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No hay un gen que dicte quién te atraerá sexualmente
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No hay un gen que dicte quién te atraerá sexualmente

Genética y atracción sexual | M.V.

No hay un único gen de la homosexualidad, ni de la heterosexualidad, ni de la bisexualidad o de cualquier otra preferencia sexual no binaria. Son muchos y están condicionados por más variables, según el mayor estudio realizado. Pero, ¿era necesario hacerlo?

Genética y atracción sexual
Genética y atracción sexual | M.V.

El analista computacional Fah Sathirapongsasuti es uno de los integrantes del equipo que ha realizado el mayor estudio sobre genética y conducta sexual. Él se siente atraído por hombres. Su homosexualidad, en la adolescencia, no hacía sino sembrar su cabeza de preguntas. Buscó qué podría estar condicionando su preferencia sexual y encontró un par de estudios de los años noventa que decían que su homosexualidad está en los genes.

«Culpé a mi madre por ello –señala bromeando– por haberme dado el cromosoma X». Aquellos trabajos sobre homosexualidad se habían centrado en el cromosoma ‘materno’ en ratones. Pero aquellos estudios eran muy vagos y ahora, casi 30 años después, Sathirapongsasuti –experto en los grandes datos, big data– ha conseguido, junto a sus colegas, respuestas más concluyentes sobre el papel de los genes en la atracción sexual. [En esta sección de la editora de revistas científicas PLOS se cuenta toda la intrahistoria].

El más completo de los estudios jamás realizados llega a una conclusión clara: en ningún cromosoma existen elementos que determinen el tipo de atracción sexual que desarrollará una persona. Publicado en Science, el equipo de investigación ha creado hasta una web explicando y contextualizando los resultados. Esto da idea de lo delicado de las conclusiones de su trabajo, que puede ser munición para personas LGTBIfóbicas. En este vídeo dejan claro que la atracción sexual entre personas es un territorio libre y la ciencia no lo puede cuestionar.


«Nuestro trabajo muestra que las herramientas utilizadas en las investigaciones que existen sobre este tema no tienen en cuenta la gran heterogeneidad y complejidad en el comportamiento sexual», señala a la agencia Sinc Andrea Ganna (@andganna), autor principal del estudio, del Instituto de Medicina Molecular en Finlandia y profesor en el Hospital General de Massachusetts/Universidad de Harvard (EE.UU.). Quizás convenga resaltar que Ganna no trabaja como genetista. Es analista de datos. Eso nos da idea de cómo ha cambiado esta disciplina en tres décadas.

[blockquote align=»left» author=»»]A diferencia de hace 30 años, hoy contamos con biobancos de información genética[/blockquote]

 

El equipo hizo un test con preguntas a 477.522 personas sobre su comportamiento sexual. Luego cruzaron los datos con millones de marcadores de ADN de sus respectivos genomas. A diferencia de hace 30 años, hoy contamos con biobancos de información genética, como –en este caso– el UK Biobank de Reino Unido y el de la firma privada 23andMe (EE.UU.), en la que trabaja Sathirapongsasuti.

La conclusión es que hay miles de marcadores genéticos que parecen influir en la preferencia sexual de una persona. Tal y como ocurre con otros rasgos. Cinco de ellos, están más claramente correlacionados. Sin embargo, por sí solos, no influyen ni en un 1% en la conducta sexual.

Los autores se atreven a anticipar que quizás haya un vínculo «con la regulación de las hormonas sexuales testosterona y estrógeno, así como las diferencias específicas del sexo. También revelan la complejidad de la sexualidad humana».

Entonces ¿Los genes no influyen nada y es todo ambiental?

«Los estudios con gemelos y otros análisis de la herencia de la orientación sexual en humanos han indicado que el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo tiene un componente genético». Así arranca su artículo en Sciencie el equipo del doctor Ganna.

El estudio no dice que la heterosexualidad, la homosexualidad o la bisexualidad se ciñan a una decisión en la que la genética no participe. Sencillamente, no participa un sólo gen o cromosoma, como se sugería hace 30 años. Tampoco los estudios con gemelos (en los que se han visto correlaciones del 30%) son concluyentes.

El ser humano es un mosaico construido con 3.000 millones de letras A, C, G, T (por las iniciales de los nucleótidos o moléculas que estructuran el ADN). El orden de esas letras dentro de ese ‘código fuente’ de los genes determina cómo será un ser vivo.

En el estudio han visto que ‘cambios en el orden’ típicos de las letras (no confundir con ‘desórdenes’) pueden tener que ver con la orientación sexual, como otros pueden hacerlo para tener ojos verdes. Vieron que apenas explican entre el 8% y el 25%. Esto, por tanto, no es suficiente para predecir una conducta sexual. El papel del ambiente es importante.

No: ‘factores ambientales’ no son ‘ambientes homosexuales’

Aquí la terminología es importante. En genética se suele hablar de ‘factores ambientales’ o del entorno. Y los factores ambientales pueden ser múltiples, como ocurre para la expresión de otros genes que no tienen nada que ver con la sexualidad. Conviene no asimilarlos con ‘factores culturales’.

Un factor ambiental es aquel que no es genético. ‘Ambiente’ es el entorno del desarrollo fetal, por ejemplo. Algunos estudios previos han tratado el papel de la formación de un embrión en el útero materno en relación con la preferencia sexual.

