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Cuando el duelo se pone en cuarentena
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Cuando el duelo se pone en cuarentena

El duelo «se ha visto alterado» con la pandemia del coronavirus, explica el psicólogo Vicente Prieto. Hablamos con expertos y afectados sobre la dificultad de afrontar la muerte de un ser querido en estas circunstancias

Imagen: Pixabay

El 8 de marzo, como cada domingo, Ángeles Caballero fue a la residencia a ver a su madre, Julia Martín. Y como cada domingo, salieron juntas a desayunar. «Un café con leche y sacarina en vaso. Era lo único que no perdonaba, tomar café el domingo por la mañana, estuviésemos a cuarenta grados o a menos tres», cuenta Ángeles.

Ese fue el último día que vio a su madre. El lunes 9, la residencia informó de que las visitas a familiares estaban restringidas temporalmente para evitar contagios de coronavirus. El lunes siguiente, 16 de marzo, Ángeles habló con Julia a través de una videollamada de apenas unos minutos. «Le dije: ‘Mamá, que ya sabes que no podemos ir a verte’. Y me contestó con su clásico ‘vaaale’, como diciendo ‘qué pesada'». Unos días más tarde, el móvil sonó: Julia había fallecido.

Julia tenía 81 años y recibía cuidados paliativos en la residencia en la que vivía desde hacía tres años. Le habían diagnosticado un carcinoma de hígado unos años antes, casi al mismo tiempo en que a su marido, ya fallecido, le había reaparecido un carcinoma de próstata: «Recuerdo que en enero de 2017, mi padre y mi madre estaban en el mismo hospital. Él muriéndose en la cuarta planta y ella recuperándose de una sesión de quimio en la primera», explica Ángeles.

Precisamente por su enfermedad, Julia estaba con las defensas muy bajas: «Mi madre ya estaba bastante flojita, pero el virus lo aceleró», explica Ángeles.

A su padre, dice Ángeles, le dieron una despedida convencional: «Un velatorio, un funeral, un responso. Pero a ella ni siquiera pudimos verla». En el cementerio de Getafe, en el que ha sido enterrada, su lápida ni siquiera tiene su nombre, solo «el número 83»: «No podíamos llamar al marmolista ni nada. Lo haremos cuando todo esto haya pasado».

El suegro de Javier —nombre modificado a petición del entrevistado— murió el pasado martes 24 de marzo. «Tenía 85 años, mujer, dos hermanos, tres hijos y cuatro nietos».

«Lo peor es la impotencia de pensar que tenga la sensación de que le estás abandonando», dice Javier, cuyo suegro ha fallecido por Covid-19

Javier cuenta que su suegro se contagió en un cumpleaños familiar el 7 de marzo, en el que se infectaron otras diez personas: «Cuando le ingresamos, dos de sus tres hijos estaban también con síntomas, así que no le volvieron a ver porque no podían salir de casa. Su esposa, con 88 años y en silla de ruedas, tampoco. Mi mujer y yo le llevamos al hospital ya delirando porque no venían ambulancias».

«Mi mujer pudo ir a verle, pero tuvo que permanecer a tres metros de él, sin moverse, plastificada de arriba a abajo mientras él le pedía que le diese la mano. Lo peor es la impotencia de pensar que en algún momento, en su delirio, tenga la sensación de que le estás abandonando», añade Javier.

La madrugada del 15 de marzo murió Teresa Casillas: «Tenía 97 años, aunque en los papeles ponía 95 porque tardaron unos años en inscribirla formalmente», cuenta su hija Marisa Jaén. Teresa había ingresado diez días antes tras caerse y fracturarse la cadera. «Por suerte, pudimos estar con ella antes de que se decretase el estado de alarma pero no tuvimos ocasión de despedirnos. Mi hermano y yo ni siquiera hemos podido recoger aún las cenizas porque no podemos salir de casa», añade Marisa.

