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Tasas de éxito y fracaso de la reproducción asistida: ninguna clínica puede asegurarte que tendrás un hijo
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Tasas de éxito y fracaso de la reproducción asistida: ninguna clínica puede asegurarte que tendrás un hijo

En una carrera contra el paso del tiempo, las parejas buscan conciliar la esperanza que les dan las estadísticas de las empresas con el alto coste económico y personal del proceso

Foto: Shutterstock

La espera puede ser o bien un tiempo regalado o un tiempo arrebatado —no es lo mismo una prórroga que un retraso—; puede ser emocionante o producir frustración; y es, incluso, el eje sobre el que se articulan el éxito y el fracaso —lo anhelado frente a lo inmediato—. «De mis casi tres años intentando tener un hijo, he aprendido que odio esperar», dice Amagoia Muñiz, de 43 años.

Comenzó su primer tratamiento a los 39, tras un año y medio de búsqueda junto a su pareja, Diego. Todavía están pagando el crédito que pidieron a la clínica para el último intento, una ovodonación de la que resultaron seis embriones. «Me hicieron cuatro transferencias porque dos quedaron inservibles tras descongelarlos. Conseguí un embarazo pero aborté. A eso hay que sumarle los otros dos ciclos de fecundación in vitro [FIV] anteriores en los que tuve otros dos abortos. No tener un hijo me hace infeliz, pero pasar por este proceso, también», argumenta Amagoia.

En total, ella y su pareja han desembolsado 30.000 euros. Para el último intento contrajeron una deuda con la clínica que todavía están pagando. «Siempre pensé que el dinero era lo de menos, pero lo pensaba porque empecé el proceso convencida de que si lo intentábamos lo suficiente, lo conseguiríamos», añade.

«Un 20% de las pacientes abandona el tratamiento de reproducción asistida solo por el estrés que les genera», señala a Newtral.es Agustín García, andrólogo en el Centro de Infertilidad Masculina y Análisis de Barcelona (CIMAB).

«El proceso puede ser hostil. Para una fecundación in vitro, te tienes que pinchar hormonas, que ya de por sí pueden afectar a tu estado de ánimo; después te llevan a quirófano, te tienen que dormir y hacerte una punción ovárica. Ahí llegan las esperas: a ver cuántos óvulos me han extraído, a ver cuántos embriones conseguimos con esos óvulos, cuántos embriones sobreviven… Y tras las transferencias de embriones, esperar dos semanas para saber si estás embarazada. Y una vez embarazada, esperar que no se produzca un aborto», añade el doctor García.

Diferencia entre ciclo y transferencia

Un ciclo hace referencia al proceso completo por el que se extraen los óvulos, se fecundan y se transfieren los embriones. Si es con óvulos propios, el ciclo contempla la estimulación ovárica, la extracción de óvulos, la fecundación de los óvulos con esperma de una pareja masculina o de donante, así como la transferencia de aquellos embriones resultantes de fecundar dichos óvulos. Si el ciclo se realiza con óvulos de donante y no con los de la paciente, la estimulación y la extracción se realizan a la donante. En ambos casos, el ciclo se completa cuando se han transferido todos los embriones viables. Esto significa que un mismo ciclo puede constar de varias transferencias —tantas como embriones útiles haya—. Una misma transferencia se puede realizar con uno, dos y hasta tres embriones —lo máximo permitido por ley—. Si es con más de un embrión, en caso de producirse embarazo, este puede ser múltiple. Por otro lado, una transferencia puede resultar negativa o positiva: es decir, que no se produzca un embarazo o que sí se produzca. Y cuando es positiva, puede ser un embarazo que llega a término o puede producirse un aborto.

La clínica a la que acudieron Amagoia y Diego les aseguró un 70% de éxito de embarazo tras el primer ciclo de fecundación in vitro con sus propios óvulos; una cifra que aumentaba hasta el 88% de tasa de éxito acumulada tras un segundo ciclo. Los dos ciclos fallaron, por lo que su médica les recomendó optar por la ovodonación: la tasa de éxito en este caso, tras un primer ciclo, era del 80%.

