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Las donaciones de órganos caen un 82% por la crisis del coronavirus
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Las donaciones de órganos caen un 82% por la crisis del coronavirus

Durante el estado de alarma, las donaciones de órganos han descendido un 82% y los trasplantes, un 85%. La crisis sanitaria impacta en este ámbito de la medicina en el que el buen funcionamiento de las UCIs y la ausencia de infecciones son aspectos vitales para dar una segunda vida a los pacientes en lista de espera

Ilustración: Carlos Palanca | Newtral

Once horas de carretera para hacer llegar un riñón de una punta a otra del país. Las enfermeras de guardia que trabajan en la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) han tenido que repensar la logística de transporte para que los pocos receptores que pueden ser trasplantados en estas circunstancias reciban un órgano donado.

Si hasta hace dos meses el riñón hubiese llegado a su destino en avión, ahora, la ausencia de vuelos regulares —en los que se transportan únicamente estos órganos— dificulta la labor del centro de coordinación de la ONT.

El tiempo de isquemia —el periodo desde que se extrae un órgano del cuerpo ya sin vida del donante hasta que se trasplanta en el receptor— es diferente en cada órgano. Los riñones son los que más aguantan: “Entre 16 y 24 horas, a diferencia del corazón o el pulmón, cuyos tiempos de isquemia son de entre cinco y seis horas, o del hígado, que aguanta cerca de ocho horas”, explica a Newtral.es Rocío Vega, una de las 14 enfermeras coordinadoras de la ONT.

El transporte de órganos por carretera se reserva, habitualmente, para trayectos cortos, de entre una y tres horas de duración: por ejemplo, de Toledo a Madrid o de Madrid a Salamanca. “¿Qué ha pasado con el estado de alarma? Que apenas hay vuelos”, dice Vega. “Por suerte, el tiempo de isquemia del riñón, al ser más amplio, nos permite más flexibilidad, así que hemos podido enviar algunos por carretera”.

Esto ha permitido que el Hospital de Marqués de Valdecilla (Cantabria) haya podido realizar tres trasplantes renales en apenas 24 horas: “Se está haciendo todo lo posible para que los órganos lleguen a tiempo”, cuenta en conversación con Newtral.es el nefrólogo de dicho hospital, Juan Carlos Ruiz, especialista en trasplante renal y pancreático.

Descenso en el número de donaciones y de trasplantes

La crisis del COVID-19 ha provocado un descenso significativo tanto en donaciones como en trasplantes. Según datos de la ONT, desde que se decretó el estado de alarma, las donaciones han descendido un 82% y los trasplantes, un 85% respecto al mismo periodo del año anterior.

“Solo en 2019 se realizaron 5.449 trasplantes”, apunta a Newtral.es Beatriz Domínguez-Gil, directora de la ONT, quien también señala que solo entre el 1 de enero y el 12 de marzo, “ya se habían realizado 1.170”. Sin embargo, entre el 13 de marzo y el 24 de abril (última evaluación hasta el momento), “se han realizado tan solo 88 trasplantes”, añade Domínguez-Gil.

La tasa por millón de habitantes, explica la directora de la ONT, “era de siete donantes y 16 trasplantes diarios”; ahora, en pleno estado de alarma, “es de un donante y dos trasplantes diarios”.

¿Por qué se ha producido el descenso?

La explicación a este descenso se debe a varias causas. Por un lado, no se donan órganos de ninguna persona fallecida que tuviese COVID-19 o de la que haya una mínima sospecha de tener el virus, aunque la muerte haya sido por otra causa. “Cribamos a los potenciales donantes. Se les realiza un prueba PCR y se descarta tanto si el resultado es positivo como si no es concluyente”, explica la directora de la ONT Beatriz Domínguez-Gil. 

Por otro lado, también hay que proteger a los receptores. Un trasplante —que en otras circunstancias es, sin duda, beneficioso para la vida del paciente— en el contexto de pandemia puede ser perjudicial: “Para realizarlo, hay que administrar inmunosupresores al receptor. Esto baja las defensas permitiendo que haya muchas menos posibilidades de que su sistema rechace el órgano, pero, a la vez, aumenta el riesgo de contraer infecciones, entre ellas el COVID-19”, explica el nefrólogo Juan Carlos Ruiz.

