Interesa

Opinión: Mis superhéroes no llevan capa

Tiempo de lectura: 13 min

Por Amparo Iraola, médico de familia y oncóloga

Del compromiso individual al esfuerzo de un equipo.
Eso hace que un equipo funcione, que una compañía funcione,
que una sociedad y civilización funcione.

(Vincent Lombardi)

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Hace ya tiempo que aprendí que los superhéroes no llevan capa. Es más, aprendí que habitan entre nosotros. Unos más cerca, otros más lejos. A unos los conocemos, a otros sólo de oídas, y muchos, la mayoría, nos son anónimos, aunque no por anónimos, son menos importantes.

También aprendí hace tiempo a guardar todo aquello que me enseñaron y enseñan. Junto con mi colección de atardeceres, el aprendizaje de los viajes, la lectura de algunos libros, las caricias de mi familia ( la real y la de corazón) y el mar, conforman gran parte de mis riquezas.

A veces, a los superhéroes de mi círculo más íntimo, he podido agradecerles el haberme hecho tremendamente rica. Pero como siempre que se habla de estas cosas del corazón y los afectos, temo que esas confesiones hayan sido como de “pasada”. Incluso, puede que se hayan malinterpretado como un signo más de esa “exaltación de la amistad” que surge en los días de celebración y fiesta.

Estos días frenéticos que, por su rapidez y por la consistencia del trabajo nos llevan de cráneo, cuando llego a casa confieso que miro con recelo asustadizo el móvil. La preocupación llega hoy en forma de whatssap y en forma de teletipo tuitero. También las buenas noticias. Pero entre la preocupación y estas últimas hay un periodo de silencio, de incertidumbre para esas cosas serias de los afectos. Y también muchísima información y teletrabajo. Y un mensaje universal que está lleno de fuerza y que es el mejor mensaje que nos podemos dar estos días: ¡cuídate!

Pasan los días y parece que estamos en el mismo punto de desasosiego y estupefacción del principio. Casi sin poder reaccionar.

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No es así.

Nos hemos visto inmersos a la fuerza en una rutina que hasta hace apenas 3 semanas desconocíamos. Los días parece que tenga 48 horas, tan densos son. Y en ellos, se suceden las noticias y las personas, las alegrías y las penas.

Por eso he decidido hacer un recuento, una lista, un repaso de los que son mis superhéroes. No para recordarlo yo, que ya lo recuerdo cada día. Sino para que lo recuerden ellos. Porque mi lista de superhéroes es más amplia que la birria de contagios que puede generar este dichoso virus ( 3 por persona) y sobretodo, porque más allá de estos días oscuros, cuando todo esto pase, ellos seguirán ostentando ese título que se han ganado a pulso y que supone nada en realidad, apenas mi admiración, afecto y mi forma de agradecer todo lo que me aportan, me dan y me enseñan cada día.

Vayamos pues con el repaso:

La primera línea: María, Ricardo, Maribel, Gemita. La primera (y tristemente olvidada) línea es la atención primaria. Es la línea de la contención. Aquella adonde acuden en primer lugar los pacientes. La que preserva la salud de la población o la estabiliza de sus patologías crónicas en circunstancias normales y que ahora intenta no sólo frenar la curva, sino evitar el colapso hospitalario. Están solos, muy solos. Están solos recibiendo a los pacientes en primera instancia, supervisando los casos leves que se pueden descompensar en cualquier momento, realizando teleasistencia para evitarles el desplazamiento al punto “sucio” que es el centro sanitario. Van a ciegas ( desconocen quién está infectado y quién no), con protecciones no siempre adecuadas, con sus manos, su fonendo y sus conocimientos como método de diagnóstico de presunción. Atienden en centros de salud y en domicilios, se organizan conforme pueden y hacen jornadas maratonianas de guardias (17 o 24 horas) o turnos ( 12 horas a días alternos). Son los grandes olvidados, pero sin la Atención Primaria, esta crisis no puede salir bien. Ellos lo saben y, a pesar del ninguneo, van cada día casi “ a pecho descubierto” a hacer su trabajo de la mejor manera posible. Un dato: a fecha de hoy los 3 médicos fallecidos por Covid en nuestro país, son 3 médicos de atención primaria.

