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Una posible reunión entre EE.UU. e Irán… con muchas condiciones
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Una posible reunión entre EE.UU. e Irán… con muchas condiciones

Uno de los resultados de la cumbre del G7 ha sido la mediación del primer ministro francés, Emmanuel Macron, para propiciar un encuentro entre Teherán y Washington en las próximas semanas.

El primer ministro francés, Emmanuel Macron, y el presidente de EE.UU., Donald Trump | Ian Langsdon (EFE)

Después de un verano de intensa tensión diplomática entre EE.UU. e Irán, la vía diplomática intenta abrirse camino. Y lo hace de la mano del primer ministro francés, Emmanuel Macron, que ofició como mediador de una posible distensión entre los dos viejos enemigos -la ruptura se remonta a 1979- invitando al ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, con el beneplácito de Washington a la cumbre del G7 en Biarritz. 

El avión del ministro iraní aterrizaba por sorpresa el domingo en la localidad francesa para reunirse con Macron en una visita exprés. La cumbre que amenazaba con estallar como una olla a presión rebajaba la temperatura. O eso intentó Macron. “Espero que en las próximas semanas podamos conseguir una entrevista entre (el presidente iraní, Hasán) Rohani y (su homólogo estadounidense, Donald) Trump, en la que yo mismo y nuestros socios también podríamos estar. Ese encuentro sería muy importante. Hemos creado las condiciones para que se produzca y haya un acuerdo”, dijo Macron en la rueda de prensa conjunta del lunes.

¿Por qué es importante?

Si prospera, un encuentro entre Trump y Rohani sería histórico, pero no está todo atado. El presidente aseguraba este lunes que hasta el momento, se había “logrado apaciguar las cosas”. Las primeras reacciones de parte y parte eran positivas. “Si las circunstancias son correctas, estaría ciertamente de acuerdo”, accedía Trump, mientras que Rohani aseguraba en la agencia iraní ISNA sin referirse a EE.UU.: “Si a consecuencia de una reunión, se resuelven los problemas de la gente, no me detengo en aras de interés nacional”.

A medida que han ido pasando las horas, se ha ido abandonado el impulso inicial y el presidente iraní ha ido al grano en un discurso televisado. Para que la situación cambie y haya “desarrollos positivos”, Irán pone la pelota en el campo de Washington y exige que “eliminen todas las sanciones” impuestas a su país. Por otra parte, en su postura inicial, hay que destacar que Trump dio cal y arena y ponía condiciones. Al tiempo que reconocía tener “buenas sensaciones” con Irán, exigía que cualquier nuevo acuerdo nuclear abarque un marco temporal más amplio y que Teherán no pueda desarrollar ni misiles balísticos ni, por supuesto, la bomba atómica.

¿Cuál es el contexto?

Las históricas tensiones entre Irán y EE.UU. han escalado durante todo el verano. Por un lado, todavía pesan las consecuencias de la ruptura unilateral estadounidense el año pasado del pacto nuclear con Irán en 2018, tras lo que restableció las sanciones reduciendo las exportaciones de petróleo y debilitando su economía. En respuesta al redoble de sanciones, Irán también dejó de cumplir sus compromisos con el pacto y superó en julio el límite de almacenamiento de uranio y su nivel de enriquecimiento. 

Por otro, desde mayo pasado, se han registrado en el golfo Pérsico una serie de ataques a petroleros y buques de los que Washington ha culpado a Teherán, que ha negado estas acusaciones. Sin embargo, Irán sí se atribuyó el derribo de un dron estadounidense en junio pasado y la captura de un petrolero de bandera británica en julio. Otro frente abierto que involucró a Reino Unido es la retención durante un mes frente a la costa de Gibraltar de un petrolero iraní que supuestamente iba a trasladar crudo a Siria. 

¿Qué hay que tener en cuenta?

El problema, como plantea este análisis de Politico, es que como para evitar que Trump volviera a retirar su firma del documento final Macron decidió que no se firmara un acuerdo, no existe un papel que comprometa a los países involucrados. Macron insistió en la importancia de haber creado un clima de confianza y libertad para que los países discutieran sus posiciones, pero concluyó: “Lo que debemos evitar colectivamente es que un giro reaccione a otro”. 

#Fact

De la misma manera que Alemania se erigió en faro económico de Europa, Francia aspira a llevar la voz cantante en lo diplomático. El esfuerzo de Macron por identificarse como el líder mediador por antonomasia quedó recogido en un editorial este lunes en Le Monde, en el que se pregunta «qué obtuvo Macron en este frenesí diplomático», y concluye que aunque por el momento la respuesta sería «nada decisivo», en el mejor de los casos se puede decir que consiguió salvar un G7 «catastrófico».


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