«No creo que la clínica nos estafase, pero sí que tratan de mantener la esperanza de los pacientes a toda costa y, hasta cierto punto, es lógico: no te metes en un proceso así pensando que no tienes oportunidades. Pero cuando te dicen que hay una tasa de éxito tan alta y en su página web repiten constantemente que cuanto más lo intentas, más probabilidades tienes, te lo crees. Tiene un punto adictivo», dice Amagoia.

«La tasa de éxito que realmente importa es la de niño en casa, no la de embarazo. Es un matiz importante: la paciente puede quedarse embarazada y luego abortar», explica a Newtral.es Miguel Ángel Checa, jefe del grupo de Reproducción Humana en el Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques (IMIM) y, también, obstetra en la clínica privada de reproducción asistida Fertty.

Agustín García, del CIMAB, afirma que «mucha gente puede interpretar embarazo como parto»: «Es ahí donde las clínicas deberían hablar más claro, y yo creo que no todas lo hacen. Pero claro, a nivel publicitario queda muy feo decir: ‘El 90% de nuestras pacientes se embarazan, pero también abortan un 30%’».

Tasas de éxito

La Sociedad Española de Fertilidad (SEF) elabora anualmente un informe con las tasas de éxito de las 307 clínicas privadas de reproducción asistida que hay en España.

Así, según los últimos datos disponibles de la SEF —de 2017—, las tasas de parto por cada ciclo iniciado —en función de la edad y correspondientes a tratamientos de fecundación in vitro con óvulos propios— serían las siguientes: 20,3% para mujeres de menos de 35 años; 15,9% para mujeres de entre 35 y 39; 5,7% para mujeres de 40 años o más. Si no atendemos a la edad de las pacientes, la tasa de parto por ciclo es del 14,2%. Una cifra que dista mucho del 70% de probabilidad de éxito que la clínica les aseguraba a Amagoia y Diego.

[Al final de este reportaje puedes encontrar una ampliación de las tasas de éxito según la SEF (por transferencia y no por ciclo, y en función de si los embriones son en fresco o congelados)]

Como posible explicación, Miguel Ángel Checa señala que «los datos de la SEF reflejan la media de los datos agregados de todas las clínicas»: «Esto significa que habrá clínicas cuyas tasas de éxito estén por encima de la media que aporta la SEF y otras que están por debajo. Es una media que sirve para hacernos una idea aproximada».

Las tasas de éxito —parto, y no embarazo— por ciclo son del 14,2% con óvulos propios y del 27,7% con óvulos de donante, según el registro de la SEF

«Puede ocurrir que haya clínicas que rechacen los ‘casos malos’ porque les van a estropear la estadística: es decir, atiendes solo a parejas sin grandes problemas porque así tienes las mejores tasas de embarazo de la región», apunta a Newtral.es el ginecólogo y obstetra Roberto Matorras, jefe de Reproducción Humana en el hospital público Cruces (Barakaldo) e investigador en la clínica privada de reproducción asistida IVI.

«No creo que las clínicas engañen de por sí con las tasas, pero sí que muchas de ellas no las explican de manera clara. La tasa de parto es más precisa o más orientativa que la de embarazo. Si en tu web solo incluyes la de embarazo, estás obviando que hay un porcentaje alto de mujeres que sufren abortos espontáneos», explica a Newtral.es la embrióloga Muriel Cuadros. «A veces tampoco explicitan esos datos según la edad de la paciente, y las tasas no son las mismas para una paciente de 30 que de 40», añade Cuadros.

[Descarga aquí el informe de la SEF de 2017]

Las tasas aumentan cuando los ciclos de fecundación in vitro se realizan con óvulos de donante, ya que «las donantes son mujeres por debajo de los 30 o 35, cuya reserva ovárica es buena y la calidad de los óvulos también», apunta el obstetra Miguel Ángel Checa. «Para mujeres de 40 o más, la mejor opción es la ovodonación porque con óvulos propios tendrán muchas menos posibilidades de tener un hijo», añade. Según el registro de la SEF, la tasa de parto tras un ciclo de ovodonación es del 27,7% —sin tener en cuenta la edad de la paciente—.

Si miramos por edad, la SEF no incluye tasas de parto por ciclos, sino por transferencias. Así, la tasa de parto en función de la edad y con óvulos de donante por cada intento dentro de un mismo ciclo serían las siguientes: 43,5% para mujeres menores de 35 años; 44% para mujeres de entre 35 y 39; 39,2% en mujeres de 40 años o más.

