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El 28-A da la puntilla al bipartidismo, que queda arrinconado a 4 provincias
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El 28-A da la puntilla al bipartidismo, que queda arrinconado a 4 provincias

La fragmentación parlamentaria (con cinco partidos de ámbito nacional con representación) se ha llevado por delante lo poco que quedaba del bipartidismo. En 2015 las provincias en las que sólo obtuvieron representación los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, quedaron reducidas a 10 y recuperaron algo de espacio en la repetición electoral de 2016, al subir a 12. Pero las elecciones del 28-A han vuelto a reducir el número de provincias bipartidistas al dejarlas en cuatro: sólo en Cuenca, Soria, Lugo y Ourense se han elegido únicamente a representantes de PP y PSOE.

El caso más curioso es el de Lugo, donde PP y PSOE se han repartido a partes iguales los escaños en juego (2 para cada uno) después de que en las elecciones de 2015 y 2016 abandonara el bipartidismo con la entrada de Marea. Las otras tres (Cuenca, Soria y Ourense) también lo fueron en 2016 y las dos primeras, en las elecciones de 2015.

Estos datos contrastan con el resultado salido de las elecciones de 2008, cuando hasta 38 provincias tuvieron representantes sólo de PSOE y PP, lo que significa que sólo 12 tuvieron representantes de otras formaciones en unas elecciones en las que Rodríguez Zapatero revalidó la mayoría obtenida en 2004. Por ejemplo, las ocho provincias andaluzas, todo el interior con excepción de Madrid, las tres provincias de la Comunidad Valenciana, Murcia… sólo tuvieron representantes de los dos principales partidos.

En 2011 el bipartidismo siguió siendo la tónica general, aunque ya empezó a retroceder. Un total de 32 provincias continuaron con representantes únicamente de PP y PSOE en unos comicios en los que el Partido Popular venció claramente, otorgando la mayoría absoluta a Mariano Rajoy. Los partidos nacionalistas, UPyD e Izquierda Unida consiguieron representación en 18 provincias en un primer retroceso (aún pequeño) del bipartidismo.

La irrupción de Podemos y Ciudadanos en las elecciones de 2015 cambió absolutamente el mapa de España. El bipartidismo quedó reducido a sólo diez provincias en unas elecciones marcadas por el bloqueo, que tuvieron que repetirse unos meses después al no conseguir investir ningún candidato. En aquellas elecciones el bipartidismo quedó reducido a algunas provincias de las dos Castillas, Jaén, Teruel y Cáceres.

La repetición electoral de 2016 dio algo más de cancha al bipartidismo, que sumó dos provincias más (12) que en los comicios celebrados seis meses antes, al sumarse Ourense, Guadalajara y Salamanca y desaparecer en Jaén. No obstante, las provincias en las que sólo obtuvieron representación los dos grandes partidos seguían en mínimos.

Las elecciones de 2019, con un nuevo partido de ámbito nacional, Vox, y el ascenso de Ciudadanos, han terminado de arrinconar al bipartidismo, que sólo ha sobrevivido en cuatro provincias. Frente a ellas, en otras, como Barcelona, hasta siete partidos han logrado un escaño, algo inédito desde los primeros años de la democracia. De esta forma, en once años, el bipartidismo ha pasado de ser la tónica general en casi toda España a quedar arrinconado.

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