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Vacuna del coronavirus: empiezan varios ensayos… que durarán meses
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Vacuna del coronavirus: empiezan varios ensayos… que durarán meses

Estados Unidos y China se han lanzado a una carrera por conseguir la primera vacuna contra el coronavirus del COVID-19. Los dos países dicen iniciar sus ensayos en humanos. Quedan varios meses hasta comprobar su eficacia y seguridad.

Muestras de una vacuna candidata a probarse en humanos en China | CanSino

El lunes 16, el Instituto Kaiser Permanente Washington (Seattle, Estados Unidos) mostraba al mundo la fotografía de una mujer a la que inyectaban la primera dosis de una vacuna potencial contra el COVID-19.

No han pasado ni dos días para que China, a través de su Academia Militar de Ciencias, haya anunciado que tienen lista, también, su vacuna para poder ser probada en humanos.

«La vacuna no tiene elementos infecciosos, es muy segura y estable y requiere una sola inoculación», explica el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Hubei en su llamamiento en busca de personas de entre 18 y 60 años para el ensayo, de la mano de la empresa Can Sino Biologics.

No es la única; varias instituciones del país asiático anunciaron este martes que pondrán en marcha en abril ensayos clínicos para comprobar la eficacia de distintas vacunas que el país está desarrollando contra el virus. Pero todo son ensayos que llevarán meses y nadie habla de tener una vacuna en el mercado antes de que acabe el año.

¿Tenemos entonces ya una vacuna?

No. La acelerada carrera por la vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2 podría dar la sensación de que gozaremos de inmunidad en breve. Pero la medicina funciona más despacio, pese a que se hayan acortado por plazos ante la gravedad de la pandemia. Y teniendo en cuenta que algo de experiencia hay con otros coronavirus, como el SARS y el MERS.

La doctora Generala Chen Wei, presentada como reconocida investigadora en el SARS-1 y el ébola | Efe

Tanto en EE.UU. como en China han comenzado los ensayos en lo que llamamos Fase I. Al principio, en las evaluaciones iniciales, «el número de voluntarios (sanos) suele ser bastante pequeño, entre 8 y 36, y en toda la fase suelen participar de 30 a 100», explicaba la doctora María Garcés-Sánchez en este documento, recordando que suelen durar de 9 a 18 meses.

En concreto, la estadounidense, liderada por un pequeño laboratorio llamado Moderna (con el respaldo del NIAD), supone administrar dos dosis, separadas por 28 días, a 45 voluntarios de entre 18 y 45 años. Esta fase durará seis semanas.

De los proyectos chinos sabemos, por el momento, menos. Según ha anunciado en una nota el Ministerio de Defensa, «Una vacuna ha sido aprobada por su seguridad, eficacia y calidad por parte de terceros» y, según la doctora Chen Wei, una de sus impulsoras, «ha completado su preparación preliminar para la producción en masa», tras haber sido probada con éxito en monos, informa Efe.

Por regla general, cuando entra una vacuna en la fase II, trata de ajustar las dosis necesarias y se hacen con muestras de hasta cientos de voluntarios.

La fase III se centra en la seguridad y eficacia, se evalúan en miles de personas y suele llevar años. Esto, ahora mismo, parece impensable cumplir para el COVID-19. Seguramente se busquen mecanismos de urgencia para tener una vacuna antes de lo normal.

¿Sólo están listos estos dos países con sus proyectos?

No. Hay al menos 35 equipos reconocidos por la OMS. Pero ni siquiera están en fase I. Es decir, son preclínicos. Aunque no por ello son menos importantes. Cada laboratorio está desarrollando una estrategia o tecnología.

«Las vacunas que hay en marcha están en sus primeras fases, algunas son prometedoras, pero tienen que ser eficaces y seguras, y tener capacidad de producción suficiente para las necesidades globales, así que será un periodo largo», ha explicado hoy Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias sanitarias.

«Hay laboratorios que trabajan con un trozo del virus, la proteína de la espícula (una especie de pincho) con la que el virus entra en las células, a partir de esa proteínas generar la vacuna, para que el organismo genere anticuerpos», añade a Newtral.es la doctora Sonia Zúñiga del CNB-CSIC.

Su laboratorio trabaja desde un frente menos clásico: fabricar un virus fake a partir del código genético, que se describió y publicó a principios de enero. Es decir, construir una versión de laboratorio a la que se le quitan las partes genéticas que provocan la enfermedad.

Otra de las estrategias (además de la clásica de usar un virus ‘real’ atenuado) es utilizar el llamado ARN mensajero (como están haciendo en EE.UU.).

