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Vela solar, la tecnología que nos vendieron como ‘extraterrestre’
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Vela solar, la tecnología que nos vendieron como ‘extraterrestre’


Desplegada con éxito la LightSail 2, la tecnología vela solar que está lejos de poder surcar estrellas, pero tiene base científica lejos de quienes apuntan a que hay veleros extraterrestres

Despliegue de la vela solar LightSail 2
Despliegue de la vela solar LightSail 2 | Planetary Society

La vela solar LightSail 2 ya vuela por encima de nuestras cabezas y acaba de mandarnos sus primeras imágenes. Todo en orden a 750 km de altitud. Se trata de una nave lanzada el pasado 23 de julio y que es capaz de propulsarse sin otro soplido que el de la luz. Pero no el de la electricidad a partir de placas solares. Cual caravela cósmica, ha desplegado unas velas para surcar la órbita terrestre a partir de vientos solares en ausencia de aire. Puede alcanzar una velocidad de 0,058 mm/s, recorriendo (tras un mes de luz constante) 549 km/h.

En teoría, otros desarrollos de vela solar podrían mandar naves más allá del Sol. Por ejemplo, si ayudamos a hinchar las velas con láseres apuntando desde la Tierra. Tal es la capacidad de esta tecnología que hace menos de un año unos científicos de Harvard sugirieron que una civilización extraterrestre estaría usándola.

Partamos de los hechos científicamente ciertos: LightSail no es algo nuevo, fue un proyecto que se demostró factible en 2010, con el lanzamiento y depliegue de la primera nave de estas características por la JAXA. En aquel caso, como en los coches, la nave era de propulsión híbrida.

En 2015 –como ahora– lo hizo la Planetary Society, fundada por el mítico divulgador Carl Sagan en 1980. Se basa en una idea tan loca como simple: la luz es capaz de empujar a los objetos. Una tela superresistente recoge los ‘vientos’ de las estrellas y propulsar pequeñas naves a distancias enormes. Esa es la teoría (probada en laboratorios) Ahora, sólo lo han conseguido con cubesats, satélites del tamaño de una hogaza de pan, muy ligeros, alrededor de la Tierra. Pero las posibilidades parecen de ciencia ficción.

La clave está en una observación que hizo Johannes Kepler en el siglo XVII. Al astrónomo imperial germánico le resultó extraño que los cometas siempre formasen su cola en dirección opuesta a nuestra estrella. El Sol tenía que soplar. Dos siglos después ya sabíamos que no era exactamente viento, sino radiación electromagnética y plasma. Y la luz, la entendamos con o sin masa, es capaz de propiciar un empuje (presión de radiación). Un empuje pequeño, pero continuo. Esto es fundamental para enviar misiones interestelares, ya que no hay sitios donde repostar combustible en el espacio. Y todo lo que está más allá del Sol nos queda un tanto lejos a los humanos. Y también a los extraterrestres.

Extratarrestres y veleros fantasma

En 2017, un observatorio de Hawái detecta lo que se considera un «asteroide interestelar», es decir, un visitante de más allá de nuestro sistema solar. Lo bautizaron como 1I/ʻOumuamua en Nature meses después. Parecía tener la forma de un cigarro pero muchas cosas no cuadraban con la descripción de «asteroide».

Su forma, su ausencia de pérdida de gas, la velocidad a la que huye de nosotros… han sido misterios por resolver para la comunidad científica que, por desgracia, no tuvo tiempo de analizarlo con detenimiento, pues su visita era bastante inesperada.

En 2018, Shmuel Bialy (estudiante postdoctoral del Harvard-Smithsonian Center de Astrophysics) y Avi Loeb (investigador experto en búsqueda de vida extraterrestre y medios para viajar a otras estrellas, de la Universidad de Harvard) pusieron sobre la mesa la tesis de que Oumuamua podría ser una nave extraterrestre naufragada en el cosmos. Como se explica en el artículo remitido a Astrophysical Review Letters, habría llegado a nuestras inmediaciones por haber estado propulsada por velas.

Recreación del objeto Oumuamua
Recreación del objeto Oumuamua | ESO, Kornmesser

Velas solares como las que promueve la organización Breakthrough Initiatives, del millonario ruso Yuri Milner. Avi Loeb es consejero de esa entidad.  “Explicamos el exceso de aceleración de Oumuamua lejos del Sol como resultado de la fuerza que la luz del Sol ejerce sobre su superficie. Para que esta fuerza explique el exceso de aceleración medido, el objeto debe ser extremadamente delgado, milimétrico, pero con decenas de metros de tamaño. Esto hace que el objeto sea liviano para su superficie y le permite actuar como una vela ligera. Su origen podría ser natural (en el medio interestelar o discos protoplanetarios) o artificial (como una sonda enviada para una misión de reconocimiento en la región interna del Sistema Solar)”. Así respondían Bialy y Loeb el pasado noviembre a Universe Today.

Eso sí, no se mojan tanto en cuanto al origen alienígena de la vela solar. Una publicación que, más que hablar de extraterrestres, es un detallado compendio de posibilidades para el desarrollo de una vela solar interestelar para humanos, en apenas 5 páginas.

El desarrollo de la vela solar interestelar, aquella que nos ahorre toneladas de combustible para viajar a otras estrellas, pone en en juego 10.000 millones de dólares cada año. Sus partidarios confían en que podamos usar láseres desde la Tierra para sostener el empuje. Breakthrough promueve el que considera uno de los inventos del siglo con el concurso científico mejor dotado. Terrícolas a la conquista de las estrellas.

 

 

2 Comentarios

  • Un apunte al penúltimo párrafo. Lo de ‘en apenas 5 páginas’ suena despectivo, como cuestionando su validez científica. La gran mayoría de estudios publicados en revistas científicas tienen una longitud similar.

    Sobre su origen extraterrestre, lo cierto es que no lo sabemos como para afirmar rotundamente que no lo es. La teoría de Loeb se sustenta en ciertos hechos. También hay otras explicando el paso de Oumuamua sin relación a origen extraterrestre. Desgraciadamente, parece que nunca llegaremos a saberlo, ya que Oumuamua esta cada vez más lejos.

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