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«El Código Penal protege menos a las mujeres que beben»: protestas por la sentencia de Manresa
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«El Código Penal protege menos a las mujeres que beben»: protestas por la sentencia de Manresa

Miles de feministas secundan convocatorias en más de 40 ciudades en repulsa de la sentencia de Manresa que condena por abusos sexuales a cinco hombres que agredieron sexualmente a una menor en 2016

Fuente: CCOO Madrid

Ministerio de Justicia, lunes, siete de la tarde. Abajo, en la calle, miles de mujeres gritan a las puertas de la institución que podría cambiar el Código Penal para que la ausencia de consentimiento en un delito sexual sea considerado violación y no abuso.

Una bandera de España ondea en la fachada como si los chillidos la agitasen. «No es un caso aislado, se llama patriarcado». La tela se revuelve. «Si tocan a una, nos tocan a todas». El asfalto retumba. «La calle y la noche también son nuestras». Los brazos elevados de las manifestantes hacia el cielo, hacia la bandera, hacia el Ministerio. «Sola, borracha, quiero llegar a casa».

Manifestación feminista from Newtral on Vimeo.

«He venido porque podría haber sido yo esa chica», dice Ainara, de 14 años. Tiene la misma edad que la que tenía la víctima de la violación grupal de Manresa, cuya sentencia se conoció el pasado jueves 31 de octubre. Así, la Audiencia de Barcelona ha condenado a cinco hombres a penas de cárcel de entre 10 y 12 años por abuso sexual continuado a una menor en 2016. El fallo judicial ha descartado condenarles por agresión sexual, como pedía la Fiscalía, porque ella estaba bajo los efectos del alcohol:

«Se encontraba en estado de inconsciencia, sin saber qué hacía y qué no hacía, y, consecuentemente, sin poder aceptar u oponerse a las relaciones sexuales que con ella mantuvieron la mayor parte de los procesados, los cuales pudieron realizar los actos sexuales sin hacer uso de ningún tipo de violencia o intimidación»

Extracto de la sentencia de la sección 22 de la Audiencia Provincial de Barcelona | Consulta aquí la sentencia

Junto a Ainara está Lucy Andrea, de 15. Han acudido juntas a la manifestación de Madrid, una de las 40 que se habían convocado en toda España —también en Sevilla, Barcelona, Valencia, Salamanca, Valladolid o Toledo, entre otras—. «Yo también me emborracho a veces. ¿Qué significa esto, que cualquier tío puede hacerme lo que quiera?», dice Lucy Andrea.

«En torno a la violación siempre ha habido ese discurso de que no todas las mujeres merecen protección»

Patricia Faraldo, catedrática de Derecho Penal en la Universidad de A Coruña, explica a Newtral que precisamente esto es lo que se podría inferir del fallo judicial: «Casos como el de Manresa significan que el Código Penal actual protege menos a las mujeres que beben porque el mensaje que lanza es muy claro, es el de: ‘Pórtate bien’».

«[La víctima], persona con baja tolerancia al alcohol, ingirió bebidas alcohólicas antes de ir a encontrarse con su tía y después de volver a la fiesta, llegando en este segundo momento, en el que también fumó algún porro de marihuana, a perder totalmente, a consecuencia del consumo de tóxicos, la consciencia de lo que sucedía y de lo que hacía; consciencia que no recuperó hasta horas después, ya de buena mañana. No pasa desapercibido a ninguno de los congregados, todos los cuales se encontraban en aquel momento reunidos en una de las casetas, que la víctima tenía menos de 16 años y que se encontraba en estado de inconsciencia»

Extracto de la sentencia de la sección 22 de la Audiencia Provincial de Barcelona | Consulta aquí la sentencia

Esto nos obliga de nuevo, como sociedad, a repensar dónde sitúa el cuerpo jurídico los límites del cuerpo de la mujer y de su autonomía sexual:

«En torno a la violación siempre ha habido ese discurso de que no todas las mujeres merecen protección, sino solo aquellas mujeres honestas y que responden a un determinado patrón de conducta. Una mujer que se emborracha, una mujer que se droga, una mujer que se ha estado besando con algunos de los atacantes parece que no merece protección. O por lo menos no al mismo nivel que las otras, que las ‘buenas mujeres’», apunta la catedrática Patricia Faraldo.

Manifestación en Madrid contra el fallo judicial por la violación grupal en Manresa | Fuente: CCOO Madrid

«No me puedo creer que tengamos que estar otra vez aquí, frente al Ministerio de Justicia, pidiendo que se reforme el Código Penal», dice Carmela, de 61 años. «Ya lo hicimos cuando salió la sentencia de Pamplona. Saldremos a la calle las veces que haga falta pero da la sensación de que no nos escuchan», añade.

