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Italia camina hacia la normalidad con la mirada inquieta en el ocio nocturno
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Italia camina hacia la normalidad con la mirada inquieta en el ocio nocturno

El país mediterráneo recupera la vida social y productiva, pero las aglomeraciones festivas preocupan a las autoridades, que no descartan estirar la desescalada

Matteo Bazzi (EFE/EPA)

Italia, el primer país del mundo en declarar el confinamiento en todo su territorio, avanzó el 18 de mayo a una etapa decisiva de su desescalada, con la reactivación casi total de los comercios y el levantamiento de la mayoría de las restricciones de movimiento. Casi tres meses después de detectarse el paciente 1 en el pueblo lombardo de Codogno, diez semanas de bloqueo y un cuarto de millón de contagios acumulados, la nación mediterránea daba un paso adelante, volvía a la vida y se acercaba un poco más a la nueva normalidad de las mascarillas y distancias sociales.

“Serán meses muy duros y complejos, no debemos ignorarlo”, advirtió, no obstante, el primer ministro, Giuseppe Conte, al considerar la reapertura como una “primera marcha” hacia una “cotidianidad literalmente cambiada”. Lo expresó en una carta abierta en el diario Leggo, la publicación distribuida gratuitamente en el transporte público italiano, un medio que volvieron a usar millones de trabajadores tras aguantar un prolongado parón. “Ha llegado el momento de reiniciar el motor económico después de superar la fase más aguda. Pero el desafío no es menos insidioso que al comienzo. Aún no es el momento de las fiestas y de la vida nocturna. Ahora más que nunca es necesario respetar las reglas de prevención. Paso a paso, con prudencia y atención para evitar retrocesos, Italia volverá a correr”, sentenció en su mensaje público.

¿Cuándo se detectó el primer caso?

El coronavirus eclosionó en Italia el 31 de enero, cuando dos turistas dieron positivo en el hospital Spallanzani de Roma tras encontrarse en China la semana anterior. Unos días después, un hombre repatriado de Wuhan computó como tercera persona diagnosticada con COVID-19 en territorio italiano. El 21 de febrero, las autoridades sanitarias detectaron un brote de 16 infectados en la región de Lombardía, que se reprodujo al día siguiente con 60 casos adicionales. Esa misma jornada, Italia confirmó su primer fallecimiento por la nueva enfermedad. La nación mediterránea inauguró el mes de marzo como el Estado con la epidemia más extendida de la Unión Europea (UE).

Tras varios meses de restricciones y cuarentenas, el número diario de nuevas infecciones ha decrecido significativamente y la curva de propagación se ha aplanado. En su último balance oficial, Protección Civil registró 397 diagnósticos en un día. A 26 de mayo, los contagios acumulados ascienden a 230.555, de los cuales 52.942 aún manifiestan síntomas. La cifra de decesos aumentó en 78, uno de las menores repuntes desde principios de marzo, y se sitúa en 32.955 en total. Con una población de más de 60 millones de habitantes, Italia es el sexto país del mundo en casos confirmados –el segundo de la Unión después de España–, y cuenta con 382 positivos por cada cien mil personas.

Lombardía se encuentra a la cabeza de los focos de contagio más damnificados, aunque con cifras mucho más contenidas que hace un mes. Según su informe más reciente, ha contabilizado 22 defunciones en 24 horas, una caída respecto a las 34 del día anterior, después de que el pasado domingo no detectase ninguna muerte. Con un total de 87.417 diagnósticos (el 37,9% del país), la región norteña es el epicentro del brote en Italia, seguida del Piamonte, que suma 30.314 (13,1%), y Emilia-Romagna, con 27.611 (12,0%).

¿Qué medidas se han adoptado?

Italia comenzó su plan de contención con medidas a nivel regional. A principios de marzo, el Gobierno de Conte había dividido el país en cuatro áreas según el riesgo de contagio. En la denominada “zona roja”, que incluía los once municipios lombardos y vénetos más castigados por el brote, las autoridades confinaron por completo a la población con un bloqueo de entrada y salida, suspendieron todos los eventos y clausuraron los lugares de culto, los comercios no esenciales, las oficinas y los colegios.

