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Las siestas son saludables si no son muy largas
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Las siestas son saludables si no son muy largas

La Siesta de Van Gogh

Llevamos más de una década conociendo estudios que apuntan a lo saludable de la siesta de hasta 30 minutos. Pero un trabajo español acaba de relacionar las siestas de más de media hora con diabetes tipo 2 y obesidad en población mayor.

La Siesta de Van Gogh
La Siesta de Van Gogh | M. Orsay

La siesta no es algo exclusivo de España. Es popular en la región mediterránea, pero el descanso de después de comer se practica en muchos lugares del mundo. Eso sí, quizás sea nuestro país uno de los que tiende a alargarla, especialmente durante los meses de más calor. Ahora, un equipo del CIBER-OBN ha llegado a la conclusión de que las siestas largas no parecen una idea saludable.

Según lo que han publicado en la revista científica Journal of Clinical Medicine, hay una relación entre el tiempo que se dedica a la siesta y el desarrollo de diabetes tipo 2 en personas mayores, así como un aumento de la barriga. El estudio es pionero en analizar esta asociación. Una siesta de menos de 30 minutos sí se ha demostrado saludable (este estudio que lo probó en 2007 es ya un clásico); un sueñecito después de comer puede mejorar el estado de alerta, el rendimiento y la función cognitiva, así como reducir el riesgo de mortalidad.

Pero este equipo observó que, en comparación con no hacer siesta o dormir durante menos de 30 minutos, existe una mayor prevalencia de diabetes tipo 2 y un mayor índice de masa corporal y circunferencia de la cintura; en concreto, con cada aumento de 10 minutos diarios en su duración.

Hasta ahora, «los estudios previos (como éste) incluidos en este metanálisis no utilizaron medidas de siesta objetivas y, por lo tanto, el error era inevitable», explican los investigadores, liderados por el doctor Jordi Salas-Salvadó (@JordiSalasSalva). «La asociación entre la siesta y la adiposidad (grasa corporal) apenas se había investigado». Ésta es clave en el desarrollo de la diabetes tipo 2.

Los estudios previos habían mostrado que, curiosamente, dormir una siesta cortita es un factor que nos puede proteger de la obesidad. En el marco de la investigación Predimed-Plus, en que está también este estudio, descubrieron que dormir menos de 6 horas es un factor que favorece la obesidad. Un sueño alterado puede alterar paralelamente nuestra percepción del hambre y los asaltos a la nevera.

 

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Pero según aumentan los minutos de sesteo, la tendencia se invierte. «Hasta donde sabemos, ningún estudio ha examinado previamente las asociaciones entre el tiempo de siesta medido objetivamente y la diabetes tipo 2», explican en el paper.

Personas mayores y en riesgo

Conviene matizar algo importante: el estudio se ha realizado sobre gente en riesgo de padecer diabetes tipo 2. El ensayo clínico ha contado con 2.190 participantes de entre 55 y 75 años, que tenían sobrepeso y síndrome metabólico, un grupo de afecciones que aumenta el riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares y diabetes tipo 2. «La siesta fue evaluada de forma objetiva mediante la colocación de acelerómetros (un aparato que detecta la actividad física o sedentaria realizada a lo largo del día)», apunta Salas-Salvadó, investigador principal del CIBEROBN, según recoge la Agencia Sinc.

Se les pidió que lo usaran en su muñeca no dominante durante 8 días consecutivos, día y noche. La siesta durante el día se detectó como la ausencia de cambio en el ángulo del brazo mayor de 5 grados durante al menos 5 min.

Las mujeres más jóvenes eran las que mayoritariamente dormían siestas cortas –entre 5 y 30 minutos–, pero también eran las que fumaban menos. Otro dato curioso: la inmensa mayorías de las personas estudiadas se echa siestas de más de 30 minutos al día. De hecho, un participante alcanzó las 4 horas y media, lo cual ya dista de poderse llamar siesta. Las megasiestas tienden a darse mayoritariamente (62%) entre personas jubiladas.

El 38% de quienes llevaban sus siestas más allá de la hora y media desarrolló diabetes tipo 2, frente al 24% de afectados de siesta corta. Los datos se hilan más fino y se ajustan a tres modelos, teniendo en cuenta otras variables, como ser fumador, el índice de masa corporal o estar en tratamiento sedante.

¿Por qué una siesta larga se asocia a enfermedades?

La siesta saludable tiene que ver con el descanso, el sueño y su capacidad reparadora. La siesta poco saludable, con las hormonas.  Las posibles perturbaciones en el sistema inmunitario-endocrino podrían explicar la asociación antes mencionada. «El aumento de la actividad simpática al despertar de las siestas diurnas, especialmente las prolongadas, podría provocar la interrupción del equilibrio, la activación del sistema renina-angiotensina (que controla, entre otras cosas, la presión arterial) y la posterior disminución de la secreción de células beta pancreáticas y la desregulación de la glucosa», explican los autores. Dicho de manera vulgar: el azúcar se descompensa y las hormonas se revolucionan.

Se han observado aumentos de cortisol (conocida como hormona del estrés) después de una siesta de 90 minutos por la tarde en comparación con las más cortas. «Podemos especular que las elevaciones de cortisol después de la siesta pueden conducir a la acumulación de grasa en el área abdominal«, señala el equipo de Salas-Salvadó. A su vez, ese nivel de cortisol conduce a trastornos glucometabólicos, incluida la resistencia a la insulina y, finalmente, la diabetes tipo 2» concluyen los autores en su hipótesis.

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