[Al final de este reportaje puedes encontrar una ampliación de las tasas de éxito según la SEF (por transferencia y no por ciclo, y en función de si los embriones son en fresco o congelados)]

Contratos y tratamientos

La maternidad es un estado. Nueves meses o toda una vida. A veces, esa circunstancia es solo un anhelo. Un deseo que, desde hace unos años, supone una facturación de más de 400 millones de euros anuales en España.

Según datos recabados por la consultora DKB y emitidos en un informe de 2019, en 2018 las clínicas privadas de reproducción asistida facturaron 467 millones de euros. En su informe, DKB estimaba que el volumen de negocio en 2019 estaría en torno a 615 millones de euros [consulta aquí el sumario del informe de la consultora DKB].

Laia Codina y su marido Ricardo Jurado, ambos de 44 años, acudieron en noviembre de 2018 a una clínica de reproducción asistida de Barcelona, tras dos años intentando quedarse embarazada. Con su historial, el médico les ofrece una fecundación in vitro con óvulos de donante —asegurándoles un 89% de éxito tras el primer ciclo— y el esperma de Ricardo o la adopción de un embrión —con una tasa de éxito del 60%—.

Laia y Ricardo se decantaron por la primera opción, desembolsando casi 7.000 euros —más 1.150 euros aparte en concepto de medicación para la estimulación ovárica de la donante—. El documento de presupuesto cita que «en caso de que no se haga la transferencia embrionaria, se procederá a la devolución de 630 euros».

«El ginecólogo nos aseguró la transferencia de un embrión en fresco y la congelación de otros dos o tres embriones. Eso suponía entre tres y cuatro intentos para conseguir un embarazo que llegase a término, pero solo tuvimos un intento», cuenta Laia. De los óvulos de la donante, consiguieron cuatro embriones. Pero el día que acudieron para realizar la transferencia, les informaron de que los embriones evolucionaban lentamente y que tendrían que volver unas horas más tarde. «Ni siquiera estaba nuestro médico, que era el que siempre nos atendía», apunta Ricardo.

Horas después, regresaron a la clínica, y les atendió otra doctora distinta que les informó que de los cuatro embriones, «dos habían comenzado a degenerar». Eso les dejó con tan solo dos embriones en total: «Nos indicó que lo ideal sería transferir los dos embriones a la vez, aunque de madurar los dos, estaríamos ante un caso de gemelos. Le preguntamos que por qué este nuevo escenario y simplemente dijo que era por la calidad del semen de Ricardo. Sobre esto no nos habían comentado nada. Solo nos mandaron un e-mail con los resultados en PDF del seminograma».

A Laia le transfirieron los dos embriones a la vez, y cuando acudió al centro unas semanas después para realizar la prueba de embarazo, esta dio negativa. «En ningún momento nos hablaron de las nuevas probabilidades de éxito con solo dos embriones. El único porcentaje que teníamos en la cabeza era el que nos había dicho el primer médico: 89% de éxito tras un primer ciclo. Sin embargo, tras la prueba negativa de embarazo, recibimos un informe en el que nos indicaba que los embriones no eran buenos y que la probabilidad de éxito era del 20%».

Laia y Ricardo alegan que en ningún momento les ofrecieron la posibilidad de no hacer la transferencia. Según el contrato, de no haberlo hecho, tendrían derecho a recuperar 630 euros. «Cuando nos reunimos para valorar todo lo que había pasado, le dijimos que nunca se nos dio esa opción. El médico que nos atendió nos respondió que habiendo llegado hasta el final, no contemplaban que la pareja quisiera renunciar a la transferencia embrionaria. E incluso nos dijo: ‘Es como si una persona se está muriendo y solo tiene un 20% de posibilidades de reanimarla, ¿no lo harías?’. En aquel momento, nosotros ni siquiera conocíamos que la probabilidad de éxito había bajado de 89% a 20%. De haberlo sabido, quizá habríamos optado por la opción de no transferir los embriones», explica Laia.

