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Desescalada en Rusia mientras se disparan los contagios
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Desescalada en Rusia mientras se disparan los contagios

El país más grande del planeta reinicia la actividad económica al tiempo que se sitúa en segunda posición en número de infecciones

EFE (Alexei Nikolsky)

El coronavirus llegó tarde a Rusia, pero su demora contrasta con la velocidad a la que han escalado los positivos en las últimas semanas. La curva de transmisión se ha torcido de tal manera que el país más extenso del mundo ocupa hoy el segundo puesto en número de contagios, por detrás de Estados Unidos. Con todo, su cifra de fallecimientos se mantiene por debajo de 3.000, pese a registrar cerca de 10.000 infecciones al día desde principios de mayo. Mientras el Gobierno achaca el incremento fugaz de casos a su capacidad de testeo, algunas voces de la comunidad internacional solicitan al Kremlin una mayor transparencia.

La directora de la Agencia Federal Médico-Biológica, Veronika Skvortsova, ha anunciado que en Rusia se ha alcanzado la meseta en la expansión del patógeno. La jefa sanitaria, Anna Popova, ha defendido a su vez que la alta proporción de enfermos asintomáticos –el 41% de los casos– ha logrado descongestionar el sistema de salud, evitar la muerte de miles de personas y estabilizar la situación epidemiológica en todos los sujetos federales, si bien ha matizado que “el riesgo de propagación no cesará hasta la llegada de una vacuna”. Así las cosas, mientras Rusia supera a España y a Reino Unido en la cifra de contagios, la población reanuda la actividad económica y avanza paulatinamente por el camino que aspira a dar paso a la nueva normalidad.

¿Cuándo se detectó el primer caso?

El coronavirus eclosionó en Rusia el 31 de enero, cuando las autoridades sanitarias confirmaron dos positivos de COVID-19: uno en Tiumén y otro en Chitá. La infección empezó a extenderse a un ritmo acelerado a partir del 2 de marzo con varios casos importados de Italia. Para el 16 de abril, se habían confirmado brotes en cada una de las regiones del país. El lunes 27, Rusia superó a China en contagios. Tres días después, rebasó la barrera de los 100.000. A 20 de mayo, suma 2.972 fallecimientos, 85.392 recuperados y un total de 308.705 diagnósticos, el triple que hace tres semanas. Con una población de 146,8 millones de habitantes, cuenta con 210 enfermos por cada cien mil personas.

La situación epidemiológica en Rusia no es homogénea. De sus 85 regiones, 35 cuentan con más de 1.000 casos. La ciudad de Moscú es actualmente el sujeto federal más afectado, con la mayoría de las infecciones acumuladas. De sus casi 13 millones de habitantes, 152.306 han dado positivo por COVID-19, aunque las autoridades moscovitas han reconocido que las proyecciones y los modelos matemáticos apuntan a una cifra real que podría rondar los 300.000.

Mural dedicado al fundador de la Unión Soviética, Vladimir Lenin. | Sergei Ilnitsky (EFE)

¿Qué medidas se han adoptado?

Rusia es el país con la superficie más vasta del planeta, por lo que su presidente, Vladimir Putin, ha decidido delegar buena parte de la contención del coronavirus en los dirigentes regionales. Así, mientras en el Óblast de Leningrado se prohibía el movimiento de personas entre distritos y se confinaba a toda la ciudad de Murino, en Chechenia se declaraba el 30 de marzo un aislamiento total de las demás regiones de Rusia. El Óblast de Múrmansk, otro ejemplo, informaba el 15 de abril que se entregarían pulseras electrónicas a los enfermos potenciales para monitorear sus movimientos. Y en el Óblast de Moscú, al igual que en otros sujetos federales, se aprobó un subsidio de 19.500 rublos al mes (250 euros) a las personas desempleadas.

Algunas órdenes sí se han adoptado en el conjunto del país, como el cierre de centros de ocio, la cancelación de eventos a gran escala –como el 75 aniversario del Día de la Victoria sobre el fascismo– o la suspensión de las clases en colegios y universidades. Rusia clausuró todas sus fronteras el 29 de marzo, dos meses después de hacer lo propio en los más de 4.000 km de divisoria terrestre que comparte con China. Asimismo, el miércoles 25, Putin ofreció un discurso televisado para declarar la prórroga ‘sine die’ del plebiscito sobre enmiendas constitucionales. En esa misma comparecencia, también concedió 7 días no laborables para toda Rusia, en el marco de las normas extraordinarias de contención del brote. A esa semana la siguieron otras cinco. Y para paliar el impacto económico de la pandemia, el Kremlin emitió a finales de marzo un paquete de medidas que incluye moratorias en la devolución de créditos –si los ingresos caen por debajo del 30%–, un incremento del 50% de la dotación por desempleo y la suspensión del pago de impuestos –excepto el IVA– a las pymes.

