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Australia, crónica de un incendio anunciado… en 2005
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Australia, crónica de un incendio anunciado… en 2005

Aunque los incendios forestales no son en sí producto del calentamiento global, al menos un informe sobre emergencia climática advertía la década pasada del tipo y localización de los incendios en Australia en 2020.

Koala recuperándose del incendio en Isla Canguro | D. Mauriz, Efe

«Australia está de luto». Así sentencia la científica Marta Yebra (@Myebra12), quien vive en en país investigando el papel de la vegetación ante los incendios y la emergencia climática. «A medida que los incendios arrasan con todo, los impactos secundarios en la salud mental de todo australiano son mas evidentes», explica a Newtral.es.

Este es el estado de ánimo que se vislumbra entre la humareda que queda tras las lluvias torrenciales. Sólo ellas han conseguido apaciguar el infierno de llamas en que se ha visto envuelta Australia, desde el final de su primavera, pese a que las autoridades recuerdan que lo peor del verano está por llegar.

80 focos permanecían activos al arrancar la semana, mientras que el granizo provocaba destrozos no sólo en la zona quemada, sino en las ciudades. A eso se suman las nubes de polvo y ceniza desatadas por los fuertes vientos. ¿Ha sido peor que cualquier proyección sobre cambio climático realizada años atrás?

La superficie acumulada devastada por incendios este verano austral equivale a la de Portugal, aunque lo peor se acumula en el sureste. Tal y como predijo para 2020 un informe firmado en 2005, con el título Impacto del cambio climático en el riesgo de incendios forestales.

Los datos más recientes del CSIRO [el CSIC australiano] y la Oficina de Meteorología «reconfirman sus proyecciones, que claramente mostraban que Australia se enfrentaría y se enfrentará a condiciones climáticas de incendio más peligrosas en el futuro».

En la misma línea se expresa el profesor José Manuel Moreno. Este miembro del Panel de Expertos del Cambio Climático de la ONU (IPCC) recalca que no le agrada tener que entonar el te lo dije. «A nadie le gusta ser agorero, pero tenemos que estar atentos. A veces los peores escenarios, que rehuimos, se cumplen. Si me dicen hace un tiempo que 30 millones de hectáreas iban a arder en Victoria no me lo hubiera podido ni imaginar».

Más de un tercio de Australia es desértico o semidesértico. Sus áreas húmedas y templadas están en la zona suroriental. Sin embargo, los termómetros han aumentado en esta región (Nueva Gales y Victoria) a lo largo de la última década, así como la sequedad, determinantes en los incendios, tal y como anticipó ese informe.

De esta forma, el informe clavó o se aproximó en aspectos como el número de días de riesgo muy alto o extremo de incendio forestal. 2019 fue un año de récord. En 2005 se pronosticaba lo siguiente:

Es probable que aumente el riesgo de incendio en la mayoría de los sitios en 2020 y 2050, incluido el número promedio de días en que la calificación de riesgo de incendio es muy alto o extremo. Es probable que las frecuencias combinadas de días con índices de peligro forestal muy altos y extremos aumenten entre un 4% y un 25% para 2020. Por ejemplo […] es probable que Canberra tenga un promedio anual de 25,6-28,6 días de peligro de incendio muy alto o extremo para 2020.

El análisis de la oficina meteorológica pública determinó que en octubre y noviembre (primavera austral), todos los estados y territorios habían experimentado un clima de fuego peligroso. El número de días con riesgo extremo se disparó en 2019 hasta un 10% respecto a la media. Bingo.

También el panel IPCC de la ONU, en su informe de 2007, dedicó un capítulo premonitorio a Australia con similares aproximaciones.

Es probable que un aumento del peligro de fuego en Australia esté asociado con un intervalo reducido entre incendios, una mayor intensidad de estos, una disminución en la extinción y una propagación más rápida del fuego (…) En el sureste de Australia, es probable que la frecuencia de los días de peligro de incendio muy alto y extremo aumente entre un 4% y un 25% para 2020.

El 20 de noviembre, el valor promedio diario de riesgo para los distritos agrícolas del sur de Australia fue el más alto registrado nunca en la región.

Una temperatura que pulveriza mercurios

Las temperaturas en el país han subido un grado de media en los últimos 100 años. «Los bosques de Nueva Gales del Sur se queman frecuentemente ya que tienen suficiente combustible para arder en cuanto hay una fuente de ignición y condiciones atmosféricas que favorecen la propagación de incendio», señala la doctora Yebra.

«Sin embargo –continúa– estos incendios no suelen ser muy virulentos porque el combustible, sobre todo las copas de los arboles, no está lo suficientemente seco y por lo tanto los incendios son controlados relativamente rápido. Sin embargo, en el 2019 se rompió simultáneamente el récord de temperatura y falta de precipitación».

