Newtral


Tres libros científicos para buscar la verdad
Siguiente

Tres libros científicos para buscar la verdad

Lamentablemente, ha dejado de importarnos la verdad. Lo que nos dio un día la religión a su manera, una explicación de las cosas, es hoy algo secundario. Aun así, la ciencia ha mantenido el pulso durante siglos, como una entidad autónoma, la ciencia por la ciencia, sin esperar nada a cambio. Ha redoblado los esfuerzos y se ha adaptado al lenguaje común para hacerse comprender, no con el objetivo de ganar adeptos sino más como una cuestión de orgullo. Las demostraciones pisan tierra firme cuando hay un receptor.

Hoy en día, solo la ciencia y el buen periodismo (¡viva Newtral!) defienden la verdad objetiva basada en la evidencia y se oponen con firmeza al terremoto que, en contraste, hace que nos conformemos con opiniones, sobre todo la propia. Como dice Roberto Blatt,  “Elegimos lo que queremos saber: acudimos a unas páginas determinadas, unos grupos en Whatsapp y unas cuentas de Twitter donde la verdad me gusta. Hemos creado trincheras personales, burbujas virtuales de realidad.”

Si hay tres pilares fundamentales en la ciencia del hoy y el mañana son la física, la bioquímica y la inteligencia artificial. Es por eso que aquí os presento tres referencias actuales de divulgación científica y a sus padrinos, esos textos de adelantados a su tiempo que mostraron el camino.

  1. El universo en tu mano (2016). Christophe Galfard.

Este es el recorrido por el universo, su historia y su física más completo y divertido que he encontrado. El éxito rotundo de este autor novel radica en su don para la didáctica, repartiendo el peso entre la narrativa y la profundización científica. Una delicia para el lector, que no podrá dejar de leer una vez complete la primera página. Al contrario, no dejará de sentirse transportado al espacio una y otra vez para mezclarse con los misterios de los confines del universo que conocemos, nuestras ideas sobre su origen, la relatividad del espacio-tiempo, la terrible grandeza de los agujeros negros, la antimateria o las nuevas aproximaciones para el mayor reto científico de la actualidad, que no es otro que la unificación de la física de Einstein con las leyes de lo infinitamente pequeño, la mecánica cuántica, en una solo teoría: La gravedad cuántica.

Sin embargo, es posible que en algún otro lugar del universo exista todo un mundo compuesto de antimateria. Un antimundo, si quieres llamarlo así. Desconocemos si existen esos antimundos pero, si realmente es así y un día te encuentras cara a cara con alguien idéntico a ti en el espacio exterior, no le des la mano. Tú y tu antitú os convertiríais en una bomba y explotaríais de inmediato. Violentamente. (¿Con cuánta violencia? Según E=mc2, para liberar una energía equivalente a tres bombas nucleares como la de Hiroshima, bastaría con que un solo gramo de antimateria se aniquilase con su contrapartida. Tu encuentro con tu antitú de 70 kilos equivaldría por lo tanto, a 210.000 bombas nucleares de ese tipo. No está mal para un apretón de manos).

Padrino: Stephen W. Hawking (1942-2018)

Christophe Galfard se doctoró en física en la Universidad de Cambridge bajo la tutela del genio británico y su obra sigue el camino trazado por él en muchas de sus obras. Han compartido largos esfuerzos y horas de estudio, así como cierta obsesión con los agujeros negros, y la didáctica de Galfard pretende seguir el camino divulgativo que Hawking inició con obras básicas como ‘La teoría del todo’ o ‘Brevísima historia del tiempo’.

Hay un par de anécdotas que cuenta Hawking en ‘Brevísima historia del tiempo’ (2005) que, más allá de las teorías científicas expuestas, definen a la perfección la extraordinaria naturaleza de los hombres y mujeres de la ciencia.

Hace algunas décadas, un célebre científico (algunos dicen que se trataba de Bertrand Rusell) dio una conferencia sobre astronomía. Describió cómo la tierra gira alrededor del sol y cómo éste, a su vez, gira alrededor de un inmenso conjunto de estrellas al que llamamos nuestra galaxia. Al final de la conferencia, una vieja señora se levanto del fondo de la sala y dijo: <<Todo lo que nos ha contado son disparates. En realidad, el mundo es una placa plana que se sostiene sobre el caparazón de una tortuga gigante>>. El científico sonrió con suficiencia antes de replicar: <<¿Y sobre qué se sostiene la tortuga?>>.

La otra trata de la defensa de Einstein ante sus críticos:

Una vez más, el riesgo de hacerse impopular no le impidió expresar sus opiniones. Sus teorías fueron atacadas e incluso se fundó una organización anti-Einstein. Un hombre convicto de incitar al asesinato de Einstein solo fue multado con  unos seis euros. Pero el científico no se inmutó: cuando se publicó un libro titulado “Cien autores contra Einstein”, dijo: “Si estuviera realmente equivocado, ¡con uno solo hubiera bastado!

