la reelección de David Cameron como Primer Ministro. En 2016 votó en el referéndum que validó el Brexit. En 2017, las elecciones anticipadas confirmaron en el cargo a la conservadora Theresa May, aunque a costa de perder la mayoría absoluta que heredó de Cameron y dejando la salida de la UE como una cuestión irresuelta. Ahora, Boris Johnson buscará una mayoría absoluta que las encuestas le otorgan, que le permitiría dirigir el Brexit hacia donde pretende… y que reflejará una disparidad casi total en los cuatro territorios que componen la Unión.

El Reino Unido es complicado de explicar. Un ejemplo: para promocionar las retransmisiones de la Premier League en la NBC, el actor Jason Sudekis (Saturday Night Live) encarnó a Ted Lasso, un exentrenador de la NFL que tiene que buscarse la vida en el fútbol europeo como técnico del Tottenham. Lasso se mueve entre la arrogancia y la ignorancia, y no deja de hacer preguntas incómodas: “¿Quién es ese de las botas naranjas?”, pregunta Lasso. “Gareth Bale”, contesta su asistente británico. “¿Es de Inglaterra?”. “Es de Gales”. “¿Gales? ¿Eso es otro país?”. “Sí”. “¿Cuántos países hay en este país?”. “Cuatro”.

Este sketch de 2013 se filmó antes del referéndum de la independencia de Escocia. Y el del Brexit. En aquel año, David Cameron era el Primer Ministro, Londres había celebrado unos exitosos Juegos Olímpicos, Isabel II salía aclamada tras el 60 aniversario del inicio de su Reinado y la crisis económica comenzaba a quedar atrás. De los 650 asientos de Westminster, 621 eran para la suma de los conservadores (306), laboristas (258) y liberal-demócratas (57).

Seis años después, las encuestas dibujan un Reino Unido más parecido a los cuatro países que sorprendían a Lasso que a uno solo. El independentismo escocés, residual en 2010, aspira superar de nuevo los 50 asientos en Westminster, lo que de facto le convertiría en tercera fuerza del Parlamento, según diferentes sondeos de YouGov. El Lib-Deb se quedaría en torno a la docena de asientos,y el Labour caería cerca de su peor resultado en casi 100 años. Gales votaría dividida entre laboristas y conservadores, con ventaja en representación para los primeros, sin que los independentistas del Plaid Cymru logren un crecimiento significativo. E Irlanda del Norte, objeto de disputa entre el Reino Unido y la Unión Europea a resultas del Brexit, valorará en clave conservadora las urnas el acuerdo entre el Reino Unido y la UE del pasado mes de octubre.

¿De dónde provendría la mayoría absoluta conservadora que barruntan las encuestas? De una Inglaterra que reparte el 82% de los asientos en Westminster y que vive coligada a un Brexit que preocupa al resto de la Unión, pero al que Boris Johnson y sus votantes atribuyen poderes salvíficos… y hasta un próximo boom demográfico. “Las flechas de Cupido volarán una vez el Brexit sea un hecho. Los romances florecerán en toda la nación”, dijo el Primer Ministro el pasado domingo, según recoge el Sunday Times.

Inglaterra: ‘Splendid Isolation’ sobre sí misma

“Indudablemente no vamos a permitir que Inglaterra quede en situación desventajosa en cualquier reajuste que pueda tener lugar”. El discurso de Lord Salisbury en 1898 sigue guiando la posición de Londres en el mundo. Cuando se pronunció, Salisbury se refería al “aislamiento espléndido” del Reino Unido respecto al resto del continente, como razón para desmarcarse de la Realpolitik bismarckiana y asegurar su prosperidad, pero acabó viéndose involucrada en la Primera Guerra Mundial. La política de apaciguamiento de Chamberlain debía aislar al Reino Unido de los conflictos continentales hacia los que la Alemania de Hitler se dirigía, pero acabó siendo parte de la Segunda Guerra Mundial.

Tras la crisis del euro del arranque de la segunda década del siglo XXI, David Cameron pareció recuperar la Splendid isolation referida a la economía. «No me da miedo quedarme aislado en Europa«, sentenció Cameron en diciembre de 2011. Cuatro años después, en la campaña para las elecciones británicas de 2015, se comprometería en un referéndum sobre la salida del Reino Unido de la UE que, contra lo previsto, perdió. Europa es ahora el principal problema del Reino Unido, y el Reino Unido el de Europa.

Vickie Flores | EFE

La diferencia esta vez es que el aislamiento espléndido ha alcanzado cotas internas, particularmente en las zonas rurales. Inglaterra votará conservador -en el sur y centro sobre todo, con la excepción del área de influencia de Londres-, y gracias a los 533 asientos de los que dispone en Westminster, proporcionales a su población, sentará una mayoría que no existe en los otros tres territorios británicos. La misma mayoría que impuso el Brexit al conjunto del Reino Unido, particularmente a Escocia (el Remain ganó con el 62% de los votos) e Irlanda del Norte (el 55,8% votó por seguir en la UE).