Del dinero que invirtieron, este matrimonio ha recuperado 835 euros: «Cuando revisamos el contrato, vimos que ese era el precio que pagábamos en concepto de congelación de embriones. Pero de los cuatro embriones que teníamos, dos degeneraron. Nunca pudimos congelar ninguno, así que reclamamos ese dinero», cuenta Ricardo.

La causa de que los embriones resultantes no fuesen de calidad —teniendo en cuenta que la donante de óvulos tenía 18 años y que las clínicas aseguran la calidad de los mismos— podría ser por la fragmentación de ADN espermático, prueba que Ricardo se realizará próximamente para proseguir los intentos de tener un hijo. Este daño, que puede ser causa de aborto, puede estar presente incluso en seminogramas aparentemente normales, como indica el andrólogo del CIMAB Agustín García.

Sin embargo, «como la mayoría de las mujeres tiene ya más de 38 años cuando acuden a una clínica, y esto ya es un factor clínico de riesgo, se asume que principal problema es femenino», apunta García. Por tanto, «esta prueba no se pide porque, aparentemente, no hay necesidad cuando hay un seminograma normal», comenta este especialista. «Yo sí recomiendo hacerla porque sé que en seminogramas normales también puede estar presente este daño», añade.

En este sentido, Agustín García señala que «tampoco se puede criticar a todos los especialistas por no pedir estas pruebas desde el principio porque entonces habría que pedir todas las pruebas existentes, que son muchas».

Tras el primer fracaso, la clínica ofreció a Laia y Ricardo «intentar un segundo ciclo pero con un 30% de descuento» o «realizar de manera gratuita la prueba de fragmentación del ADN espermático, que cuesta cerca de 700 euros». «Sentimos que estaban regateando para que nos quedásemos en la clínica y eso no nos gustó. Seguramente lo volvamos a intentar pero en otra clínica», apunta Ricardo.

«No existe un relato sobre qué pasa cuando dejas los tratamientos. Es un duelo desautorizado y vergonzoso», dice Gloria Labay

«Llevo diez años dedicándome a esto y hasta que no lo ves desde el otro lado, no te das cuenta de hasta qué punto es duro y frustrante. Por eso, explicar la información muy bien y que haya confianza entre médicos y pacientes es vital», señala la embrióloga Muriel Cuadros, quien también se sometió a un tratamiento de reproducción asistida a sus 33 años. «Conseguí tener un hijo en el segundo ciclo, y eso que nosotros éramos pareja de buen pronóstico. Influyen tantos factores aunque todo el proceso se haga bien que por eso es tan importante ser realistas con los pacientes», añade Cuadros.

Esta embrióloga señala que uno de los errores es «dar unas tasas de éxito del centro como si fuesen las de las parejas». «La paciente a veces se va con la idea de que es lo que le va a ocurrir a ella, pero, en realidad, lo que ha contratado es un tratamiento sin ninguna garantía absoluta. Por eso es tan difícil reclamar: los consentimientos y los presupuestos están bien estudiados y siempre hay que leerlos bien antes de firmarlos, así como preguntar cualquier duda. Es cierto que el médico debe estar seguro de que has entendido el consentimiento, pero eso al final es su palabra —y lo que haya escrito en la historia clínica— contra la tuya, y tú has firmado el documento», advierte la especialista.

El fracaso del tratamiento: «Un duelo no autorizado»

Gloria Labay, matrona en un hospital público de Barcelona, tiene ahora 55 años. Tras haber ayudado a traer al mundo a cientos de bebés, quiso hacer lo propio: se propuso ser madre. Tras intentarlo durante un tiempo con su pareja de entonces y sufrir dos abortos espontáneos, a los 40 comenzó en solitario un tratamiento de reproducción asistida en una clínica privada. «Hice tres inseminaciones artificiales y en la última me quedé embarazada, pero otra vez tuve un aborto espontáneo. Mi ginecóloga me propuso pasar a una fecundación in vitro [con óvulos propios]. Hice un ciclo completo y no fue nada bien».

Tras estos intentos, Gloria se decidió por una ovodonación —una fecundación in vitro pero con óvulos de donante—: «Conseguí quedarme embarazada otra vez, pero volví a sufrir un aborto. Era el cuarto ya y desistí. Dije: ‘Este camino no es para mí’».

