La tribuna del presidente de Colombia, Gustavo Petro, es X. Desde esa red social se dirige a 8,7 millones de seguidores con publicaciones en las que combina anuncios de Gobierno con posicionamientos políticos. Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, tuiteó que no aceptaba los resultados y puso en duda el conteo preliminar del proceso en el que pasaron a segunda vuelta los candidatos Abelardo de la Espriella (extrema derecha) e Iván Cepeda (izquierda). ¿Las pruebas? En ese momento, ninguna.
Esta postura del mandatario ha causado preocupación entre analistas y medios de fact-checking, quienes advierten de que sembrar dudas sobre el sistema de votación sin pruebas alimenta narrativas de desinformación. Aunque el preconteo de la Registraduría Nacional del Estado Civil es un boletín informativo sin valor legal, los expertos consultados señalan que descalificarlo debilita la confianza ciudadana en las instituciones justo a las puertas de una segunda vuelta que se prevé “polarizada, agresiva y ajustada”.
Técnicamente, los datos entregados tras las votaciones corresponden al preconteo o conteo rápido de mesa, un mecanismo que tiene un carácter informativo y carece de valor jurídico vinculante. De acuerdo con el Código Electoral colombiano, los resultados oficiales solo se conocen una vez concluye el escrutinio, un proceso de revisión que corresponde a las comisiones escrutadoras y al Consejo Nacional Electoral (CNE). El 2 de junio, dos días después de las elecciones y sin que aún se conocieran los resultados oficiales, Petro presentó las “bases del posible fraude”.
- Sin embargo, medios de verificación y organismos de observación electoral desmintieron las denuncias de Petro.
Qué dicen expertos e instituciones. Cuando Colombia Check publicó la verificación sobre los señalamientos de Petro, ya habían pasado algunas horas. José Sarmiento, director de ese medio, cuenta a Newtral.es que pese a que demostraron que no existían irregularidades, el mandatario siguió azuzando la desconfianza en el mismo sistema electoral que lo llevó al poder en 2022. “Competir con la narrativa del presidente es un poco complejo y, en ese sentido, las explicaciones de las instituciones se han quedado cortas ante el potencial propagandístico del Ejecutivo”, dice Sarmiento.
- El 2 de junio, la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea concluyó que la jornada fue “transparente y creíble”.
Por su parte, la Procuraduría General de la Nación (Fiscalía) y la Defensoría del Pueblo han advertido de forma separada de que la desinformación representa un riesgo de cara a la segunda vuelta. Gregorio Eljach Pacheco, titular de la Procuraduría, hizo un llamamiento a la ciudadanía a “no dejarse llevar por contenidos malintencionados, acudir libremente a las urnas el 21 de junio y respetar los resultados que allí se expresen (…) para que prevalezca la institucionalidad democrática del país”.
El tercer informe de seguimiento al Compromiso por un proceso electoral libre y en paz en Colombia, publicado después de la primera vuelta, recoge que la contienda electoral se está caracterizando por la persistencia de contenidos falsos, manipulados o carentes de verificación suficiente. “La difusión de información sin sustento constituye uno de los principales retos para la cultura política contemporánea”, reza el documento (página 11).
Al respecto, Yann Basset, director del Centro de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, explica a Newtral.es que la principal desinformación tras el proceso no provino de las redes sociales ni de la inteligencia artificial (IA), sino del propio mandatario al rechazar los resultados de la primera vuelta. “Ha sido generada de una forma más anticuada que habíamos pensado ya resuelta. Esta campaña electoral ha sido muy agresiva y polarizada”, señala el experto, que colabora con la plataforma Misión de Observación Electoral (MOE).
Las consecuencias. El volumen de desinformación ha desbordado la capacidad de los equipos de verificación. Sarmiento detalla a Newtral.es que durante la primera semana tras los comicios, vivieron una “gran avalancha de teorías del fraude sin respaldo”, lo que ha provocado un aumento drástico en el número de verificaciones: “Hay muchas cosas que se nos están saliendo de las manos, no tenemos manos para verificar”.
Según Sarmiento, aunque medir el impacto electoral es complejo, la desinformación ha operado de forma distinta para cada bando.
- Desde la derecha se ha detectado una narrativa “más organizada y muy estigmatizante” contra Cepeda —difundiendo montajes de él vestido de guerrillero o atacando a su fórmula vicepresidencial, la líder indígena Aida Marina Quilcué.
- Desde la izquierda han circulado promesas atribuidas falsamente a De la Espriella, como la supuesta propuesta de bajar el salario mínimo o eliminar el Sisbén (el sistema de asistencia social colombiano).
Al margen de estas desinformaciones, la estrategia de sembrar dudas sobre el sistema electoral parece haber generado un efecto bumerán en perjuicio de Cepeda. En ese sentido, Basset explica que la narrativa del fraude “tuvo un impacto adverso” para el candidato oficialista; aunque durante la campaña secundó a Petro durante las primeras horas, el aspirante de izquierda terminó distanciándose de las acusaciones lanzadas por el presidente y reconociendo los resultados.
- Sarmiento, por su parte, coincide en este análisis al señalar que los ciudadanos terminan vinculando a Cepeda con el “rechazo de corte autoritario” de Petro a los resultados electorales preliminares, despertando así temores históricos en el electorado de que el Gobierno intente imponer una asamblea constituyente.
- La diferencia de votos en la primera vuelta fue de aproximadamente de 673.000 a favor de De la Espriella sobre Cepeda, de modo que si se repite este resultado ajustado y se reactivan las teorías de fraude sin pruebas, continúa Sarmiento, Colombia puede encaminarse a un “riesgo muy grande y peligroso” que desestabilice al país.
El precedente de Brasil en 2022 demostró cómo los cuestionamientos sin pruebas del entonces presidente Jair Bolsonaro sembraron una desconfianza en el sistema electoral y sus resultados, derivando en el asalto violento a las sedes de los tres poderes del Estado en Brasilia, la capital. Y en una Colombia atravesada por la violencia política y el conflicto armado desde hace décadas, el temor es que la desinformación termine reviviendo viejos fantasmas que el país sudamericano intenta dejar atrás.