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Argentina o cómo aplanar la curva en plena recesión
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Argentina o cómo aplanar la curva en plena recesión

El país suramericano decretó el confinamiento hace un mes con una economía sumida en una de las peores crisis de su historia

Juan Ignacio Roncoroni (EFE)

Los argentinos cumplieron este lunes su primer mes de confinamiento. Los resultados son alentadores y la curva de contagios se aplana suavemente, pero la vuelta a la normalidad todavía queda lejos en el horizonte. En el país austral, las decisiones se toman con extrema cautela, con la vista puesta en una economía frágil que acumula dos años de recesión. Cada nueva medida contra el coronavirus plantea la disyuntiva entre salvar vidas y amparar una producción maltrecha que poco más puede conceder. Un error de cálculo se paga con un examen de conciencia ante una sociedad polarizada y con graves divergencias políticas.

Desde que se detectó el brote en Argentina, el Gobierno kirchnerista de Alberto Fernández ha clausurado fronteras, suspendido clases y cerrado comercios no esenciales. A pocos días de que concluya la cuarentena general, el presidente ha empezado a aflojar algunas restricciones puntuales, aunque evalúa solicitar una nueva prórroga del confinamiento. Con esta apertura progresiva, el Ejecutivo de centroizquierda busca ahuyentar los fantasmas de la crisis de 2001 y reactivar la industria de un país con altos niveles de inflación, que cuenta con más de un tercio de la sociedad bajo la línea de pobreza y que transita un intrincado proceso de renegociación del pago de su alta deuda externa. La economía nacional, que se contrajo un 2,2% en 2019, corre el riesgo de profundizar su crisis y retroceder un 4,2% este año por culpa de la pandemia, según advierte el banco central. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en cambio, es más pesimista y prevé una caída del 5,7%.

“El mundo va a ser otro, va a ser distinto. En ese mundo distinto, uno puede ver que la economía se hizo trizas. Se va a hacer trizas para todos, pero también es una gran oportunidad. La oportunidad de hacer un mundo más justo, un mundo más legítimo. Tenemos la oportunidad de hacer una economía más solidaria. En el dilema entre la economía y la gente, yo elegí la gente. Una economía sin personas es la nada misma”, defendió el presidente el 12 de abril al diario Perfil, tras reconocer que aunque con la cuarentena “se estanca la economía”, su Ejecutivo está haciendo esfuerzos para evitar que este anquilosamiento “lleve a alguien a la quiebra”. “Prefiero tener el 10% más de pobres y no 100.000 muertos. De la muerte no se vuelve. En cambio, de los problemas económicos, sí”, confesó.

¿Cuándo se detectó el primer caso?

El primer caso confirmado de COVID-19 en Argentina se anunció el 3 de marzo, después de que un​ hombre diese positivo en la ciudad de Buenos Aires tras volver de Italia la semana anterior. “Al paciente lo detectamos con tiempo. No deberíamos alarmarnos. Sí estar atentos”, comunicó Fernández ese mismo día. Por su parte, el ministro de Salud, Ginés González García, informó que las autoridades cumplieron “todos los protocolos” y ordenó localizar a las personas que hubieran podido establecer un contacto previo con el paciente.

El 7 de marzo, al cuarto día de nacer el brote, el Gobierno confirmó el primer fallecimiento del país y de Latinoamérica. Una semana después, la cifra de contagios rozaba el medio centenar. Las autoridades sanitarias comunicaron un aumento súbito de diagnósticos en su balance del día 22: de 158 casos a 266 en 24 horas. La curva de infecciones empezó a encorvarse desde entonces. Al final del mes, el informe oficial marcaba un total 1.054 enfermos y 27 defunciones.

Argentina, con una distribución muy desigual de su población, registra la mayoría de las infecciones en los centros urbanos. La Provincia de Buenos Aires es la región con el mayor número de positivos a 21 de abril, con 975 en total (el 31,0% del país), seguida de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), con 761 (el 24,2%), que constituye por sí misma una entidad federal independiente. Sin embargo, la alta densidad demográfica de la capital ha multiplicado la facilidad de transmisión entre sus residentes y, pese a la diferencia abismal de población entre ambas, la metrópoli vive mayores dificultades para contener la epidemia que su vecina homónima. El estado de Buenos Aires tiene 17,5 millones de residentes (más de un tercio de Argentina) y registra 5,6 enfermos por cada cien mil individuos. Pero la capital, que presenta un número de contagios muy similar, solo alberga 3,1 millones de habitantes, es decir, cuenta 24,5 infectados por cada cien mil personas. Córdoba, la segunda región más poblada del país, es la tercera en número de casos confirmados (260), muy alejada de los porteños.