        2.La cuestión vital (2016). Nick Lane.

Este libro contiene algunas ideas revolucionarias sobre la vida: sus fundamentos, su origen y evolución. De manera clara y reveladora, Lane ilumina una nueva teoría vital que rompe en casi todo con aquello que creíamos conocer. Es sorprendente cómo el planteamiento innovador de ‘La cuestión vital’ está recibiendo el reconocimiento del mundo científico al mismo tiempo que crece el número de lectores que encuentran una nueva verdad sobre el misterio de la vida en un texto para todos los públicos. Preparaos para descubrir dónde nació realmente la vida, conocer al antepasado que nos comunica con el resto de seres vivos (¡también las plantas!) y entender por qué el mecanismo de flujo de protones a través de la membrana se ha convertido en la clave para la comprensión de la química de la vida.

En este libro propondré que los gradientes  naturales de protones impulsaron el origen de la vida en la Tierra en un ambiente muy particular, pero en un ambiente que casi con toda seguridad es ubicuo en el cosmos: la lista de la compra tiene solo roca, agua y CO2. Argumentaré que el acoplamiento quimiosmótico limitó la evolución de la vida en la Tierra a la complejidad de bacterias y arqueos durante miles de millones de años. Un acontecimiento singular, en el que una bacteria se introdujo de alguna manera dentro de otra supero estas interminables limitaciones energéticas para las bacterias. Dicha endosimbiosis dio origen a los eucariotas con genomas que crecieron en órdenes de magnitud, lo que constituyó la materia prima para la complejidad morfológica. Aduciré que la relación íntima entre la célula patrón y sus endosimbiontes (que terminaron por convertirse en mitocondrias) estuvo detrás de muchas de las propiedades que los eucariotas comparten. La evolución debe tender a desarrollarse a lo largo de líneas parecidas, guiada por limitaciones similares, en otras partes del universo.  Si estoy en lo cierto (y ni por un momento pienso que lo estaré en todos los detalles, pero espero que el panorama general sea correcto), entonces estos son los inicios de una biología más predictiva. Un día será posible predecir las propiedades de la vida en cualquier lugar del universo a partir de la composición química del cosmos.

Padrino: Erwin Schrödinger (1887-1961)

Aunque parezca mentira, el matemático y físico Erwin Schrödinger (llegó a ganar el premio Nobel junto a Paul Dirac por la formulación matemática de la mecánica cuántica) tuvo una voz autorizada también el ámbito bioquímico y genético ya desde mediados del siglo pasado, adquiriendo gran relevancia su pequeño ensayo ‘¿Qué es la vida?’ (1944), mencionado constantemente por Nick Lane en ‘La cuestión vital’ y mantenido por un gran número de lectores aun en la actualidad como un referente sobre algunas cuestiones de la biología.

Este pequeño ensayo, muy recomendable como introducción al libro de Lane, aúna la química de la vida con conceptos físicos como la entropía o la mecánica cuántica, la argumentación matemática y la introducción al mundo de la genética. A continuación un texto extraído del mismo.

(…)se ha explicado que las leyes de la física, tal como las conocemos, son leyes estadísticas. Y tienen mucho que ver con la tendencia natural de las cosas de ir hacia el desorden. Pero, para reconciliar la elevada durabilidad del material hereditario con su diminuto tamaño, tuvimos que evitar la tendencia al desorden <<inventando la molécula>>. Esta molécula era, en realidad, algo infrecuentemente grande, obra maestra de un orden altamente diferenciado, protegido por la varita mágica de la teoría cuántica. Las leyes del azar no quedan invalidadas por esta <<invención>>, pero su resultado final se modifica. El físico está familiarizado con el hecho de que las leyes clásicas de la física son modificadas por la teoría cuántica, especialmente a bajas temperaturas. Hay muchos ejemplos de ello. La vida parece ser uno de ellos, y, por cierto, particularmente notable. La vida parece ser el comportamiento ordenado y reglamentado de la materia, que no está asentado exclusivamente en su tendencia a pasar del orden al desorden, sino basado en parte en un orden existente que es mantenido.

        3. Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias. (2014).                      Nick  Bostrom

Ahora que hemos entrado definitivamente en el boom de la inteligencia artificial y todo el mundo parece hablar de ello, se hace absolutamente necesario que se alcen las voces expertas para dar sentido a toda la información que recibimos. Estamos hartos de escuchar hablar sobre Big Data, Machine Learning o aprendizaje automático pero lo cierto es que pocas veces encontramos el rigor mínimo y mucho menos el enfoque adecuado.

