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Una dama llamada Sebastián en el Madrid del siglo XVIII
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Una dama llamada Sebastián en el Madrid del siglo XVIII

En el Archivo Histórico Nacional se halla una de las cartas de amor que Sebastián Leirado recibió en 1768 de uno de sus amantes, el soldado Francisco Lázaro. La misiva, hallada tras descubrirse que Leirado se vestía de mujer, serviría para condenarlo por sodomía

“Ay tienes mi corazón, recívelo con cariño y recréate con el ya que no puedes conmigo“. Con esta frase escrita en el castellano del siglo XVIII finaliza una de las cartas de amor que envía el joven Francisco Lázaro, soldado de las Guardias Españolas en Getafe, a Maria Teresa Garrido. La misiva podría pasar desapercibida entre las relaciones epistolares de la época y que se mantienen en los archivos históricos, salvo por una razón: María Teresa era en realidad un bodeguero llamado Sebastián Leirado

“No es la única carta en la que Sebastián Leirado firma como María Teresa o Mariquita, nombre que varía según la misiva que consultes”, explica Juan Pedro Navarro Martínez, historiador de la Universidad de Murcia, que ha investigado esta y otras cartas incorporadas al expediente judicial por sodomía contra Leirado que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional, en Madrid, y que le ha servido para reconstruir la segunda mitad del siglo XVIII toda una red de “homosociabilidad”, concepto que este historiador utiliza para referirse a las relaciones entre varones que sentían atracción por otros puesto que hablar de heterosexualidad y homosexualidad es un concepto contemporáneo.

La mujer que resultó ser varón

“El origen del juicio contra Sebastián Leirado se encuentra precisamente en un error de la persona que le delata”, explica Navarro. El 19 de noviembre de 1768 un vecino de la Calle Esperancilla, en el centro de Madrid, denuncia que una mujer anda vestida “con el traje de hombre”. “Andar vestido de hombre” no aparece tipificado como delito por las autoridades de la época, relata Navarro, pero la carga política de invertir los géneros socialmente construidos hizo que las instituciones represoras de la época se interesaran por esta causa. 

El proceso judicial contra esta mujer debería haberse resuelto de manera sencilla con una sentencia por escándalo público ya que era una época en la que muchas mujeres vestían con “ropas de hombre” para poder saltarse las limitaciones que confería la ley a las mujeres como salir solas a la calle, señala Navarro. Pero esto cambia en el momento en el que el propio denunciado y el padre de este señalan durante su proceso judicial que su sexo es masculino y que en realidad resulta ser un varón que en ocasiones se vestía de mujer. 

Leirado es acusado repetidamente durante el juicio de no de ser un varón disfrazado, sino de ser «armofrodita» -hermafrodita- perfecto y poder mudar la identidad sexual a placer. “Conocer el sexo biológico de Leirado resultaba fundamental para que la magistratura determinase cuál era el delito que había cometido” y enjuiciarlo, por tanto, por un “acto contra-natura” que se ha materializado en la sodomía entre dos individuos varones, apunta Navarro. No obstante, el cirujano de la cárcel de Corte disipa las dudas y tras un examen físico, asegura que es “perfecto hombre”. 

El travestismo no aparece tipificado de delito como tal en ningún cuerpo legal. Sin embargo, la Sala de Alcaldes y los encargados de la vigilancia de Madrid, los Alcaldes de Barrio, tenían plena consciencia de que esta actitud transgresora solía traer consigo “segundas intenciones”, explica Navarro. Es decir, la investigación prosigue porque sospechan del posible delito de sodomía cometido por Leirado.

Una “red de homosociabilidad“ en la España de Carlos III 

En la causa judicial contra Leirado se destapa una verdadera “red de homosociabilidad” que relaciona a más de diez hombres, la mayor parte de ellos dedicados al mundo de la comedia en teatros. Algunos de estos testigos, como Leirado, iban ataviados con disfraces femeninos durante las representaciones teatrales, como era común en los escenarios de la época. Aunque era habitual que este recurso teatral fuera utilizado “para la representación de damas ridículas u hombrunas”, son dos las obras teatrales en las que participa Sebastián, La Vida es Sueño y El Diablo Predicador, interpretando a la actriz principal. 

Durante su declaración, algunos testigos dan a conocer además que habían mantenido relaciones sexuales con Leirado y que les había provocado el conocido por aquel entonces como “mal gálico”, la sífilis. También Leirado en su declaración informa de la existencia de lugares para llevar a cabo encuentros de “carácter clandestino” y que resultaban de liberación para aquellos hombres que se “sentían constreñidos por las normas de una sexualidad única y verdadera”. 

La descripción de los lugares que frecuentaban y los síntomas provocados por la sífilis “nos ayuda a tejer una red de relaciones sociales y sexuales entre estos varones”, apunta Navarro.  

Una ‘salida del armario’ ante el juez

En la última declaración de Leirado ante el juez, este le pregunta por diversa documentación hallada en su domicilio, entre las que se encuentran las cartas de amor con el soldado de Getafe y otros amantes. Sorprendentemente, Leirado no tiene problema en decir que las “cartas de amores” dirigidas a una mujer son en realidad una manera cifrada utilizada con sus amantes para que no fueran interceptadas. 

Dibujo de un corazón en una de las cartas de amor que Leirado mandó a Lázaro

También es llamado a declarar Francisco Lázaro, el soldado de Getafe, que no tiene problema en declarar que el destinatario único de la carta que requisaron durante el juicio es Sebastián Leirado y no una mujer. Según apunta Navarro, esta carta, es una “auténtica joya” para estudiar las relaciones epistolares de carácter amoroso en la época y el dibujo entraña un significado que va de la iconografía religiosa con el sagrado corazón a las alusiones militares por el cargo de Lázaro. 

Pese a lo enriquecedor del relato que de este expediente judicial se extrae, el final de la historia no termina de ser otro que el propio de una época en la que no existía dicotomía entre heterosexualidad y homosexualidad, sino entre actos contra natura y moral cristiana. Sin embargo, no se impone la pena ordinaria impuesta al “pecado nefando”: ser quemado vivo, sino que el alcalde de Sala -el juez de la época- no tiene dudas del delito de sodomía cometido por Leirado y le condena a diez años de presidio en el castillo de Pamplona. 

1 Comentario

  • Imagino lo triste que era no expresarse, que era ser culpado por los “delitos” cometidos, el no ser de mente abierta como muchos podrían serlo y tener que sufrir por no vivir libremente y no solo con las personas homosexuales, sino también a los que se decía comentan adulterio, brujería (qué no en todos los casos eran realidad),masturbacion, etc.

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