Personal de limpieza desinfecta un tren en la estación de Retiro, Buenos Aires, el lunes 13 de abril. | Juan Ignacio Roncoroni (EFE)

¿Qué medidas se han adoptado?

El Gobierno argentino declaró la cuarentena general obligatoria el 20 de marzo, dos semanas después de eclosionar el virus. La medida se previó que duraría hasta el día 31, pero Fernández decidió prorrogarla dos veces: primero, hasta final de Semana Santa, y después, hasta el 26 de abril. Según la norma, toda la población argentina debe permanecer en casa salvo para comprar productos básicos o para trabajar en los sectores esenciales, que engloban a personal de salud, fuerzas de seguridad y funcionarios de prisiones, entre otros. “Vamos a extender la cuarentena para aletargar la velocidad de contagio y dar más tiempo al sistema sanitario”, justificó el presidente el 10 de abril, quien sopesa actualmente una nueva extensión de la cuarentena, según fuentes de EFE. En Argentina rige también desde el 15 de marzo la suspensión de clases, la limitación de movimientos entre provincias y el cierre completo de fronteras –salvo para vuelos de repatriación–. El país austral comparte divisoria con Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay.

La ampliación más reciente del confinamiento –o como lo denominan en Argentina, “aislamiento preventivo social y obligatorio”– contempla novedades con respecto a la primera orden. A la lista de locales exentos de cumplir la norma, como las farmacias o los supermercados, se han añadido las sucursales bancarias, reabiertas al público con ciertas limitaciones, así como los talleres mecánicos, para que puedan atender a vehículos de transporte público, de la Policía o de sanitarios con permiso para circular. El nuevo tramo de la cuarentena también autoriza a las personas con discapacidad a salir de casa para pasear por períodos breves.

En la capital, además, las autoridades han aumentado la frecuencia del metro para garantizar la distancia social y han impuesto controles en autobuses, comercios y dependencias públicas para asegurar que los pasajeros porten mascarilla o algún cubrebocas casero. “Dos de cada tres personas que tiene coronavirus no presenta síntomas, pero igual contagia. Para evitarlo todos tenemos que actuar como si tuviésemos el virus, usando tapabocas cuando salimos de casa”, urgió el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, al presentar la medida el 13 de abril. Asimismo, desde el día 20, los mayores de 70 años residentes en la metrópoli deben llamar a un teléfono público para pedir permiso antes de salir de casa. La medida, que no es de obligado cumplimiento, generó críticas por la supuesta discriminación que suponía.

Argentina también flexibilizará las restricciones de manera paulatina, empezando por los pueblos y regiones menos afectados por el patógeno y alejados de las zonas de riesgo. En esta línea, el 20 de abril se retomaron actividades económicas en lugares sin transmisión comunitaria o con un pequeño número de casos, como en las provincias de Formosa y Catamarca, que ni siquiera han registrado un solo positivo. “A partir de mañana, se empieza a habilitar a algunas excepciones muy puntuales y estratégicas para la reactivación progresiva de la producción y la industria”, informó el domingo la secretaria de Acceso de Salud, Carla Vizzotti. El lunes también se aflojaron algunos aspectos del aislamiento obligatorio, como en la atención médica y odontológica programada o en la apertura de establecimientos de cobro de servicios e impuestos.

La gendarmería realiza un control de seguridad en un autobús urbano de La Matanza, Buenos Aires, el miércoles 15 de abril. | Juan Ignacio Roncoroni (EFE)

En el aspecto sanitario, Argentina se prepara para prevenir una sobrecarga de su sistema de salud pública. Con el fin de auxiliar la capacidad de los hospitales, el Gobierno ha construido distintos centros de aislamiento en los principales focos de contagio. En Tigre, localidad norteña de la provincia de Buenos Aires, se han preparado 500 camas para pacientes que no puedan asumir los centros ordinarios. “Nos ha ayudado mucho tomar experiencias de Europa y, en especial, del Ifema de España, donde lamentablemente han chocado con esta pandemia antes que nosotros, pero que gracias a eso nos ha dado más tiempo para prepararlo”, reflexionó el presidente en marzo.

Para aplacar el impacto económico del coronavirus, el Gobierno peronista ha dispuesto una serie de medidas para salvaguardar la producción, como un refuerzo de los subsidios por desempleo o un incentivo de los créditos para la construcción. El 17 de marzo, Fernández anunció un paquete de estímulo de 700 mil millones de pesos (10 mil millones de euros), equivalentes a un 2% del PIB de Argentina, que incluía una dotación de emergencia para personas de bajos ingresos. Además, a principios de abril, se presentó un plan de asistencia a empresas con dificultades que prevé, entre otros aspectos, el pago de la mitad de la nómina de los trabajadores. Alrededor del 75% de todas las empresas que existen en Argentina se han inscrito al programa.