«A veces, cuando te quedas embarazada, aunque abortes, tienes la sensación de que todo en tu cuerpo funciona correctamente porque has podido quedarte», cuenta esta matrona. Por eso, señala, «a veces cuesta mucho parar». Uno de los motivos por los que ella desistió fue el económico. En total, Gloria se gastó cerca de 20.000 euros. «La cuestión económica puede ser un problema, pero por eso las clínicas, desde hace no mucho, tienen este sistema de créditos por el que te financian el tratamiento y tú lo pagas a plazos», añade.

Miguel Ángel Checa reconoce que «ya hay una brecha de clase» entre quienes pueden costear estos tratamientos y quienes no: «Son tratamientos que valen muchísimo dinero. Y la realidad es que cada vez se van a tener más tarde los hijos», augura este obstetra e investigador.

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En este sentido, su predicción sobre el futuro es que «las mujeres se congelarán óvulos a los 35 o antes, y los hombres se congelarán el esperma también; se centrarán en su carrera profesional y se conocerán a los 45, cuando ya estén laboralmente estabilizados; decidirán, a esa edad, tener un hijo, y entonces irán al laboratorio, descongelarán su óvulo y su esperma, lo fertilizarán y harán un estudio para seleccionar los mejores embriones para tener un niño sano». «Para todo esto, ahorrarán o pedirán un crédito y pagarán 200 euros cada mes igual que cuando te compras ahora un coche y lo pagas a plazos», añade.

Gloria, que tras su experiencia creó un foro de encuentro para mujeres que no han podido ser madres por distintas razones, opina que las clínicas «solo hablan del éxito y del bebé milagro»: «No existe un relato sobre qué pasa cuando dejas los tratamientos, de cómo han impactado en tu salud física y mental e, incluso, de cómo afecta a tu relación de pareja. Es un duelo desautorizado y vergonzoso».

«Las mujeres que no han tenido bebés sanos a partir de una FIV son menos propensas a hablar abiertamente acerca del procedimiento que aquellas para quienes esa técnica fue exitosa», escribía la nutricionista y columnista Jane E. Brody en el New York Times.

La publicidad de las clínicas

«La congelación de óvulos ahora mismo es un filón», dice la ginecóloga Sonia Lobo, de la Unidad de Reproducción Asistida del hospital público La Paz —y que ejerce también en la clínica privada Ruber Internacional pero no en el ámbito de la reproducción asistida—. «La paciente que llega y que quiere o tiene que demorar su maternidad y se le propone congelar ovocitos tiene la falsa sensación de tener un seguro reproductivo. Y eso no es verdad», añade Lobo en conversación con Newtral.es.

Las diferentes clínicas emplean diferentes eslóganes para captar pacientes que quieran preservar su fertilidad: 

  • «Analizamos tu reserva ovárica totalmente gratis para que seas madre cuando quieras serlo gracias al tratamiento de preserva de ovocitos»
  • «Cumple tu sueño de ser madre»
  • «Elige cuándo quedarte embarazada»
  • «A través de la congelación de óvulos puedes quedarte tranquila si no quieres ser madre ahora. Tus óvulos mantendrán la calidad que tienen hoy y tú podrás decidir cuándo quieres ser madre»

Eslóganes de diferentes clínicas publicados en sus web o redes sociales

Respecto a la congelación o vitrificación de óvulos, Miguel Ángel Checa asegura que «no es la mejor opción»: «La solución no es más fecundaciones in vitro o preservar la fertilidad, sino adelantar el tiempo de la maternidad con políticas de conciliación. Como creo que eso no va a pasar, sí recomendaría a aquellas mujeres que quieran ser madres que congelen sus óvulos antes de los 35. Congelarlos a los 40 tiene poco sentido. Ahí estás congelando más bien humo y esperanzas que una realidad», apunta.

En este sentido, la ginecóloga Sonia Lobo no considera que las clínicas hagan publicidad desleal, pero matiza que «no se debería fomentar que te puedas quedar embarazada a cualquier edad». «Hay que explicar que eso se consigue a veces —y no siempre›— tras muchos intentos. Y, también, que congelar óvulos no te asegura su reproducción posterior», afirma.

La embrióloga Muriel Cuadros opina que «el marketing de la congelación de óvulos no es realista»: «El problema es que no te venden la vitrificación en sí, sino que tengas un hijo cuando quieras. Pero es que la vitrificación no te garantiza nada».

