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Chile vota el futuro de su Constitución para apaciguar las protestas
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Chile vota el futuro de su Constitución para apaciguar las protestas

Los chilenos están convocados a las urnas el 26 de abril para decidir si se redacta una nueva Carta Magna o se mantiene la actual

EFE | Alberto Valdés

Chile dio este miércoles el pistoletazo de salida a la campaña para el plebiscito constitucional del 26 de abril. Los partidos políticos arrancaron todos sus aparatos de propaganda con los que tratarán de convencer a los chilenos de votar a favor o en contra de derogar la actual Constitución. Escrita en 1980 durante el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990), la Carta Magna es vista por una parte significativa de la sociedad como el origen de las desigualdades que afectan al país y que propiciaron las multitudinarias protestas de octubre. Políticos y medios de comunicación auguran una contienda crispada que se presenta como la más importante desde el referéndum que puso fin a la dictadura militar en 1988.

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El denominado Plebiscito Nacional 2020 es la principal apuesta del Gobierno del presidente Sebastián Piñera para desactivar la crisis que atraviesa el país. En cuatro meses, el conflicto ha dejado al menos 31 muertos, según la Fiscalía, y más de 3.600 heridos, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH).

Piñera ordenó a sus ministros guardar silencio y limitarse a alentar la participación, muy diezmada en las últimas elecciones presidenciales, que se celebraron a finales de 2017. El mandatario conservador tiene los niveles más bajos de popularidad desde tiempos del régimen de Pinochet: el 84% de los chilenos no aprueban su gestión, según un reciente sondeo de la empresa de estudios de opinión pública Cadem.

El partido del presidente y principal fuerza de la Cámara de Diputados, Renovación Nacional, ha dado libertad de acción a sus militantes y hará campaña por las dos opciones con el eslogan común “Queremos lo mejor para Chile”. “Los militantes pueden votar lo que quieran, pero hay una mayoría interna por el rechazo [a redactar una nueva Constitución]”, afirmó a Efe el secretario nacional de la formación oficialista, Felipe Cisternas.

Renovación Nacional, con 34 de 155 escaños en la Cámara Baja, se caracteriza por ser la cara moderada de Chile Vamos, coalición gubernamental que comparte con la Unión Demócrata Independiente (UDI), Evolución Política (Evópoli) y el Partido Regionalista Independiente Demócrata (PRI). Los dos últimos partidos mantienen posturas diametralmente opuestas al primero con respecto al plebiscito. Mientras el liberal Evópoli, con tan solo 6 diputados, y el centrista PRI, sin representación parlamentaria, abogan por la redacción de una nueva Carta Magna, el derechista UDI, segunda fuerza política con 29 asientos, es el principal oponente del proceso constituyente.

“Estamos a favor de los cambios, pero estos no pasan por cambiar la Constitución, sino las leyes. Una nueva Constitución significa más de dos años de discusión. Los chilenos no merecen seguir esperando”, señaló a Efe el secretario general de la UDI, Jorge Fuentes. El fundador de su partido, Jaime Guzmán, tomó parte de la redacción de la Carta Magna de 1980 y de sus leyes complementarias.

Al otro lado del tablero político se encuentra el Partido Socialista (PS), tercera fuerza política (18 diputados) y líder de la oposición, que cierra filas en pro de la aprobación del proceso constituyente. “Vamos a hacer una campaña positiva poniendo el acento en la oportunidad que representa para nuestro país elaborar una Constitución en democracia”, explicó a Efe el senador y presidente de la formación, Álvaro Elizalde.

Por su parte, el Partido Demócrata Cristiano (DC), cuarta fuerza parlamentaria con 13 diputados, también defiende el cambio. “Tenemos que recorrer todo Chile y demostrar que es un momento histórico, un momento para que la Constitución sea la voz de todos y no de unos pocos. Nuestro país despertó”, aseguró a Efe la exsenadora democristiana Carmen Frei.

¿Cuál es el contexto?

Las movilizaciones, que comenzaron el 18 de octubre del año pasado, han quedado relegadas casi exclusivamente a los viernes. Aunque han perdido fuerza, sigue existiendo descontento en las calles y la crisis parece lejos de solucionarse, pese a las medidas sociales anunciadas por el Gobierno y al plebiscito constitucional del 26 de abril.

Lo que en un principio empezó siendo un llamamiento de los estudiantes a protestar contra el aumento de la tarifa del metro se convirtió en una revuelta por un modelo económico “más justo”, que dejó episodios de violencia extrema y denuncias contra las fuerzas de seguridad del Estado por violación de derechos humanos. Desde el poder legislativo, oficialismo y oposición alcanzaron un acuerdo el 15 de noviembre para organizar una consulta nacional sobre el futuro de la Constitución.

Tres factores para entender mejor las protestas en Chile | Newtral en Vimeo.

El pasado viernes 21 de febrero tuvo lugar la más reciente de las protestas antigubernamentales. La céntrica Plaza Italia de la capital, Santiago de Chile, volvió a ser escenario de una manifestación de miles de personas que exigían reformas socioeconómicas y un nuevo orden constitucional. La concentración se emuló también en otros puntos del país, como en la ciudad norteña de Antofagasta.

Una semana antes, otras miles de personas marcharon por las calles de la capital para mostrar, por el contrario, su postura discrepante con la redacción de una nueva Ley Fundamental. Al grito de “Rechazo, rechazo. No queremos miseria. No seremos Cuba ni Venezuela”, hicieron un llamamiento a votar en contra del proceso constituyente en el plebiscito de finales de abril.

¿Qué hay que tener en cuenta?

Para la académica de la Universidad de Chile Claudia Heiss, quedan por delante dos meses de “extrema polarización” en la que los partidos apelarán a emociones tan “primarias” como el miedo “en vez de plantear una campaña programática y de ideas”. “Los dirigentes deberían hacer un esfuerzo. Esto no es una elección presidencial. Se trata más bien de buscar acuerdos que den garantías de equidad y justicia a todos los sectores políticos en el largo plazo”, añadió la también expresidenta de la Asociación Chilena de Ciencia Política, en declaraciones a Efe.

Según una reciente encuesta de Cadem, el 67% de los chilenos está a favor de una nueva Constitución, frente a un 27% que se manifiesta en contra. Igualmente, la población se encuentra dividida en torno a la otra pregunta que se planteará en el plebiscito: si el órgano encargado de redactar el nuevo texto debe ser una asamblea formada solo por ciudadanos electos o integrada también por diputados. Así, el 51% votaría a favor de una convención constituyente, mientras que el 42% optaría por una convención mixta.

Si en el plebiscito se aprueba redactar una nueva Carta Magna, la elección de los constituyentes se realizará en octubre, en coincidencia con las elecciones regionales y municipales. La nueva Constitución, que debería redactarse en un año como máximo, se ratificaría en un plebiscito distinto, con voto obligatorio.

#Fact

Según Heiss, la campaña es un “déjà vu” que recuerda en muchos aspectos a la que precedió al plebiscito de 1988, en el que los chilenos decidieron por un 55,9% de los votos que el general Pinochet abandonara el poder.

“Esta campaña apela, como la de hace treinta años, a la democratización y al fin de los enclaves de la dictadura que aún persisten en nuestras instituciones, aunque lamentablemente no hemos visto hasta ahora la unidad que tuvo entonces el centroizquierda y los opositores a Pinochet”, señaló la doctora en Ciencia Política.

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