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¿Por qué la Guardia Real se amotinó contra la reina en la Granja de San Ildefonso?
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¿Por qué la Guardia Real se amotinó contra la reina en la Granja de San Ildefonso?

El Motín de La Granja fue decisivo para que España se convirtiera en un país constitucionalista.

12 de agosto de 1836. La familia real se encontraba veraneando en La Granja de San Ildefonso cuando, en mitad de la noche, la Guardia Real se sublevó y obligó a la reina regente María Cristina a jurar la Constitución de Cádiz de 1812, que Fernando VII había derogado en 1814, y a nombrar un gobierno liberal progresista.

El rey Fernando VII había fallecido en septiembre de 1833. En aquel momento, su esposa María Cristina se convierte en reina regente ya que, Isabel, la hija de ambos, aún no había cumplido los tres años. Esto provocó un problema sucesorio con el hermano del rey, Carlos Mª Isidro ya que, aunque Fernando había promulgado años antes una ley que establecía que su hija sería la heredera al trono, Carlos no la reconocía como tal.

Este hecho desencadenó la primera guerra carlista, una guerra civil que también se conocería como la guerra de los siete años. Mientras que a Carlos lo apoyaban los partidarios de un régimen absolutista, los cristinos (partidarios de María Cristina y de su hija) defendían un absolutismo más moderado.

Las monarquías absolutas venían debilitándose en Europa desde el triunfo de la Revolución Francesa. En España, la proclamación de Constitución de 1812 abrió un proceso de constitucionalismo, pero tras derrotar a Napoleón en la Guerra de la Independencia, Fernando VII restauró el absolutismo en España. El rey ilegalizó las Cortes de Cádiz y la Constitución.

El historiador Juan Francisco Fuentes expone en su obra El fin del Antiguo Régimen que María Cristina quería mantener “intactas” las políticas de su difunto marido. Para ello, mediante el Estatuto Real de 1834, creó la figura del presidente del Consejo de Ministros, es decir, lo que hoy sería el presidente del Gobierno. Sin embargo, en aquella época sus funciones eran muy limitadas y era designado por la propia Corona de entre los miembros de la nobleza.

La deriva liberal del gobierno y la agitación social

La idea de María Cristina era nombrar presidente a Cea Bermúdez, que se había comprometido a mantener la política anterior, pero con los partidarios del absolutismo del lado de Carlos, la reina tuvo que buscar el apoyo de los liberales y sustituyó a Bermúdez por el liberal moderado Francisco Martínez de la Rosa.

La deriva liberal se consumó dos años más tarde, en 1835, con el nombramiento de Juan Álvarez Mendizábal como presiente, pero Mendizábal y la reina no terminaron de entenderse. Cuando el presidente planteó destituir a varios generales, ella se negó, forzando la dimisión del presidente.

Se convocaron elecciones para el mes de julio. En aquella época y gracias a la ley electoral propuesta por el propio Mendizábal, 65.000 personas formaban parte del censo electoral (antes eran 15.000). Ganó el moderado Francisco Javier Istúriz, pero como relata Fuentes, su victoria no implicaba el sentir de un país. La prensa fue muy combativa con su gobierno, y el partido progresista tenía partidarios entre las clases medias, la milicia nacional y el ejército.

La agitación se desató. Hubo revueltas en ciudades como Granada, Cádiz y Madrid, y la milicia se insubordinó en Málaga. En el sur comenzaron a nombrarse juntas revolucionarias que reclamaban el restablecimiento de la Constitución de Cádiz y pedían a la reina la destitución de Istúriz. El detonante del cambio tuvo lugar en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, lugar al que también llegaron las noticias de rebelión y donde la familia real estaba pasando el verano.

«¡Viva la Constitución!»

El destacamento del palacio llevaba tres meses sin cobrar. La noche del 12 de agosto, la mayoría de oficiales se fue a la ópera a Madrid. A las ocho y media, el resto de la guarnición y parte de la guardia real se amotinaron al grito de “¡Viva la Constitución!” A medianoche, la reina no tuvo más remedio que acceder a recibir a tres representantes.

Tras horas de conversación, la reina se vio obligada a acceder a sus peticiones y firmar un decreto ordenando que se publicase la Constitución de 1812. Al día siguiente, María Cristina le retiró la confianza al gobierno y le encargó la formación de uno nuevo al progresista José María Calatrava, que convocaría elecciones a Cortes, como marcaba la Constitución de Cádiz.

Las nuevas Cortes, de mayoría progresista, redactaron una nueva Constitución, que se promulgaría el año siguiente. Los representantes del pueblo dejaron de ser ‘procuradores’ para convertirse en diputados. El absolutismo quedó enterrado para siempre. Isabel II reinaría hasta que la destronase la Gloriosa, la Revolución de 1868 tras la cual, España vivió un primer intento de monarquía parlamentaria.

Fuentes:

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