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17 años del mayor accidente medioambiental de España: El ‘Prestige’
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17 años del mayor accidente medioambiental de España: El ‘Prestige’

El Prestige se mantuvo seis días a la deriva. La mancha de fuel aumentó hasta los 8 kilómetros. Cuando se intentó remolcar a costa, se partió en dos.

13 de noviembre de 2002. 14:15 horas. Apostolos Mangouras, capitán del petrolero monocasco Prestige, hace la primera llamada de socorro al Centro Zonal de Coordinación de Salvamento Marítimo de Finsterra. Se inicia el operativo de rescate. Al finalizar el día en el barco solo quedan Mangouras y dos de sus hombre de mayor confianza. El entonces ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, ordena, contra todo lo previsto, alejar el buque mar adentro para evitar la contaminación de la costa con el crudo saliente. Seis días más tarde, el 19 de noviembre, el Prestige se parte en dos a 246 kilómetros de la Costa de la Muerte. La marea negra llega a las playas gallegas.

Portada La Voz De Galicia 2002

Nadie preveía tal catástrofe. Desidia, dejadez, malas decisiones… todo ello provocó lo que se considera el mayor accidente medioambiental ocurrido en España. Aún hoy se desconoce con que chocó el monocasco del Prestige: un contenedor, un tronco o un tubo a la deriva son algunas de las hipótesis. Sin embargo, a veces lo más evidente está a simple vista. Y, negligencia o no, la tesis más aceptada fue la fatiga de los materiales, hecho que el anterior capitán, Kostazos, ya había anunciado seis meses antes de la tragedia. 

El Prestige era uno de esos cientos de petroleros que pasaban cada año por las costas gallegas. No obstante, este buque ya conocía mundo. El barco era de construcción japonesa, registro griego, propiedad libia, carga rusa y llevaba bandera de Bahamas. Pero pese a su recorrido, no se había adaptado desde la primera botadura en 1976 y la normativa ya había cambiado. Si un barco quería navegar por aguas comunitarias tenía que tener doble casco. Y este no era su caso, aunque todavía le quedaban legalmente dos años y medio de circulación. 

A esto habría que añadir que no pasaba ningún control desde 1999. Sin embargo, el desastre podría haber ocurrido igual, y como dice el dicho, a lo hecho pecho. El 13 de noviembre al mediodía el buque choca involuntariamente con algo, el monocasco fatigado se rompe y en menos de dos horas  una mancha de fuel de ocho kilómetros con una base de más 77 toneladas de combustible pesado y altamente contaminante aparece ante la mirada curiosa de los vecinos de la Costa de la Muerte. 

Las condiciones climáticas tampoco ayudaron. Lo que se conoce como la corriente de Navidad, es decir, aguas cálidas superficiales que fluyen a finales de cada año en esa zona, transportaron el fuel. De este modo, el vertido pasó de ser un caso aislado a un problema que se extendió desde la desembocadura del Miño hasta la costa suroeste francesa. Pero como todo, con el tiempo la intensidad de la corriente se redució. Coincidiendo con esto, se dieron vientos de componente norte y este que crearon corrientes de hasta 90 km/h y olas de 9 metros, lo que hizo todavía más imposible que la mancha no se moviera. Fue entonces cuando realmente se inició el gran problema, la llegada del fuel a la costa.

El entonces ministro de Fomento, Álvarez Casco, ordena llevar el buque mar adentro. Tras seis días sin rumbo y con un creciente y alarmante mancha, se decide arrastrar a tierra el petrolero. Poco después de iniciar el remolcado, el Prestige se parte en dos. Se hundió a 3.500 metros de profundidad. 

A partir de este momento el Gobierno del Partido Popular liderado por Aznar delega la coordinación de la crisis en el entonces vicepresidente primero Mariano Rajoy y se adjudica al Instituto Francés del Mar, propietario del Nautile, la operación para tratar de taponar las fisuras del petrolero hundido y evitar la continua salida de fuel a las aguas. Aunque el gobierno tardó en admitir la magnitud del desastre y no se reconocieron públicamente todas grietas que había, se consiguieron taponar hasta veinte aberturas. Sin embargo, el chapapote acabó inundando las costas de Galicia al País Vasco. 745 playas, de las mil que recorren la zona, se vieron afectadas por el Prestige.

Sumbarino Nautile| Ministerio de Transición Ecológica

Fuentes

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