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Anatomía de los rebrotes
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Anatomía de los rebrotes

La caída en el número de contagios con COVID-19 en Asia e Europa no es incompatible con rebrotes locales paralelos a la reapertura de sus países. De ellos se empiezan a extraer conclusiones sobre la transmisión en esta nueva etapa.

Lleida, en fase 1 tras el un brote por un cumpleaños | Ramon Gabriel, Efe

Empezaron en Hong Kong y Singapur en abril. Siguieron Corea y China en mayo. Ahora los vemos en España. Los rebrotes en el coronavirus «pueden llegar en cualquier momento, inmediatamente», recuerda la viróloga Margarita del Val haciendo historia de otras grandes epidemias. Y, como ella, el mensaje de la OMS.

«Debemos ser conscientes del hecho de que la enfermedad puede saltar en cualquier momento», advertía en paralelo el ejecutivo de la organización Mike Ryan el pasado martes, en alusión a las desescaladas en las restricciones de movimiento y encuentro social en distintos países, tras contener sus números de contagios y muertes por COVID-19.

La reapertura de la actividad se está convirtiendo en un macroexperimento sobre las transmisibilidad del nuevo coronavirus, del que se están extrayendo ya algunas conclusiones: es mucho más probable el contagio en interiores, con proximidad física duradera y hablando. La temperatura también puede ser un factor a tener en cuenta. Ahí es donde entran en juego las infecciones en fábricas de carne.

El llamativo caso de las plantas cárnicas

Estados Unidos, país amante de la carne, como recuerda aquí Emilio Doménech, registra un llamativo número de contagios en plantas de procesamiento cárnico. Tal es así que varios expertos se han parado a analizar el fenómeno, que también se ha dado en España puntualmente.

A principios de mayo, una veintena de estados habían reportado casos de COVID-19 entre trabajadores estadounidenses en 115 instalaciones de procesamiento de carne y aves de corral. Entre aproximadamente 130.000 trabajadores de estas instalaciones, 4.913 infecciones y 20 muertes.

«Los factores que potencialmente afectan el riesgo de infección incluyen dificultades con el distanciamiento físico y la higiene en el lugar de trabajo y condiciones de vida y transporte abarrotadas», apuntan los autores de este trabajo observacional publicado por los Centros de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

En Binéfar o en Lleida, los casos registrados en España están lejos de las dimensiones del fenómeno estadounidense. Pero dan cuenta de un tipo de lugar donde se pueden dar condiciones ideales.

«Ambientes fríos que facilitan la supervivencia del virus. La viabilidad del SARS-CoV-2 se ve comprometida a partir de los 30 grados y el entorno de trabajo en estas fábricas está siempre por debajo«, explica Antonio Figueras, profesor de Investigación del CSIC en Vigo en Madridmasd. Pero hay más.

Cumpleaños, discotecas y supercontagios

No es lo mismo juntarse 10 que 20 personas. Ni es lo mismo estar en casa que compartir espacio con 5.000. Estas son las cifras propias de lugares donde se han producido rebrotes locales en cumpleaños en España y en noches de fiesta en Corea del Sur.

En el caso de los cumpleaños, y hasta donde se ha conocido, las celebraciones han tenido lugar en espacios cerrados donde se ha concentrado un número de personas mayor al permitido en cada fase. El límite viene dado por la capacidad para complicar el rastreo de personas ante un virus del que sabemos que, en general, su tasa básica de reproducción está entre R0=2,5 y 3.

En el caso coreano, llama la atención como en apenas dos días afloraron medio centenar de contagios producidos a partir de un solo caso. Un joven que sale de fiesta sin síntomas y que visita varias discotecas o clubes que congregan, en total, a más de 5.000 personas, contactadas ya por el Ayuntamiento de Seúl.

(Actualización de 17 de junio) Los lugares cerrados donde se canta o se grita se han demostrado como espacios típicos de rebrotes del coronavirus en Japón. Según lo publicado por un equipo de universidades niponas en un artículo preliminar en  Emerging Infectious Diseases, asintomáticos de entre 20 y 39 años copan el grueso de perfiles implicados en estos rebrotes.

No por su edad en sí, sino por ser los habituales en centros de ocio tipo karaoke, clubes y bares (27%) gimnasios (11%). Con todo, independientemente de la edad, los centros sanitarios y sociosanitarios concentran el 46% de los nuevos brotes.

Del número R0 al número K

Ahí, tan importante como el número R0 es el número K. El que expresa cómo se agrupan los contagios y si lo hacen a en forma de supercontagios. ¿Qué porcentaje (K) de los contagiados son capaces de producir un rebrote?

En la gripe, por ejemplo, se calcula que casi el 100%. Todo el mundo contagia igual en similares circunstancias. Parece que con la COVID-19 no es así.

No es que haya tanto un supercontagiador, como que haya una persona con cierta carga viral (máxima en los primeros días, incluso sin síntomas) más un contexto social que permita que se expanda el virus en ese foco de manera más o menos explosiva.

Lo único bueno de los supercontagios es que facilitan que el virus entre en vía muerta si se hay un sistema de rastreo eficiente.

¿Cuál es la cantidad mínima necesaria de virus a inhalar para que se posibilite la infección por SARS-CoV-2? Aún no lo sabemos con exactitud. Pero no parece irrelevante el hecho de juntarse con las gotitas respiratorias de alguien particularmente cargado de virus.

