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Las almejas guardan la memoria de las estrellas
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Las almejas guardan la memoria de las estrellas

Perlas de meteorito encontradas dentro de almejas | M. Meyer

Si alguien pasea por las canteras del condado de Sarasota (EE.UU.) se encontrará con un paisaje árido de color lechoso, sólo interrumpido –con suerte– por nada menos que «perlas». Perlas, no de ostra, sino de almeja. En concreto, almejas del Pleistoceno. Lo mejor de todo es que no las han generado los propios moluscos, sino que todo apunta a que son restos extraterrestres.

Lejos de ser una manifestación alienígena, se trata de microtectitas, estructuras que se forman a partir de material procedente de meteoritos. Las perlas encontradas dentro de las almejas fósiles son una especie de tarjeta de visita de rocas del espacio, según un estudio del Museo de Historia Natural de Florida, publicado en Meteoritics and Planetary Science.

El equipo, que revisó el contenido de las almejas fósiles de una vieja cantera de Sarasota, encontró docenas de pequeñas cuentas de vidrio. Al analizarlas, vieron que eran desechos fundidos en la atmósfera. El material se enfría y recristaliza antes de volver a caer a la Tierra o al mar. Algo particularmente interesante, porque los restos de meteoritos cuentan muchas cosas sobre el origen de nuestro sistema solar o galaxia.

Unas perlas guardadas en una caja

La historia de estas perlas se remonta a 2006. Mike Meyer era un estudiante de la Universidad del Sur de la Florida cuando descubrió las microtectitas durante un trabajo de campo de verano. Como parte del proyecto, los estudiantes se dedicaban a recoger sistemáticamente fósiles de los muros de la cantera, llenos de conchas de los últimos millones de años de la historia geológica de Florida.

Perla extraterrestre al microscopio | M. Meyer

Sacaron almejas fósiles abiertas, lavando el sedimento atrapado en el interior con tamices muy finos. Meyer estaba buscando otros objetos pequeños cuando notó las bolas de vidrio translúcidas, del tamaño de pequeños granos de sal. «Destacaban bastante dentro de la almeja», dice ahora Meyer, profesor en la Universidad de Harrisburg (EE.UU.).

Aquellas esferas vítreas terminaron en una caja, no por desinterés, sino por falta del tiempo. Meyer contactó por correo electrónico con varios expertos hace 13 años. Pero nadie le daba una respuesta clarificadora. «No fue hasta hace un par de años que tuve algo de tiempo libre», explica. Así que empezó «casi de cero».

Meyer analizó la composición elemental y las características físicas de las esferas mediante rayos X (EDS) y las comparó con microtectitas de roca volcánica y subproductos de procesos industriales, como la ceniza de carbón o clínker, que abunda en el lecho mediterráneo. Sus hallazgos apuntaban a un origen extraterrestre. «Me asombró».

Las almejas, las mejores cápsulas del tiempo

Meyer piensa que las microtectitas son el producto de uno o más impactos de meteoritos previamente desconocidos cerca de la plataforma de la Florida, la meseta que sostiene la península. Las esferas tienen rastros de metales exóticos. La mayoría de ellos habían quedado sellados dentro del fósil de Mercenaria campechiensis, un tipo de almeja conocida como quahog sureño (sí, Quahog es el nombre de la ficticia ciudad de Padre de familia cuyo bar es La Almeja borracha. No es casual).

A medida que las almejas mueren, los sedimentos finos y otras partículas se lavan en el interior de la concha. A medida que más sedimentos se depositan sobre los moluscos, se cierran, convirtiéndose en excelentes cajas de almacenamiento a largo plazo o cápsulas del tiempo.

«Dentro de almejas como estas podemos encontrar cangrejos enteros o esqueletos de peces», explica Roger Portell, director de colecciones de paleontología de invertebrados en el Museo de Historia Natural de Florida. «Es una buena manera de preservar especímenes».

Durante el trabajo de campo de 2006, los estudiantes recuperaron microtectitas de cuatro profundidades diferentes en la cantera, algo «un poco raro», señala Meyer, ya que «cada capa representa un período de tiempo distinto; podría ser que partan de un solo lecho de tectitas que se lavó durante milenios o podría ser la prueba de numerosos impactos en la plataforma de la Florida que simplemente no conocemos», explica.

Meteoritos de hace 2 o 3 millones de años

Una rareza es que contienen altas cantidades de sodio, una característica que los diferencia de otros desechos propios de impactos. La sal es altamente volátil y generalmente se evapora si es empujada a la atmósfera a alta velocidad. «Este alto contenido de sodio es intrigante porque sugiere una ubicación muy cercana para el impacto», aclara Meyer. La hipótesis es que el impacto que lo puso ahí debió de ocurri cerca de una gran reserva de roca o, directamente, en el océano.

El impacto, por tanto, puede datar de hace 2 a 3 millones de años. Meyer y Portell sospechan que hay muchas más microtectitas y han pedido a los coleccionistas de fósiles aficionados que estén alerta ante pequeñas esferas. Eso sí, no vendrán nuevos ejemplares de la cantera original. Ahora es un complejo de viviendas. «Así son las cosas en Florida», conluye irónicamente Meyer.

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