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Aborto en Argentina: pañuelos verdes para pasar de supuestos a realidades
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Aborto en Argentina: pañuelos verdes para pasar de supuestos a realidades

Varias ciudades del planeta —Madrid y Barcelona entre ellas— secundan el «pañuelazo» convocado en Argentina. Reclaman una ley de aborto seguro y gratuito que sustituya a la actual —vigente desde 1921 y que puede llegar a castigar a las mujeres con penas de cárcel—

Reportaje fotográfico: Luis H. Rodríguez | Newtral

Silvia abortó y Silvia dio a luz. Interrumpió su embarazo cuando era joven y vivía en Argentina; años después, ya emigrada en España, nació su hija Jimena, que dice: «El mejor regalo que mi madre me hizo fue el de ser una hija deseada. Siempre me dejó claro que la maternidad venía del deseo».

Silvia tiene ahora 70 años. Lleva 45 en Madrid, pero aún dice «ashá» en vez de «allá» cuando habla del país en el que se crió. Este miércoles 19 de febrero —dos años después de la primera manifestación multitudinaria en Argentina a favor del aborto—, Silvia se ha plantado en la Embajada argentina en Madrid para reclamar una ley de aborto seguro y gratuito. Este #19F se convocaba un «pañuelazo» internacional por los derechos reproductivos en todo el mundo, pero con el foco puesto en la regulación del aborto en el país latinoamericano.

Madrid y Barcelona son dos de las ciudades de España que han replicado la movilización; México, Chile o Colombia han seguido también las convocatorias; y en Argentina, la movilización se ha convocado en más de 100 ciudades y pueblos.

A Silvia la acompaña su hija Jimena, de 27 años. Nacida ya «acá», como dice ella, se siente «una expatriada rara»: «Argentina también es mi país aunque nunca viviese allá». De pequeña, cuenta Jimena, su madre le relataba los «horrores» de tener que someterse a un «aborto clandestino». «No estoy muerta de milagro. No te puedes imaginar lo que es abortar en esas condiciones. Pero no me arrepiento: tengo los hijos que quise tener», dice Silvia.

Jimena abraza a su madre, Silvia, emigrada argentina | Foto: Luis H. Rodríguez

Jimena recuerda que cuando tenía 15 años —y la ley del aborto en España ni siquiera era una realidad— su madre le dijo: «Este dinero que he ahorrado es para que, si tienes que abortar, nos vayamos a Londres». En aquel momento —a finales de 2007— la ley en España era similar a la que existe ahora en Argentina: una ley de supuestos.

Esta ley española de 1985 despenalizó el aborto solo para tres casos: riesgo grave para la salud física o psíquica de la gestante, violación, y malformaciones en el feto incompatibles con la vida. La actual ley en Argentina también es de supuestos —idénticos a estos tres citados— y data de 1921.

En España, la ley del aborto de 2010 —o Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo— vino a sustituir la ley de supuestos por una de plazos: esto es, aborto libre y gratuito hasta la semana 14. Esta es una ley similar a la propuesta presentada en el Congreso de la Nación de Argentina en 2018; una propuesta que, por primera vez tras varios intentos, fue debatida y admitida a trámite. A pesar de que la Cámara de los Diputados aprobó la propuesta de ley, el Senado la rechazó —por 7 votos de diferencia—.

«Es curioso porque ahora, con ciertos discursos de la derecha radical que piden volver a la ley del aborto de 1985, siento que España retrocede en derechos. Y siento, sin embargo, que Argentina avanza», dice Jimena. Su madre, Silvia, dice que «este 2020 no será ley». Su hija le replica: «Tiene que serlo». «Querría ser optimista, pero no creo que salga adelante», responde la madre.

Laura, procedente de La Plata, cree que este 2020 la ley del aborto será una realidad | Foto: Luis H. Rodríguez

Silvia es de las pocas manifestantes que no tiene fe. La mayoría, sin embargo, dice que «será ley». Laura, de 34 años y procedente de La Plata, se muestra confiada: «Tenemos la legitimidad social, pero parece que también la del Gobierno». Lo dice en referencia a las elecciones celebradas en 2019, que permitieron renovar parcialmente las dos cámaras legislativas —Congreso y Senado—. Este cambio —especialmente en el Senado, donde el proyecto de ley fue paralizado— podría haber alterado sustancialmente la correlación de fuerzas que permitiría, esta vez sí, regular el aborto. De conseguirlo ahora en 2020, Argentina pondría fin a una ley que tiene 99 años —o casi un siglo—.

Mientras Laura habla, de fondo suena un cántico: «Si el Papa fuese mujer, aborto sería ley». Las cerca de 50 mujeres congregadas —la mayoría, argentinas emigradas— lo corean mientras portan pañuelos verdes —insignia de la lucha por el derecho al aborto—.

La marea en Madrid es chiquita, pero es su forma de estar allá desde acá, como dice Sofía, una manifestante de 36 años: «Es nuestra manera de calmar nuestras ansias de acompañar a nuestras hermanas. La marea verde también tiene que ser visible en otros lugares del mundo porque durante mucho tiempo Europa ha mirado con condescendencia a Latinoamérica, pero hemos dado una lección de cómo el feminismo se moviliza de manera masiva». «Sí, de alguna manera hemos dicho: ‘Ché, piba, mirá y aprendé’», interrumpe Mila, de 21 años.

Mila y Sofía, dos activistas en la manifestación por el derecho al aborto en Argentina | Foto: Luis H. Rodríguez

«Con Misoprostol [pastilla abortiva], con intervención, de la forma que sea es mi decisión», cantan haciendo un corrillo, como en el patio del colegio. «No es una canción infantil, pero jugamos con eso porque nos gustaría que todas las nenas sepan que su cuerpo es suyo, y que la maternidad nunca debe ser impuesta», afirma Pamela, de 27 años.

Entre el tumulto de consignas y pancartas, Karen, de 34 años, toma fotografías. Lleva un pañuelo verde y las uñas del mismo color. Es hondureña pero la lucha argentina por el aborto es la suya propia: «Son un referente a nivel mundial. La ley tiene que salir, es una esperanza para muchas de nosotras. Creo que si ellas lo consiguen, abrirán el camino para que en otros como en el mío [en Honduras el aborto es ilegal en todos los supuestos y tiene pena de cárcel] esta lucha también se libre».

Karen, activista hondureña, cree que la lucha feminista abrirá camino para que otros países latinoamericanos regulen el derecho al aborto | Foto: Luis H. Rodríguez

Las mujeres presentes en el «pañuelazo» se nombran a sí mismas como «activistas». Silvia no. «Siento que no he hecho nada de manera activa por cambiar las cosas». Su hija Jimena le lleva la contraria: «Siempre fuiste feminista, pero no lo sabías. Gracias a mujeres como tú, yo he podido valorar las conquistas y defenderlas». «Sí, es verdad, me daba vergüenza llamarme ‘feminista’, pero ahora ya no. Soy feminista», concluye Silvia.

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