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Betelgeuse, ¿la nueva Estrella de Belén?
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Betelgeuse, ¿la nueva Estrella de Belén?

La enorme estrella Betelgeuse ha perdido brillo en las últimas semanas. Hay teorías que apuntan a que podría estallar en breve en una supernova. De la misma forma que, según teorizan otros, los Reyes Magos siguieron el brillo de otra improbable supernova en la Antigüedad.

Estrella Betelgeuse 'de Belén' | M.V. / NASA

A la estrella Betelgeuse le pasa algo. Está perdiendo brillo. Esta supergigante roja está en el hombro de la constelación Orión. Es una de las estrellas más fáciles de reconocer en el cielo nocturno, pero podría estar muriendo.

Claro que, estas estrellas mueren jóvenes y por todo lo alto. En explosiones de supernovas. Algo que, según algunas teorías manejadas inicialmente por Kepler, podría haber guiado a los Reyes Magos de Oriente a Belén, allá por el año 7 antes de Cristo (valga la paradoja).

Betelgeuse es una estrella variable. Eso significa que hay veces que la percibimos con más brillo y otras con menos. La Asociación Estadounidense de Observadores de Estrellas Variables AAVSO la tiene bien fichada y no cree que esté pasando nada excepcional.

Pero no es habitual ver a una estrella tan grande perder su brillo tanto y tan rápido. Por eso se ha especulado con la posibilidad de que esté cerca de haber consumido todo su combustible. A diferencia de las estrellas más pequeñas, como nuestro Sol, estas gigantes empiezan a apagarse (colapsan) para, repentinamente, explotar y escupir al cosmos todo su material restante en forma de gas y polvo.

Esto es lo que conocemos como supernova. A simple vista, hemos observado a lo largo de la historia este tipo de explosiones, como puntos hasta 100.000 veces más brillantes que las estrellas convencionales que, tras semanas, se apagan para siempre. Y eso es lo que algunos han pensado que pudo ser la Estrella de Belén.

De la Adoración de Giotto al árbol de Navidad

La Estrella de Belén, con su cola, aparece por primera vez en la Adoración de Giotto di Bondone (1267–1337). Era una especie de cometa que, según su interpretación, estaría guiando a los Magos de Oriente hacia un lugar que podría ser Belén o Nazaret.

Detalle de la Adoración de Giotto | Capilla de los Scrovegni

Pero esta teoría es más pictórica que científica. La interpretación histórica de la figura de los Magos de Oriente es que eran astrónomos sacerdotes. Algo de los cielos sabían. Unos cielos menos contaminados lumínicamente que ahora.

Un cometa era algo conocido por los antiguos y, aunque se desconociera su naturaleza, quedaba documentado. No hay rastro de cometa alguno hacia las fechas posibles del nacimiento de Jesús de Nazaret. Esto es, entre los años 7 y 4 antes de Cristo, según algunos expertos. Época de Herodes, aunque lo de su censo es más dudoso.

Las Escrituras hablan de una estrella, no cometa. Una supernova podría haber sido verdaderamente excepcional. Pero no hay registro alguno y los Reyes Magos antiguos eran astrónomos.

Una supernova es algo inusual y, desde luego, inesperado. Arthur C. Clarke «fue el primero en sugerir que pudieron ver la explosión de una supernova», siguiendo las tesis de Kepler, explica el astrónomo Mark Kidger, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias/ESA, autor del libro La estrella de Belén (Princeton University Press, 1999).

Las supernovas (tipo Ia) son las segundas mayores fuentes de energía del universo, recuerda el autor en su libro. Podían ser vistas a plena luz del día y trazar unas sobras parecidas a las de la Luna. Hoy nos llegarían ecos electromagnéticos que probarían su existencia. Y no nos ha quedado nada parecido. Ni en los libros, ni en las reverberaciones del espacio.

Giotto quedó marcado por el paso del cometa Halley en 1301 y decidió hacer esta interpretación de lo que dice el Evangelio de Mateo: «Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos magos llegaron de Oriente a Jerusalén, preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo».

En aquel tiempo no se sabía que aquellas apariciones eran cometas periódicos. Se llegaba a creer que eran fenómenos atmosféricos, como las lluvias de estrellas.

«La estrella de Belén pudo ser en realidad el resultado de una conjunción de planetas (Júpiter y Saturno, seguramente) en el cielo que coincidió con el nacimiento de Jesús», señala Aleks Scholz, astrónomo de la Universidad St. Andrews, en un recurrente comunicado aclaratorio. Las alineaciones y conjunciones eran consideradas en Roma (especialmente, desde Augusto), signo del nacimiento de un rey.

Una explosión que llegará mañana… o en 100.000 años

Volviendo al presente, Betelgeuse puede que ya ni exista. Porque nuestro presente es pasado para las estrellas. Parece que esta está a algo más de 650 años luz. También podría seguir viva y coleando durante cientos de miles de años.

Simulación de un año en una gigante roja | Freytag y Höfner

Una de las teorías que explica cómo estrellas ganan y pierden intensidad señala que tienen en su interior células de convección que hacen ascender desde su interior material caliente, que brilla. Se enfría y es engullido en su profundidades.

También pueden ser enormes nubes de polvo, que opacan a veces el resplandor de Betelgeuse. Algo relativamente común en supergigantes rojas. 

En realidad, nunca hemos podido estudiar una estrella antes de convertirse en supernova. Así que, de explotar, tendremos el privilegio de asistir a un silencioso espectáculo de fuegos artificiales naturales que durará días. Todo un regalo de Reyes.

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