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Nuevos indicios de que los neandertales ya ponían flores a los muertos
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Nuevos indicios de que los neandertales ya ponían flores a los muertos

Encuentran nuevas evidencias de rituales de enterramiento complejo en un yacimiento abandonado durante años y donde había indicios débiles de enterramientos con flores y ajuares de neandertales.

Parque del esqueleto encontrado en Shanidar | Graeme Barker

Es difícil imaginar el alma que un día dio movimiento a huesos y artefactos cubiertos por polvo y limo en yacimientos. Pero la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí, es lo más parecido a una sala de proyecciones de un pasado de ánimas neandertales. Un Clan del oso cavernario que, sin embargo, se le ha resistido a la ciencia durante décadas.

Desde hace más de un siglo sabemos que nuestros antepasados tenían rituales para acompañar y despedir a los fallecidos. Algo que compartimos con escasas especies animales, pero nunca con tanta sofisticación. No estaba claro cuándo se empezó a honrar a los muertos con un elemento de alta carga simbólica: flores.

Ahora, un equipo de la Universidad de Cambridge ha utilizado técnicas modernas de arqueología para analizar restos de polen antiguo y otros elementos en enterramientos neandertales en Shanidar. Hay indicios que apuntan a más de 70.000 años de antigüedad.

El equipo de Solecki sacaba en los sesenta los primeros restos de Shanidar | Univ. Cambridge

Desde finales de los años setenta del siglo pasado, hay pistas de enterramientos con flores en esta cueva. Pero fueron discutidos en su momento, cuando las técnicas arqueológicas aún no estaban tan desarrolladas. Aún hoy hay investigadores que no otorgan a los neandertales cualidades de pensamiento abstracto muy sofisticado.

Con técnicas modernas, han vuelto a este icónico lugar donde hace más de medio siglo apareció el primer cuerpo neandertal articulado. Y, tras descubrir nuevos restos, los indicios vuelven a apuntar a que se pusieron flores junto a los muertos intencionalmente.

La reapertura del ‘caso’ que el ISIS cerró

En 2011, el gobierno regional kurdo se acercó al profesor Graeme Barker del McDonald Institute of Archaeology de Cambridge. Volvieron a visitar la cueva de Shanidar, abierta por Ralph Solecki, fallecido recientemente con 101 años y que no había conseguido volver a hacer más excavaciones.

La reapertura de los trabajos comenzó en 2014, con un Solecki entusiasmado, según relatan en una nota de la Universidad de Cambridge. Pero apenas dos días después, la amenaza terrorista del ISIS terminó por abortar la excavación.

«Pensamos que, con suerte, podríamos encontrar los lugares donde habían encontrado neandertales en la década de 1950, para ver si podíamos fechar los sedimentos circundantes», explica Barker en la presentación de los resultados. «No esperábamos encontrar huesos de neandertales».

El neandertal encontrado tenía la mano izquierda doblada debajo de la cabeza como quien se hace un pequeño cojín antes de dormir.

Durante el periodo 2018-19 descubrieron un cráneo completo, aplastado por miles de años de sedimento y huesos. El neandertal presuntamente honrado tenía la mano izquierda doblada debajo de la cabeza como quien se hace un pequeño cojín antes de dormir. Lo bautizaron como Z.

Z debía de ser mayor y no estuvo solo. Junto a los restos encontrados hace décadas, varios elementos hacen pensar que estamos ante uno de los ‘cementerios’ más antiguos conocidos. Eso sí, mucho más moderno que Atapuerca.

En España se encuentra la Sima de los Huesos. Una yacimiento burgalés único, con una enorme acumulación de restos de heidelbergensis, anteriores a los neandertales, y datados en hace 400.000 años. ¿Fue una acumulación accidental, como sugiere este trabajo? ¿O fue propiciada por la acción homínida, bien con intención ritual o práctica, como sugieren los directores de Atapuerca?

