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Ars Moriendi: el libro medieval que enseñaba cómo morir bien
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Ars Moriendi: el libro medieval que enseñaba cómo morir bien

El 2 de noviembre se celebra el Día de Difuntos. La muerte siempre ha estado llena de incógnitas que la religión ha tratado de resolver. El tratado medieval cristiano «Ars Moriendi» daba consejos para dejar este mundo en paz

Una de las grandes mentiras universales es que la muerte nos iguala. A la vida se llega por una única entrada, la del vientre materno que rompe en un grito y expulsa a la criatura, pero morir tiene múltiples puertas de salida: solo sabemos que un día nuestro cuerpo será nuestra propia frontera, la que precede al fin, pero desconocemos cuándo y cómo.

Precisamente por ese temor al destino que le espera a nuestros restos mortales nació, en la Edad Media, la guía del arte del buen morir, cuyo título original —en latín— era Ars Moriendi.

El propósito de estos textos era reconfortar al moribundo cuando llegaba su hora —es decir, cuando sentía la llegada inminente de la muerte—: ayudarle a marchar en paz, sin miedo y con los asuntos terrenales resueltos.

Grabado del libro Ars Moriendi | Imagen: Library of Congress, Rare Book and Special Collections Division

En la Edad Media, la salvaje epidemia de peste negra y la Guerra de los Cien Años modificaron el concepto de muerte, que pasó de ser concebida como algo colectivo a ser una asunción individual: la gente tomó conciencia de su propia fragilidad y esto generó terror a una desaparición súbita e inevitable.

«La generalización de esta tendencia tuvo sus consecuencias en el plano doctrinal. La idea de un Juicio Final colectivo al final de los tiempos fue perdiendo terreno y, en cambio, prosperó la creencia de un juicio particular del alma, presidido por Dios, en el mismo instante en que el principio vital se separa del cuerpo», explica Elisa Ruiz García, profesora de Paleografía en la Universidad Complutense de Madrid, en su estudio «El ‘Ars Moriendi’: una preparación para el tránsito».

En ese sentido, apunta Ruiz, «el mejor remedio consistiría en conocer los medios para alcanzar la salvación eterna, a título individual, en el momento de la muerte».

Una guía de viaje para el Más Allá

El propósito de estos libros, que se difundieron por toda Europa gracias a la imprenta, era preparar al lector para morir según los preceptos cristianos y así evitar ir al infierno.

«Estas guías de viaje para el Más Allá ponen a disposición del moribundo los medios posibles para morir sin salir de la vía recta y las medidas para protegerse contra los ataques de los demonios en el momento de exhalación del alma», escribe la historiadora Érica Couto-Ferreira en su obra «Cuerpos: las otras vidas del cadáver».

La intención religiosa, en última instancia, era el adoctrinamiento o un «programa pedagógico de cristianización»: «En una época sacudida incesantemente por toda clase de calamidades, el recuerdo del último trance será el argumento más eficaz de de intimidación, fundado en la culpabilidad del pecado y en el miedo al infierno», apunta Antonia Morel d’Arleux en «Los tratados de preparación a la muerte: aproximación metodológica».

Cómo surge el Ars Moriendi

Los historiadores sitúan a Jean Gerson, canciller de la Universidad de París entre 1412 y 1419, como el creador de la primera obra de esta índole: un opúsculo o tratado titulado De scientia mortis. En él afirmaba que la muerte es el momento en el que acontecen las mayores dudas espirituales, estado que aprovecha el diablo para tentar a los seres humanos y truncar su camino a la salvación.

Algunos escritores ligados a la Iglesia Católica, cuyas identidades a día de hoy se desconocen, decidieron popularizar la idea de Gerson entre las masas: para hacerla accesible, resumieron la obra en seis capítulos y la acompañaron de grabados que ilustraban la agonía, el dolor y la fe.

Grabado del libro Ars Moriendi | Imagen: Universidad de Berlín

Así surge y se divulga el Ars Moriendi, que fue traducido a múltiples idiomas y que los cristianos usaron durante siglos y que señalaba, de una manera más breve y didáctica, en qué consistía la agonía final y cómo combatirla. La última batalla para ganar la salvación de su alma. En resumen: morir es inevitable y no depende de nosotros; pero hacerlo bien, sí.

El tratado estaba dividido en seis partes. La primera divaga sobre la aceptación de la muerte, y es en las cinco siguientes donde se describen las cinco principales tentaciones con las que tendrá que lidiar la persona en su lecho de muerte. ¡Elige tu propia aventura!

«Cada una de ellas [de las tentaciones] es descrita de forma terrorífica porque son incitadas por terribles demonios. Pero, por otro lado, para combatirlas están los ángeles, que a cambio presentan las cinco buenas inspiraciones», señala Ana Luisa Haindl, del Centro de Estudios Medievales de la Universidad Gabriela Mistral (Chile) en este breve ensayo sobre el Ars Moriendi.

«Y, porque [el cristiano] desespere, dice el demonio de esta manera: ¡Oh malaventurado de ti!, mira aquí con tus ojos cuántos pecados grandes y enormes que has hecho contra Dios. Y son tantos y tan abominables que no te cumple ya tener esperanza de alcanzar perdón de ellos; y bien puedes decir, como dijo Caín, que mayor es tu culpa que la misericordia de Dios»

Uno de los textos del libro Ars Moriendi, rescatado por Antonio Rey Hazas para la editorial Lengua de Trapo (2003)

Estas instigaciones demoniacas serían la impaciencia y el desafecto por Dios —por la atrocidad de los dolores—, la avaricia —el apego excesivo a lo material y familiar cuando la existencia terrenal está llegando a su fin— o el pecado —por querer aprovechar los últimos días de vida—.

La manera de afrontarlas pasa por la confesión y el rezo, pero sobre todo por el conocimiento: sus autores pretendían que, exponiendo cada una de las trampas, el moribundo supiese sortearlas con paciencia y fe para sobreponerse a la debilidad y ganar una batalla final que libra consigo mismo. La carne —el cuerpo— como enemigo; y el alma —inmortal— la única esperanza para la vida eterna. 

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