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La trinchera: Mª José y Rosa. Son mis súper heroínas desde hace mucho puesto que todo lo que aprendí de la medicina de urgencias, lo aprendí de su mano, allá en el pleistoceno medio. Compartimos un jefe que nos revolucionó (para muy bien) la forma de entender la urgencia y dejó poso. Años después, antes de ni siquiera intuir que el SARS-COV-2 era lo que es, propusieron a Mª José asumir la jefatura de urgencias de ese mismo hospital que nos vio nacer como médicos. Fue premonitorio. Realmente el Arnau no podía tener mejor jefa de urgencias en esta crisis, ni ella mejor segundo de abordo que Rosa. Su nombramiento llegó con la cuarentena, así, sin anestesia. El barco vuelve a tener un timón potente, alguien que reclamó EPIs para todos aquellos que estaban en la trinchera, cuando ni se pensaba que pudieran escasear. Alguien capaz de animar al resto con su propio ejemplo de entrega. En definitiva, personas que dan sentido y valor al trabajo, pocas veces grato, de la puerta de urgencias; puerta de entrada de los hospitales, puerta de trabajo ininterrumpido 24 horas al día, 7 días a la semana.

Los que cuidan y nos cuidan: Ricardo, Carmen & Carmen. Una de las mejores cosas que nos ha traído esta crisis, esta epidemia, es el ser conscientes del valor del trabajo en equipo. Asumir que todos somos uno y que sólo juntos podremos hacerle frente. Yo no necesitaba una epidemia para entender esto. Mis héroes aquí referidos, supervisores al cuidados de muchos otros, tampoco. Hace mucho que trabajamos en equipo, sumando. Pero parece que sí hay quien nos diferenciaba por estamentos y, si esto es así, entonces enfermería es el estamento de mayor valor para mi, por su labor de cuidado, que es fundamental no sólo estos días, sino siempre. El segundo colectivo sanitario con más bajas letales a día de hoy en nuestro país. Quien está verdaderamente a pie de cama con el paciente. Quien se convierte muchas veces en esa familia postiza de los pacientes. Enfermería y las auxiliares de enfermería y quien vela por su personal y de rebote por nosotros, los médicos, los supervisores de enfermería. Al menos en mi entorno laboral más cercano. También 24 horas al días, 7 días por semana.

Los de la calle: Elena, Pablo, Sole, Ascen, Nuria, Ramón. Como trabajo con gente que está muy enferma conozco sobradamente el valor de aquellos compañeros que “hacen la calle”. Me refiero a los compañeros de Hospitalización Domiciliaria. En esta crisis tienen un valor doble: por un lado atienden a nuestros pacientes en sus propias casa, literalmente les llevan el hospital a casa, por otro lado son vehículos de salud pública al supervisar y tomar muestras para análisis de Covid. Hacen “lo de siempre” en una situación totalmente diferente a la habitual. Ayudan a drenar las plantas de los hospitales, acompañan a nuestros pacientes, en el largo caminar de enfermedades devastadoras y especialmente en sus últimos días ( porque en estos días tan raros, tan de alerta sanitaria, los pacientes siguen muriendo por causas no-covid; lo que cambia es que muchos pacientes y familiares han entendido “a la fuerza” el valor de morir en la intimidad amable y familiar de la casa, rodeado de quienes te quieren). Son el nexo entre el hospital y la calle, entre nosotros, médicos de planta, y la calle. Nuestros ojos y nuestras manos. En estos días, lamentablemente demasiadas veces, poniendo en riesgo su propia seguridad.

