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Los tres tenores y la gran silenciada de la Revolución Francesa
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Los tres tenores y la gran silenciada de la Revolución Francesa

El cierre de la Asamblea Constituyente de Francia dio paso a una nueva era que concluyó en El Terror

La libertad guiando al pueblo, 1830.

30 de septiembre de 1791. Finaliza la redacción de la Constitución francesa tras la revolución iniciada en 1789, por lo que se disuelve la Asamblea Nacional Constituyente para dar paso a la Asamblea Legislativa y, más tarde, el Comité de Salvación Pública. Durante la Revolución Francesa, la Asamblea fue la figura que gobernó una Francia sumida en el caos de un cambio completo de sistema.

Fueron tres las figuras que destacaron entre el resto, tanto por su capacidad de liderazgo como por las diferencias (mayores y menores) entre ellos a la hora de llevar a cabo el proceso: Maximilien Robespierre, hijo de la Ilustración y líder de la Revolución; Georges-Jacques Danton, del sector moderado; y Jean-Paul Marat, instigador del Terror y el radicalismo revolucionario. Y una cuarta, Olympe de Gouges, que tanto durante la Revolución como en los años venideros, fue silenciada.

Robespierre, de la idea al Terror

Robespierre (1758-1774), abogado de profesión, fue el hombre más importante durante los años de la Revolución Francesa. Descrito como un gran orador, se vio atraído por las ideas ilustradas que poblaban Francia y, en concreto, por las consignas de Rousseau.

Maximilien Robespierre (anónimo), 1790.

El francés de Arras era un hombre que creía en la virtud, en tanto como actitud del ciudadano hacia la sociedad, como el valor más importante a mantener durante la Revolución. A su entrada a París, las propuestas que compartía le acercaron al Club de los Jacobinos (ala radical): la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte, la no reelección de los diputados, la defensa de la libertad de prensa y de reunión y el sufragio universal y directo eran algunas de las pretensiones más ambiciosas (para la época) de Robespierre.

Para Robespierre, la virtud era una actitud individual que se ejercía de forma colectiva en defensa del bien común, es decir, de la Revolución. El ciudadano debía ser fiel al proceso de “liberalización” que acaecía en Francia y seguir las ideas ilustradas que forjan el proceso: la construcción de la Nación como Estado, la secularidad el Gobierno y la vida diaria, el reparto de bienes…. pero pronto adoptó una postura completamente radical.

A partir de la Toma de la Bastilla (1789), Robespierre vio en la pena capital una forma de reafirmar la confianza del pueblo: si los culpables eran ejecutados se salvaguardaría la Revolución. Desde entonces, el que había sido una figura elocuente y que basaba su idea política en las consignas de la lógica ilustrada, vio en el “terror” una forma de consumar el proceso.

Hasta tal punto llegó su cambio de postura que pasó de defender la paz con las potencias extranjeras – con la detención de la Familia Real, Francia declaró la guerra al imperio Austro-húngaro – a aplicar la Ley Marcial en 1793 para sembrar el terror en el país. Robespierre adopta la postura de ejecutar a todo ciudadano que no siga, tanto en acto como en ideas (verbalizadas), las consignas de la Revolución.

“El terror sin virtud, es desastroso. La virtud sin terror, es incompetente”, expuso ante el Consejo. En 1794, y ante el miedo del resto de diputados de que Robespierre pusiera sus nombres en la lista de traidor, fue detenido y aguillotinado.

Danton, moderado y ejecutado

Georges-Jacques Danton (1759-1794) fue el representante más importante de la opción moderada. Fundador del Club de los Cordelieres (representantes de os sans-colottes), liderado la opción de los Indulgentes, que defendían un proceso moderado y basado en la estabilización de la sociedad sin recurrir al terror.

Georges-Jacques Danton (anónimo).

A pesar de ser una figura presente en la Revolución Francesa desde 1790, adquiere mayor protagonismo a partir del juicio al rey Luis XIV, en 1792. Aunque él defendiera en un principio el destierro, los rumores de que era un corrupto hicieron que Danton apoyase, junto con los jacobinos de Robespierre, la ejecución mediante guillotina.

Danton fue líder del Cómite de Salvación Nacional antes de la instauración del terror de Robespierre, que en un principio avaló ante las derrotas militares tanto en el norte (contra el Imperio Austro-húngaro) como en el sur (contra la Armada británica). El primer gran conflicto que tuvo con Robespierre fue la ejecución de María Antonieta, viuda de Luis XVI. Mientras que el jacobino avalaba que su muerte cerraría por completo la etapa monárquica, Danton veía el exilio como una pena para cerrar la paz con Austro-Hungría.