“Creemos, por los datos que vamos recopilando, que el COVID-19 puede ser especialmente agresivo en este grupo de pacientes”, añade Domínguez-Gil. Por eso, también se les realiza una prueba PCR a los receptores: “Solo se han realizado trasplantes en pacientes que sabíamos con total seguridad que no tenían el virus. Aunque estuviesen asintomáticos, un trasplante, si tienen COVID-19, puede ser causa de fallecimiento”, explica Ruiz.

A esto se suma una cuestión más: el colapso de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs): “Tanto la donación como el periodo posterior al trasplante acontecen en las UCIs. Por lo que la imposibilidad de tener un circuito libre del virus hace que desarrollar estas intervenciones sea muy complejo sin poner en riesgo la vida del receptor”, analiza Beatriz Domínguez-Gil.

A la espera de un corazón

En la UCI del Gregorio Marañón está ingresado Ignacio desde hace dos meses, a la espera de un corazón. Tiene 17 años y en septiembre de 2019 le diagnosticaron “la enfermedad crónica por Epstein Barr”, explica su padre, José López, a Newtral.es. “La única solución fue realizarle un trasplante de médula en febrero, que salió bien. Pero poco después, una complicación con un fármaco que debían administrarle le inutilizó el corazón. Ahora está conectado a unas máquinas que suplen la función cardiaca”, relata su padre.

José aclara que no pide un corazón para su hijo: “Lo único que podemos hacer es esperar y desear que llegue pronto. El sistema de la ONT es impecable y el trabajo de los médicos del Gregorio Marañón, también”. 

«Aunque se hayan realizado pocos trasplantes, no hemos visto un aumento de la mortalidad en la lista de espera», apunta la directora de la ONT

Ignacio está en lista de espera como paciente de “urgencia 0”, es decir, prioritario según los criterios de la ONT al ser “pacientes cuyas expectativas de supervivencia son cortas y que, por lo tanto, no pueden esperar a que se supere esta crisis”, apunta la enfermera coordinadora de donaciones y trasplantes Rocío Vega. 

“Aunque se hayan realizado pocos trasplantes, los que se han efectuado, en gran medida, han sido en pacientes de urgencia 0. Por eso, de momento, no hemos visto un aumento de la mortalidad en la lista de espera. Probablemente porque hemos enfocado nuestros esfuerzos en esos pacientes que se encontraban en una situación más crítica y comprometida”, reconoce la directora de la ONT.

Volver a la normalidad

Los padres de Ignacio, José y Consuelo, han vivido desde dentro la crisis del coronavirus: “Al principio estábamos 24 horas con él. Después, por protocolo, las visitas se redujeron muchísimo”, cuenta el progenitor. Solo tiene palabras de agradecimiento para el personal sanitario que cuida de su hijo, pero reconoce que esto “ha hecho más difícil la situación”: “Hubo semanas en las que le visitábamos cada día, pero solo cinco minutos. Sabes que está asustado y es bastante doloroso no poder estar con él a cada rato. Ahora, por suerte, ya podemos verle por la mañana y por la tarde”, añade José.

“A la angustia que tenemos todos se añade, en estos pacientes y sus familias, la angustia de pensar: ‘Cuándo llegará mi trasplante’”, reconoce la directora de la ONT. Pero recuerda que esta organización pública está tratando de centrar sus esfuerzos en “resolver los casos de quienes no pueden posponer la intervención”

Dice la enfermera Rocío Vega que ahora reciben “muchas menos llamadas de lo habitual”. Ella y sus 13 compañeras, que se encargan de trabajar a contrarreloj para que todos los órganos lleguen a tiempo y que haya una distribución territorial equitativa de los mismos, esperan que la “nueva normalidad” llegue pronto aquí.

“2019 fue un año histórico en cuanto a donaciones y trasplantes”, celebra la directora de la ONT: “Y 2020 iba por el mismo camino. Los pacientes tienen que saber que, en cuanto sea seguro, volveremos a nuestra actividad como era antes del estado de alarma”.

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