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Piel virtual, tacto a distancia
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Piel virtual, tacto a distancia

Presentan un nuevo dispositivo de piel virtual capaz de recrear sensaciones en personas mutiladas o como complemento inmersivo en videojuegos, sin baterías integradas ni cables.


Garett Anderson tiene siete manos. Posiblemente, la primera persona ‘quiromúltiple’ en el mundo. Y, para su desgracia, porque perdió una. Fue en la guerra de Irak, cuando una bomba escondida en una cuneta voló el jeep en que viajaba.

«No te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes y lo digo en un sentido muy esencial. Ahora estoy obligado a ser zurdo», decía este sargento retirado del ejército estadounidense en una entrevista a la CBS en 2017.

Hoy, Anderson ha recuperado parte de su ‘destreza’ gracias a la colección de manos biónicas con las que distintas empresas y centros de investigación están experimentando sus prótesis activadas, directamente, con impulsos nerviosos comandados desde su cerebro. «Tengo una para jugar al golf, otra para montar en bicicleta…», decía en aquella entrevista.

La última de estas investigaciones parte de la Universidad del Noroeste de Illinois (EE.UU.). Esta mano biónica va un poco más allá, porque le han implantado una piel virtual con sensores y conectores nerviosos que le devuelven parte del sentido del tacto.

La caricia remota

«Las sensaciones humanas incluyen los (cinco) sentidos típicos y los menos reconocidos, como la sed, el hambre y el equilibrio –señala la profesora Xiao-ming Tao, responsable de tecnología vestible de la Universidad Politécnica de Hong Kong–. Los estímulos detectados por los receptores sensoriales de la piel se codifican en señales eléctricas que se mueven a lo largo de las vías neuronales a partes específicas del cerebro para ser descifradas en información útil», explica esta ingeniera que ha participado en el desarrollo.

Se han usado desde hace años. Amasijos de cables y electrodos «poco vestibles», ciertamente. Para producir una interfaz más cómoda y con flexibilidad, el físico-químico John Rogers y sus colegas de la Universidad del Noroeste acaban de presentar una plataforma inalámbrica total, que integra desde esa piel artificial, hasta un dispositivo de realidad virtual.

Esto no sólo devuelve sensaciones en miembros amputados, sino que permite interacciones táctiles a distancia. Por ejemplo (y como se ve en el vídeo), acariciar remotamente.

En 2002 se desarrolló la primera camisa sensible. Permitía enviar abrazos a distancia con la misma facilidad que enviar un mensaje de texto o chatear. Esta tecnología era un poco ortopédica; sensores, cables y baterías que detectan y codifican la fuerza, la duración y la ubicación del tacto, junto con el calor de la piel y la frecuencia cardíaca del emisor.

Devuelve sensaciones a miembros amputados, permite tocar a distancia o recrear experiencias táctiles en juegos de realidad virtual.

Tanto la llamada HugShirt como el dispositivo de Rogers y Tao sugieren que la aplicación de sensaciones táctiles en la realidad virtual y aumentada apenas está comenzando.

Los autores reconocen que una de las aplicaciones más previsibles en la industria será su uso en videojuegos. Ya existen plataformas que reproducen sensaciones táctiles al ponerse un casco de realidad virtual, por ejemplo.

Según explican en su paper, publicado en Nature, «los sistemas más extendidos utilizan pantallas montadas en la cabeza, acelerómetros y altavoces como base para entornos tridimensionales generados por ordenador».

Continúa Rogers: «En comparación con los ojos y los oídos, la piel es una interfaz sensorial relativamente poco explorada para la tecnología de realidad virtual y aumentada que podría, sin embargo, mejorar en gran medida las experiencias a nivel cualitativo».

El sexo sentido

Aunque no hablan en este trabajo de otras aplicaciones, la industria del placer lleva tiempo trabajando con las sensaciones en remoto.

Este año se presentó Lovely, tecnología entre lo vestible y los estimuladores sexuales clásicos. Hecho de silicona elástica, incluye vibradores que se pueden activar en remoto y sensores que se conectan con el móvil y recopilan datos de sus usuarios. Es similar a otros vibradores inteligentes más antiguos, como MysteryVibe, donde una app permite crear patrones de manera análoga a lo presentado en este trabajo del equipo de Rogers.

Aparatos como Lovely se alimentan de esos datos para entrenar a una inteligencia artificial que realiza un perfil de preferencias sexuales. A cambio, devuelve un informe con recomendaciones e incluye un recuento (científicamente dudoso) de calorías quemadas en cada sesión.

El problema de esta tecnología vestible es su creciente capacidad de recopilación de datos. En 2016 saltó el escándalo de WeVive, otro vibrador inteligente que estaba mandando a la nube gigas de datos de personas que no habían dado su autorización para monitorizar sus costumbres sexuales.

En 2016, se demostró que uno de estos vibradores inteligentes estaban recopilando datos de uso sin consentimiento.

En 2016 se presentó un prototipo de condón inteligente. Una especie de segunda piel sobre el preservativo clásico que, en forma de anillo, recopila también datos y asegura tener capacidad para detectar esporas de clamidia o bacterias de sífilis. Ahí quedó el prototipo. Por el momento, no hay fecha de lanzamiento.

En general, la tecnología vestible del tacto ha encontrado en la industrial de sexo y de los videojuegos sus mejores salidas comerciales. Para el desarrollo de piel artificial de Rogers, la distancia entre la fuente de alimentación y la plataforma debe ser inferior a aproximadamente un metro.

El consumo de electricidad de la tecnología sigue siendo un factor limitante clave para operar la plataforma de manera sostenible e inalámbrica. La miniaturización de los elementos «podría ser una forma factible de abordar estos problemas», como señalan los autores, mirando a sus futuras aplicaciones.

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