Paula, de 16, está en la manifestación junto a su hermana pequeña, de 13: «Quiero ser libre, no valiente», «Con o sin ropa, mi cuerpo no se toca», «No nos quieren libres, nos quieren disponibles», «No es un abuso, son cinco violaciones», corean juntas. «Quiero que mi hermana se quede con lo que va a escuchar aquí, que aprenda de este feminismo que su cuerpo es suyo y de nadie más, y no que se quede con la idea de que es vulnerable», dice Paula.

Aintzane, de 23 años, está detrás de la pancarta que dice «La manada somos nosotras». Lleva un pañuelo violeta atado al cuello, el mismo que ha llevado en todas las manifestaciones y concentraciones convocadas en los últimos tres años «para defender a la víctima de la violación grupal de Pamplona», cuenta.

«Esta noche es el debate, ¿no? Cinco hombres hablando de cosas superimportantes mientras nosotras, como hermanas, estamos aquí reclamando justicia en la calle. Pedro Sánchez ya debería haber reformado el Código Penal, pero parece que las cosas de mujeres siempre tienen que esperar», apunta Aintzane.

El pasado 22 de julio, en el debate de investidura, el presidente del Gobierno en funciones aprovechó para manifestar que «no puede existir una relación sexual sin el consentimiento expreso de la mujer». «Solo sí es sí», declaraba desde el estrado. Así, desde que llegó al Gobierno, el Partido Socialista ha prometido una modificación legislativa para considerar agresión sexual todo aquel ataque a la libertad sexual cuando no haya un consentimiento expreso. Algo que volvió a repetir ayer lunes en el debate electoral de cara a las elecciones del 10 de noviembre.

En febrero de 2019, la agencia EFE informaba de que el Congreso daba luz verde para tramitar una proposición de ley de Unidas Podemos sobre Protección Integral de la Libertad Sexual y para la erradicación de las Violencias Sexuales. «Una iniciativa que no tendrá más recorrido al disolverse las Cortes la próxima semana», proseguía el teletipo.

«El 8M es una fuerza imparable y, aun así, no nos escuchan. Este es el problema de que la política esté totalmente masculinizada, las prioridades son otras. Pero es que nos va la vida en ello», dice Marisa, de 32 años.

Violencia sexual en el Código Penal

Actualmente, el Código Penal diferencia entre agresión y abuso sexual, y considera la penetración un agravante. En ninguno de los dos casos hay consentimiento por parte de la víctima, la diferencia radica en que en el primer caso (agresión) se emplea la violencia o intimidación, y en el abuso no —artículos 178 y 181.1—. La pena para la agresión sexual es de 1 a 5 años de prisión; y para el abuso sexual, «pena de prisión de 1 a 3 años o multa de 18 a 24 meses».

El artículo 179 es el que contempla la agresión sexual con penetración o «acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías», y añade que «el responsable será castigado como reo de violación con la pena de prisión de 6 a 12 años». Y si hay penetración en caso de abuso, según señala el artículo 181.4, la pena de prisión irá de 4 a 10 años.

«En el Código Penal de 1944, la violación se cometía cuando se yacía con una mujer con violencia o intimidación o estando ella privada de razón o inconsciente»

Todas estas condenas podrían aumentar si hay agravantes como «la actuación conjunta de dos o más personas», «el uso de armas» o el de «fármacos o drogas» que anulen la voluntad de la víctima, tal y como especifica el artículo 180.

Pero no siempre el Código Penal recogió esta distinción entre abuso y agresión. Tal y como explica la catedrática de Derecho Penal Patricia Faraldo, «en el Código Penal de 1944, la violación se cometía cuando se yacía con una mujer con violencia o intimidación o estando ella privada de razón o inconsciente».

Manifestación en Madrid contra el fallo judicial por la violación grupal en Manresa | Fuente: CCOO Madrid

Eso cambió y se decidió que los casos de violencia o intimidación merecían una respuesta más contundente. Se construyeron, entonces, dos escalones: por un lado, el ataque a la libertad sexual con violencia o intimidación y por otro, el ataque a la libertad sexual sin consentimiento de la víctima pero sin violencia ni intimidación. «Ahora, además, se tiene en cuenta en las dos modalidades qué tipo de ataque a la libertad sexual se produce: si son simplemente tocamientos o es penetración», apunta Patricia Faraldo.

«En su momento esa diferencia se aplaudió de manera entusiasta porque se dijo que no era lo mismo un ataque con violencia que un ataque estando la víctima privada de sentido. «Ahora, ante hechos como el de Manresa», prosigue la catedrática, «uno pone en duda esa decisión, ya que la libertad de la víctima se ha visto tan afectada tanto en un caso como en otro, es decir, tanto si hay violencia o intimidación como si no la hay».

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