Fuera de este trabajo, el investigador Michael Bailey, del departamento de Psicología de la Universidad Northwestern (EE.UU.) ha explicado a Laura Chaparro de la Agencia Sinc que estamos ante el primer trabajo “en proporcionar una evidencia completamente convincente de que los genes influyen pero no determinan la orientación sexual”, a la par que ha destacado el tamaño de la muestra.

“El comportamiento sexual entre personas del mismo sexo no está influenciado por uno o unos pocos genes, sino por muchos. La superposición con las influencias genéticas en otros rasgos proporciona información sobre la biología subyacente del comportamiento sexual entre personas del mismo sexo”, sentencian en las conclusiones de su ‘paper’.

Otro aspecto terminológico importante es el de «homosexualidad». Esta es una de las limitaciones del trabajo, pues para elaborar el cuestionario entre las personas investigadas, se estableció que con una sola relación de este tipo ya se calificaba al individuo como «homosexual». Un 4% de los hombres de Reino Unido dijeron que se habían acostado con otro hombre al menos una vez, y un 2,8% de las mujeres. Con la muestra estadounidense se aplicó otro criterio, ya que no era obligatorio responder a si alguien se había acostado alguna vez con una persona del mismo sexo. Entre quienes respondieron, la cifra del ‘sí’ se disparó hasta el 19%.

¿Era necesario este estudio genético?

Desde el Broad Institute (MIT/Harvard), uno de los centros de bioingeniería más importantes del mundo, Joseph Vitti ha cuestionado la pertinencia de publicar este estudio. El científico ha sido de los primeros en invitar al debate en torno a si el beneficio de exponer estos datos es mayor al de no hacerlo, ya que puede ser alimento para personas homóbofas.

«Todavía tengo que ver un argumento convincente de que los beneficios potenciales de este estudio superen sus posibles daños. Mi intuición es que este estudio será promocionado con entusiasmo por personas que no están dispuestas a involucrarse con las sutilezas y limitaciones de su interpretación» asegura Vitti.

Desde España, el científico y divulgador Javier Armentia (@javierarmentia), de Prisma (Asociación para la Diversidad Afectivo-sexual y de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación) explica a Newtral que tiene sus dudas, pero este tipo de investigaciones «nos pueden resultar incómodas y exigen explicación y compromiso desde el campo de la genética, aunque son necesarias».

Para el también director del Planetario de Pamplona, siempre va a haber alguien que se escude en este ‘paper’ para soltar sus proclamas de odio. Pero «la ciencia es incompatible con estas posturas. La LGTBIfobia no se sustenta científicamente».

[blockquote align=»left» author=»Javier Armentia, Asociación Prisma»]Habrá quien use este estudio para alimentar el odio, pero la LGTBIfobia no se sustenta científicamente.[/blockquote]

«Si dices que la genética influye, parece que [no ser heterosexual también] es natural. Pero lo natural puede ser una trampa, porque alguien puede considerar que [si está en los genes] es patológico, como una enfermedad genética. El estudio no dice eso», explica Armentia, quedando claro que desde 1990 la OMS no considera a la homosexualidad una enfermedad, 17 años depués que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

El problema es que, si por el contrario, deduces que «es todo ambiental, te van a decir que eres un depravado –señala la paradoja–. Quien quiera odiar va a odiar».

Advierte que este estudio, «que es un lujo» por sus medios y capacidad metodológica, también tiene sus limitaciones, como todos. Pero no juzga ni dictamina ninguna opción sexual. «El problema está en las interpretaciones. Quizás por ello, sabedores del impacto que tendría, sus autores han contratado a una agencia de comunicación para matizar muchos aspectos».

Una de sus coautoras ha señalado, en una publicación aparte, que «poner de manifiesto que la orientación sexual tiene un componente biológico podría contribuir a la aceptación y a la protección legal del colectivo».

Pero desde la Asociación Prisma hacen hincapié en que «los problemas a los que se enfrentan las personas LGTBIQA+ no se deben al hecho intrínseco de su diversidad afectivosexual y de género, sino al tratamiento injusto, de rechazo, discriminación y maltrato, que algunos miembros e instituciones de esas sociedades ejercen sobre el colectivo», como recoge El Periódico.

Fuera de posicionamientos ideológicos, «es complejo y hay que seguir investigando», señala. «Que parte de la conducta humana está modulada desde los genes no nos tiene que espantar, al contrario. Pero de aquí no se pueden hacer derivadas. Nos falta mucha educación».

También advierte de los riesgos de la investigación en la era de los grandes datos. En línea con lo que advierte Vitti, estamos en plena transición hacia el uso masivo de los big data e inteligencias artificiales para encontrar patrones. «Esto es muy útil en secuenciaciones o asociaciones en genética (GWAS) o en mi disciplina, la astronomía (misión Gaia). Pero no hay que caer en la tentación de atribuir causalidades en correlaciones de series de datos».

El problema es que, por más que la ciencia (y la comunidad LGTBI+) lo digan, las personas LGTBIfóbicas «no nos van a hacer caso. El odio va a estar siempre. Siguen inventándose su mundo falso porque les interesa ideológicamente. Que no se escuden en la ciencia», concluye Armentia.

1 Comentario

  • Que verguenza que alguien gaste recursos y tiempo estudiando esto… Lo estan tratando como una enfermedad. Y todos los medios dándole bombo.
    Podrían mirar también si hay un gen del machismo y el racismo también, a ver si podemos evitarlo..

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