Las victorias en el frente en 1793 hicieron que el moderado propusiera el fin de la Ley Marcial y la restauración de la Constitución de 1791. Pero su situación sentimental (se acaba de casar con una joven de dieciséis años tras enviudar) y el constante roce con Robespierre, provocaron que fuera visto como un traidor.

En abril de 1794, fue condenado a la guillotina.

Marat, mártir de la guillotina

Jean-Paul Marat (1743-1793) fue un médico que fracasó en su profesión, pero que revivió durante la Revolución Francesa. En 1789, en los primeros pasos del proceso y tras la creación de varios panfletos de corte polítco-filosóficos, funda L’Ami du peuple (El amigo del pueblo). Un periódico que se convertiría en verdugo de la nación.

Marat fue el representante del sector más sangriento dentro del ala más dura de la Revolución. Al comienzo, su periódico propagandístico comulgaba con el ascenso de las capas populares y la abolición de la monarquía como forma de Gobierno, rechazando a la mayoría que respaldaba una monarquía constitucional.

Jean-Paul Marat vio cómo su medio cogía importancia y relevancia sobre todo entre los jacobinos, el ala radical, aunque él mismo no representara a ninguna formación política. Fue con el invento de Joseph Ignace Guillotin que la figura adquirió mayo importancia: Marat hizo una dura y potente campaña en favor del uso de la guillotina (nombre que él mismo le dio al instrumento en honor a su creador).

Fue entonces cano L’Ami du peuple empezó a adoptar su postura más radical. De ser un panfleto propagandístico donde publicitar la Revolución, pasó a ser una suerte de verdugo. Marat comenzó a publicar listas de “traidores a la Revolución” con nombre y direcciones de los acusados, exigiendo la cabeza de los que aparecían.

Marat es considerado uno de los culpables de que, durante la etapa de El Terror, se ejecutaran a más de 15.000 personas acusadas de no compartir las ideas revolucionarias. También de evitar a toda costa que las calles se pacificaran instando a los revolucionarios a ajusticiar a todos aquellos que creían no seguían a la Asamblea Constituyente.

La muerte de Marat, de Jacques-Louis Davis, 1793.

Su posición provocó que los girondinos le acusasen de instar a la violencia tanto en las calles como por medio de la guillotina. A pesar de ser declarado inocente por la Convención en 1793, pocos meses después Charlotte Corday lo asesinaba con un puñal en su propia casa durante uno de sus muchos baños medicinales.

El asesinato fue inmortalizado por Jacques-Louis Davis ese mismo año y Marat fue convertido en mártir de la Revolución. Durante la parte más certera del proceso de secularización, el busto del francés ocupó los espacios donde antes había crucifijos y su nombre retumbaba entre las masas populares.

De Gouges, ejecutada y olvidada

Olympe de Gouges (1748-1793) es una figura que, hasta hace unos años, prácticamente era desconocida. De Gouges fue una mujer nacida dentro del seno de una familia aburguesada (como el resto de personas de esta lista) pero que en ella caló las consignas de la Revolución, pero con una diferencia: no quería que dejasen fuera a las mujeres.

Su nombre empieza a aparecer a partir de un teatro itinerante que ella misma funda y dirige. Su obra más conocida, La esclavitud de los negros (1792), y su postura radical sobre el abolicionismo de la esclavitud le valieron el apodo de “amiga de los negros”, pero su mayor obra fue de teatro.

Olympe de Gouges (anónimo), 1793.

En 1791, de Gouges redactó la Declaración de la Mujer y la Ciudadana en base a la Declaración del hombre y el Ciudadano; no como un contrapoder, sino como un añadido a los derechos ya logrados:

¡Mujer, despierta!; el arrebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres!, ¡mujeres!, ¿cuándo dejaréis de estar ciegas?, ¿qué ventajas habéis obtenido de la revolución?: un desprecio más marcado, un desdén más visible”. Epílogo de la Declaración de la Mujer y la Ciudadana

Durante su etapa como política, defendió el voto femenino y el derecho de las mujeres de entrar en la Asamblea Nacional. No solo en el espectro político, De Gouges promulgó la instauración del divorcio y el reconocimiento paterno de los hijos fuera del matrimonio, además de la posibilidad de que las mujeres pudieran tener cargos eclesiásticos.

En 1793, ante el ascenso del Terror de Robespierre y Marat y la instauración de la dictadura revolucionaria, Olympe de Gouges se posicionó como una de las voces reconocidas más críticas con Robespierre y Marat. Ese mismo año, sería encarcelada y aguillotinada.

Fuentes

 

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