En primer lugar, señala esta especialista, porque «para tener unas probabilidades altas en el futuro tendrían que extraerte 15 óvulos en el proceso, y eso no siempre ocurre». Para lograrlo, advierte, quizá haya que realizar más de un ciclo «y eso implica volver a pagar».

«Y aunque consigas esos números, nadie te puede asegurar que en el futuro puedas tener un hijo usando tus óvulos congelados: dependerá de que no tengas otras patologías que podrían imposibilitar el embarazo. Eso sin contar con que aunque en tu caso esté todo bien, tu pareja [masculina] puede que tenga problemas reproductivos», añade Cuadros.

Las clínicas no solo publicitan la congelación de óvulos, sino también promociones, ofertas y «seguros a todo riesgo»:

  • «Tu bebé recién nacido o te devolvemos tu dinero»
  • «Juntos, podemos conseguirlo. Descubre nuestro Programa de Garantía de Embarazo. Si no te quedas embarazada, te devolvemos el dinero»
  • «Tu tratamiento de inseminación artificial 2×1. Haremos lo posible y lo imposible para ayudarte a ser mamá»
  • «Súbete al tren de la maternidad. FIV + ICSI, 5% de descuento»
  • «Embarazo garantizado. Plan Óptima. Si no consigues el embarazo, el tratamiento es gratuito»

Eslóganes de diferentes clínicas publicados en sus web o redes sociales

Roberto Matorras, obstetra del Hospital de Cruces y de IVI, opina que este tipo de seguros «es una manera fenomenal de quitar presión a las parejas»: «Si al menos no consigues un bebé, no te quedas también sin dinero», añade.

Respecto a la publicidad, Agustín García, del CIMAB, señala que «son empresas, tienen que pagar nóminas y seguir programas de calidad, que son caros». «Cuando hay tanta competencia, te tienes que desmarcar de alguna manera». Considera que promociones como «el 2×1 de fecundaciones in vitro que llevan a cabo clínicas low cost es mercadeo»: «Es una falta de respeto, estás frivolizando con un tema médico».

En el caso de los programas que aseguran un bebé recién nacido o un embarazo, Muriel Cuadros recalca que «las clínicas no están arriesgando nada porque a estos programas solo acceden pacientes seleccionados».

Hay clínicas que garantizan un embarazo —como Ovoclinic o Fiv Madrid— y otras, un bebé recién nacido —como IVI—, programas cuyo coste ronda los 20.000 euros. La embrióloga Cuadros recuerda que «un embarazo no es garantía de que este llegue a término». «En el caso de que te garanticen un bebé, la realidad es que solo acceden a estos programas pacientes seleccionados, que suelen ser de buen pronóstico».

En el caso de IVI, por ejemplo, para una fecundación in vitro con óvulos propios, el primer requisito es tener menos de 38 años. Pero tal y como recuerda Miguel Ángel Checa, «las mujeres de 38 años o más son las que acuden principalmente a estas clínicas». «El precio de estos programas incluye, habitualmente, tres ciclos. Pero seguramente los pacientes que seleccionan consigan un bebé con menos de tres ciclos. Esto significa que, en muchos casos, están pagando un sobrecoste, es decir, están pagando ciclos que no van a utilizar. Lo que están pagando es tranquilidad», concluye Muriel Cuadros.

Ampliación: tasas de éxito

Estas tasas corresponden al porcentaje de partos por ciclo iniciado con óvulos propios en fresco. Un ciclo, habitualmente, incluye una o varias transferencias de embriones. Pero no tiene por qué. En un ciclo iniciado puede no producirse ninguna transferencia por distintos motivos como, por ejemplo, que no se haya podido fecundar ningún óvulo y, por tanto, no haya embrión que transferir; o que de los embriones fecundados ninguno haya resultado útil para transferir. Esto formaría parte también de las cuestiones a tener en cuenta cuando se inicia un ciclo.

La SEF, sin embargo, incluye otras tasas de éxito que pueden resultar relevantes. Si observamos la tasa de parto por transferencia (y no por ciclo) con óvulos propios en fresco, las cifras serían las siguientes: 35,7% para mujeres de menos de 35 años; 26,4% para mujeres de entre 35 y 39 años; y 12% para mujeres de 40 años o más. La tasa de éxito media sin tener en cuenta la edad sería del 26%.

