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Hong Kong no se apaga
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Hong Kong no se apaga

La jefa del Gobierno autónomo de Hong Kong, Carrie Lam, apagó solo una parte del incendio social que se manifiesta en las calles desde hace tres meses al retirar la polémica ley de extradición.

La jefa del Gobierno autónomo de Hong Kong, Carrie Lam | EFE

La jefa del Gobierno autónomo de Hong Kong, Carrie Lam, intentó este miércoles sofocar las protestas que tomaron las calles en junio. Anunció que se retiraría formalmente el proyecto de ley de extradición que motivó en su origen las movilizaciones, pero la decisión llegaba tarde para los más críticos. “Una tirita en carne podrida”, describían algunos críticos en South China Morning Post. A lo largo de estos tres meses, este movimiento de oposición sin líderes reconocible ha acumulado ya cinco grandes demandas, incluida la polémica norma. Anunció también otras medidas, como iniciar un diálogo entre los ciudadanos y los altos cargos o invitar a observadores extranjeros al órgano supervisor de la Policía, pero no ofreció soluciones al resto de exigencias.

Lam explicó en una rueda de prensa el jueves que la decisión de retirar la ley no suponía “un cambio de opinión”. Ya había anunciado la suspensión del proyecto el 15 de junio y el 9 de julio lo dio por “muerto”, pero cundía la preocupación porque pudiera revertirse. “Va a ser una medida útil para crear una base para el diálogo y ayer (por el miércoles) era el mejor momento para hacerlo. No debería haber más especulaciones”, dijo. Además, aclaró que Pekín había “respetado” su “punto de vista” y la “apoyó totalmente”, pero no tuvo ningún papel en su decisión

¿Por qué es importante?

A lo largo de estos meses, los manifestantes han pedido la dimisión de esta burócrata que ostenta los peores índices de popularidad desde que Hong Kong dejó de ser una colonia británica. Este lunes, la agencia de noticias Reuters publicó la transcripción de una grabación de audio filtrada en la que decía que renunciaría si tuviera “una opción”. En ella, explica que se siente “muy, muy limitada” para dar respuesta a las protestas masivas tras haber propuesto en febrero un proyecto de ley que permitía la extradición a países sin acuerdo jurídico previo, como China continental. “Para un jefe ejecutivo, haber causado este caos a Hong Kong es imperdonable”, se escucha. Lam no obstante afirmó un día después que no había presentado su renuncia a Pekín. “La decisión de no renunciar es mía”, dijo, comprometida para sacar a la región de “ese callejón sin salida”.

Según The Guardian, la grabación sugería una posible intervención china en la gestión de la crisis. Lam asumió el gobierno de Hong Kong en 2017, como una burócrata que no esperaba tener que gestionar el estallido de la peor crisis política de la historia de la isla. Las movilizaciones, pacíficas en un principio, fueron escalando en violencia y ya se cuentan los detenidos en más de un millar. Precisamente, una de las demandas es crear una comisión independiente que investigue la brutalidad policial que denuncian los opositores. También piden la liberación sin cargos de los detenidos en las protestas, la retirada del calificativo de «revuelta» -delito penado con hasta 10 años de prisión- sobre éstas y la implantación del sufragio universal para elegir al líder del Ejecutivo local.

¿Cuál es el contexto?

Hong Kong es una “región administrativa especial” con un sistema legal propio, rige un sistema capitalista, permite el acceso a las redes sociales, cuenta con múltiples partidos políticos y derechos que reconocen la libertad de expresión y reunión. Pero está asociado a China desde hace 22 años, cuando Reino Unido devolvió a Pekín su Gobierno en 1997, por lo que lo considera parte del territorio. China continental aceptó gobernarlo por 50 años bajo la máxima “un país, dos sistemas”, y ese es precisamente el rincón de soberanía que defiende en las calles la sociedad civil crítica. 

Faltan 28 años para el final de la autonomía pero los temores por el control de Pekín crecieron al darse a conocer la ley que permitiría extraditar a China a presos hongkoneses. Los críticos se anticipaban a la posibilidad de que Pekín hubiera utilizado este proyecto de ley para extraditar a China a los fugitivos y opositores, como denuncia Human Rights Watch, lo que les habría llevado ante tribunales del Partido Comunista de China (PCCh). Y con el tiempo, ganarle terreno a la independencia judicial hongkonesa. Las movilizaciones al principio fueron pacíficas, pero la tensión ha ido creciendo sin control. Los medios nacionalistas chinos como el Global Times defienden a la policía y se refieren a los manifestantes como “mafia” y “alborotadores”.

¿Qué hay que tener en cuenta?

Hong Kong es la capital financiera de Asia y su mayor crisis ha ocurrido en plena guerra comercial entre China y Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó a poner a la excolonia británico en medio de la contienda cuando dijo que sus relaciones con Pekín entrarían en una fase aún más difícil si “hiciera algo violento en Hong Kong”. Está previsto que el Congreso de Estados Unidos se reúna el próximo 9 de septiembre para revalidar el Acta de Derechos Humanos y Democracia en Hong Kong, que equivale al reconocimiento público de la autonomía hongkonesa. De no hacerlo, explica EFE, la ciudad perdería privilegios comerciales con Estados Unidos de los que no goza China. 

#Fact 

Hong Kong es clave para la economía china, tanto para el comercio como para el mundo financiero. Según estadísticas citadas por BBC Mundo, el 80% de la inversión extranjera directa en China entre 2017 y 2018 procedió de Hong Kong, un total de 89.000 millones de euros. La isla es un comodín para las empresas extranjeras que quieren invertir en China y a la inversa, por la seguridad jurídica que ofrece este territorio.


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