Los patrones de los últimos años están cambiado. Y lo hacen en paralelo a estos incrementos de temperatura y sequedad, algo de lo que ya hablamos en Newtral.es el pasado agosto. Si desplazas el dedo o ratón por el tirador del siguiente gráfico, podrás ver cómo se han combinado en los últimos 20 años las bajas precipitaciones medias con las anomalías positivas de temperatura (más calor del normal).

Desde 2017 escuchamos el eso de tormenta de fuego. No es un término estrictamente científico, precisan los expertos consultados, pero muy gráfico. La ambientóloga Lourdes Hernández (@LourdesWWF) coautora de este informe sobre los GIF publicado por WWF en 2018, destaca que se trata de incendios muy virulentos, con tres elementos:

«Normalmente con temperaturas por encima de los 30ºC, humedades no superiores al 30% y rachas de viento superando los 30 km/h. Es lo que llaman los técnicos la regla del 30/30/30«, que está detrás de aproximadamente un tercio de los GIF, según Hernández.

En el caso de Australia, una señal de que se avecinaba una gran ola de calor era el comportamiento del llamado Dipolo del Océano Índico. Eso provocó mucha menos lluvia sobre las isla, así como vientos que barrieron la humedad acumulada sobre el Océano Índico lejos del continente en la pasada primavera, el otoño del norte.

327 especies en riesgo de desaparecer

Los incendios forestales matan animales, plantas y ecosistemas completos. Arde el hogar, desaparecen especies. Al menos 327 protegidas están en peligro al arrasar hasta un 80% de sus hábitats, informó este lunes el gobierno australiano.

Los fuegos en Australia, país con una flora y fauna única en el mundo, han puesto en peligro a 272 especies de plantas, 16 mamíferos, 14 ranas, 9 aves, 7 reptiles, 4 insectos, 4 peces y una araña, de acuerdo a un documento emitido por el Ministerio australiano del Medio Ambiente.

Australia acoge a una gran variedad de animales únicos en su territorio continental, con unas 300 especies nativas incluidos marsupiales como los canguros y los koalas, monotremas como los ornitorrincos y los equidnas, y los placentarios como los dingos.

Incendios que alteran la atmósfera del planeta

También se habla de ‘incendios [forestales] de sexta generación’, como los de Portugal en 2017 «aquellos que liberan tal nivel de energía que modifican la meteorología de su entorno, generando tormentas de fuego», describía la ingeniería técnica forestal Mónica Parrilla de Greenpeace el pasado julio.

El humo, visible desde el espacio, ya ha llegado a Chile (@weatherdak)

En estas condiciones, «se pueden generar grandes columnas de convencción», explicaba a Newtral.es Hernández, el pasado agosto, mientras se libraba una batalla contra el fuego de Gran Canaria.

Aire ascendente choca con una masa de aire más frío al subir. El aire frío circundante en el suelo puede ocupar muy rápido el espacio dejado por el aire que ha subido, es decir, se produce un viento que alimenta al sistema. Como en una tormenta eléctrica, de ese choque pueden generarse chispas que saltan hasta grandes distancias. «Se han detectado diseminadas a distancias de hasta 2 km. Es como si, literalmente, lloviese fuego«. 

Este fenómeno se ha estado viviendo en Australia estos días, explica Marta Yebra. Se han dado «remolinos y tormentas de fuego o incendios que por su intensidad generan pirocúmulos a capas muy altas de la atmósfera. Los vientos en esas tormentas llegan a ser tan fuertes que lanzan hojas incandescentes a más de 10 km de distancia y pueden producir relámpagos sin lluvia, que encienden nuevos fuegos más allá del frente del incendio». Y vuelta a empezar.

El humo ha alcanzado la estratosfera y está desplazándose miles de kilómetros, alterando las condiciones atmosféricas globales, según la NASA, que atiende a los datos de una flota de satélites que rastrea los aerosoles y el humo de estos incendios masivos.

El gobierno que miró a otro lado

Si informes como los del CSIRO o el IPCC advirtieron sobre los riesgos forestales asociados a la emergencia climática, expertos como Greg Mullins han encabezado el te lo dije en el terreno político.

A pesar de la crisis de los incendios forestales, el primer ministro de Australia, Scott Morrison, primero argumentó que no existe un vínculo directo entre las emisiones de gases de efecto invernadero de Australia y la gravedad de los incendios que se queman en todo el país.

El primer ministro de Australia Scott Morrison con Donald Trump | Casa Blanca

Sin embargo, terminó reconociendo que el cambio climático podría estar afectando los incendios forestales. Y mientras, lo cierto es que Australia es uno de los mayores emisores de dióxido de carbono per cápita del mundo, según Climate Analytics.

«El Gobierno de Australia está impulsando la producción y exportación de carbón», aclara el ecólogo Carlos Duarte, quien trabajó durante cinco años para una institución de ese país. «Es el primer exportador de carbón del mundo».

