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Israel y el bloqueo de nunca acabar
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Israel y el bloqueo de nunca acabar

La población con derecho a voto acudirá este lunes 2 de marzo a sus terceras elecciones parlamentarias en menos de un año

Foto | Abir Sultan (EFE/EPA)

Tres elecciones en once meses. El lunes 2 de marzo, de nuevo, el electorado israelí acudirá a las urnas para intentar salir de un impasse que, aunque cuenta con nuevas variables, amenaza con seguir irresuelto un ciclo más. Los reiterados intentos infructuosos de configurar la Knéset comienzan a hacer mella en los partidos políticos y en sus votantes.

Si casi un tercio de los inscritos decidió no votar en unas segundas elecciones que se percibían evitables, las terceras en menos de un año se presentan más como una piedra en el zapato que como una opción real de desbloquear la situación política de Israel. Los principales candidatos tampoco parecen contar esta vez con los apoyos necesarios para formar un Ejecutivo de coalición.

Lo más importante

El primer ministro en funciones, Benjamin Netanyahu, que también preside el partido derechista Likud, rivaliza con el líder de la coalición centrista Azul y Blanco, Beny Gantz, en el déjà vu electoral israelí. Igualadas en la Knéset –con 32 y 33 escaños, respectivamente–, las formaciones políticas que dirigen ocupan entre las dos más de la mitad de los 120 asientos del hemiciclo, pero con cifras insuficientes para crear mayorías parlamentarias. Hoy más que nunca, se enfrentan en unas elecciones con la presión de verse abocados a firmar juntos una alianza de Gobierno para evitar una nueva convocatoria y desbloquear la crisis institucional.

No se trata de una nueva tendencia política en Israel, sino de un bloqueo circunstancial provocado por la situación judicial de Netanyahu, que en dos semanas se sentará frente a un juez, acusado de fraude, cohecho y abuso de confianza. El primer ministro en funciones no consigue formar Gobierno porque carezca de aliados ideológicos en el Parlamento, sino porque su figura se lo impide.

El partido ultraderechista y anticlerical Israel Nuestro Hogar (8 escaños), socio de Netanyahu durante años y que lidera el que fue su ministro de Defensa entre 2016 y 2018, Avigdor Lieberman, rechaza sumarse a un Ejecutivo liderado por un acusado. Así, al actual jefe de Gobierno solo le restan como socios la derecha radical Yamina (7 diputados) y los partidos judíos ultraortodoxos Shas (9 asientos) y Judaísmo Unido de la Torá (7 escaños). Sin el apoyo de Lieberman, Netanyahu solo cuenta con el aval de 55 diputados, a 6 votos favorables de la mayoría que le mantendría en el Ejecutivo.

Gantz, por su parte, suma socios por oposición al primer ministro. Pero el bloque de centroizquierda que conforma con Laborista-Guesher (6 escaños) y con Unión Democrática (5 asientos) apenas supera los 44 diputados. Para formar Gobierno también necesita al partido del exministro de Defensa, así como el apoyo de la alianza árabe Lista Conjunta (13 escaños). Una ecuación, a priori, imposible.

La promesa de Gantz de implementar el plan de paz de EE.UU., medida que anunció para atraer el voto de la derecha, le sustrae, en cambio, el apoyo de la población árabe de Israel. La solución de Washington al conflicto israelí-palestino, que da vía libre a la anexión de parte de Cisjordania, cuenta con el veto de Lista Conjunta, formación que recomendó a Gantz como primer ministro en las elecciones de septiembre, pero que se ha ido distanciando de él desde la presentación del plan.

¿Cuál es el contexto?

Las elecciones del próximo lunes presentan algunos elementos nuevos con respecto a las anteriores. Uno de ellos es el juicio contra Netanyahu, acusado de corrupción en tres casos separados. El pasado 28 de enero, retiró su petición de inmunidad al Parlamento unicameral ante la imposibilidad de que saliera aprobada, cuando se encontraba en Washington con el presidente de EE.UU., Donald Trump, con motivo de la presentación del plan de paz. El primer ministro en funciones responderá ante la justicia el 17 de marzo, quince días después de los comicios y, previsiblemente, en pleno proceso de formación del nuevo Ejecutivo.