El fenómeno, descrito por James Lloyd-Smith (UCLA) en Nature en 2005, permite medir cómo de uniformemente avanza la epidemia. Como recuerda Mónica G. Salomone en Sinc, el caso más extremo identificado es el de la paciente 31 de Corea del Sur. Había asistido a varias reuniones religiosas en febrero y en pocos días se contabilizaron más de 5.000 contagios en la localidad de Daegu.

Para los investigadores, la clave de los supercontagios en el avance de esta pandemia cuadra con una buena noticia: hay veces que la propagación entra en vía muerta. Muchos contagios de golpe, bien evidentes y más fácilmente localizables y aislables.

Los primeros trabajos que apuntan a que para cortocircuitar esta pandemia es crucial concentrase en el supercontagio son modelos matemáticos. Adam Kucharski (London School of Hygiene and Tropical Medicine) llegaba a la conclusión (no en un artículo científico) de que el número de contagios que genera cada persona infectada es muy variable:

Unos pocos contagian a muchos, y muchos —la mayoría— a muy pocos o incluso a nadie. Estiman que el 10% de los casos es responsable del 80% de la transmisión. De ahí ese K más cercano al 0,1 que al 1 de la gripe, señalan.

El papel del transporte colectivo

Japón pasa por ser una isla lleno de iconos: de sus ya prepandémicas mascarillas en las ciudades a los metros y trenes abarrotados. ¿Es posible que los rebrotes en Japón no se estén asociando al transporte colectivo?

Denis Normille reflexiones en Science sobre el caso japonés, después del que el pasado 25 de mayo levantase su estado de alarma (el 14 se levantó parcialmente). Allí la mayoría de repuntes de COVID-19 se han vinculado con bares-karaoke y gimnasios. Nada del metro.

Hitoshi Oshitani, virólogo y experto en salud pública en la Universidad de Tohoku cree que los pasajeros generalmente viajan solos, con mascarilla y, sobre todo, no hablan. «Una persona infectada puede infectar a otros en ese entorno, pero es raro», asegura. «Japón habría visto grandes brotes ligados a los trenes si la transmisión del virus en su aire fuera posible».

Algunos trabajos sin revisar destacan que un 34% de los contagios iniciales en China se dio en el transporte, pero entre los rebrotes del actual Japón ninguno se vincula a metro o tren.

China, por su parte, ha visto varios de los brotes iniciales vinculados a los transportes. Este trabajo preliminar de las universidades de Qinghua, Ninjing y Hong Kong cuantificaba algo más de un tercio de los contagios en el transporte, aunque el número de personas afectadas en cada cual era bastante menor que el dado en restaurantes o comercios cerrados.

En el caso de Totana, en Murcia, el repunte de casos asociado a varios trabajadores del campo, tiene por nexo de unión su proximidad en el autobús que los transportaba. El chófer también se contagió, como aquí relata Rafael Méndez en El Confidencial.

De vuelta al doctor Lloyd-Smith, este año ha dedicado parte de sus investigaciones a observar hasta qué punto el aire que exhalamos puede contagiar a otras personas, en caso de que tengamos en nuestra garganta el SARS-CoV-2.

Básicamente, hizo un experimento que demostraba cómo los aerosoles respiratorios de alguien contagiado pueden quedar flotando hasta 3 horas. Pero cada minuto que pasa van perdiendo capacidad infecciosa. Las microgotitas también caen en superficies, donde se vio que aguantaban relativamente bien en plásticos y acero, y bastante peor en cobre.

Personas con mascarillas en el metro de una ciudad china | Shutterstock

Todo esto, claro, en mediciones de laboratorio, que no se corresponden con la vida real del común de los contagiosos y susceptibles. Elementos como la ventilación de un lugar parecen relevantes, pues pueden dispersar las gotículas o aerosoles.

El exterior parece un lugar mucho más seguro, donde en China (fuera del foco de Hubei), no se han reportado grupos de contagios por encuentros en el exterior. Tirando del hilo de la mayoría de casos, vemos cómo brotes y rebrotes mantienen el patrón de los espacios concurridos y cerrados, con alta interacción social.

En concreto, en Japón, el equipo del doctor Hiroshi Nishimura ha puesto una cifra a las posibilidades de contagio: 19 veces más probable dentro que fuera, según mostró a partir de 110 casos de 11 grupos.

¿Estará siendo esta situación una aliada en el hemisferio norte, donde en cuatro semanas arrancará el verano? La vida al exterior ha sido la tradicional enemiga de la propagación de virus estacionales, como la gripe o los catarros. Está por ver si el SARS-CoV-2 dará tregua en la medida en que el calor nos aleje de los espacios cerrados.

1 Comentario

  • Estimado Mario. No se hace referencia a tipos de mascarilla. Seguramente las que protegen a quien las lleva, además de aislarle biològicamente – FPP2 o similar – evitan muchos contagios en transportes.
    Hace un par de meses leí también que los contagios se favorecen en aire frío y seco (p.e. las carnicerías o clima invernal) y también aire caliente que incrementa los aerosoles aunque haya humedad. En interiores la solución es la ventilación rápida pero eso consume más energía

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