Consiste en forzar a la célula humana a producir mini virus de imitación, hackeándola con un trozo de código genético creado en laboratorio. Eso, en teoría, sería como crear una infección artificial para estimular a las defensas.

La técnica española, que no imita infecciones, sino virus, puede llevar a procesos más lentos. «Hay pocos grupos en el mundo que lo estén abordando como nosotros», dice la investigadora. Pero destaca que planteamientos más clásicos, «sabemos que pueden tener otros problemas asociados», aunque puedan ser más rápidos.

¿Habrá una guerra de patentes?

Es cierto que esta es una guerra contra los patógenos con pocos precedentes en el mundo actual. Sobre todo, por la rapidez con que se están desarrollando los acontecimientos en todo el mundo.

La percepción de Zúñiga es que la «información ha llegado mucho más rápido que en ocasiones anteriores». Eso ha puesto en marcha a la comunidad de científica y de empresas farmacéuticas de todo el mundo, «aunque hay que filtrar bastante. La base científica hay que cogerla con cuidado».

Este hervidero en el mundo investigador se ha empezado a notar en la Oficina Europea de Patentes. Allí han llegado las primeras solicitudes de patentes de medicamentos contra el coronavirus –no vacunas–, pero aún son «muy pocas» y «secretas», señala a Efe su portavoz de Comunicación, Luis Berenguer.

Justamente en Europa, un tercer país que está en esta carrera es Alemania. A través de su biotecnológica CureVac, también radicada en Boston, está desarrollando otro modelo de vacuna basado en ARN mensajero. La empresa se ha visto envuelta en una polémica según la cual el presidente Donald Trump habría intentado ‘apropiarse’ para EE.UU. del desarrollo de su posible vacuna.

Te contamos aquí todos los detalles, después de que la biotecnológica tuviera que salir a desmentir que hubiera recibido ninguna oferta desde el otro lado del Atlántico, pese a que se reunieran con el gobierno de los Estados Unidos.

«China tiene ahora una ciencia muy fuerte, con equipos en movimiento para conseguir la vacuna»

Más allá de la carrera entre países, a nivel político, en los laboratorios «cada cual tenemos nuestra área de especialización y no hay competición por quien llega primero», explica la doctora Zúñiga, que trabaja en el laboratorio pionero del profesor Luis Enjuanes.

En colaboración con él trabaja Adolfo García Sastre. El actual responsable del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes (Monte Sinaí de Nueva York) cree que «China tiene una ciencia muy fuerte, con equipos en movimiento. Siempre he pensado que ellos tenían el problema e iba a ser los primeros en movilizarse».

¿Y en España?

A nivel público, el trabajo del CSIC es el más prometedor. El martes recibió la autorización del Ministerio de Transición Ecológica para poder trabajar aquí con una versión artificial del virus, a base de ADN que le fabricarán por encargo en un laboratorio de Estados Unidos.

El laboratorio español se beneficia de una ayuda pública de 4,5 millones de euros para su investigación. También trabajan en un posible fármaco destinado a personas enfermas de COVID-19, y que está aprobado con antitumoral fuera de España.

García Sastre se ha mostrado hoy optimista en Al Rojo Vivo de laSexta en que se vaya avanzando por varios caminos con estrategias rápidas, cuya efectividad está todavía por ver, aunque «nuestra vacuna pueda estar menos avanzada y veremos si funciona mejor aunque más tarde».

En España este tipo de procesos están regulados en este Real Decreto sobre ensayos clínicos de 2015, bajo la tutela de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).

¿Quién ‘repartirá’ las vacunas?

Esa es la pregunta con más aristas. Porque habrá que producirlas en masa y ahí tienen un papel crucial las industrias farmacéuticas, con experiencia y líneas de fabricación masivas.

“Que existan no quiere decir que estén disponibles”, ha recalcado este miércoles el doctor Simón en la rueda de prensa. Ahí también se está preparando un arsenal industrial.

Valga como ejemplo la alemana CureVac. Es una de las beneficiarias de la ayuda económica de la UE, que anunciaba en rueda de prensa internacional el lunes que, si sale adelante con éxito su proyecto de vacuna, construirá una nueva planta para producir hasta 1.000 millones de dosis.

«Obtener una vacuna segura y efectiva en humanos requiere, en el mejor de los casos, aproximadamente un tercio de lo que se necesita para un programa de inmunización global», aseguraba el experto en salud global Jonathan Quick de la Universidad de Duke en The Guardian.

En este sentido, García Sastre cree que «hay que pensar que es un problema mundial. Deben hablar los distintos países y si uno la consigue primero, hay que planificar cómo se va a organizar. Deberíamos hablarlo ahora mismo».

Fuentes:

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