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Grecia o cómo convertirse en destino turístico “Covid-Free” con una crisis de refugiados
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Grecia o cómo convertirse en destino turístico “Covid-Free” con una crisis de refugiados

El país heleno es uno de los grandes competidores de España este verano, después de cortar la pandemia en los campos de migrantes más grandes de Europa

Georgios Kostom (Shutterstock)

Grecia recorre junio como uno de los países europeos menos afectados por la pandemia. Casi tres meses después de declarar el confinamiento general, la nación helena inaugura su sexta semana de desescalada con un registro de 3.058 casos confirmados y 183 fallecidos. Aupado por los buenos resultados, el primer ministro conservador, Kyriakos Mitsotakis, encara la temporada estival con entusiasmo y con la imagen de una Grecia “libre de COVID-19” que se presenta como la principal competidora de España en la seducción de un menguado turismo extranjero.

En un mundo paralelo, pero igual de real, se erige en la isla de Lesbos el campamento de refugiados más grande de Europa, hoy desparramado más allá de sus contornos iniciales. Las insalubres calles del campo de Moria aglutinan a cerca de 20.000 migrantes en condiciones de escasez, donde el aislamiento y las medidas sanitarias se hacen imposibles. Abocados al hacinamiento, su situación se repite en las otras cuatro islas que constituyen la principal puerta de entrada al Viejo Continente por el Mediterráneo oriental.

¿Cuándo se detectó el primer caso?

El coronavirus eclosionó en Grecia el 26 de febrero, cuando una mujer de Tesalónica dio positivo tras regresar de un viaje en el norte de Italia. Dos semanas después, las autoridades detectaron un contagio a las afueras de un campo de Lesbos, en una refugiada que había atravesado Israel y Egipto antes de arribar al país heleno. La primera muerte por COVID-19 en territorio griego se confirmó el 12 de marzo.

En el último informe oficial, el Gobierno reportó 9 infecciones y 1 deceso en 24 horas. A 9 de junio, los casos acumulados ascienden a 3.058, de los cuales 1.501 aún presentan síntomas, y la cifra total de defunciones se sitúa en 183. Con una población de 10,7 millones de habitantes, Grecia cuenta con 1,7 fallecidos por cada cien mil personas y una tasa de contagio del 0,03%.

¿Qué medidas se han adoptado?

El Gobierno de Mitsotakis ordenó el 10 de marzo la suspensión de clases en todas las instituciones educativas del país, que no volvieron a funcionar en su conjunto hasta el 1 de junio. A lo largo del mes, las prohibiciones se hicieron extensivas a multitud de otras actividades y, para el 22 de marzo, Grecia se encontraba prácticamente paralizada y en cuarentena. La mayoría de la producción se mantuvo congelada durante dos meses, hasta que en la segunda quincena de mayo se diera luz verde a la reapertura de negocios minoristas, centros comerciales y restaurantes. Asimismo, con el arranque de junio volvieron los hoteles que operan todo el año –los de temporada harán lo propio el día 15–, en lo que constituyó un primer ensayo de cara a la acogida de turistas extranjeros.

En cuanto a las restricciones de movimiento, hasta el 4 de mayo la población solo podía abandonar el domicilio –previa autorización por SMS– para desplazarse a trabajar, hacer ejercicio y comprar bienes esenciales dentro de su unidad regional –limitación que se suprimió dos semanas después–. Los griegos recuperaron la plena libertad de movimiento el día 25, cuando se habilitaron los viajes desde y hacia las islas. Las fronteras griegas se clausuraron el 18 de marzo, se levantarán para algunos países el 15 de junio y se abrirán definitivamente el 1 de julio.

El primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis. | Flickr de Nueva Democracia

Respecto a la contención en los campos de refugiados, el Ejecutivo griego declaró a mediados de marzo que solo se autorizarían las salidas para adquirir productos básicos en pequeños grupos controlados por la Policía, integrados por personas de familias diferentes y organizados por turnos. También se enviaron equipos médicos especializados para verificar la temperatura de todos los habitantes. Más allá de este marco, las visitas ordinarias quedaron prohibidas. El confinamiento en los campos se mantendrá, en principio, hasta el 21 de junio.

Pese a la tesitura adversa, en el interior de estos campamentos no se ha diagnosticado ningún positivo hasta la fecha, lo que ha motivado a Mitsotakis ha reanudar su programa de políticas para la crisis de refugiados: reducir los flujos migratorios, acelerar el proceso de asilo para agilizar las expulsiones y controlar las entradas por mar. Así pues, el 1 de junio, las autoridades griegas echaron de centros de acogida para demandantes de asilo a las más de 11.000 personas que habían recibido recientemente el estatus de refugiado. “El Estado no puede ofrecer a los refugiados domicilio y ayudas sociales para toda su vida”, subrayó el ministro de Migraciones, Notis Mitarakis. “No es posible cuidar a los refugiados más que a los ciudadanos griegos”, añadió.

Refugiados esperan a un autobús militar para ser trasladados al puerto de Mitilene, en la isla de Lesbos. | Alexandros Michailidis (Shutterstock)

¿Cuál es la situación actual?

El Gobierno de Mitsotakis ha comenzado a vender activamente la imagen de ser un destino seguro para las vacaciones estivales. Apoyado en su baja tasa de contagios, Grecia espera superar este verano a España, Portugal y Croacia, sus principales competidores en el Mediterráneo europeo, y convertirse en destino preferente de una maltrecha temporada. El turismo es la base de la economía helena y representa entre un 25% y un 30% del PIB nacional. En 2019, el país recibió 34 millones de visitantes –24,2 millones entre abril y septiembre–, gracias a los cuales ingresó 19.000 millones de euros.

Respecto al futuro inmediato de la política de refugiados, el Ejecutivo heleno prevé que se produzca una nueva oleada de solicitantes de asilo tras el desconfinamiento. Para anticiparse a ello, ha decidido fortalecer la seguridad en su frontera con Turquía y evitar lo que ocurrió a principios de marzo, cuando el Gobierno turco abrió las puertas a Europa a miles de refugiados. Pero las ONG que operan en los campos griegos avisan de que servirá de poco para evitar una catástrofe epidémica si no no se incluyen a los refugiados en los sistemas nacionales de salud y se diseña una auténtica estrategia preventiva.

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