Duarte, que ahora trabaja en la Universidad Rey Abdalá de Arabia, señala que es la «industria del carbón quien financia al partido en el gobierno» que es «más recalcitrante que Estados Unidos» en su negación del cambio climático de origen humano.

La doctora Yebra zanja el asunto: «Los años más calurosos registrados históricamente en Australia se han asociado con eventos de El Niño. Sorprendentemente, los incendios forestales catastróficos actuales están ocurriendo en ausencia de condiciones de El Niño. Lo que esta ocurriendo es que, debido al calentamiento global, incluso los años tradicionalmente más fríos de La Niña ahora son más cálidos que muchos años de El Niño del pasado».

El profesor Moreno destaca las emisiones concretas de CO2 que implican estos incendios. A la espera de hacer balance por parte de los expertos locales, «calculo que va a ser superior a a las emisiones de Reino Unido en un año». Lo cual alterará su balanza de carbono, que consigue amortiguar normalmente por la cantidad de bosques que tragan CO2 y que ahora han muerto.

Como, por su parte, remata Duarte en esta entrevista a Newtral.es, «decía Greta que nuestra casa está en llamas, en el caso de Australia es literal, por tierra y mar».

La Amazonía sigue sus pasos

Del te lo dije, al te lo estamos diciendo. La deforestación y la situación de emergencia climática continuará dejándonos imágenes como estas en Australia y la Amazonía, que el año pasado perdió más de 2,5 millones de hectáreas.

Un equipo brasileño y estadounidense ha modelado el futuro de unas 200 hectáreas del sur y sureste de los bosques amazónicos. En el peor de los escenarios del calentamiento global, los incendios serán más virulentos, de manera que se quemarán unos 15 millones de hectáreas de selva para 2050, conforme han publicado en publicado en Science Advances.

Estos datos, ya de por sí preocupantes, no contemplan un aumento de la deforestación. Si el ritmo aumenta, podrían perderse hasta 22 millones de hectáreas, según lo que arrojan los ordenadores que realizan los modelos.

José Manuel Moreno recuerda que cada zona boscosa tiene su peculiaridad. «Situaciones muy extremas pueden ocurrir en todas las zonas arboladas: de la Amazonía a la Taiga (bosque cercano al Ártico). De hecho, allí son frecuentes, puede arder un millón de hectáreas y no nos llama tanto la atención». 

El caso brasileño, como el australiano, tiene una implicación extra en lo ambiental y político. En tanto que la Amazonía es una importantísima capturadora de CO2 del aire, si arde su masa forestal, se estará devolviendo a la atmósfera ese dióxido de carbono antes atrapado, con lo que se contribuirá, aún más, al calentamiento del planeta en el futuro.

Según el investigador del Centro de Estudios Avanzados de Sao Paulo (Brasil) Carlos Nobre, la selva amazónica corre un alto riesgo de ‘savanización’. «La única forma sensata de avanzar es lanzar un importante proyecto de reforestación, especialmente en el sur y este de la Amazonía», explicaba en un reciente editorial de Nature.

Algo que ve mucho más difícil Moreno respecto a Australia. Allí se han quemado zonas que debieran haber servido de ‘islas verdes’ para que las plantas recolonizasen los terrenos devastados. Y a eso se suma la lluvia torrencial (no necesariamente vinculada a la emergencia climática), que erosiona el suelo, llevándose semillas y nutrientes.

Sabemos que, históricamente, los peores incendios australianos se han dado en enero y febrero. Y esta tanda de megaincendios aún no se ha extinguido.

Europa no está a salvo de megaincendios

Los profesores Víctor Resco de Dios (Universitat de Lleida) y Matthias Boer (Western Sydney University) explican que es poco probable que veamos megaincendios en Europa que se prolonguen durante meses, pero sí que vayamos viendo casos similares más o menos puntuales.

Tal y como cuentan en ‘The Conversation’, es indudable que las diferencias entre los paisajes australianos y los europeos son importantes. Sin embargo, a medida que se seca la vegetación, aumentará la probabilidad de que se produzcan incendios de estas características en zonas con alta carga de vegetación que, actualmente, están libres del fuego. Estamos hablando de áreas como los Pirineos (que ardieron fuertemente en 1994) o el centro de Europa, que pueden experimentar grandes fenómenos en cuestión de años o décadas, poniendo en riesgo a la población.

Los primeros megaincendios acompañados con pirocúmulos y grandes tormentas de fuego llegaron a Europa en el año 2017, donde dejaron un comportamiento del fuego inusitado en Portugal. «Si no combatimos el cambio climático de forma urgente y drástica, cabe esperar que vivamos escenarios parecidos a los australianos en un futuro cercano. Estamos jugando con fuego».

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