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Atenas, el lugar en el que renacieron los Juegos Olímpicos
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Atenas, el lugar en el que renacieron los Juegos Olímpicos

Los Juegos Olímpicos modernos aportaron una nueva forma de entender el deporte gracias a visionarios como Pierre de Coubertin.

29 de agosto de 2004. Tras 16 días de competición, los Juegos Olímpicos llegan a su fin en la capital del país que los vio nacer en la Antigüedad. Atenas fue también la ciudad donde se inauguraron los Juegos Olímpicos modernos en 1896. Grecia intentó hacerse con los Juegos del centenario, pero este honor recayó en Atlanta. Con los Juegos de 2004, Atenas rindió homenaje a la Grecia clásica, pero también a todo un siglo en el que el deporte adquirió una serie de valores con los que lo identificamos hoy en día.

A finales del siglo XIX, un noble francés llamado Pierre de Coubertin comenzó a interesarse en la forma en que los valores del deporte como el esfuerzo, la superación o el compañerismo podían aplicarse a la educación. El historiador y pedagogo empezaría, además, a concebir una competición entre deportistas de todo el mundo como símbolo de la hermandad entre naciones, donde los atletas fueran “embajadores de la paz”.

Durante la Exposición Universal de París de 1889 comenzó a crear una red de políticos, educadores y aristócratas que le apoyarían en su sueño de revivir los Juegos. 5 años más tarde nació el Comité Olímpico Internacional y, con él, el concepto de ‘Olimpismo’, una filosofía de vida que supone “combinar de manera equilibrada las cualidades del cuerpo, la voluntad y la mente.”

Los juegos modernos deben su nombre a los que se celebraban cada cuatro años en la ciudad de Olimpia. Comenzaron celebrándose el 776 a.C. y continuaron hasta el 393 d.C., cuando el emperador Teodosio prohibió las celebraciones paganas. Participaban atletas de diferentes ciudades-Estado griegas, lo que constituía una oportunidad para el entendimiento, ya que se realizaban treguas especiales para que los atletas pudieran viajar y participar con seguridad.

Esa misma idea regiría los juegos modernos. La unión de los 5 continentes se expresó gráficamente en 1913 con el símbolo del Olimpismo, los cinco anillos entrelazados. Coubertin sentía que el deporte se estaba mercantilizando y sentía que había que “purificarlo” de nuevo.

Sin embargo, este espíritu de universalidad no era para todos. Coubertin no se mostraba a favor de que las mujeres formasen parte de los Juegos. Las mujeres acabarían por participar igualmente, aunque de manera progresiva. La primera vez que todos los países incluyeron a mujeres en sus delegaciones fue en los juegos de Londres 2012.

Los primeros juegos y el origen de los maratones

El griego Dimitrios Vikelas, primer presidente del COI, sugirió Atenas como ciudad para restablecer los juegos. Los problemas económicos y políticos que atravesaba Grecia no pondrían las cosas fáciles, pero los ciudadanos estaban entusiasmados. Para conseguir el dinero necesario se emitió una edición especial de sellos postales cuya recaudación iría destinada a la organización. Además, George Averoff, un hombre de negocios griego, donó el dinero necesario para restaurar el estadio Panathinaiko.

El estadio original databa del siglo IV a.C. El nuevo se construiría enteramente de mármol a raíz de los restos del antiguo. El 6 de abril de 1896, el rey Jorge I de Grecia inauguró en él los primeros Juegos Olímpicos modernos. Spyridon Samaras compuso un himno para la ocasión con la letra del poeta Kostis Palamas. El COI lo convertiría en el himno olímpico oficial a partir de los juegos de Roma 1960; la antorcha olímpica no se incorporó a la ceremonia hasta 1928.

Durante diez días, 241 atletas procedentes de 14 países disputarían un total de 43 pruebas. Entre los diez deportes seleccionados estaban el atletismo, la esgrima, el ciclismo, la natación, la gimnasia artística o el tenis. Las medallas mostraban a Zeus en el anverso y la Acrópolis de Atenas en el lado contrario.

Durante estos juegos se celebró por primera vez una maratón, en homenaje a la distancia que -según relató Heródoto- habría recorrido el ateniense Filípides para informar de la victoria griega sobre las tropas del rey persa Darío I. Al llegar a Atenas corriendo desde Maratón, moriría agotado. El atleta griego Spiridon Louis completó esta primera prueba de maratón en dos horas, 58 minutos y 50 segundos ante 100.000 espectadores.

Pasarían 88 años hasta que se permitiese a las mujeres correr una maratón en una Olimpiada. La suiza Gaby Andersen, pese a no ganar, se llevó la mayor ovación de la carrera y protagonizó uno de los momentos más emotivos de los juegos de Los Angeles 84. Estaba sobrepasada por el esfuerzo y llegó la última, pero no quería abandonar. Tenía 39 años e iba a ser su única oportunidad de correr en una olimpiada.

La prohibición a las mujeres venía fundamentada por la falsa creencia de que realizar un esfuerzo tan grande podría afectar a sus aparatos reproductores. Andersen representó a la perfección el espíritu olímpico que desarrolló Coubertin, demostrando que éste estaba equivocado sobre las mujeres en el ámbito deportivo.

El legado de Coubertin

El rey Jorge I tenía la voluntad de celebrar los siguientes juegos también en Atenas, pero esto contradecía la idea de Coubertin, que veía en la rotación internacional uno de los pilares de los juegos. Los siguientes tendrían lugar en su tierra natal, en París, en el año 1900.

España no participó hasta los juegos de Amberes 1920. Desde entonces solo faltó a la cita en los juegos de Berlín 1936, a causa de la Guerra Civil. Esta edición tuvo una importancia histórica debido al uso instrumental que el Tercer Reich hizo de los juegos, utilizándolos de manera propagandística para ensalzar la figura de Hitler y de la raza aria, pero que pasarían a la historia por las cuatro medallas de oro conseguidas por el atleta negro Jesse Owens.

En 1924 comenzarían a celebrarse los juegos de invierno; en 1960 los paralímpicos, continuando la idea originaria de Coubertin y utilizando el deporte, en este caso, como un medio para la curación. Desde 2010 se celebran, además, los Juegos Olímpicos de la Juventud, en los que participan atletas de entre 14 y 18 años de edad.

Desde los juegos de Atenas 1896, la competición se ha celebrado cada cuatro años a excepción de las ediciones que deberían haberse desarrollado en el marco de las dos guerras mundiales. Coubertin se convertiría en presidente del COI hasta 1925. El Comité le puso su nombre a una medalla de oro que entrega de manera excepcional desde 1964 a aquellos deportistas que mejor ensalzan el espíritu olímpico.

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