“La principal cuestión es esta: Netanyahu, ¿sí o no?”, destaca a Efe el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén Asaf Shapira, que asegura que, “al igual que en las elecciones de abril y septiembre, los israelíes votarán a favor o en contra” de quien ha liderado el país los últimos 10 años.

Otro de los asuntos que copan la atención mediática y protagonizan los discursos electorales es precisamente el denominado “Acuerdo del Siglo”. La “visión para la paz” que propuso la Casa Blanca a finales de enero para resolver el prolongado conflicto entre Israel y Palestina es considerada por políticos y diplomáticos como un obsequio de Trump a Netanyahu. El que fue embajador de España en Marruecos, en la Santa Sede y en EE.UU., así como director de Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Jorge Dezcallar, tilda el plan de “Regalo del Siglo”.

La disputa entre religiosos y seculares también se hace presente una vez más en la retórica de la campaña, principalmente en la negativa de Lieberman a compartir un Gobierno con los partidos ultraortodoxos.

¿Qué hay que tener en cuenta?

Las encuestas no muestran apenas cambios con respecto a los resultados electorales de abril y septiembre. El último sondeo de la empresa de estudios de opinión pública Midgam, publicado el 27 de febrero para Walla!, pronostica un empate técnico a 34 diputados entre el Likud de Netanyahu y el Azul y Blanco de Gantz. Asimismo, anticipa que la participación rebasará ligeramente el 70%, frente al 68,46% de abril y al 69,4% de septiembre.

Muchos analistas políticos apuntan que el juicio a Netanyahu no influirá significativamente en el electorado, polarizado entre quienes desde hace años apoyan incondicionalmente al primer ministro y quienes creen que su tiempo ha terminado. “La posición de la mayoría de los votantes es muy sólida. La mayoría de los votantes de derecha creen que Netanyahu es inocente e injustamente acusado, mientras que la mayoría de los del centro y la izquierda creen que es culpable y corrupto”, señala Shapira a Efe. Para la experta en opinión pública y asesora política Dahlia Scheindlin, las constantes declaraciones del primer ministro en contra de las instituciones y del sistema judicial podrían generar malestar entre los votantes de derecha moderada.

Benjamin Netanyahu | Abir Sultan (EFE/EPA)

En cuanto a los votantes judíos, Shapira considera que el apoyo de Gantz a la posible anexión parcial de Cisjordania planteado en el “Acuerdo del Siglo” ha neutralizado el rédito electoral que Netanyahu pretendía obtener con su presentación. Scheindlin indica igualmente que el plan de paz de Trump, que adopta posturas de la derecha y que rechazan unánimemente los palestinos, podría promover la concurrencia a las urnas a la población árabe con ciudadanía israelí –cerca del 20% del electorado–.

Otro elemento nuevo a tener en cuenta, aunque menor, es el coronavirus causante de la COVID-19, que tanto Gantz como Lieberman utilizaron para criticar el estado del sistema sanitario y que en estos últimos días ha adquirido protagonismo en la campaña electoral.

Por último, aunque Netanyahu se hiciera con la victoria, todavía no está claro que con un proceso judicial abierto pueda recibir el mandato del presidente de la Knéset para formar un Ejecutivo. Como primer ministro no está obligado a dimitir, pero la Fiscalía y el Tribunal Supremo se tendrán que pronunciar sobre la duda legal de si puede liderar la creación de un nuevo Gobierno, situación sin precedentes en Israel. Lo que es seguro es que no podrá asumir ninguna cartera ministerial.

#Fact

Netanyahu, que cuenta con el apelativo de “rey Bibi”, es el político que más tiempo ha desempeñado el cargo de primer ministro –desde marzo de 2009– en la historia del Estado de Israel. También es el primer jefe de Gobierno acusado judicialmente de corrupción estando en ejercicio de sus funciones. Los 67 diputados que obtuvo en 2015 el bloque derechista que lideraba se redujeron a 65 en las elecciones de abril de 2019 y a 63 en las de septiembre.

Gantz, adversario del primer ministro, entró en política hace apenas un año tras una carrera militar que culminó como jefe del Estado Mayor. Su rápida ascensión en las Fuerzas de Defensa de Israel le valió el título de “príncipe”.

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