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Posidonia: un bosque marino que lucha contra la emergencia climática
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Posidonia: un bosque marino que lucha contra la emergencia climática

La planta de posidonia es responsable de que las aguas de Baleares sean cristalinas, pero también es clave en la lucha contra la emergencia climática: secuestra CO₂ durante miles de años.

Pradera de posidonia oceánica / Foto: Concejalía de Turismo de Formentera

La posidonia oceánica es una planta anciana que vive en el mar. De hecho, es el ser vivo más longevo del planeta: entre Formentera e Ibiza habita la pradera de posidonia más antigua de todas, que tiene 100.000 años. Dicha extensión de pradera —que se sitúa entre Es Freus (Formentera) y Ses Salines (Ibiza)— fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999.

A pesar de ello, las praderas formenteranas situadas entre Ses Illetes y S’Espalmador —un islote privado que recientemente compró un luxemburgués por 18 millones de euros— han sufrido daños importantes: «En los últimos años ha desaparecido, en esa zona concreta, entre un 30 y un 40% de posidonia debido al fondeo de los barcos y al vertido de residuos», sostiene Carlos Bernús, gerente de la Concejalía insular de Turismo de Formentera.

Por ello, el Gobierno balear aprobó el verano pasado un decreto para la protección de la posidonia, según el cual, sobre ella se prohíbe la pesca de arrastre, las extracciones de áridos, el vertido de materiales dragados y el fondeo incontrolado. «El año pasado le hicimos mover el yate a Madonna porque estaba sobre una zona protegida. La ley es para todos», añade Bernús.

Esta planta marina es endémica del Mediterráneo y se extiende por toda su costa, pero su concentración es especialmente alta en las islas Baleares, donde se encuentra cerca del 60% de toda la posidonia oceánica que existe en el Mediterráneo español: hasta 650 kilómetros cuadrados de extensión. Crece en la zona costera porque necesita luz para realizar la fotosíntesis, así que solo puede hacerlo en los fondos litorales de entre cero y 50 metros —a esta profundidad, solo es capaz si el agua es muy transparente y entra suficiente luz—.

Posidonia oceánica en las islas Baleares / Infografía de Newtral

Es también responsable de las aguas cristalinas por las grandes cantidades de oxígeno que expulsa —20 litros diarios por metro cuadrado— y porque captura los sedimentos: «Con sus hojas, la posidonia atrapa o frena las partículas que hay en suspensión en el agua. Digamos que actúa de filtro. Las praderas son como un felpudo. Además, a diferencia de las algas, se las apañan para vivir en aguas con pocos nutrientes porque los obtienen no solo del agua, sino también del suelo. Durante el invierno los guardan en sus rizomas, que son órganos de almacenamiento», apunta la bióloga Elena Díaz, cuya línea de investigación versa sobre la dinámica de poblaciones en praderas de posidonia oceánica.

Esta planta marina tiene otro papel relevante en el medioambiente: genera arena de calidad y la protege de la erosión, como expone Elena Díaz: «Las bermas de posidonia, es decir, la hojarasca que se acumula en la orilla, es como la hojarasca de un bosque. A nadie se le ocurriría quitarla. Y es que tiene un sentido: alimenta a otras especies, protege la playa de la pérdida de arena en los temporales de invierno —evitando tener que reponerla extrayéndola del fondo del mar— y, también, produce arena porque los bichitos que viven en la posidonia, al morir y descomponerse, se convierten en arena conchífera».

La extensión kilométrica de praderas de posidonia es similar a un bosque dentro del mar: «Sus hojas hacen la fotosíntesis; es una planta que tiene raíces, flores y frutos [el fruto es parecido a una aceituna y por ello se llama ‘oliva de mar’]; posee estolones leñosos; y su crecimiento es tan lento como el de un árbol —en su caso, un centímetro al año—», apunta Elena Díaz. Además, es el «hogar» de flora y fauna muy diversa: «Hasta 1.000 especies de peces, moluscos y crustáceos viven en él, junto a 400 especies de plantas», explica la bióloga.

Aguas cristalinas en Formentera / Foto: Concejalía de Turismo de Formentera

Las praderas de posidonia son capaces de capturar CO₂, formando una especie de «almacén» de carbono y evitando que este llegue a la atmósfera. Elena Díaz forma parte del proyecto Life Blue Natura del Centro de Estudios Avanzados de Blanes —dependiente del CSIC—, cuyo objetivo es, precisamente, cuantificar la cantidad de carbono que esta planta tiene secuestrado desde hace «cientos o miles de años», señala la científica. «Este carbono permanecerá sellado bajo ella mientras se mantenga en buen estado de conservación», apunta María del Mar Otero, técnica del Programa Marino de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

El UICN publicó un exhaustivo estudio en 2012 sobre el papel fundamental que desempeña la posidonia en la mitigación del cambio climático. El documento concluía, entre otras cuestiones, que «la posidonia oceánica retiene hasta un 89%  del total de CO₂ emitido por todos los países mediterráneos desde la Revolución Industrial».

La posidonia actúa como sumidero de carbono: «Sabemos que esta tasa de secuestro es significativa. Por eso su conservación es tan importante para la lucha contra el cambio climático [sic]: primero porque reduce la presencia de este gas de efecto invernadero en la atmósfera y, segundo, por la gran cantidad de stock acumulado en estas praderas, ya que si esta planta se destruye, todo ese carbono retornaría a la atmósfera, añadiéndose a las cantidades que ya hay», apunta Núria Marbà, una de las científicas que integran el proyecto Antroposi, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC).

Fotografia del biólogo marino Manu San Félix de un ancla sobre posidonia / Cedida por Concejalía de Turismo de Formentera

Antroposi pretende dilucidar cómo afectan las actividades humanas de manera directa a las praderas de posidonia. Marbà apunta que «la acción humana ha destruido entre un 14 y un 35% de la extensión posidonia oceánica en los últimos 50 años; y su densidad, en un 50%. Por tanto, es una planta en regresión». A causa de la disminución de las praderas, «la cantidad de CO₂ que este sistema captura actualmente está entre el 62 y el 87% del que secuestraba antes de 1960», indica Marbà.

Las principales actividades responsables de esta pérdida son el vertido de aguas deficientes —fecales  o con residuos químicos—, la pesca de arrastre, y el fondeo recreativo de barcos particulares —que sueltan el ancla sobre las praderas de esta planta—. Pero podría haber otras causas: «Se está comprobando si el paso de barcos, que suelen ir a gran velocidad, levanta el sedimento, creando turbidez y falta de luz en la pradera, impidiendo el crecimiento de las plantas, lo que podría causar fragmentación por estrés hidrodinámico», apunta Núria Marbà.

La posidonia es una especie de crecimiento lento y su capacidad para reproducirse es baja. El daño, por tanto, a veces es «irreversible», como explica la investigadora María del Mar Otero, del UICN: «No está catalogada como especie en peligro de extinción, no va a desaparecer próximamente, pero sí que está incluida en la Lista Roja Europea de Hábitats como especie vulnerable».

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