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Teresa Portela: historia olímpica y referente para las madres en el deporte
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Teresa Portela: historia olímpica y referente para las madres en el deporte

El aplazamiento de Tokio 2020 no acaba con el sueño de esta piragüista. Con 39 años, sería la primera española en disputar seis Juegos Olímpicos. 

La palista gallega Teresa Portela durante una competición.

“¿Cuántas medallas tienes? ¿Miles?” Naira, de seis años, mira asombrada las vitrinas de su madre en casa. “No tantas”, responde Teresa Portela (Cangas, 1982). “Unas doscientas”. La palista gallega, con el bronce mundial en K1 200 como último metal, tenía este año ante sí el reto de ser la primera española en disputar seis Juegos Olímpicos, superando a María José Rienda o Arantxa Sánchez Vicario. Tokio 2020—ahora 2021—supone un hito histórico para una mujer que lleva treinta años en este deporte. «Me siento afortunada», cuenta a newtral.es

Siete temporadas atrás, Teresa no tenía tan claro poder acercarse a este hito. Con 31 años, y muchas dudas, tomó la decisión que ha marcado su vida: ser madre. «No sabía realmente si podría volver a competir al máximo nivel, y es algo que me producía incertidumbre, porque realmente no quería renunciar ni a maternidad ni al trabajo», explica. Sin referentes, sin un debate abierto en el deporte, decidió vivirlo como lo sentía. «Lo normal era ver a compañeras que dejaban el deporte. Yo me dejé llevar, quería intentar ambas cosas».

«Necesitamos que nos digan que es posible»

Acababa de ser cuarta en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Había rozado la medalla, y pensaba que ese no era su techo. «En esta sociedad planificamos absolutamente todo, y para ser madre nunca encuentras el mejor momento, así que decidí no posponerlo más». La desinformación incrementó las dudas. «Piensas que no hay nadie en el entorno que retome el deporte, te imaginas embarazada, cogiendo kilos… No sabía cuánto músculo perdería o si sería capaz mentalmente de afrontar este reto cuando tuviera a mi hija en brazos».

Con el embarazo no cesaron los dilemas, esta vez sobre su entrenamiento. «Para mi preparador físico también era algo nuevo. Seguí trabajando hasta los ocho meses, porque no es lo mismo la vuelta partiendo de cero que del 50-60%… Y quería tener abierta esa posibilidad”. Mantenerse en forma fue esencial en su recuperación. «Hacía remo para no perder el contacto con el agua, pesas, aeróbico… Nada nuevo. Siempre algo dentro de lo normal, de mi rutina. Tenía un control médico y me guiaba por sensaciones cada día».

Lo más difícil fue explicarle la situación a su entorno. «Me informé y estaba tranquila, pero tenía que transmitir a los demás que estaba sana y que esto nos venía bien a mi hija y a mí. Muchas veces asociamos embarazo a una baja: no cojas nada, no te levantes, estate quieta. Si no hay una contraindicación médica, el ejercicio es bueno no solo físicamente sino mentalmente. Intenté transmitirles que no era algo egoísta». Con su ejemplo, trata de tranquilizar a otras deportistas. «A veces solo necesitamos que nos digan que es posible».

Naira, testigo de un bronce mundial

El premio llegó en 2019, cuando Teresa disfrutó de su bronce mundial con Naira. “Vamos, mamá”, rezaba la camiseta de la pequeña. «Fue el mejor momento de mi vida. El embarazo, el parto y la vuelta a entrenar con una hija sin renunciar a nada me ha marcado a nivel personal y deportivo. Soy más fuerte. La recompensa a todo el sacrificio fue subirme a un podio, conseguir la plaza para los Juegos Olímpicos y tener a mi hija en la pista».

Ese éxito momentáneo dio razón al trabajo previo, donde los logros son menores que los errores, donde no siempre hay premio. «Los deportistas tenemos una enorme capacidad para superarnos, para buscar retos. El éxito es lo que más se ve desde fuera, pero detrás de ese instante hay muchas piedras que saltar y rodear para crecer. Hay muchos errores, momentos en los que trabajas igual pero no logras tu objetivo».

En el deporte de élite, no lograr un objetivo supone una pérdida económica. El alto rendimiento implica resultados para conseguir becas, y éstas no llegan tras un mal año, marcado por cualquier situación personal o profesional. El abandono es una de las posibles consecuencias, por eso Teresa buscó garantías laborales con dos carreras. «Fue mi forma de darme seguridad”, recalca. «Hay deportistas que por una lesión o por falta de resultados tienen que dejarlo. Ante esa incertidumbre, busqué una garantía de trabajo».

Tras estudiar Magisterio de Educación Física y un grado de Fisioterapia, abrió una clínica en O Grove (Pontevedra). «Es tiempo bien invertido y además una distracción, pero no es nada fácil. Recuerdo días de prácticas, estudio, entrenamiento intenso… A veces no podía más, no llegaba a todo. Disponía de poco tiempo libre y evidentemente prefería descansar, ver la tele o cualquier otra actividad… pero estudiar me daba tranquilidad para no agarrarme al deporte como un clavo ardiendo».

Tres décadas dedicada al deporte

Tokio 2020 era la fecha marcada en rojo en el calendario. Los sextos Juegos Olímpicos. La oportunidad de marcar la historia del deporte español con su nombre. Detrás de este objetivo, casi treinta años de pasión por un deporte que comenzó como una simple diversión. Con nueve años, Teresa pasó el verano en la playa con sus amigos del colegio. Lo que comenzó como un juego se alargó durante el invierno. «El frío es muy duro, pero las mojaduras eran algo secundario. Una vez que pasas eso… Te enganchas».

El siguiente paso fue la competición, y ahí ya no hubo quien bajara a Teresa de la piragua. El Centro de Tecnificación de Pontevedra se fijó en ella, una de las mejores palistas de Galicia. «Significaba que estaría interna de domingo a viernes, pasando el fin de semana en mi casa”. Tenía 14 años, y empezaba a ser consciente de que dedicando algo de tiempo podría tener un futuro. «Fue el primer gran cambio en mi carrera. El segundo, cuando con solo 18 años entré en el equipo nacional y me mudé a Sevilla. Sentí que era trabajo».

Esta etapa lejos de casa fue la más difícil para ella. Los kilómetros pesaban. «Suponía un gran esfuerzo. Sabía que era una apuesta por vivir cosas importantes como unos Juegos Olímpicos y estaba cumpliendo un sueño, pero estar lejos de donde quería suponía un sacrificio muy grande».

El resultado fue su primera participación olímpica, Sídney 2000. «Fue una pasada vivir eso tan joven. Y pensaba que eran los primeros y los últimos. Ahora valoro más las cosas, me parece un premio todo lo que he vivido, los valores que me ha dado el deporte”. Después llegaron Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. Con suerte, Tokio 2021. «Me siento afortunada. Haber vivido treinta años del piragüismo es una medalla».

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