Lavapiés (Madrid), miércoles 25 de marzo, mediodía. Una furgoneta de la funeraria Albia estaciona en una de las calles junto a la plaza; los trabajadores salen de uno de los portales con un cadáver en una camilla y lo introducen, envuelto en una sábana, en la parte trasera. Se quitan los guantes y el traje de seguridad. Los vecinos se asoman a los balcones, como en una suerte de despedida involuntaria, pero ningún familiar puede acompañar al difunto.

La ausencia de rituales

La historiadora e investigadora Érica Couto-Ferreira escribía en su ensayo «Cuerpos. Las otras vidas del cadáver» que la muerte es un proceso constante y común y, sin embargo, «está sujeto a las dinámicas del cambio histórico». Las sucesivas olas de pandemias, como la peste, así como las hambrunas y guerras «alimentan el desarrollo de la consciencia del horror de la muerte», sostiene Couto-Ferreira.

En este sentido, el coronavirus ha modificado el duelo y la despedida, como explica a Newtral.es el psicólogo Vicente Prieto: «Los rituales convencionales nos dan consuelo y la oportunidad de compartir el dolor, pero en esta ocasión, lo convencional se ha visto alterado, imponiéndose otras maneras de hacer frente al dolor».

«La culpa se puede apoderar de estas personas por no haber podido acompañar a un ser querido. Es importante que sean conscientes de que esto era imprevisible: no era una decisión propia ni algo que dependiese de ellos», apunta a Newtral.es la psicóloga María Jesús Álava Reyes.

Según Prieto, esta nueva realidad pone de manifiesto la importancia de la salud emocional frente a la enfermedad: «Cabe pensar que si de esta situación salen una serie de protocolos sobre cómo afrontar pandemias, la atención psicológica debería estar contemplada».

El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP Madrid), atendiendo a las nuevas necesidades psicológicas que el coronavirus ha provocado, ha creado un programa de acompañamiento del duelo.

«Al dolor que produce la pérdida de un ser querido se le suma el drama de no poder hacer un adecuado proceso de despedida, por lo que es fundamental establecer un protocolo de atención a familiares y allegados. Todas las personas afectadas que necesiten intervención psicológica por este duelo pueden solicitar la misma a través del correo electrónico ayudaduelocopm@cop.es«, explica COP Madrid en su comunicado.

Hay otras iniciativas para recibir asistencia psicológica en el ámbito nacional:

  • La iniciativa popular #escuchasolidaria ofrece un correo electrónico, escuchasolidaria@gmail.com, donde contactar con profesionales de distintas ramas (terapeutas, psicólogas, trabajadoras sociales)
  • La Fundación Alares ofrece su número de atención gratuita: 900 877 037
  • La Asociación Nacional de Psicólogos en Acción ofrece también asesoramiento, que se puede solicitar a través de psicologosenaccion.org/proyectosadicionales

Protocolos y medidas de seguridad

Los protocolos en cuanto a funerales y velatorios se han diseñado con el objetivo de «proteger a las familias del entorno del fallecido y al personal de las empresas funerarias de nuevos posibles focos de contagio», explica a Newtral.es Alfredo Gosálvez, secretario general de la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (PANASEF).

«Las administraciones dictan las normas, que son muy similares todas: en Madrid, desde hace unos días, están prohibidas las ceremonias por los fallecidos con motivo del Covid-19, pero no así para los que fallecen por otras causas», apunta Gosálvez. A pesar de ello, los funerales se consideran «actos públicos», por lo que solo se puede acudir a las inhumaciones, siempre y cuando acuda «un número muy reducido de personas y con estrictas medidas de seguridad».

A Javier, cuyo suegro falleció el pasado martes, le comunicaron que había un problema de «saturación con las incineraciones«: «Nos ofrecieron esperar 15 días para poder incinerarlo en Madrid o llevarlo a Bilbao y hacerlo allí antes. Hemos elegido la segunda opción», relata.