Irlanda del Norte: Ni querer ni ser querido

Una encuesta publicada por YouGov hace un mes señalaba que cuatro de cada diez irlandeses del norte piensa que los mainland britons (ingleses, escoceses y galeses) no se preocupan por ellos. El sentimiento parece mutuo: el 40% de esos mainland britons no se preocuparía si Irlanda del Norte dejara de ser parte de la Unión. Ese desafecto mutuo tiene como contexto las negociaciones con la UE sobre la única frontera terrestre del Reino Unido con Europa: la propia Irlanda del Norte.

El acuerdo alcanzado entre Westminster y la UE respecto al territorio el pasado mes de octubre respetará los Acuerdos de Viernes Santo e instalará una vigilancia aduanera que evitará la frontera dura, pero ha elevado la distancia entre Belfast y Londres. Irlanda del Norte será territorio británico, pero sus habitantes deberán cumplir con las normas del Mercado Único Europeo. Lo salomónico de la decisión deja al territorio como un espacio híbrido, a expensas de una imposición arancelaria todavía por determinar y convertido en una isla legal que, hasta dentro de cuatro años, no podrá decidir si el acuerdo se prorroga o no. Todo ello, si llega a entrar en vigor: dependerá de cuándo se produzca el Brexit.

En las elecciones de 2017, el Partido Demócrata Unionista, conservador y pro-Brexit, fue el más votado y obtuvo diez asientos en Westminster de los 18 que se reparten. El Sinn Féin obtuvo siete. Las encuestas de YouGov no reflejan el voto norirlandés.

Gales: la paradoja pro-Brexit

Según los números de la propia Asamblea de Gales, el país, de 3,1 millones de habitantes, recibe anualmente 680 millones de libras anuales de la Unión Europea, “considerablemente más por persona que cualquiera de las naciones [del Reino Unido] o regiones inglesas”, asegura este informe. Y añade que “asegurar la financiación de Gales tras el Brexit es una cuestión vital”. Sin embargo, el 52% de los galeses votaron a favor de la salida de la Unión. Según un estudio del departamento de Geografía de la Universidad de Oxford, los que decantaron la balanza hacia el Brexit fueron los ingleses residentes en Gales.

El voto galés es mayoritariamente del Labour, particularmente en las regiones mineras del norte y el sur, donde aún se sienten los efectos electorales del cierre de minas de carbón por la reconversión de los años 70 y 80. La franja occidental del país es feudo tradicional del independentista Plaid Cymru y el resto -la zona central-, territorio conservador.

A diferencia de Escocia, donde los referéndums han impulsado el independentismo, las encuestas apuntan que el Plaid Cymru seguirá siendo la tercera fuerza galesa en escaños y votos. Los independentistas galeses propusieron en octubre sumarse a un hipotético segundo referéndum por la independencia de Escocia en 2020.

En 2017, 28 de los 40 asientos que otorga Gales fueron para el partido laborista. En una proporción muy similar a la habida desde 1983. Desde ese año, el Labour siempre se ha impuesto en Gales, sin bajar nunca de los 20 representantes (en el mismo año 1983) ni pasar de los 34 (2001).

Escocia: Proa hacia el #IndyRef2

Un chiste local escocés decía tras las elecciones de 2010 que en Escocia hay más osos panda que parlamentarios conservadores: el Zoo de Edimburgo tiene dos pandas y, tanto en 2010 como en 2015, el Partido Conservador solo obtuvo un asiento en Westminster en territorio escocés. El SNP marcó su techo en los 56 (de 59) logrados en 2015, en la resaca del referéndum de independencia de 2014. En 2010, el SNP había logrado seis asientos en la Cámara.

Nicola Sturgeon | Flickr del Gobierno de Escocia

De todos los territorios del Reino Unido, Escocia es quizá el que tiene un pulso más diverso. Los referéndums consecutivos -independencia y Brexit- han abierto una paradoja no resuelta: el país votó por seguir en Reino Unido, pero también votó continuar en la UE, y la simultaneidad de ambas cosas, Brexit mediante, resulta imposible. Ese contexto es el que la líder del SNP, Nicola Sturgeon, está aprovechando para lanzar una nueva propuesta de referéndum de independencia, el #IndyRef2, para satisfacer la cuestión de la continuidad escocesa en la UE.

Boris y la mayoría conservadora no están por la labor: “Tuvimos uno [referéndum] en 2014, y se dijo al pueblo británico, al pueblo escocés que era una cuestión de una vez por generación”, señaló Johnson a primeros de noviembre, usando una expresión –“Once in a generation”- que el exprimer ministro escocés Alex Salmond empleó para justificar los límites del referéndum de septiembre de 2014. Sturgeon había dicho en octubre que planteará al Primer Ministro la cuestión de un nuevo referéndum antes de que termine el año.

Las elecciones de 2017, posteriores al referéndum del Brexit, quitaron 21 escaños al SNP y devolvieron 12 a los conservadores. Las encuestas otorgan a los independentistas una horquilla de entre 43 y 51 parlamentarios.

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