Igualmente, la coalición de centroizquierda Frente de Todos, en el Gobierno desde diciembre de 2019, impulsó la semana pasada un proyecto de ley para gravar a las 15.000 mayores fortunas del país y así poder recaudar más fondos contra la emergencia sanitaria y económica. Sin embargo, la propuesta ha desatado una fuerte polémica en Argentina, pese a que aún no ha sido formalizada en el hemiciclo. “No me gustaría que este tipo de soluciones sean desde una posición de revancha. El esfuerzo y la salida hay que pensarla entre todos. No son tiempos de tratar de sacar ventajas personales”, denunció el 13 de abril el diputado Maximiliano Ferraro, miembro de la alianza Juntos por el Cambio, a la que también pertenece el expresidente Mauricio Macri y que constituye el mayor núcleo opositor del país. La parlamentaria oficialista Fernanda Vallejos, por su parte, argumentó que con ese aporte “se podría incrementar en un 50% la asistencia prevista para las provincias”. “Estamos hablando de unas 15.000 personas, es decir, un 0,03% de la población”, respondió.

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, mantiene sus ruedas de prensa vespertinas desde la residencia oficial de la Quinta de Olivos, Buenos Aires. | Alejandro Fernández (EPA\EFE)

¿Cuál es la situación actual?

El Ministerio de Salud detectó en su último balance oficial un repunte 112 infecciones y 9 decesos por COVID-19 en las últimas 24 horas. A fecha de 21 de abril, Argentina suma un total de 151 fallecidos, 840 altas médicas y 3.144 positivos, con un índice de letalidad de 4,8% y una edad promedio de 73 años. Del conjunto de casos, el 27,6% son importados, el 42,8% son contactos estrechos con visitantes y el 19,7% son producto de la circulación comunitaria. Con una población de 44,5 millones de personas, el país cuenta con 7,1 enfermos por cada cien mil habitantes y es el noveno país latinoamericano (el sexto de Sudamérica) en número de contagios.

A estas alturas, la circulación del virus está “controlada”, según sostiene el titular de Salud. “Las clínicas están a un 30-35% de su porcentaje ocupacional. Las terapias intensivas están al 50%. Significa que tenemos la mitad de camas vacías por si fuera necesario. Ojalá que no fueran necesarias”, subrayó González García en su comparecencia del 20 de abril. La semana anterior, el ministro consideraba que Argentina iba “menos mal que otros países” en la gestión de la pandemia y defendió la cantidad de pruebas diarias de COVID-19 realizadas en los hospitales. “Yo no digo que vamos bien, digo que vamos menos mal que otros países, en cualquier comparación que se haga. Porque empezamos antes y porque tomamos las medidas todas juntas y no esperamos escalonadamente”, recalcó el máximo responsable de epidemiología en el Gobierno, antes de añadir que, aunque se avance en la fase de normalización de algunas actividades, se volverá a la situación anterior si las variables empiezan a “complicarse”.

No obstante, colegios de médicos han alertado de la complicada situación de los profesionales por la falta de equipos de protección individual. Según el informe del Ministerio de Salud del 21 de abril, el 14% de los contagios en Argentina se detecta entre el personal sanitario –el promedio global está en 10%–, si bien la mayoría de los casos contrajeron la enfermedad en el extranjero. Además, según ha advertido la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), el país solo cuenta con 1.350 médicos especializados para tratar la COVID-19. Para paliar este déficit, el Gobierno confirmó este lunes que aterrizará una delegación de médicos cubanos que permitirá que el personal “más experimentado” del país austral quede liberado para que pueda dedicarse a los pacientes de coronavirus. Una semana antes, llegó a Buenos Aires el primero de los ocho cargamentos aéreos con material sanitario provenientes de China, que se enmarcan en las conversaciones de cooperación bilateral entre el presidente argentino y su homólogo chino, Xi Jinping.

En multitud de apariciones públicas, Fernández ha destacado que la rapidez con la que se tomaron las medidas contra la pandemia han colocado a Argentina como ejemplo para el mundo, aunque sin ver aún resuelto el problema. El 12 de abril, en una entrevista de la cadena Telefe, el mandatario explicó que su equipo científico calcula que el pico de infecciones llegue el 15 de mayo. “Los resultados de la cuarentena están aplanando mucho la curva y ese pico quizás no sea un pico, sino un devenir de contagios más lento. Tal vez la enfermedad dure más tiempo, pero evitemos ese pico”, agregó el presidente. “Vamos avanzando con decisión, con firmeza y con resultados que nos dan tranquilidad. Estamos muy lejos de haber ganado la batalla, pero estamos en el camino correcto. Después, los días seguirán como siempre”, sentenció.

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