Si miramos las tasas de parto por transferencia con óvulos propios y embriones congelados, serían las siguientes: 32,4% para mujeres menores de 35; 25,2% para mujeres de entre 35 y 39; y 14,9% para mujeres de 40 años o más. En este caso, la tasa media sin tener en cuenta la edad sería de 25,6%.

Por último, también comentábamos las tasas de parto por cada ciclo iniciado de ovodonación, que, sin tener en cuenta la edad, sería del 27,7%. Aquí ocurre lo mismo: en un ciclo iniciado, no tiene por qué producirse una o varias transferencias (aunque este sea el escenario más habitual). Si observamos la tasa de parto por transferencia de embriones en fresco resultantes de óvulos de donante, esta sería del 40,6% (sin tener en cuenta la edad).

¿Y la tasa de parto por cada transferencia realizada con embriones congelados resultantes de una ovodonación? Sería del 30,6% para mujeres de menos de 35 años; del 30,2% para mujeres de entre 35 y 39; y del 27,8% para aquellas mujeres de 40 años o más.

En conclusión: hay pequeñas variaciones en las tasas de éxito (o tasas de parto) en función de la metodología empleada para calcularlas. En cualquier caso, estas variaciones oscilan en un rango que no afecta a las conclusiones generales.

8 Comentarios

  • Totalmente de acuerdo con el artículo, debería mostrarse la realidad y no la publicidad engañosa que juega con las ilusiones de la gente en algo tan importante como es la maternidad para la continuidad de nuestra sociedad. Cuando se den cuenta de que no hay suficiente nacimientos ya será tarde. Me parece bien que sea un negocio pero debería controlarse porque los precios son desorbitados.

  • El articulo esta muy bien. Yo e echo una fiv , con 36 años , con semen de donante , reserva ovarica baja y mi única transferencia con embrion congelado. Es verdad que las clinicas que te dan esperanzas , pero mi sensacion a sido que mientras hacia el tratramiento mas dificil veia que todo saliera bien , que todo fuera facil,, al reves, veia que esto era un proceso muy complicado. Y puedo decir que estoy embaraza , pero hasta que no vea a mi bebe salir no estaré tranquila. Por eso este articulo me a gustado por que la realidad no es la que te venden ,son procesos muy complicados , nadie te puede asegurar tener un bebe por que hay millones de factores implicados. No quiero desanimar a nadie, pero hay que ser realista , gracias a la reproduccion asistida he podido quedarme embarazada , pero no es un camino asegurado a que puedas tener un bebe si o si. Por supuesto hay que intertarlo cuando no te queda otra opcion.

    • Que suerte Tania. Te parecerá bonito poner tu mega-buen caso para sentirte orgullosa y mostrar que bien te fue tras leer el artículo.
      El artículo excelente muestra la realidad de las clínicas y su fin, el negocio económico, que nunca hay que olvidar. Los precios de la medicina puede llegar a 2500 por tratamiento Mantengo que los porcentajes mostrados en las clínicas estan maquillados y que casi llega a ser igual de complicado quedarse de forma natural pero este último sin pinchazo, espera y gastos…. Esta sociedad debería subvencionar estos tratamientos y existir igualdad entre el hombre y la mujer a la hora de acceder a la seg.social , no nos asustemos cuando no haya quien trabaje para pagar pensiones y ningún gobierno se fijo en esta pena de una parte de la sociedad.

  • Hola . Queria saber una cosilla el dia 13 de mayo me hicieron una transferencia invitro el embrion de 5 dias ( congelado ) porque las otras veces no me hbia qedado embarazada . Mi ultima regla fue el 1 de mayo . De cuanto tiempo estoy ? Gracias

  • Está muy bien el artículo, hay un montón de cosas que contar sobre los TRA, es cierto que en un primer momento parece que la expectativa es genial, ya que la publicidad de los centros parece que la decisión de cuando vas a ser madre es tuya, nada mas lejos de la realidad. Y si por encima es un caso de los difíciles, ya ni te cuento. Poca ética con los pacientes, que aquí se los trata como consumidores, no pacientes, y ahí está el problema.

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