El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin. | Alcaldía de Moscú

El 12 de mayo, mientras Rusia superaba a Reino Unido y a Italia en casos de COVID-19, el presidente puso fin al periodo de vacaciones retribuidas escudándose en el mal estado de la economía nacional. No obstante, cada región mantenía su potestad para decidir si ordenaba o no la vuelta al trabajo de sus habitantes. En el mismo anuncio, Putin también dio la señal para iniciar la flexibilización gradual de las restricciones en un proceso llevado a cabo en tres fases y en consonancia con la evolución epidemiológica de cada región.

La primera etapa del plan permite los paseos con niños, el ejercicio al aire libre y la apertura de algunos negocios y servicios siempre que se garantice la distancia social. El segundo paso aprueba las salidas en familia y la reanudación de la actividad en negocios de mayor superficie, así como el retorno de las clases en centros educativos. La última fase autoriza el acceso a los parques y elimina las limitaciones de aforo y de superficie en los comercios, hoteles y restaurantes. Para que una región pueda iniciar el camino de la desescalada, debe cumplir una serie de condiciones: su coeficiente de propagación debe ser inferior a 1, al menos la mitad de las camas hospitalarias deben estar libres y la capacidad de su sistema sanitario debe ser capaz de efectuar al menos 70 test diarios por cada 100.000 habitantes.

Actualmente, 27 de los 85 sujetos federales reúnen los requisitos para aliviar las restricciones. No es el caso de Moscú. Su alcalde, Serguéi Sobianin, lejos de relajar las medidas, las ha endurecido y ha prolongado el confinamiento general hasta el 31 de mayo. Si no hay cambios, los moscovitas completarán dos meses encerrados en sus domicilios. No obstante, las autoridades capitalinas permitieron a principios de mes que el medio millón de trabajadores de la construcción y la industria retornaran a sus puestos en sus respectivas empresas. “El levantamiento prematuro de las restricciones conlleva un riesgo real de una segunda pandemia. El retraso injustificado también golpeará a la gente”, subrayó el 15 de mayo el alcalde de Moscú, que también dirige el grupo de trabajo del Consejo de Estado contra el coronavirus.

¿Cuál es la situación actual?

Rusia presume de formar parte de las primeras naciones del mundo en exámenes de COVID-19. Ocupa el segundo puesto en test totales –después de EE.UU.–, con 7,6 millones realizados hasta la fecha, y efectúa 5.193 pruebas por cada cien mil personas. Según la OCDE, es el tercer país en número de camas per cápita. “La situación sigue siendo complicada, pero aun así se puede constatar que se ha logrado frenar el incremento de la morbilidad”, aseguró el 18 de mayo el primer ministro, Mijaíl Mishustin.

Distintos miembros de la oposición rusa han acusado al Gobierno de manipular las estadísticas oficiales de decesos a fin de mantener bajos los índices de mortalidad, casi 8 veces inferiores a la media mundial. El Kremlin lo negó el 12 de mayo y aseguró que los ingresos de los médicos y de los hospitales dependen precisamente de los casos diagnosticados. “Nosotros nunca hemos manipulado la estadística oficial. Recibimos datos de manera operativa”, insistió la viceprimera ministra, Tatiana Gólikova. La representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Rusia, Melita Vujnovic, dio credibilidad a las palabras del Ejecutivo y puso en duda que esté rebajando intencionadamente los datos de mortalidad.

Grafiti a la salida del Hospital Nº1 de Krasnogorsk, en las afueras de Moscú. | Serguéi y Mijaíl Eroféev (EFE)

En el aspecto económico, Rusia se ha visto afectada por el desplome de la demanda general de petróleo y por la subsiguiente devaluación del crudo. La guerra de precios que libra con Arabia Saudí, una de las causas principales del actual colapso del mercado de valores global, ha tenido como resultado la depreciación de su moneda, en caída libre desde mediados de mayo y que se encuentra actualmente en su mínimo histórico en cuatro años respecto al dólar. El ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, admitió el 20 de febrero que el país perdía entonces “alrededor de 1.000 millones de rublos (12,8 millones de euros) al día por la disminución del comercio con China”.

El Banco Central de Rusia advirtió el 8 de mayo que el PIB nacional sufrirá una caída interanual del 8% en el segundo trimestre y, para el conjunto del año, una bajada de entre un 4% y un 6%. El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, proyectó el 14 de abril que Rusia cerrará 2020 con una contracción de un 5,5% del PIB. En su aparición pública del 12 de mayo, Putin indicó que la actividad económica había descendido más un 33% y que el desempleo se había duplicado en un mes hasta alcanzar la cifra de 1,4 millones de parados. “La epidemia y las restricciones han golpeado seriamente a la economía y al sistema de protección social, y han supuesto un revés para el bienestar de millones de nuestros ciudadanos. Los ingresos de muchos han caído. Los gastos y las deudas no dejan de aumentar”, sentenció.

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