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La vivienda pandémica: «Este confinamiento no debe tomarse de guía para teletrabajar y conciliar»
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La vivienda pandémica: «Este confinamiento no debe tomarse de guía para teletrabajar y conciliar»

Hablamos con la investigadora del CSIC Teresa Cuerdo de cómo nos relacionamos con nuestra vivienda durante el confinamiento, los condicionantes sociales y económicos, y de cómo el hogar hiperhabitado marca nuestra salud como nunca.

Teresa Cuerdo, investigadora de la vivienda ante la pandemia | Remitida

La doctora Teresa Cuerdo Vilches es experta en vivir bien. Literalmente, esta arquitecta investigadora en el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (CSIC) lleva casi una docena de años tratando de buscar la vivienda perfecta. Tanto desde el punto de vista del confort como el de la sostenibilidad.

La pandemia del nuevo coronavirus ha venido a cambiarlo todo, sin embargo. O, más bien, a «evidenciar cosas que ya estaban ahí pero a las que no habíamos dado importancia», en sus palabras.

Junto a Ignacio Oteiza San José –y teletrabajando– ha liderado un proyecto para ver cómo nos hemos relacionado en España con nuestras viviendas durante el confinamiento. Y si estas cambiarán con la pandemia.

De los techos altos al trazado urbano, «casi toda gran epidemia ha dejado marcas en la manera de construir», recuerda. Quizás ahora también cambiemos nuestra manera de vivir, trabajar y conciliar.

  • PREGUNTA.- ¿En qué han suspendido nuestras viviendas durante el confinamiento?
  • RESPUESTA.- Hemos hecho más de 1.800 encuestas, con testimonios y fotos que pedíamos a los voluntarios. Y ahí han salido cosas no tan evidentes como el ruido. Ha sido un confinamiento ruidoso, aunque las calles hayan estado en silencio. Te das cuenta de que lo escuchas todo, te desconcentras, ruido propio y del exterior de la vivienda. Yo misma he tenido una obra al lado.
  • P.- El ruido no se oye en las fotos, ¿cuáles les han llamado más la atención?
  • R.- La gente ha tenido que adaptarse a un evento extremo como es estar 24 horas con el núcleo de la familia. Pero el uso de la vivienda ha cambiado al tener que incorporar lo no cotidiano, para lo que no estaba pensado el hogar: teletrabajar y teleestudiar. Por otro lado, en las últimas décadas, las viviendas habían agrandado el área social (el salón, fundamentalmente).

    Pero ahora, en las encuestas y las imágenes que nos han mandado, vemos fotos de lavaderos o tendederos. Era de lo que menos les gustaba de su hogar durante estas semanas. Se han demostrado incómodos y angostos. Igual que la cocina. Hemos usado esos espacios mucho más. Nos hemos dado cuenta de que esos lugares podrían ser más generosos ahora que, por otro lado, no hemos delegado algunas tareas que se hacen allí.
  • P.- ¿La casa se había convertido ya en apenas un ‘dormitorio’?
  • R.- Sí. Y hay un rasgo grande de género. Al trabajar fuera de casa mucho más, con el paso de los años, la casa se había ido quedando vacía más tiempo, casi solo para dormir en las grandes ciudades. No éramos conscientes.
  • P.- ¿Hemos redescubierto espacios infrautilizados?
  • R.- El vestíbulo ha sido el centro de ritual de desinfección hasta límites insospechados, cuando venía de ser un sitio en que no se pasaba ni medio minuto al día. Perdió hace muchos años su valor, cuando las casas dejaron de ser amplias. Ahora mismo le daría una pensada como espacio.

  • P.- Hay casas que ni tienen de eso. De Singapur a Lleida hemos visto cómo hay trabajadores que viven al límite de la habitabilidad. ¿Hay demasiada gente que no ha podido elegir no contagiarse por cómo vive?
  • R.- Desgraciadamente es así. El que puede tener una vivienda que supera la habitabilidad básica tendrá muchos menos problemas. Una de las grandes lecciones: la vivienda es un determinante de la salud.

    Pero no sólo las condiciones de habitabilidad (ventilación, iluminación natural, ventana a calle a un nivel no sótano…). Vamos a tener que unir otras como la brecha digital. Internet tiene que ser un derecho como el agua corriente. Pero es que hay quien no tiene ni eso. Tendríamos que tenerlo superado.

    Y fuera de esta epidemia, hay personas con enfermedades crónicas que están ligadas al estado de su vivienda: contaminantes, humedad, ruido –que afecta a todas las etapas del embarazo–, etc.

Internet tiene que ser un derecho como el agua corriente. Pero es que hay quien no tiene ni eso. La vivienda es un determinante de la salud.

Teresa Cuerdo
  • P.- No todos los confinamientos han sido iguales. Hay quien gozó de un puñado de metros de jardín o terraza ¿Dejaremos de cerrar las terrazas de casa en las ciudades?
  • R.- No lo sé. A lo mejor esto ha sido una consecuencia del momento de la necesidad abrumadora de contacto con el exterior. Pero al final somos animales de costumbres. Igual nos apremian otra vez los metros cuadrados.