Los “voluntarios” forzosos: Clara, Mónica, Quico, David, Mike. Jamás pensamos que tendríamos que vivir una crisis de estas características. Ni en nuestros peores sueños, pensamos que estaríamos forzados a vivir esta distopía. Todo nuestro ritmo de trabajo ha saltado por los aires y hemos tenido que aterrizar a la fuerza. Aprender a contrarreloj una medicina de guerra, sin armas de fuego. Un medicina que nos enfrenta a paciente muy graves, desestabilizados en pocas horas teniendo que trabajar a contrarreloj y a destajo. Son muchos, muy graves. Se necesitan manos para atender mínimamente a todos. Los servicios de los hospitales más masificados han desaparecido y todos nos hemos convertido simplemente en médicos. Es decir, en personas útiles para atender pacientes. Se reclama desde los servicios implicados ( UCI, Interna, Neumología y Urgencias) ayuda desesperadamente. Y mis compañeros y, sin embargo, amigos dan un paso al frente apuntándose a la rueda de turno extras y guardias. Se apuntan a costa de su tiempo de descanso y más aún, a costa de su tiempo familiar. Trabajan, trabajan y se aíslan de sus seres queridos. Especialmente duro es el aislamiento de sus hijos, de sus padres. El “daño colateral” de esta guerra es no poder resguardarse en los afectos al llegar a casa por precaución. Por amor han (hemos) de alejarse (alejarnos) de quienes más queremos. No tocarlos, no abrazarlos. En cambio, somos (también como enfermería, aunque mucho menos que ella) el enlace entre los afectos de quienes están ingresados y sus familiares. A veces, muchas más de las que nos gustaría, somos el último de los afectos. Y entonces, esa mano voluntaria se convierte en LA MANO. Y quizá entonces, todo aquello que sacrificamos por llegar donde hemos llegado, cobra el más especial de los sentidos.

Mi timón: Dori, Encarna, Elena, Yurena. El timón de mi pequeño hospital monotemático lo llevan las tres internistas y la neumóloga de plantilla, con quienes formo equipo. Su reto ha sido mayúsculo: adaptar ( muchas veces peleando con uñas y dientes) nuestro centro a las circunstancias imperativas estos días y ponerse al día en el manejo de los pacientes infectados, que en nuestro caso, supone un doble reto, pues partimos de la base de que son pacientes frágiles por su enfermedad oncológica a la que se añade el efecto de la infección por covid. Y un reto mayor y mas aciago: se encargan de supervisar y tranquilizar al personal de todo el centro, desconcertado y angustiado a menudo. De ellas, de su dedicación, aprendo cada día. Cada día, después de las jornadas de trabajo, llenas de ruido “colateral” que agota más que el trabajo en si, buscan y comparten información para ponerse (ponernos) al dia. Protocolos de seguridad, de diagnóstico, de manejo de pacientes, de estudio de contactos, de interacciones farmacológicas… Cuando siento que ya no puedo más con tanta información, ahí siguen ellas estudiando, buceando en la literatura científica, intentando simplificar el arduo trabajo del estudio de una enfermedad totalmente nueva. Y siempre de buen humor, de buen rollo. También en esos días agotadores en los que el busca echa literalmente, humo. Son médicas y madres. También hijas, hermanas, vecinas, esposas. Sobretodo son imbatibles. Y una doble referencia para mi: por mujeres y por profesionales. Lo mejor a nivel personal que me ha traído esta crisis: formar equipo con ellas.

