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Iragartze Fernández: enfermera por vocación y el sueño de arbitrar una final
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Iragartze Fernández: enfermera por vocación y el sueño de arbitrar una final

Durante la semana, enfermera en Bilbao. El fin de semana, árbitra de fútbol. La apuesta por las mujeres en Primera cambió su vida. «Los hombres han tenido muchísimos años de desarrollo en el fútbol»

Árbitra de Primera femenina y Tercera masculina, y enfermera en Bilbao

Desde hace tres temporadas, la Primera división femenina de fútbol presenta a mujeres en la dirección de los encuentros. Árbitras y asistentes se enfrentan a estereotipos, pero sobre todo acaban con la invisibilización. El ascenso de Guadalupe Porras como árbitra de Primera o la irrupción de la alemana Bibiana Steinhaus ha situado a las mujeres en el mapa del fútbol, también masculino. Según datos de la Federación (RFEF), actualmente hay inscritas 800 árbitras, 150 más que la temporada anterior.

Iragartze Fernández (Bilbao, 1993) es una de las protagonistas del cambio. Asistente en Primera femenina y Tercera masculina, los fines de semana recorre ciudades con la ambición de convertirse en referente y arbitrar una gran final. Su trabajo no termina con el pitido final. «Durante la semana revisamos partidos, corregimos errores, nos preparamos físicamente, estudiamos reglamento y analizamos situaciones polémicas. Siempre hay algo que mejorar». Con la profesionalización, el tiempo que invierte es cada vez mayor.

«Desde pequeña he vivido el fútbol en casa, tanto por mi padre que era profesional como por mi madre, que me llevaba a ver partidos del Athletic femenino», explica a newtral.es. Con 21 años, y tras una lesión en el pubis, dejó los terrenos de juego y se inició en el arbitraje a niños, solo como un hobby. Pero apenas dos años después, su vida cambió por completo. 

«Nos dijeron que en Primera todas las árbitras iban a ser mujeres. Lo vi como una opción que no podía dejar pasar, así que trabajé y me formé para llegar a ese objetivo. Hasta entonces no le dedicaba el 100% al arbitraje porque era imposible, pero ese reto me hizo dedicarle cada vez más tiempo. Lo hizo renunciando a su vida social, pero no a su otra gran vocación. De lunes a viernes, además, es enfermera. «Mientras iniciaba mi carrera como enfermera y estudiaba un máster, hacía todo lo posible para crecer también como árbitra».

Dos vocaciones en paralelo

Iragartze comenzó a trabajar en un hospital con un tercio de la jornada, una situación que le permitía compaginar ambas profesiones. «En ese momento vi que tenía un nuevo futuro laboral y decidí anteponerlo a pasar tiempo con mi familia o amigos. El arbitraje es algo que pasa una vez en la vida y tienes que cogerlo».

Con la crisis del COVID-19, no dudó en aumentarse la jornada. Durante el estado de alarma, Iragartze ejerce de enfermera a tiempo completo en un ambulatorio de Bilbao, el Centro de Salud Rekalde. «Antes trabajaba unos diez días al mes, pero al pararse el fútbol puedo dedicarme en exclusiva», explica. «Vivimos con miedo porque el porcentaje de sanitarios afectados es alto. Ves que tus compañeras empiezan a caer y te planteas si vas a ser la siguiente. La familia también vive en tensión».

Mientras el fútbol se paraliza, ella trata de centrar todo su esfuerzo en el centro de salud, pero no pierde de vista su forma física para la vuelta. «Cuando volvamos a la normalidad, quiero desarrollar ambas cosas en paralelo. Son carreras que van unidas, que haces por vocación sacrificando tiempo. Hablar de una cosa es hablar de la otra».

Iragartze Fernández realiza pruebas físicas durante un cortometraje de Irene Herrero del Valle.

Creció con referentes femeninos

Con 15 años, Iragartze solo perseguía el sueño de jugar en Primera. Veía el fútbol como cualquier joven de su edad, idealizado, aunque pronto comenzó a pensar en una vida laboral. «Cuando ves que no das el nivel para la élite, empiezas a estudiar más. Y así te lo inculcan. Pero al sonar ese eco de mujeres en el fútbol se me abrió un mundo, me di cuenta de que puedes dedicarte por igual al arbitraje que a ser enfermera».

La presencia de referentes cercanos ayudó en su decisión de continuar. Desde muy pequeña, su madre la llevaba al campo del Barakaldo para que pudiera ver al Athletic femenino. Allí vio a Erika Vázquez, ahora leyenda del fútbol español. «Me veía reflejada en ella», recuerda, consciente de la excepcionalidad. «No es lo habitual, pero he tenido suerte de verlas. Ahora me fijo en Guadalupe Porras. Coincidí con ella en mi primer partido, en Tenerife, y desde entonces trato de aprender constantemente».

La exposición al público… y al error

El ambiente tóxico que se asocia a su profesión le hace trabajar más para normalizar su presencia. «Las chavalas de 14 o 15 años lo tienen difícil. Lo normal es que el entorno se pregunte por qué exponerlas a la crítica y a los padres les cueste apoyar cuando ven a energúmenos en la grada. La sociedad tiene que avanzar, dejar atrás esta mentalidad, y normalizar que estemos ahí. El problema es que hasta ahora no nos veían en televisión. Si tienes algo idealizado y de repente te lo cambian… ¡Cómo no se van a extrañar!»

El camino, dice, pasa por mostrar lo positivo de este trabajo. Conseguir que las nuevas generaciones se fijen en ellas para no generar una burbuja. «Necesitamos una base. Tienen que saber que es un mundo de auto conocimiento. Es ponerte cada fin de semana a 2.000 revoluciones por minuto, pero saber controlarlo y tomar decisiones rápidas, gestionar, liderar. Son muchas cosas que te dan madurez y que se ven reflejadas en la vida real. Olvidémonos de insultos o de hostilidad».

Que los equipos arbitrales de Primera femenina sean formados exclusivamente por mujeres ha generado diferentes debates en las últimas dos temporadas. Cualquier error despierta la crítica y las dudas, también por parte de las futbolistas. Iragartze pide tiempo. «Los hombres han tenido muchísimos años de desarrollo en el fútbol. Acabamos de empezar, y vamos a aprender y mejorar. Y poco a poco lo veremos normal y no asociaremos el error al género, sino a la persona. Tenemos que reeducar».

La elección

Pese a apostar por completo por el arbitraje, Iragartze es consciente de que su vida difícilmente estará ligada al fútbol una vez que se retire. Su deseo sería compaginar ambas vocaciones para siempre, entrando en un colegio de árbitros o siguiendo de cerca el crecimiento de las mujeres en este ámbito. Pero la realidad es distinta. 

«Voy a intentar explotar al máximo este camino. Sé que la enfermería es algo que voy a tener siempre, podré dedicarme a ello toda la vida. Voy a compaginar ambas cosas hasta que mi condición física o mi edad me lo permita, porque todo lo que no sea dejar el fútbol para mí sería maravilloso. Esa etapa será corta y quiero disfrutarla más, exprimirla, mientras la enfermería puedo tomarla con más pausa. Mi sueño sería pitar la final de un Mundial o de una Champions».

1 Comentario

  • Gracias, por ser un ejemplo muy importante para muchas personas, y ver que se puede,en tu decisión tan dispar, y carreras tan diferentes como pero sumamente VOCACIONALES, solo necesitan ayuda a verlo como tú cuentas… Tu esperiencia, lucha, tesón de muestras SE PUEDE!! GRACIAS!! IRAGARTZE GRACIAS, POR TENER LAS IDEAS TAN CLARAS!!

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