Nick Bostrom es profesor de filosofía en la Universidad de Oxford y director fundador del ‘Future of humanity institute’ y del ‘Programme on the impacts of future technologies’ dentro del Oxford Martin School. Es probablemente la voz más autorizada a la hora de analizar el escenario en que nos encontramos en cuanto al desarrollo de tecnologías superinteligentes y las necesidades que este paso conlleva, así como los caminos que se abren en un futuro sorprendentemente cercano y que reportan a partes iguales magníficas oportunidades y peligros trascendentales para la especie y el mundo tal y como lo conocemos.

Una IA podría  realizar un salto en inteligencia aparentemente agudo puramente como resultado del antropomorfismo, la tendencia a pensar en el tonto del pueblo y en Einstein como lo extremos de la escala de inteligencia, en lugar de entenderlos como puntos casi indistinguibles en la escala de mentes-en-general. Todo lo que sea más tonto que un ser humano tonto puede parecernos a nosotros simplemente como un tonto. Uno se imagina la flecha de la IA moviéndose de manera constante en la escala de la inteligencia, superando a los ratones y los chimpancés, con IAs que parecen tontas porque dichas IAs no pueden hablar con fluidez o escribir artículos científicos, y entonces, veríamos que la flecha de la IA atravesaría la pequeña brecha entre infra-idiota hasta supra-Einstein en el transcurso de un mes o un periodo similarmente corto.

La diferencia entre un tonto y una persona inteligente puede parecer grande desde una perspectiva antropocéntrica, mas, en una visión menos provinciana, los dos tienen mentes casi indistinguibles. Es casi seguro que resultará más difícil y requerirá más tiempo construir una inteligencia artificial que tenga el nivel general de inteligencia del tonto del pueblo que mejorar un sistema de este tipo para que sea mucho más inteligente que cualquier humano

Padrino: Isaac Asimov (1919-1992)

Hay dos cualidades fundamentales que han de confluir en un creador de ciencia ficción: un gran conocimiento científico y una poderosa imaginación. En el caso de Asimov, nadie duda que fue superdotado en ambas condiciones y fruto de ello nacieron no solo las mejores novelas de ciencia ficción de nuestro tiempo sino también numerosos textos científicos de gran valor.

El autor, en su más famosa creación ‘Yo, Robot’ (1950), se adelanta no solo al camino que había de recorrer la inteligencia artificial en el futuro sino que también pone el foco de atención en los peligros desencadenados por la liberación de las máquinas y la imperiosa necesidad de adaptar los criterios de seguridad al ritmo de evolución de los algoritmos y la capacidad de computación.

Robots antropomórficos armados aparte (esto es solo un símbolo del poder de unas máquinas mucho más etéreas, quizás en la nube, pero igual o más peligrosas), vemos como las predicciones de Asimov se cumplen paso a paso…

Realmente, doctor Lanning. ¿Cómo puede usted pensar que soy un robot?

2 Comentarios

  • Las aportaciones de Nick Lane no las conocía, pero me recuerdan a los ensayos propuestos por Lynn Margulis en las últimas décadas donde divulgó y resituó las leyes Darwinistas sobre las estructuras orgánicas (‘vivas’). En resumen, estas se basan en estructuras cooperativas fundamentales (microorganismos unicelulares) donde se sustenta cualquier forma de vida policelular más compleja. Por ejemplo, no podríamos vivir ni existir sin los microorganismos que habitan nuestros intestinos y ayudan a transformar los nutrientes de la alimentación y transformarlos en la energía necesaria para la subsistencia.
    Con un discurso riguroso y muy sólido, le da una ‘ostia’ al ‘Darwinismo Competitivista’ resituándolo donde le toca.
    Quizás faltaría algún libro a esta lista de esta reveladora Bióloga.
    Saludos

    • Buenas Xavi.
      Claro que faltarían libros de Margulis ¡y de tantos otros! El problema es que no acabaríamos nunca y he elegido solo tres libros.
      Sobre la «ostia» a Darwin, no sería tan contundente. Al fin y al cabo, ni Margulis ni muchos otros tendrían por donde empezar sin algunos de sus predecesores (sobre todo Darwin). En el mundo de la ciencia se trata de poner escalones sabiendo que el tuyo no es el último ni el definitivo pero posibilita que haya otros que suban por ellos en el futuro, lo cual es increíblemente generoso. Igual que Einstein no dio ninguna «ostia» a Newton (aunque demostrara una nueva gravedad, etc), ni este a Galileo, ni este a Aristóteles. Por eso contextualizar las innovaciones científicas es tan importante!
      Abrazos

¿Quieres comentar?

Relacionados

Más vistos

Siguiente