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Los “caídos” temporalmente: Ana, Javi, M. José (1 y 2), Juan, Maribel, Marga. Mi “angustia” cuando miro el whatsapp, en parte es por ellos. Son mis compañeros contagiados. Doblemente tocados: por tener que abandonar sus trabajos asumiendo que son contactos y/o pacientes y por la incertidumbre ante esta enfermedad nueva. Muchos sufren doblemente por ellos y por sus familiares, también enfermos. Si hubo un momento en que entendimos en todo su dimensión que los compañeros de trabajo son también amigos/familia, fue este momento. Duele ver a tantos compañeros afectados y más si pensamos que el contagio en la mayoría de ocasiones fue por no llevar una adecuada protección. Pero esa cifra astronómica, que junto con la de la población general, no deja de crecer, duele especialmente por aquellos más cercanos y conocidos. Temerosamente (y gracias a la tecnología) les preguntamos cómo van, cómo están, conscientes de la dificultad de su respuesta, conscientes de sus propios temores y conscientes de su malestar general. No sabemos muy bien cómo hacerles llegar nuestro afecto, nuestra fuerza, nuestra solidaridad. El whatsapp nos parece un medio muy frio y en cambio, afortunadamente tenemos este vehículo de comunicación en estos días. Celebramos también sus mejorías, sus altas hospitalarias. Y su ejemplo afrontando todo esto ( también por la infoxicación, de la que es prácticamente imposible aislarse) nos da fuerzas al resto para seguir adelante.

Son de todos los grupos arriba referidos, quizá los mas admirables, Los superhéroes de verdad. Todos importantes, es cierto, pero ellos quizá más que necesarios. Necesarios porque con su ejemplo nos dicen que se puede; que no tengamos miedo ( quizá si un miedo prudencial que nos lleve a extremar las precauciones, pero no un miedo paralizador), que sigamos adelante, que podremos con ello. Que no podemos cejar en el empeño de curar y cuidar a nuestros pacientes. Que no nos desanimemos, que no decaigamos.

Que la primavera depende de nosotros y que cuando lleguemos al límite, ellos vendrán en nuestra ayuda, ya recuperados, para darnos la mano, ayudar a levantarnos y seguir adelante.

Siempre adelante.

Porque se trata de vivir. Sólo se trata de vivir

Valencia 29/3/2020

Los superhéroes aquí descritos son:
1. Drs. Sanchis, Hernández, Talavera, Martínez. Centros de Salud de Cheste, Alpuente, Benaguacil, Chelva
2. Dras. Cano y Sorando. Hospital Arnau de Vilanova
3. Ricardo Roca, Carmen Juárez, Carmen Hiraldo. Fundación IVO y Hospital de Sagunt y todo el batallón de enfermeras y auxiliares que coordinan.
4. Drs. Oliete, Flors, Gago, García. Enfermeras: Sole Gimenez, Ascen Landete. Fundación IVO, Hospital La Fe, Hospital General, Hospital de Lliria
5. Drs: Pons, Ferrando ,Aparisi, Gallach, Berzosa. Hospital Arnau, General de Valencia, General de Albacete, Hospital Tortosa
6. Dras Egido, Martínez, Contel, Cañado. Fundación IVO.
7. Por preservación de la intimidad, mantengo sólo sus nombres de pila. Añado sus lugares de trabajo: Hospital General, AP Castellón, Hospital Arnau-Lliria, Hospital Sagunto.

NOTA: falta mucha, muchísima gente en esta lista. Tantas personas con las que he trabajado, estudiado, que me han formado como médico y como persona. Que con su ejemplo o con su recuerdo, me siguen acompañando cada día. Estáis todos aquí, en la esencia de este texto. Todos conmigo, haciéndome “asquerosamente” rica, que como bien sabéis es mi objetivo prioritario en la vida…

2 Comentarios

  • Muchas gracias Amparo por estas palabras llenas de amor, humanidad, fuerza y también dar cabida a la vulnerabilidad y el temor que nos afecta estos días a muchos profesionales.

  • Es un homenaje muy bonito a todos los que trabajan con fuerza y mucho ánimo con todos los pacientes en un ambiente difícil , situación muy nueva e incierta .
    En estos momentos es cuando la salud es importante y los que trabajan en ella mucho más.Recordemoslo