Un TAC a un muerto de hace 70.000 años

La doctora Emma Pomeroy, experta de Cambridge en la dieta y salud de nuestros antepasados, ha dirigido la investigación sobre lo que se ha (re)descubierto en esta ocasión. Los resultados se han publicado en Antiquity.

Emma Pomeroy en Shanidar | Graeme Barker

Los laboratorios arqueológicos de Cambridge se han encargado de escanear al finado. Eso ha permitido una reconstrucción digital, donde se eliminan más capas de limo.

El equipo sigue trabajando en muestras de sedimentos de todo el nuevo hallazgo. Buscando signos de cambio climático en fragmentos de conchas y huesos de ratones o caracoles antiguos.

Pero, igualmente importantes, son los rastros de polen y carbón que había junto a los huesos. Los primeros, porque delatan a esas flores. El segundo, como evidencia de una cocina.

Cuatro de los neandertales formaron lo que los investigadores describen como un «conjunto único». Plantea la pregunta de si iban recurrentemente al mismo lugar dentro de la cueva para enterrar a sus muertos.

Una roca prominente junto a la cabeza de Z ejemplar se interpreta como un posible marcador para que los neandertales depositaran sus muertos, según Pomeroy, «aunque será difícil determinar si el tiempo entre muertes fue de semanas, décadas o incluso siglos».

«La nueva excavación sugiere que algunos de estos cuerpos fueron colocados en un canal de la cueva excavado por el agua, que luego fue perforado intencionalmente para hacerlo más hondo», añade Barker. «Existes evidencias sólidas de que Z fue enterrado deliberadamente».

Los TAC hechos en Cambridge han revelado el hueso petroso, uno de los más densos del cuerpo, en la base del cráneo. Este punto es especialmente interesante. Permite recuperar antiguo ADN neandertal. Z vivió en una región y tiempo en que se produjo el probable cruce entre ellos y los sapiens que empezaron a desbordar sus hábitats en África.

Pomeroy aclara que «en los últimos años hemos visto una creciente evidencia de que los neandertales eran más sofisticados de lo que se pensaba anteriormente, desde las marcas de cuevas hasta el uso de conchas decorativas y garras de rapaces».

Esta cueva es una verdadera mina de datos para la antropología neandertal. Hace tres años se descubrió que un ejemplar que había llegado a viejo siendo sordo, cojo y manco. Algo impensable en aquel tiempo, sin cuidados de sus compañeros, lo que demostraba que aquellos neandertales tenían un mínimo sistema de atención a sus mayores (con 40 años eran ancianos).

La cuestión es que las prácticas de enterramiento, en permanente debate entre arqueólogos y antropólogos, tendrían también un componente práctico: un cadáver atrae a posibles depredadores o atacantes, si la comunidad está asentada en un lugar. Parece razonable enterrarlos.

Que, junto al enterramiento, haya otros rituales complejos es algo que sólo se conoce claramente en dos especies. Neandertales y sapiens. Las únicas cuyos individuos descubrieron que su vida, un día, iba acabar.

Así era el abuelo de la humanidad

Difícilmente podríamos poner rostro claro a Z. Pero sí pudieron hacerlo con otro homínido muy muy anterior a él.

Se trataba de uno de los antecesores de Lucy, la australopiteca más famosa y que podemos ‘visitar’ en el Museo de la Evolución de Burgos. En agosto te contábamos que habían demostrado que los Autralopithecus anamensis y los afarensis como Lucy llegaron a convivir en el tiempo. Hace nada menos que 3,5 millones de años.

Un dato que volvía a poner en entredicho la historia de la humanidad. Porque, ¿qué es exactamente ‘humanidad’? Hay voces en la comunidad científica que piden una revisión, al calor de evidencias genéticas o nuevos hallazgos de restos. Si entendemos como aquellos rasgos propios atribuidos al Homo sapiens, nos remontamos al actual Magreb de hace 300.000 años, según este estudio de 2017.

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