Alfredo Gosálvez, de PANASEF, señala que «en Madrid, el alto número de fallecidos en poco tiempo ha generado cierta espera»: «Todos los crematorios de la Comunidad de Madrid, 28 en total, están funcionando a pleno rendimiento, es decir 24 horas los siete días de la semana, y el personal está doblando turnos con la intención de poder acortar los plazos. En total hay 450 hornos pero se está posibilitando poner a disposición los hornos crematorios de otras demarcaciones«.

Marisa pudo asistir a un responso en honor a su madre en la Almudena: «Mi madre era creyente, pero la Iglesia no le interesaba nada. Aun así, nos permitieron hacer esto y quisimos asistir. Fue muy frío: ocho personas, cada una sentada en un banco diferente».

En el caso de Ángeles, no hubo oportunidad de hacer un responso, tan solo la inhumación: «Nos dijeron que el lunes a las 11:30 había un hueco. Nos permitían estar hasta ocho personas, pero fuimos solo cinco porque los hermanos de mi madre, por su edad, preferimos que se quedaran en casa al ser población de riesgo. Era muy extraño porque teníamos que estar separados, sin poder abrazarnos. La enterraron, yo dije: ‘Te quiero, mamá’, y rompí a llorar. Ahí acabó todo».

Dice Ángeles que le consuela que su madre, Julia, falleciese «en la misma cama en la que ha dormido en los últimos tres años»: «Con una foto de mis hijos, otra foto de mi padre, su estampa de la Virgen de los Ángeles y su ropa al lado».

Un memorial colectivo

Los cementerios son lugares donde los familiares pueden socializar y colectivizar el dolor. Frente a la ausencia repentina de esos espacios donde rendir culto a los seres queridos, Manuel Garrido, periodista e ingeniero informático, decidió poner en marcha la iniciativa «Memorial 2020«, un espacio virtual donde recoger las historias, a modo de homenaje, de los fallecidos —tanto por coronavirus como por otras causas pero durante la pandemia—.

«Al principio sí que había algunos datos de las personas que fallecían, como la edad o el lugar de procedencia. A medida que las cifras de muertes aumentaban, estas personas se convertían solo en números. Ese reguero de datos me parecía un poco deshumanizador y pensé en crear un monumento digital, en forma de mapa, que almacena estas historias», cuenta Garrido a Newtral.es.

«Memorial 2020» es un monumento digital y colectivo para rendir homenaje a los fallecidos durante la pandemia

Su creador señala que es «un proyecto sin prisa ni urgencia»: «De momento no ha llegado ninguna historia, y es entendible. Puede tener más sentido incluso cuando el momento crítico haya pasado», añade.

«La irreparable pandemia de coronavirus nos ha obligado a despedirnos de familiares y amigos antes de tiempo. Este memorial pretende servir de espacio para todos aquellos que deseen contar las historias de quienes nos han dejado. Para que no caigan en el olvido de las cifras y las gráficas», escribe el autor de «Memorial 2020» en la página web.

Así, quien desee hacer constar la historia de un ser querido puede enviarla a través de un formulario, pudiendo emplear iniciales o un pseudónimo si se quiere respetar la privacidad de la persona fallecida.

Marisa dice que la suspensión del duelo impide el duelo en sí mismo: «Creo que cuando volvamos a su casa, sin que ella ya esté, empezará de verdad el duelo. Y para pasarlo será necesario ver a toda la gente que nos ha dado el pésame por whatsapp. Mi madre Teresa era muy querida y necesitamos ese consuelo colectivo«.

Ángeles dice que siempre recordará la despedida de su madre con una «anécdota surrealista»: «Cuando nos íbamos, mi primo Jesús, que comercializa huevos, nos dijo que había traído huevos para todos, que los tenía en el maletero. Nos dio varias docenas a cada uno y nos hicimos una foto, separados para mantener la distancia de seguridad, y con las lápidas detrás».

Después, cada uno se fue a casa, pero todos comieron huevos fritos, cuenta: «Al rato, mi prima me escribió y me dijo que el 3 de mayo mi madre habría cumplido 82 años, y que ese día deberíamos hacer una comilona. Y eso haremos».

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