    Deberíamos cambiar la costumbre de relacionar la terraza con la superficie ‘computada’ dentro de la vivienda. Si no, nos vemos en la necesidad de ampliar hogar y tener el ansia de sumar esos metros.
Colmenas en el barrio de la Concepción de Madrid | M.V. y J.N.
  • P.- Un reflejo del cambio social de España. En el desarrollismo se hacían casas pequeñas pero con terraza, ¿no? ¿Esto también ha sido un rasgo de la epidemia?
  • R.- Las expectativas han cambiado. La gente que venía del campo [a la ciudad, en los sesenta] tenía un contacto más común con la naturaleza y el exterior. Pero estaban acostumbrados a espacios más grandes en los pueblos, compartiendo con generaciones mayores. Ha influido el modelo de trabajo, del sector primario, luego industrial y finalmente servicios.
  • P.- ¿Ha pesado más en España la convivencia intergeneracional para la gravedad de la epidemia y su mortalidad?
  • R.-  Hay una generación que ha dependido de los padres (abuelos) para poder trabajar. Una cosa es el discurso de lo que nos gustaría socialmente en la vivienda y otra la cruda realidad. Hay personas con trabajos remunerados y no legalizados, etc. La situación es muy diversa y está ahí.

    Los encuestados se han enfrentado a brechas de todo tipo. La primera: ‘qué hacemos con los niños’. Hay abuelos que han tenido que mirar a otro sitio y obviar las recomendaciones. Antes del confinamiento tuve que estar asistiendo a viviendas sociales de Madrid y una abuela me contaba cómo tenía que cuidar de también de enfermos pese a tener ella misma patologías crónicas. Ya antes no tenían plan B.

    Les habrá tocado rezar y tirar hacia adelante. Decidir entre trabajar y dejar a hijos con mayores o quedarse con niños en casa y perder ingresos.
  • P.- ¿Hemos asociado erróneamente teletrabajo con conciliación?
  • R.- El teletrabajo se puede unir a conciliación, pero no como se ha hecho en este confinamiento, no es un modelo. Aquí se ha sobrevivido. Si te plantea tu empresa el teletrabajo no piensas en que tendrás a tus hijos 24 horas contigo. Sin poder correr, saltar o jugar con otros niños. Para conciliar, este confinamiento no debe ser una guía para el teletrabajo.

    Pedíamos a los voluntarios fotos de lo que menos les estaba gustando del confinamiento. Uno nos mandó una de una factura. Y contextualizaba: «esto es lo que me ha costado el confinamiento para equiparme digitalmente». No todo el mundo tiene en casa equipo y hemos tenido que compartirlo con los niños para sus clases. Esta ha sido una brecha. Pero creo que el teletrabajo ha venido para quedarse, incluso en la Administración Pública, que era tan reacia.

El teletrabajo se puede unir a conciliación. Pero en este confinamiento se ha sobrevivido. No es un modelo.

Teresa Cuerdo
  • P.- ¿Y tenemos las casas preparadas para teletrabajar en España?
  • R.- En la encuesta se hablaba de que había viviendas con espacios adecuados, amplios, con luz natural y artificial… pero las fotos del momento de teletrabajo eran típicas de mesas de comedor con portátil; y ahí la ergonomía la hemos sacrificado. Hay que retomar muchas cuestiones sobre quién evalúa la calidad de mi espacio, la prevención de riesgos, etc.
  • P.- ¿La vivienda del futuro lo será a prueba de pandemias? ¿Prevé cambios constructivos?
  • R.- Espero que no haga falta meter las pandemias en la agenda de la arquitectura. Pero lo tenemos difícil. Todos vivimos en un ecosistema globalizado. De ahí la velocidad de los acontecimientos y contagios. Nuestra forma de vivir y consumir, la forma en que despreciamos al medio ambiente y pensamos que no nos va a tocar debería hacernos parar a reflexionar. También la vivienda.

Vuelta a lo de toda la vida: ventilar la casa sin demonizar al aire acondicionado

Teresa Cuerdo es también especialista en climatización. En los últimos años se ha puesto el énfasis en la eficiencia energética de los hogares. «Las viviendas típicas que habitamos tienen más de 50 años. Casi ninguna cumple la normativa de eficiencia», recalca.

Por eso, quizás, se nos ha inculcado que tratemos de ahorrar tanto frío como calor cerrando bien las ventanas. No dejando que escape o entre el aire. Esto tiene un sentido, pero la ventilación se ha demostrado eficaz para dispersar posibles gotitas minúsculas que pueden quedar flotando en al ambiente, expulsadas por una persona enferma. «Aunque esa ventilación también puede ser mecánica».

«Tenemos que pensar en consensos para ser eficientes incluso con ventilación natural. Y si es mecánica, no haciendo recircular el aire», matiza la investigadora.

Defiende el uso racional del aire acondicionado, porque en un contexto climático cada vez más extremo, no pasar demasiado calor también es una cuestión de salud.

Lo importante es que no sirva sólo para mover una masa de aire contaminada por toda una sala (esto vale para un aire acondicionado, para un ventilador pero «también para una ventana por la que sólo entre aire y una ráfaga disperse por la sala gotitas respiratorias de alguien infectado», precisa Cuerdo). El ejemplo es un restaurante con el aire en modo de recirculación o el de un autocar:

Constructivamente, «al final vuelven cosas de la arquitectura tradicional; por ejemplo, la construcción bioclimática, que es la de los pueblos de toda la vida (típica casa con ventilación cruzada y muros que aíslan del calor del verano y el frío invernal)» .

Eso sí, el parque de viviendas es que el tenemos. Y, una vez más, ahí entra la brecha socioeconómica. «Esta pandemia nos ha pillado en primavera… como nos coja otra en invierno, vamos a ver muchos casos más –y otros agravados– de pobreza energética».

En antiguas pandemias de transmisión respiratoria nos recomendaban lo mismo. «En 1918 decían ‘iluminen, limpien superficies y ventilen mucho’ «.

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