Asimismo, en la “zona naranja”, que abarcaba las regiones de Lombardía, Emilia-Romaña y Véneto, además de las provincias de Savona y Pesaro-Urbino, solo se autorizaba celebrar competiciones deportivas a puerta cerrada y se ordenó el cierre de escuelas, cines y discotecas. Los museos, las iglesias, las estaciones de esquí y los restaurantes estaban autorizados a abrir, pero con aforo limitado y distancia interpersonal de un metro.

En la “zona amarilla”, los mercados y centros comerciales de las provincias de Bérgamo, Lodi, Piacenza y Cremona solo podían operar de lunes a viernes, a excepción de farmacias, parafarmacias y otros puntos de venta alimenticia. Y en el resto de Italia, la educación se adaptó al modelo a distancia, los edificios de la Administración pública habilitaron dispensadores de gel desinfectante y el Gobierno recomendó el teletrabajo.

En la noche del 7 al 8 de marzo, el Ejecutivo de Conte declaró el aislamiento de Lombardía y de otras 14 provincias del norte, orden que amplió 24 horas después a la totalidad del país, cuando también echó el candado a sus fronteras. Para el miércoles 11, todos los negocios no esenciales de Italia tenían la prohibición de abrir. Conte paralizó la producción diez días después.

Respecto a las medidas económicas, Italia firmó a mediados de marzo un decreto que facultó la movilización de 350.000 millones de euros –casi el 20% de su PIB– en recursos de ayuda. De este modo, el Gobierno de Conte impidió a las empresas ejecutar despidos durante dos meses y suspendió el pago de todos los impuestos, incluidas las contribuciones a la Seguridad Social, hasta finales de mayo. Igualmente, el Gobierno concedió moratorias de hasta 18 meses en el pago de las hipotecas a personas desempleadas, facilitó el acceso a las compañías a líneas de crédito y emitió ayudas por valor de 25.000 millones de euros destinadas a familias, negocios y hospitales. Los autónomos recibieron además un bono de 600 euros en marzo y abril, que aumentaba a 700 para quienes trabajaran durante el confinamiento y cuya renta fuera inferior a 40.000 euros anuales.

Los restaurantes volvieron a abrir al público el 18 de mayo. | Matteo Corner (EFE/EPA)

Italia se encuentra actualmente en pleno proceso de desescalada y ya consiente la apertura de la mayor parte de los negocios del país, aunque con protocolos de seguridad que incluyen el uso de mascarilla y el cumplimiento de la distancia social de un metro. El Gobierno de Conte comenzó a aliviar las restricciones el 4 de mayo, cuando 4,5 millones de personas de los sectores de la construcción y de las manufacturas volvieron a sus puestos físicos de trabajo. Las bibliotecas, museos y comercios minoristas reanudaron su actividad el día 18 –con aforo limitado y la obligación de disponer de solución desinfectante–, así como los restaurantes, hoteles y peluquerías, que originalmente tenían previsto abrir el 1 de junio. También se autorizó ir a la playa sin justificante, celebrar actos religiosos en todas las confesiones y desplazarse dentro de los límites de cada región, excepto en áreas específicas con mayor riesgo de contagio. Una semana después, el lunes 25, reabrieron gimnasios y piscinas. El turno de los cines, teatros y campamentos de verano para niños llegará el día 15 del mes que viene.

Los italianos no podrán circular libremente por todo el territorio nacional hasta el 3 de junio, cuando también tendrán permiso para viajar al extranjero –bajo las condiciones fronterizas de cada Estado–. Esa misma jornada se abrirán igualmente las fronteras externas para propiciar la llegada de turistas de la Unión Europea, sin la exigencia de completar dos semanas de cuarentena. Según el ministro de Exteriores, Luigi Di Maio, las empresas “necesitan oxígeno” y, por ello, el Ejecutivo trabaja para “reactivar” el flujo de movimiento con otros países y salvar la temporada estival. En Italia, el sector turístico constituye una importancia capital en la economía y representa el 13% del PIB nacional. 

