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La última Fiesta Nacional de Franco en el Valle de los Caídos
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La última Fiesta Nacional de Franco en el Valle de los Caídos

Era el último 12 de octubre de Franco en el Valle de los Caídos. Decenas de nostálgicos no quisieron perder la oportunidad de asistir a una misa de despedida en la Basílica, aún con la Guardia Civil impidiendo el paso | Foto: Acceso al Valle de los Caídos / A.G.

Decenas de personas congregadas frente al Valle de los Caídos el 12 de octubre de 2019 | Foto: A.G.

Pasan unos minutos de las 11 de la mañana el 12 de octubre en el Valle de los Caídos. No hay símbolos franquistas, nadie canta el Cara el Sol ni hay pancartas, como sucedió la tarde anterior. Las banderas solo se asoman en las muñecas, cuellos y mangas de algunos polos y la más grande es una Cruz de Borgoña que cuelga de la espalda de un chico. Gritos desordenados exigen poder entrar en Cuelgamuros. Ya se sabía que el recinto estaría cerrado, lo había anunciado el día anterior la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo. Un cerrojazo por logística y seguridad que se extenderá hasta el día de la exhumación de los restos de Francisco Franco, en una fecha indeterminada antes del 25 de octubre.

“Yo solo vengo a misa porque es la fiesta de la Virgen del Pilar, que es nuestra patrona y la de estos señores que, por cierto, no nos dejan entrar”, dice una mujer que no quiere revelar su nombre. Y señala a los guardias civiles apostados al otro lado de la valla, escoltados a su vez por al menos ocho coches oficiales. “¿No venía a intentar despedirse de Franco?” “Bueno, claro, eso también, pero lo importante era rezar por la Virgen y por su alma”. El alma del dictador y la de otras 33.872 personas más, sepultadas bajo una cruz de 150 metros desde el 23 de noviembre de 1975.

Los horarios de misa en la Basílica de la Santa Cruz abrían una posibilidad para entrar. (A.G.)

Solo el cuerpo del dictador será exhumado del recinto antes del 25 de octubre y de que empiece la campaña electoral del 10-N, como se había propuesto el Gobierno en funciones. “Supone cerrar con dignidad lo que no era digno”, había dicho Calvo.

El reclamo de los congregados en el Valle el sábado, de alguna forma, estaba pactado: “¡Queremos ir a misa!”. Pero entre píos vivas a la Virgen, se urdían planes para poder colarse en los coches que tenían autorizada la entrada porque habían reservado previamente en la Hostería y el restaurante, fuente de ingresos de los 23 monjes benedictinos junto con las donaciones y las subvenciones. La Hostería sí estaba abierta y con el cartel de “lleno” colgado porque desde el viernes se alojan allí comunidades neocatecumenales. “Si hubieran querido pasarnos, nos habríamos metido ya todos en los coches de cuatro en cuatro”, comenta un treintañero al otro lado de la valla. Más tarde llegaría el intento viral de entrar en la Basílica que frenaron los agentes de la Guardia Civil.

Entre las decenas de personas que acudieron el último Día de la Fiesta Nacional en el que el cuerpo de Franco reposó en el Valle de los Caídos, había al menos un tercio de nacidos en plena Democracia. Además, algunas caras conocidas, como la de la televisiva franquista Pilar Gutiérrez, que repartió estampitas fotocopiadas con la cara del dictador y una oración a Franco de su puño y letra en la que pide a Dios “piedad de esta España que ha ofendido tanto”. Un hombre con uniforme de legionario toma la voz cantante con el megáfono y empieza a corear: “¡El honor ni se divisa!”, “Viva Franco y viva la Legión”… 

Entre las decenas de personas que acudieron el último Día de la Fiesta Nacional en el que el cuerpo de Franco reposó en el Valle de los Caídos, había al menos un tercio de nacidos en plena Democracia

Por supuesto, hay espacio para hablar de política, condenar la “decisión injusta de Pedro Sánchez”, criticar a la Justicia y faltar de paso a Mariano Rajoy “por pactar (sic) con ellos, eso es de ser un traidor”. Tampoco hay palabras amables para el partido de Santiago Abascal, que “fue a divertirse al ‘Hormiguero’” mientras España2000, las falanges, Hogar Social, Alianza Nacional, ADÑ, Alternativa Español, entre otras organizaciones, se manifestaban frente a la sede socialista en Ferraz el jueves pasado.

Mientras tanto, se comenta en primera fila a pie de Valle que ya hay un abogado poniendo una denuncia ante la Guardia Civil porque los mismos agentes le han impedido ir a misa. Ante los gritos, un uniformado se acerca a la puerta para invitar a los congregados a sumarse a la misma denuncia para evitar tener que tramitar “otras treinta más”. Esta medida, por cierto, ya se había sugerido desde la cuenta de Twitter del movimiento “El Valle no se toca”, con algunos integrantes allí presentes.

“Nosotros ya nos vamos, que vemos que no ha pasado nada. Veníamos por lo del momento histórico, pero ahora casi ya nos vamos a tomar el aperitivo”, comenta Nuria, que ha pasado en coche con dos amigos. Lo cierto es que la entrada está copada de vehículos y la Policía Local ya se ha instalado en una mediana cercana al acceso. Y cogemos el coche, pero no para el vermú, sino para recorrer los 60 kilómetros que hay hasta llegar al cementerio de El Pardo-Mingorrubio, donde será inhumado el dictador. 

De camino, en la radio escuchamos que en el Desfile de las Fuerzas Armadas, el Rey ha recibido aplausos, Pedro Sánchez, abucheos, y que la anécdota principal es que se ha enganchado un paracaidista con una farola, pero que ha salido ileso. Al pasar por el cuartel de la Guardia Real en El Pardo, un agente se baja de un coche y saca la gorra y la chaqueta del uniforme del maletero tras el desfile, pero no hay mayor signo de ambiente festivo por el 12 de octubre en el municipio en el que la familia Franco fijó su residencia oficial. Tampoco hay movimiento en el pequeño cementerio de El Pardo-Mingorrubio, más allá de las dos familias que visitan a sus seres queridos.

Panteón de la familia Franco en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio. (A.G.)

Porque la Policía Nacional custodia el acceso al camposanto, pregunta la razón de la visita y vigila. La seguridad queda reforzada dentro con un coche que patrulla frente al panteón de la familia Franco, justo en la entrada. Precisamente, la seguridad era el principal freno que ponían los familiares al traslado del cuerpo del dictador a la lápida que tiene reservada junto a la de su mujer en la cripta del panteón.

Cualquier medida es poca con tal de evitar que ese cementerio tranquilo que concentra más apellidos del franquismo que el callejero de Madrid se convierta en un centro de peregrinación de curiosos y nostálgicos. También el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, que vagó durante nueve años hasta acabar en el cementerio de El Pardo, tiene derecho a esperar en paz la llegada de Franco.

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