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Rudolf Hess: de Núremberg a la muerte en Spandau
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Rudolf Hess: de Núremberg a la muerte en Spandau

Hoy se cumplen 73 años desde que un tribunal condenara a varios miembros de la cúpula nazi por su responsabilidad en el Holocausto, uno de los mayores crímenes de la historia moderna. Rudolf Hess fue el último en morir en prisión.

 

1 de octubre de 1946. Hoy, hace 73 años, concluyeron los Juicios de Núremberg, el proceso judicial al que se sometió a los nazis por sus crímenes contra la humanidad. Cuando los Aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial, decidieron juzgar a los principales cargos del régimen alemán que quedaban vivos.

En el juicio más importante de estos doce procesos judiciales, un juez de cada uno de los 4 países Aliados (Reino Unido, Estados Unidos, Francia y la Unión Soviética) procesaron a 24 líderes nazis. Salieron 3 sentencias a cadena perpetua: la del ayudante del líder, Rudolf Hess; la del ministro de Economía de Hitler, Walther Funk; y la del comandante en jefe de la Armada del III Reich, Erich Raeder. Estos tres cumplieron su condena en la prisión de Spandau (Berlín), siendo Hess el último en morir.

Rudolf Hess, último vestigio viviente de la cúpula del poder nazi

Rudolf Hess había sido uno de los principales apoyos de Hitler, tanto en su ascenso al poder como en la ejecución de sus planes más sanguinarios. Se conocieron en 1919, y Hess quedó impresionado por Hitler. En 1923 colaboró con este en el Putsch de la Cervecería, un intento fallido de Golpe de Estado, por el cual ambos fueron a prisión. Allí compartieron celda y ayudó al futuro líder nazi a escribir el Mein Kampf.

Tras salir de la cárcel, sus vidas discurrieron marcadas por la ascensión del NSDAP, el partido nacionalsocialista obrero alemán (partido nazi). Hess siguió de cerca a Hitler, pasando por cargos como presidente del Comité Central del NSDAP, parlamentario del Reichstag, jefe del partido nazi y Ministro de Estado. Así terminó convirtiéndose en su mano derecha, en su segundo directo, por encima de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda y principal encargado de los discursos del Führer, Adolf Hitler.

Vuelo a Dungavel Castle

Sin embargo, su historia tomó un rumbo diferente a la de los demás miembros de la cúpula nazi a partir del 10 de mayo de 1941: ese día, mientras pilotaba un avión BF-110 rumbo a la pista privada del Duque de Hamilton en Dungavel Castle (Escocia), Hess se quedó sin combustible y se vio obligado a saltar en paracaídas, por lo que fue capturado por las autoridades británicas. Esto se debió a que, tras burlar a los aviones de la Royal Air Force británica, la pista privada en la que debería aterrizar nunca se iluminó y la pasó de largo dos veces.

Durante el interrogatorio británico, dijo traer un mensaje del Führer buscando un acuerdo con los británicos, cosa desmentida desde Alemania. Fue retenido desde entonces por la Home Guard, una organización de defensa del Reino Unido, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

La realidad de por qué hizo este viaje sigue siendo una incógnita no resuelta fruto de especulaciones. Hay quienes piensan que quiso traicionar a Hitler; quienes creen que se trataba de un operativo de establecer alianzas con personas de ideología pronazi en Reino Unido para derrocar a Churchill y unirse al III Reich; y hay quien piensa que fue simplemente un acto de locura. Ian Kershaw, el biógrafo de Hitler más reputado, arroja algo de luz sobre este asunto explicando que considera a Hess lo suficientemente fanático de Hitler como para no traicionarle nunca, descartando la teoría de la traición.

Pero la importancia del vuelo no está en el qué ocurrió, sino en el cuándo ocurrió. Como el Endlosung o Solución Final (el plan para acabar con todos los judíos de Europa) no se comenzó a aplicar hasta la invasión alemana de la ex-Unión Soviética hasta Junio de 1941, cuando Hess ya estaba detenido, no se le podía acusar de tomar activamente decisiones sobre el Holocausto.

¿Un nazi debe ser liberado? El debate público británico

El hecho de que, pese a haber sido el segundo de Hitler y un compañero suyo durante su ascenso, no estuviera presente en la toma de decisiones de la barbarie del Holocausto hizo que se le condenase a cadena perpetua y se salvara de la pena capital. Pero parte de la opinión pública británica tenía un planteamiento aún más favorable a Rudolf Hess: se planteaban si no hacía monstruosos también a los jueces el tener preso a un anciano que ni siquiera ordenó ejecuciones, acogiéndose a una parte de su vida, además de estar mentalmente deteriorado.

Por otro lado, había ciudadanos británicos que consideraban que el hecho de haber estado tan involucrado en el ascenso del Führer y haber tomado algunas decisiones antes de partir hacia Dungavel Castle ya era suficiente razón para la cadena perpetua. Pero el hecho es que la justicia optó por mantener la condena.

Fuentes

The Demon of Geopolitics: How Karl Haushofer «Educated» Hitler and Hess, Holger H. Herwig, página 184

El misterioso vuelo de Rudolf Hess, MuyHistoria

El fin de los 40 años de Rudolf Hess en la cárcel de Spandau, El País (17/08/2018)

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