La aplicación del calendario de desconfinamiento depende en última instancia de las autoridades regionales, que deberán analizar los datos epidemiológicos de sus respectivas jurisdicciones e incluso valorar la posibilidad de volver a decretar cierres. Lacio, por ejemplo, decidió posponer el estreno de los centros deportivos al 29 de mayo, Emilia-Romagna no accedió a que sus habitantes fueran a la playa hasta el jueves 23 y en Lombardía, Piamonte y Campania no se abrieron los bares hasta el día 25. El Gobierno también se reserva el derecho de intervenir si lo juzga necesario.

¿Cuál es la situación actual?

El comercio italiano se ha visto duramente golpeado por la contingencia sanitaria. Según la patronal Confcommercio, las empresas del sector solo recuperarán el 30% de la facturación interanual de marzo y abril, un porcentaje que apenas alcanzará el 50% al término de 2020. El sindicato empresarial también estima que las medidas de contención han hundido el consumo un 30,1% y un 47,6 % en el tercer y cuarto mes del año, respectivamente, si se comparan con los mismos periodos de 2019. El Banco de Italia, por su parte, calcula que durante los dos meses de bloqueo nacional el país perdía cada semana cerca de 9.000 millones de euros de su PIB.

La reanudación progresiva de la actividad busca evitar que el impacto de la COVID-19 sea mayor del pronosticado. Según el Instituto Nacional de Estadística, Italia ha entrado en recesión técnica en el primer trimestre después de sufrir un descenso del 4,7% del PIB. En la misma línea, Conte ha revisado las proyecciones de 2020 y estima que la economía se contraerá un 8% para el conjunto del año, frente al incremento del 0,6% previsto antes de la pandemia. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en cambio, vaticina una caída del 9,1%.

El primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, el 21 de mayo. | Fabio Frustaci (EFE/EPA)

En Italia, la curva de transmisión mantiene una forma descendente y no se han registrado rebrotes desde el levantamiento gradual de las restricciones. El presidente del Instituto Superior de Sanidad (ISS), Silvio Brusaferro, ha valorado positivamente los resultados de la desescalada, si bien ha advertido que “el virus sigue circulando, por lo que no se tiene que bajar la guardia”. “No podemos descartar un aumento en los casos en las próximas semanas, pero podemos caminar con confianza. Tenemos un sistema capaz de interceptar repuntes”, sostuvo en su rueda de prensa del 22 de mayo, antes de comunicar que ningún municipio presenta sobrecarga en sus servicios hospitalarios y de unidades de cuidados intensivos. El país mediterráneo ha iniciado también un programa de pruebas serológicas con el objetivo de realizar un mapa del avance del patógeno en territorio nacional.

El comportamiento de la curva epidemiológica contrasta, sin embargo, con la preocupación que distintas autoridades locales han manifestado por las aglomeraciones festivas producidas en el primer fin de semana de desconfinamiento casi total. Italia empieza a recuperar la vida interrumpida hace dos meses, aunque no siempre respetando las normas de higiene, y en los últimos días han proliferado imágenes de botellones en las principales ciudades italianas. El viceministro de Interior, Matteo Mauri, avisó este lunes 24 que el país aún se encuentra en “una fase muy peligrosa”, pues aunque los contagios hayan descendido significativamente, se corre “el riesgo de retroceder si los ciudadanos no respetan los protocolos de seguridad”.

En este sentido, alcaldes y presidentes regionales han pedido responsabilidad a sus habitantes y alertan de la posibilidad de que el virus rebrote. En Perugia, el Ayuntamiento ha prohibido la apertura en horario nocturno de todos los comercios de su centro histórico, una decisión que el Consistorio de Rimini amaga con imitar si se vuelven a producir estas escenas. “El virus se combate en el hospital, pero sobre todo fuera”, insistió a su vez el presidente de Véneto, Luca Zaia. Por todo ello, el Gobierno ha anunciado que este lunes 25 de mayo comenzará a reclutar a 60.000 voluntarios para asegurar el buen cumplimiento de las precauciones sanitarias. “Si hoy podemos constatar que lo peor ha quedado a nuestra espalda, se lo debemos a nuestros ciudadanos. Pero ahora más que nunca sigue siendo fundamental el respeto de la distancia de seguridad y de la mascarilla. No es aún tiempo de fiestas, movidas y reuniones. Hay que prestar atención, porque exponerse uno mismo también significa exponer a nuestros seres queridos”, subrayó el primer ministro.

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